23 de abril de 2008

En silencio


En silencio quiero tocarte...

atravesar la fibra interna de tu corazón,

y ahí mirarte.

Quizás cambiar de una buena vez los tonos formales

y decirte papá sin protocolos.

Sin muchas palabras,

para que te ame más mi silencio que mi voz.

En la intimidad que tú conoces,

en el secreto que es tuyo nada más...


En reposo, en silencio

sé que eres Dios...

que tiene todo bajo control,

que nunca me dejarás...

En silencio, en quietud de corazón,

te quiero adorar,

componerte otra canción en mi andar...

y no despegarme de ti nunca, nunca más

19 de abril de 2008

Hiriendo sensibilidades

Recuerdo que un día estaba en el cumpleaños de un primo. Hace tiempo que no los visitaba y esa era una buena ocasión para poder ponerme al día con ellos. Recuerdo una de mis tías había llegado y al verme me sacó en cara que no la tomaba en cuenta porque nunca la iba a visitar. Obviamente no quiero ventilar las cosas que suceden en mi familia, sino más bien reflexionar en base a un tema que siempre me ha causado conflicto. Esa vez me puse a pensar: ¿y por qué si ella quería tanto verme, nunca me llamaba a la casa? ¿o por qué si tanto quería que la fuera a ver, no me llamaba para visitarla? Y eso me ha hecho pensar algo que en muchos se repite (y me incluyo): pensamos que los demás deben tomar la iniciativa y no nosotros.

Al parecer existe una tendencia a ver las malas actitudes siempre fuera de nosotros. Los demás son los que ofenden, yo nunca. Los demás deberían preocuparse de mí, y no yo de ellos. Los demás son los inmaduros, yo no. Muchas veces no somos concientes de esos pensamientos, pero sí los manifestamos en nuestras relaciones personales.

Al final todo se traduce en que nos volvemos egoístas y pensamos que los demás deben responder por nosotros, y no nosotros mismos. Ya dejémonos de inmadureces... hagámonos cargo de nuestra vida y dejemos de culpar a los demás, sino la felicidad se la llevará el viento. Es mejor mirar la vida desde la perspectiva de nuestros propios errores, para poder juzgar bien a los demás. Es mejor analizarnos bien antes de hablar en contra de una actitud ajena... y si tanto deseamos algo de una persona, lo mejor es encarar las cosas y dejar de escondernos tras actitudes infantiles.

10 de abril de 2008

Hojas de otoño

Las hojas caen al vaivén del viento de abril. El otoño saluda inquietante bajo la imagen de nubes dispersas en el cielo, cubriendo el azul desnudo y estival. Las hojas caen mientras las primeras gotas de agua hacen su aparición como visitantes inesperados, como huéspedes vestidos de amarillo y café. Los árboles poco a poco comeinzan su muda anual, dejando de saludar a los que pasan a su lado. Es así... como lo simple de la vida se une a lo cotidiano de nuestro diario vivir. Qué hermoso es detenerse un momento y observar las hojas caer, el viento cantar y las nubes volar. De pronto la ansiedad interna comienza a respirar aire puro y se aquietan las aguas turbulentas. De pronto el estrés deja sus labores y se pone a mirar la sencillez que significa estar viviendo y la sencillez que significa ser feliz...

Las hojas caen... ¿no las has visto? O las pisas cada vez que interrumpen tu camino. El viento sopla... ¿no lo has sentido tocar tu mejilla? Es eso... lo cotidiano, lo sencillo que a veces perdemos de vista y dejamos de amar. Las nubes están sobre ti, ¿no las has contemplado..?

1 de abril de 2008

Te entrego mi felicidad...

Caminando por las calles cercanas, me encontré con que estaba solo, otra vez... La noche estaba oscura, como mi interior. Miraba el cielo estrellado y me preguntaba dónde estaría Dios en ese momento, mientras mi visión se veía empañada por las lágrimas otra vez. Todo estaba igual que siempre: los perros ladraban, los niños jugaban en los parques y se escuchaba uno que otro reto de una madre a su hijo. Le pregunté al Señor si alguna vez acabarían los problemas, si alguna vez la soñada restauración llegaría... porque estaba cansado de sufrir, cansado de volver a mostrar la misma cara de frustración que me ha acompañado desde mi adolescencia. Quizás cansado de tener que esconderme tras las caretas que tengo para no mostrar que lloro, para no mostrar que soy débil, para no mostrar que soy uno más del montón que comete errores.

Caminando por las calles aledañas volví a mirar al cielo... Volví a guardar silencio, no anhelando el hombro de ninguna persona más que de Dios. Volví a pellizcar la piel de mi brazo para despertar de esta pesadilla, pero nada pasó. Los perros seguían ladrando, las voces seguían ahí y el sonido de mis pasos seguía constante. "Dime si sigues ahí", le decía... mientras la brisa otoñal rozaba mis mejillas tibias. Las lágrimas se deslizaban casi como una lluvia de invierno que nadie podía parar. Ese día no escondí nada, ese día mi mayor intimidad estaba expuesta. Y le pedía a Dios: "Ya no más problemas, por favor".

Caminando le rendí mis sueños a Dios. Fue como caer al vacío... como si ya nada dependiera de mí. Como si siempre hubiera luchado por mi felicidad, pero me encontrara sin fuerzas y herramientas. Como si fuera el todo o nada... Entonces comprendí que mi felicidad es tocar Su corazón, mi felicidad es tener una cita diaria con él... con una guitarra, una pequeña inspiración, él y yo. Mi felicidad es respirar el aire que Él respira... compartirle mis secretos más profundos, amanecer con su amor incondicional. Siempre me dijeron: "Lucha por ser exitoso", "Esfuérzate, estudia y así nadie te pasará a llevar después". Sí... puede ser verdad. Pero esta vez elegiré de nuevo poner mi mirada en el Padre y no en mis intereses personales.

Caminando seguí con dolor... pero abrazado del Padre. "Yo hago cosa nueva..."