27 de agosto de 2008

Entonces no juzgues

Juzgar es algo que generalmente hacemos cuando descalificamos a otros por su condición, por su ropa, por su forma de ser, de hablar, etc. Juzgar es lo que hacemos cuando vemos a un mendigo y pensamos: "¿Qué se cree este picante?", "¿Por qué anda pidiendo..? que trabaje!".
Juzgar es lo que hacemos en la iglesia cuando alguien es demasiado efusivo y pensamos que es demasiado revoltoso para el "orden de Dios". O bien si viene vestido demasiado poco formal dejamos de mirarlo con agrado. Cuando juzgamos somos religiosos y cerramos el Reino de Dios a los demás.

Quizás por eso nos cuesta entender la gracia de Dios: porque juzgamos demasiado a las personas y las vemos tras el lente de nuestros propios conceptos de lo que es agradable a Dios. El amor de Dios no excluye a nadie... A veces pienso que si Jesús se hiciese hombre otra vez probablemente seríamos nosotros los que estaríamos en su contra al verlo compartir con aquellos que la sociedad y la iglesia rechanzan... Para Dios no importa la condición de las personas, sino más bien su corazón...

Si quieres agradar a Dios, entonces no juzgues...

18 de agosto de 2008

De ti dependo


Hacía calor. El viento estival aún se sentía tibio sobre las mejillas de los que transitaban por Avenida La Paz. Dentro del cuadro de la avenida siempre hay trabajadores de la Vega, junto con muchos camiones, camionetas y buses. Es un cuadro no muy agradable de ver. También hay gente que mendiga y que desea una moneda para satisfacer sus necesidades: algunos comer, algunos tomar alcohol, etc... También habían dos mendigos riéndose sobre la acera, deseando cien pesos para poder beber alcohol. Eran dos hombres peruanos: Juan y Hernán. Ambos de no más de 45 años, piel morena, ajada con el tiempo y de tez rubicunda, ojos negros y manos gruesas. Sus cuerpos estaban abiertos con heridas en el tórax y en el abdomen. Ambos trabajadores frustrados, adictos a una botella de vino desde hace 9 años...


A veces lucho conmigo mismo en mis pensamientos... preguntándome por horas la razón de los conflictos que se suscitan a mi alrededor. Ojalá fuera un problema externo a la familia, como para buscar apoyo en ella... pero no es así. Y trato de llegar a una explicación de la actitud de algunas personas... por qué tanta falsedad, tanto descaro, tanta falta de rectitud... que predicando a Cristo, después te golpean por la espalda en chismes y manipulación. Y le he pedido muchas veces a Dios que la restauración venga luego, que no aguanto, que me debilito mentalmente cada vez que veo la maldad a mi alrededor, que me estoy ahogando. Y digo: "Dios... ¿dónde has estado?", "¿Dónde puedo buscarte? Porque desde mi interior clamo y nadie responde...
Pero cuando voy caminando por la acera de Avenida La Paz, algo muy fuerte me dice en mi interior: "Háblale a los medigos..." "Conversa con ellos y sé su amigo..." Y no lo puedo entender ni tampoco explicarlo. Solamente sé que es una pasión que vence mi timidez y cobardía... Entonces estrechan su mano en la mía y por cinco minutos conozco su sinceridad y puedo reír con ellos.


"Creo que me estás enseñando a depender de ti"

15 de agosto de 2008

Como tú...


Cuando se es pequeño también quería ser como papá. Buscaba imitar sus gestos, sus palabras y sus formas de reaccionar. Todos necesitamos modelos donde depositar nuestra confianza. Modelos donde asegurar nuestra identidad.

Cuando crecemos, las vivencias personales van forjando nuestros gestos, palabras y formas de reaccionar. Ya el referente paternal pasa a un plano diferente y toman lugar nuestras propias vivencias que modifican nuetras acciones.

Al parecer dejamos de ser tan fáciles de sorprender y la insensibilidad se apodera de nuestros gestos, palabras y formas. Nuestras ideas comienzan a ser más importantes que las de los demás y nuestra capacidad de menosprecio aumenta en gran medida. ¿Te duele ver asesinatos? ¿Los femidicios han pasado a ser parte de nuestra historia? ¿Es parte del día a día que el orgullo nos gane la batalla? ¿Y qué del hambre? ¿Y qué de las muertes?

Creo que Dios aún clama para que volvamos a ser niños "sorprendibles", que sean sensibles a su voz. Que dejemos de ponernos en el centro de todo y mirarlo a Él. Mirar que tiene más poder que nuestros propios problemas.

"Señor... tu corazón es el de un niño. Quiero ser como tú... sencillo, humilde y sincero. Permite que todo aquel que lea este escrito pueda entender y anhelar mucho más tu corazón. Entender que no se trata de mis planes y sueños, sino de los tuyos. Te amo, te adoro y te busco."

2 de agosto de 2008

Salgamos del engaño

Una cosa es esperar la felicidad y otra ser feliz. Una cosa es la esperanza y otra es el engaño. Al parecer por mucho tiempo no hemos podido salir de una mentalidad que me llama la atención.
¿Les ha pasado que esperan cosas para el futuro, se planifican, piensan que todo será hermoso, pero se dan cuenta al final que no han vivido nada de lo soñado? Pues bien, de eso quiero comentar hoy.
Hartas veces me he visto poniendo construyendo toda mi vida en base a cosas futuras. "Dios me dará esto", "Dios me dará esto otro", "Seré feliz con tal persona". Todo es pensando en el futuro. Estoy seguro que si estuviera frente a Dios, Él me diría: "¿Y qué sueñas hoy?". Al parecer nos encanta construir castillos en el aire, que al final se los lleva el viento.
"Cuando trabaje y tenga dinero podré cumplir todos mis sueños". "Cuando tenga un notebook mi vida será mucho más especial". Son pensamientos que nunca hablamos pero que sí están arraigados en nuestra mentalidad y que anulan nuestra felicidad. Al parecer los sueños futuros a veces anulan nuestra felicidad actual. El tiempo para ser feliz es el hoy! no mañana, no cuando te cases, no cuando obtengas tu trabajo deseado, no cuando te alcancen los pesos para comprar lo que deseas. Si no eres feliz hoy, sentirás la insatisfacción aunque lo tengas todo.

Otro engaño que nos rodea es pensar que sólo estamos para cosas grandes. Primero que todo, deberíamos definir qué es algo grande. Lo que para unos es grande para otros puede significar algo muy insignificante. Lo importante es no olvidar que todo - incluso las coss grandes - se construyen con detalles, con cosas pequeñas... con pequeños acontecimientos que van marcando nuestro destino. No pongas la confianza en las cosas grandes, porque si no pronto chocarás con la realidad. El secreto del éxito es trabajar duro.