30 de septiembre de 2007

Cambios

Cada cierto tiempo se me hace una necesidad escribir y desahogarme a través de las palabras de un escrito... Estas líneas han sido testigos mudos de la realidad por la cual he pasado. Entre tristezas, risas, consuelo, esperanza, inviernos y veranos, cada grafema es solo una nota que compone esta melodía escrita con el puño del día a día.

Y no puedo esconderme de la realidad al escribir... Muchas veces, como ahora, he estado cansado de los cambios. Hace dos años, mi vida iba con un propósito relativamente fijo. Obviamente con incertidumbres de por medio, pero habían sueños proyectados con la iglesia, familia, etc. Pero bastaron dos años para que todo cambiara. Siento que aún me cuesta entender todo lo que pasó: de pronto todos los amigos que tenía, ya no estaban; la familia que siempre estuvo al lado, de pronto ya no se hizo presente; y la iglesia donde me proyectaba, incluso con mi familia a futuro, también se fue abajo...

Y siento que en todo este tiempo me he dado vueltas sin definirme en nada... La familia aún sigue siendo un tema para mí, y las posibilidades de restaurar las relaciones son imposibles. Eso ha provocado que en ocasiones colapse y termine cuestionándolo todo otra vez. La iglesia es otro de los temas inconclusos. Después de salir de una iglesia, me he hallado buscando mi propósito en otra iglesia, sin poder encontrarlo y sintiendo que no he podido superar lo que viví hace dos años. He pasado por todo tipo de estilos y formas: desde las formas más carismáticas hasta lo tradicional... Desde iglesias de mejor condición social hasta iglesias donde las personas tienen mucha necesidad económica.

La verdad es que los cambios me han cansado, y me hallo en una búsqueda personal sin poder encontrar nada que me haga ver que he llegado al lugar que Dios quiso para mí. Esto es el autoanálisis que he podido hacer las muchas veces que he pensado y conversado el tema...

Los cambios y la espera a veces desesperan...
Sí... a veces quitan las fuerzas.
Señor, tú me has conocido y estudiado,
y en tu hogar estuve cada día,
en una oración, en un escrito o una simple melodía.
Aquí estoy, hasta que mi vida sea menos de mí,
y más de Ti...
Te necesito otra vez, ayúdame!

17 de septiembre de 2007

Ven y ve

Ven y ve lo que has hecho en mí...
que todo ya estaba perdido cuando me hallaste.
Ven que hoy no necesito más que tus ojos
viendo lo que has construido
con tu amor...

Ven y ve lo que has sanado...
Ven que necesito que tu párpados se dirijan otra vez
hacia mí...
Mira lo que antes sangraba,
y que hoy es sólo una cicatriz...

Ven y ve lo que has alegrado...
hoy te agradezco estar aquí,
ven y ve que has restaurado mi vida,
estoy alegre, y nada más!

Ven y ve que hoy salto contigo,
ve que otra es la canción...
Ve lo que me has regalado,
en el silencio y en la soledad,
y que hoy publico con felicidad.

Salta conmigo, Dios.
Te invito a sonreír y a cantar conmigo
la canción que tú y yo hemos compuesto
en nuestra intimidad,
mientras resonaba el SOL, RE y DO mayores.

Ven y ve lo que me has enseñado:
que las pruebas y sacrificios
valen la pena,
sí,
morir para vivir,
perder para ganar,
dar sin esperar recibir.

Ven y ve que no hay mayor causa para adorar
que estés aquí conmigo en silencio,
porque aun mientras callas,
me llenas,
me calmas,
"todo estará bien, hijo"
me alegras,
hoy canto,
te canto,
te adoro.

Tengo fe en Ti...

(desierto florido)

9 de septiembre de 2007

Alrededor de la mesa de centro

"Señor, que en esta mesa estés con nosotros y no seamos dos los que estamos comiendo, sino seamos tres. Amén".

18 de septiembre 2006. Todos habían salido... mis hermanos, casados, habían ido a comer donde sus respectivos suegros. Mi papá y mis hermanos pequeños fueron donde unos tíos. Quedé solo con mi madre para almorzar. Fue un día triste. Por fuera, el mundo se alegraba entre cuecas, empanadas y anticuchos. Pero en nuestra casa, reinaba el duelo por relaciones tensas, desarmadas, y heridas abiertas. Cuando almorzamos, oré la oración de arriba, mientras era inevitable dejar caer una lágrima... Estábamos tristes y angustiados.

Tratando hoy de despertar bien, me puse a pensar en todo este proceso... Caminando alrededor de la mesa de centro, vi que volaban en mi mente las opiniones de todas las personas que hablaban acerca de nuestro caso. Y me dije a mí mismo: "Estás cansado... ya ni siquiera te inmuta lo que antes sí lo hacía. A lo largo de tu vida, has vivido escapando de las situaciones adversas, y al parecer has huido de las personas por miedo a quedar mal con ellas y a no causar más problemas de los que hay... Tu vida ha sido una huida de los problemas. Cada vez que había discusiones, te parabas de la mesa y te ibas a encerrar... Has tenido miedo... no has querido enfrentar y te has cansado. Y has estado solo... has debido soportar a fuerza de problemas el hecho de compartir tu vida con el sacrificio. Y ahora, ¿por qué lloras? ¿cuál es el motivo que hace doler tu interior? Has estado cansado de ser hombre... deseando por un día estar lejos de todo y de todos. Has estado cansado de ser cristiano, preguntándote: ¿de qué valen las buenas intenciones si después viene gente que las destruye?".

Y en eso viene la voz de Dios: "Por un momento te abandoné para que conocieras el corazón del hombre, pero te recogeré otra vez porque te amo".

