24 de marzo de 2006

Iba caminando


La tarde estaba fría y desolada. Los árboles se movían al vaivén de la armonía del viento. El sol se escondía tras las calladas montañas. El cielo cada vez más oscuro, me dio la señal de que debía apurar el paso. Caminaba por Avenidad La Paz. El viento seguía corriendo fuerte; yo no estaba para nada apurado. La gente seguía trabajando en sus labores: vi a algunos cargando los pesados cajones de la Vega Central, otros gritando los productos que vendían, y así... muchos esforzados trabajando.
De pronto me decidí a ver la realidad en la que estab inmerso en aquel momento. Era como si me hubiera decidio a abstraerme de la realidad para conocer la necesidad de las avenidas aledañas a mi universidad. Entonces se abrió ante mí un cuadro impresionante. Mientras caminaba mis ojos comenzaron a cristalizarse cada vez más. El viento seguía pasando y me dio frío. La escena de pronto se detuvo y vi a gente sufriendo, vi a un hombre tendido en la calle vomitando una sustancia verde. Seguí caminando y un hombre me tendió la mano para que le diera una moneda. Pasé de largo... Lo dejé con la mano extendida allí.... Pero no alcamcé a dar cinco pasos cuando me detuve y me devolví... Le di 100 pesos y me fui. Vi algunos vagabundos y gente muy pobre. Vi a otros que caminaban callados, sus ojos bajos y cara dañada por el paso de los años.
Caminé y vi una iglesi que justo ese día tenía servicio y a esa misma hora!!!! Entonces crucé la calle. En la puerta, un hombre robusto y vestido con un terno de color, al parece vigilaba la puerta. Traté de divisar gente dentro de la iglesia, y vi a gente vestida similarmente al hombre de la puerta. Recuerdo haber visto a una mujer pidiéndole alimento al mismo hombre. Ella estaba con su hija. Ante esta petición, el hombre accedió y la hija de la mujer pasó a buscar un huevo.
De nuevo paré....La escena se paralizó. Vi a un vagabundo frente a la iglesia, y mucha gente que pasaba por fuera del templo y mirando de reojo al predicador que esa tarde daba una lección de la Biblia. Parece que no era un mendigo... ya eran dos. Entonces me afligí. Parecía que todo había aumentado de amplitud en ese momento: el viento me daba frío, y mis pensamientos eran miles, todosd tratando de reordenar la escena que ante mis ojos se llevaba a cabo.
Guardé silencio...
Enumeremos lo que vi:
1.- Un hombre vomitando
2.- Gente afligida, cansada y derrotada
3.- Un hombre que me extendió la mano, pidiéndome dinero.
4.- Vagabundos
5.- Una iglesia
6.- Mendigos en la acera del frente de la iglesia.

Esto no era teatro, era la realidad. Era el sufrimiento y la crudeza de la vida en vivo y en directo. Quise que todo fuese una historia imaginada en mi interior. Imaginé a esos vagabundos y a esa gente llenando la iglesia. Después bajé a la realidad y vi 20 personas sentadas escuchando a un hombre de terno. Imaginé que esas personas tenían dignidad. Guardé silencio...

...
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Lo único que se me vino a la mente fue que existe un evangelio y Jesús. Sólo en ese momento quise gritar fuera de la iglesia y decirles a esos 20 que estaban sentados: !!!Salgan de ahí!!! La iglesia está en las calles, predicando las buenas noticias a los pobres, perdonando pecados a las personas y sanando a los heridos. !!!Salgan de ahí!!! ¡¡¡Hay un hombre vomitando en la otra cuadra!!! ¡¡¡Hay mendigos que ayudar!!! ¡¡¡Saquen a Dios del cielo y llévenlo a las calles!!!
Guardé silencio...
...
...
...

No grité. Sólo fue una angustia interior y un grito del espíritu. Algo me hizo tener un gran anhelo por esas personas. Quise enfurecerme dentro de mí contra la Iglesia y contra su obra en la tierra, tan desconectada de la realidad; pero de pronto reviví la imagen de la moneda de $100 pesos que le di al medigo y quise de nuevo llorar: parece que una moneda de cien pesos pudo más que el evangelio presentado sencilla y humildemente.

Guardé por tercera vez silencio y sentí la gracia de Dios... El evangelio es distinto bajo el lente de la gracia, bajo la mirada del Padre. Entonces pude decir con la sencillez de un niño y sin tantas complicaciones en mi mente: "Heme aquí, Señor. Envíame a mí".

12 de marzo de 2006

El año del favor


Este verano partió en JuCUM, siguió por Neltume y terminó en Río Quino. Ahora que lo veo, estuve en muchos lados distintos, compartí con mucha gente desconocida, y mi persoanlidad terminó por dar un vuelco y a perder el miedo a los demás. Precisamente eso me sorprende, que haya cambiado tantas cosas en tan poco tiempo, y que haya absorbido tanta motivación en menos de 3 meses.
En Jucum entendí acerca de ministrar a Dios, a tener tiempos de intimidad con El, a adorarle y a vivir por eso.
En Neltume aprendí a dar sin esperar recibir, a sentirme satisfecho por la simple sonrisa de un niño, o a alegrarme al escuchar un "gracias" de alguna persona. Pero no es por mí, no que yo sea bueno, sino porque aprendí a dar.
En Río Quino, una experiencia totalmente ajena a mi espectro de conocimiento, el Padre cambió mi mentalidad y terminó por ampliarla mucho más, sobre todo por la actitud que debo tener frente al mundo.
Algo sorprendente pasó. Dios empezó por centrarme en El, siguió por amar a los otros, y al final - sólo al final-habló para mí. ¿Qué me dice eso? Que el centro ya no soy yo y que la prioridad está fuera de mí, no en mi egoísmo. ¿Cuántas veces no hemos predicado a alguien en medio de problemas? ¿Cuántas veces hemos tenido que alentar a un amigo estando en una situación peor que la de él? Eso me habla de que quien pierde su vida, la ganará, tal como Jesús dijo.

Este año comienzo como encargado de núcleo en mi facultad y lo único que sé es que Dios capacita a los escogidos. No quiero ser conocido para ser admirado, sino para que lo admiren a El. Si algunos me detestan, que sea por llevar la Palabra de verdad. Pero siempre una cosa, que el centro ya no está en mí, y que poco a poco estoy perdiendo el control de mi vida, hasta que Dios me haga depender de El.