Es un constante lidiar con los más diversos caracteres: algunos muy fuertes y amenazantes y otros muy silenciosos y guardados en sí mismos. Entre medio, el llanto de los niños me hace aterrizar a la realidad. "Debes ir a ver qué están haciendo, David"... Mientras voy, me digo: "Tienes que estudiar... y tienes 3 pruebas...". Es una constante de hace ya dos años y medio. Si no fuera por Dios, estaría sumido en la depresión, y ya las circunstancias me hubieran quitado el sentido de seguir viviendo.

Mientras doy vueltas me pregunto: "¿Por qué mis hermanos se casaron? ¿No debieran haber estado aquí conmigo?". Y en ese momento no me queda nada más que decir. El silencio de la casa que esta solitaria me acompaña, y un sonido a la distancia me dice: "Tranquilo, todo estará bien..."

Es un constante perdonar... No dejes para mañana lo que puedes hacer hoy, sino se acumulará y la herida se hará más profunda. ¿Saben ustedes lo que es vivir 2 años bajo tensión? ¿A ustedes sus padres los apoyan emocionalmente? ¿Saben lo que es vivir sobresaltado por el sonido del teléfono, pensando que nuevamente hay que enfrentar los problemas y discusiones? Si lo han vivido, entenderán lo que quiero decir.

Buscando la causa de lo vivido, siempre llego al mismo lugar: "Gracias Señor por lo que estoy viviendo. Te adoro en medio de la adversidad. Socórreme pronto y guíame que sino moriría en la tristeza, y hazme vivir en el gozo de saber que estás conmigo. Porque cada vez que he visto la inmensidad de problemas, me has dicho: "Tranquilo hijo, yo estoy contigo; nunca te dejaré... otros te han dejado, pero yo nunca lo haré, porque te amo y mi corazón se ha estremecido a causa de lo que has vivido". Nunca he visto que cambies las circunstancias de mi familia, pero sí veo que me has cambiado a mí, y te agradezco por eso. Y ahora no te pido que cambies abruptamente las circunstancias, sino que sigas cambiando y purificando mi corazón, atrayéndome otra vez hacia ti, quizás en un acorde de guitarra, en una carta para ti, o en el mejor de los paseos que hemos dado juntos. Yo ahí te amaba con intensidad, y te decía cuánto anhelaba estar contigo, una y otra vez. Soy el mismo niño que desea estar ahí, pese a los problemas, amándote en extremo, y hablando a los demás de ti"

Se acerca otro 18... La oración será otra, lo sé...

1 de septiembre de 2007

Mi secreto


"¿Quieres vivir más intensamente en la presencia de Dios? Entonces no rehúses ser confrontado con la verdad. ¿Anhelas subir a una dimensión más alta? Pues debes cruzar el estrecho puente que lleva al corazón a rendirse. ¿Estás quejándote de una "cárcel" de la que quieres salir? ¿Por qué no escuchas Su tierna voz apuntando al secreto de tu corazón?
¿Estás huyendo a Tarsis, como Jonás? ¿Estás llorando porque no percibes a Dios? ¿No lo has oído? Está gritando en las olas y silbando en el viento. Su ojo te sigue y su alma te extraña.
No te extrañes si de camino te sorprende Su amor..."
Danilo Montero, "El abrazo del Padre"

Estando en el pozo de la desesperación, la noche se hacía fría y cada vez más difícil de resistir. Desde allí las voces de esperanza se escuchan a lo lejos y los recuerdo vuelven a aflorar, como cuando brota el pasto en lugares de desierto. Allí, cuando todo parece que va a morir, cuando todo parece una constante desesperanza; allí, donde se necesita un padre que te ame sin reproches y sin condiciones; allí donde un abrazo tiene mayor precio que mil palabras a lo lejos...

Estando en el pozo, Dios me habló y me llevó a confrontar mi corazón, a confrontar mis más profundos sentimientos y mis más profundos dolores y heridas. Allí es donde uno cree que tiene en todo la razón y que lleva la verdad en las espaldas, lo cual no es así... En medio de gran dolor, pareciera que los dientes que mostraba cuando reía, hubieran sido cubiertos para siempre por los labios temblorosos del que llora desesperado por salir pronto, por ser libre en poco tiempo, por escalar el pozo en el que un día me vi atrapado. El secreto de todo no está en las circunstancias, ni en las personas, ni siquiera en que si algún día los problemas se solucionarán... El secreto se entremete en los profundos resquisios de un corazón que debe ser sanado y debe descansar.

Estando a oscuras vi que mis lágrimas brotaban sin permiso, aguantando todo el día el poder descargar lo que llevo a cuestas... A oscuras, donde nadie me ve más que el que a veces me habla... Es Dios llamando al Job a quien ha hecho sufrir sin causa aparente. A quien a hecho pasar lo terrible, pero con el único propósito atraerlo hacia sí mismo y de que pueda verlo en persona, de poder tocar su rostro, de palpar sus manos, de conversar con él una hora, de escuchar la voz que llama entre los torbellinos de la vida, de saber que alguien más allá de los problemas ama sin límite al que necesita Su ayuda... Es el Padre que siempre necesité... El mismo que me habla entre los cánticos agudos de los pájaros y que me eleva otra vez, y me hace volar entre los recónditos parajes de Su corazón. Él me hizo enamorarme de Sus brazos y ser débil ante Su voz. Él me conquistó en medio del pozo con sólo oírle, y me prometió que saldría de allí para poder hablar de Él a otros. Esperando eso, clamo para seguir escuchando esa voz, palpando Su cara, y tocando sus brazos en el tierno abrazo de Padre protector. Yo siempre lo amé, yo siempre lo necesité, y desde niño mis brazos se extendieron hacia Él...

No me extrañaré si mientras voy caminando me sorprende Su abrazo de amor...