5 de marzo de 2006

El secreto está en el secreto


No deja de sorprenderme la sencillez con que Jesús se refiere a sus discípulos, la solvencia con que responde a los fariseos y la gracia que derrama sobre los desamparados. Algo había en la identidad de Jesús que lo hacía verse distinto a los demás. Él mismo eligió a algunos para que fueran sus amigos. Escogió a setenta para que fuesen a dar testimonio de él en las aldeas, y los frutos fueron grandiosos!. También tomó para sí 12 discípulos que lo acompañarían a todos los lugares. Tres de ellos pudieron ver la transfiguracíón de Jesús. Pero sólo uno de ellos pudo estar recostado al lado de Jesús antes que lo entregasen. Ese era Juan. ¿Asombroso no?
Conocer verdaderamente a una persona significa interesarse por ella, pero más que eso, llegar a su intimidad. Ese es el lugar que todos guardamos siempre, aquel que no queremos mostrar. Mi pregunta sería la siguiente: ¿Quién gobierna tu intimidad..? ó ¿a qué o quién le entregas tu intimidad? Preguntas profundas, pero cuyas respuestas nos dejarán que pensar bastante. La intimidad es tan importante que en una relación matrimonial, alcanzarla puede significar la concepción de un nuevo ser por ejemplo. Ese sería el fruto de la intimidad entre dos personas.
Ejemplos bíblicos de hombres que practicaron esto, hay muchos: Moisés fue uno de los que tuvo AMISTAD con el Señor. O cómo no hablar de David, o de Samuel. En lo sucesivo vemos a personas que en la intimidad Dios los trató y en secreto pudieron escuchar la voz de Dios. Por eso Jesús mismo nos lleva a la búsqueda del secreto de Jehová, es decir, a cerrar la puerta de nuestro cuarto y orar al Padre que está ¿dónde? ... EN EL SECRETO (Mateo 6:2).
Pero ejemplos de mujeres también hay muchos: Ana es uno de ellos, cuando, siendo estéril, buscó a Dios de corazón pidiendo un hijo, el cual lo recibió. María, la hermana de Marta, decidió quedarse a los pies de Jesús en vez de ayudar en los quehaceres de su hogar y obtuvo la mejor parte.
Y quiero volver a preguntar lo mismo... ¿Quién gobierna tu intimidad? Dios siempre se ha caracterizado por ser una persona que trabaja de adentro hacia afuera, desde la profundidad a la superficialidad. Es distinto hablar de Jesús que hablar con Jesús. No se pude hablar de alguien si no le conoces. Por eso amar a Dios dejar que él nos conquiste en la intimidad. Sólo en ese momento podremos orar el Padre Nuestro con toda propiedad, porque sabemos que hemos nacido de él.
Esto es lo que he aprendido. Puedo engañar a muchas personas mostrando lo mejor de mí: mostrando que oro, que ayudo a los demás o cuanta cosa buena que se me ocurra; pero a Dios no lo puedo engañar. Si en la intimidad no agrado a Dios, menos podré agradarlo al hablar de él al mundo. Al mundo podemos mentir, pero a Dios no... Realmente en Dios sé quien soy, y ahí debe estar nuestra identidad, no en lo que diga la gente de nosotros. Esa sería una identidad basada en la imagen, y no en la evidencia de Dios; basada en espuma y no en sustancia; basada en lo superficial y no en lo profundo. Entonces, ¿qué pude hacer la diferencia..? Apartarse en el secreto, donde nadie nos ve, y en ese lugar descubrir al Dios Todopoderoso que queremos conocer, y quien nos cambia en Su presencia y no fuera de ella.

¿Qué piensan?

2 de marzo de 2006

Derribados, mas no destruidos


Mi mamá no era la misma cuando llegué ese jueves a mi casa. Su "hola" cotidiano no era el mismo: su voz trémula y sus ojos cristalinos me dieron indicios de que algo había pasado. No me atreví a decirle nada... Bajé la cabeza y guardé silencio ante la situación. Ella siguió barriendo como de costumbre. Pero en mi interior sabía que nada andaba bien, que en realidad ella quería descargarse enteramente y gritarle a alguien esa rabia que guardaba por dentro... ¿O habrá sido dolor? Una mezcla quizás. Posiblemente quería huir. Sí, me parece que eso quería hacer. Sólo alcancé a ver sus párpados lánguidos, pero yo sabía que en realidad ella tenía todas las energías para escapar.
De pronto las reminiscencias de la época infantil afloraron en todo su esplendor: reviví aquel momento de mi vida en que, con mucha fuerza logré que mi madre dejara de cubrirse el rostro. La escuché gemir... Vi su rostro débil, aflojado por el paso de los años...Yo también lloré... ¿o grité..? No lo recuerdo. Recuerdo que la misma noche alguien susurró a mi oído: "¿Te gustaría tener otro papá?". En ese momento sufrí....
Por momentos volvió a aparecer ante mis ojos aquella escena. Era jueves, y estaba nublado afuera. Mis papás de nuevo estaban discutiendo en la cocina. Pasé a buscar un pan, y los vi. El ambiente estaba tenso. La cocina contrastaba gravemente con el ambiente donde los niños estaban viendo televisión.
Alguno me dirá: "David, calma; estás cosas pasan en todos lados, ten fuerza y sigue adelante, no desmayes". Probablemente a mí me digan eso, y yo lo pueda aceptar, y también dar gracias a Dios por los problemas, ya que ellos me traerán paciencia. Pero yo no soy aquel que clama por justicia ante 20 años de sufrimiento, yo no soy la voz que se aflige cada noche ante Dios; yo no soy el que quiere gritar por misericordia. Quien soporta no soy yo, sino aquella mujer de voz trémula y ojos cristalizados de dolor que aquel jueves me dijo "hola".