28 de febrero de 2010


Del desastre....
De la desesperación...
Del egoísmo y la indiferencia...
Del desabastecimiento...
Del hambre y la enfermedad...
De la muerte y la tragedia...

De todo eso... líbranos Dios...

21 de febrero de 2010

La realidad de la salud

Yo era de los que siempre criticaba a los funcionarios del área salud. Por su carácter poco agraciado. Por su poca disposición a atender... como si las personas sólo fueran un cacho diario a quien atender, olvidando que su sueldo se basa en atender personas, quiéranlo o no.
Y es que el área salud es un área que demanda mucha vocación, puesto que el trato con personas no es fácil. Hay desde las que les duele un pelo y ya van a visitar médico... hasta las que se aguantan "como los machos" (dígase con acento mexicano) y van cuando ya tienen un dolor insoportable. Hay de los pacientes dependientes de otros... que no dicen nada y que tienen personas que hablan por ellos. Otros que se aprovechan y exigen perfección en las cosas, cuando en el fondo uno tiene que hacer maravillas con los materiales que hay y con los instrumentales que el centro de salud tiene a disposición.

Como interno me he fijado en las personas que atienden a los enfermos. Algunos han perdido la pasión o sólo trabajan para recibir el sueldo a fin de mes; otros, van camino a eso, pero que aún tienen las esperanza de que las cosas cambien, o que la gente sea mejor. Y hay también los que se entusiasman en trabajar para los pacientes, pero lamentablemente el resto del equipo se sonríe al verlos y les da una palmadita en el hombro como diciendo: "Que bueno, pero hágalo solo".

Creo que uno puede marcar la diferencia tratando bien a la gente aunque por dentro uno quiera pegarles. Marcar la diferencia en hacer bien el trabajo, y no a la rápida como veo día a día que lo hacen... como soluciones parches que finalmente les resulta caro a las personas...

Y para terminar debo decir que el ministerio está equivocado en decir que el servicio de salud debe estar dirigido para defender los derechos de los usuarios. Porque en ningún caso, defienden también los derechos de los trabajadores que prestan las manos para solucionar los problemas de las personas. Que se centre en el usuario, genera que comiencen a exigir cosas y que los libros de reclamos se llenen todos los meses. Mientras más derechos se les da a los usuarios, más pierden de vista sus deberes... y uno de ellos es básico, pero a veces olvidado, y se llama respeto.

8 de febrero de 2010

La vida que el evangelio nos prometió (parte 2)


Mirarlo a Él antes que a todo. Antes que a nosotros mismos, mirar a Dios. Dejar las preocupaciones a él. Entregarle mi vida. Todas estas afirmaciones las hemos escuchado, orado, hablado, aconsejado e incluso predicado a veces. Sin embargo, pareciera ser muy fácil seguir estos consejos, pero pareciera ser que en la práctica son sólo palabras al viento, oraciones armadas sin consistencia y consejos vanales. Uno frecuentemente ora diciendo que entregamos nuestras vidas a Dios, pero cuando hay problemas, pareciera que Dios no aparece y que consejos como los dados arriba, sólo empeoraran las cosas y nos llenara de culpa la conciencia.

¿Esta es la vida que el evangelio nos prometió? Es decir, ¿orar entregando nuestras vidas a Dios sin que no existan respuestas? Creo que mirar a Dios antes que a las preocupaciones, no significa dejar de pensar en ellas. Tampoco significa que si los problemas continúan, Dios nos rechaza... o hay algo que no anda bien en nosotros. Tampoco quiere decir que somos menos valorados o menos deseados por él. Mirar a Dios antes que a las preocupaciones significa que adoraré a Dios a pesar de que los conflictos persistan. Mirar a Dios significa tener una actitud de rendición, es decir, aceptar que no podemos con todas las cosas, reconocer que no podemos controlarlo todo y buscar su ayuda. Si usted conociera más a Dios, se daría cuenta que él es más práctico de lo que cree.

Dios muere en nuestras vidas cuando nuestra fe se enfría y pensamos que ya no hay esperanza. Esta es la noticia: "Aunque hayan problemas y conflictos, yo estaré contigo"... Usted podría decir: ¿Entonces de qué sirve creer en Dios si él no interviene en las guerras, en las enfermedades que veo alrededor, en las peleas familiares, en los conflictos que suceden a diario, en las muertes injustas y en el terrorismo?

La única respuesta que tengo es esta: "Nosotros somos las manos de Dios en este mundo". Dios actúa a través nuestro... Pero buscándole a él. Confiando en él. Moisés es un claro ejemplo de esto. Él había pedido que Dios le acompañara en el trayecto a la tierra prometida. Dios se lo concedió. Pero luego de una extensa conversación con Dios, le pidió algo mayor: "Permíteme ver tu rostro"... Cuando le conocemos a él y palpamos su amor, los problemas pasan a segundo plano y las preocupaciones se disipan en sus promesas, descansando en la convicción de que él nos defiende. Al creer en el evangelio, no creemos en una iglesia. No creemos en una religión que registre el censo cada 10 años. No creemos en un estilo de hacer las cosas. Creemos en la vida. En emanar vida. En vivir la vida... Sólo al palpar su amor, los conflictos y preocupaciones tienen su real sentido: acercarnos a él de nuevo. La siguiente vez que pidas que Dios haga lo que quiera contigo, no tengas miedo... tampoco digas: "No me responderá"... porque él se las arreglará para atraernos hacia sí mismo. Porque él es el centro. Sólo de esa manera el Reino de Dios se extenderá.

Este es el evangelio: "Los pobres se sienten ricos, los cojos saltan, los ciegos pueden ver, los enfermos son sanados, los que son menospreciados o se menosprecian a sí mismos, vuelven a tener valor; su fidelidad permanece aunque permanezcan los problemas, él es bueno aunque haya maldad."

2 de febrero de 2010

La vida que el evangelio nos prometió

Han estado de moda las propuestas presidenciales, promesas para los 4 próximos años de gobierno y diferentes formas de ver la vida política. Cuando Jesús iba a partir al cielo, los israelistas le preguntaron si restauraría a Israel (como pueblo independiente), pensando que su llegada vendría a imponer una emancipación política considerable. Pero no. Cuando quisieron hacer rey a Jesús, éste se arrancó de las manos de quienes lo querían alzar como su gobernante. ¿Qué pasó? ¿No era este Mesías que vendría a salvarnos? - preguntaban los israelitas.

Sus preguntas, referidas a su propia realidad como pueblo de Israel, se parecen a las nuestras. Desde pequeño me dijeron que Jesús era sanidad, restauración, bendición y prosperidad en todo sentido. Que él había muerto por mi paz. Quizás más de uno creció pensando que si algo estaba mal en su vida (enfermedad, pobreza, etc.), algo en la vida espiritual estaba fallando... o algún pecado había cometido. Así comenzaron a aparecer los porqués... ¿por qué Dios permitió que me enfermara y mi calidad de vida se fuera hacua abajo? ¿por qué Dios no me dio otros padres? Si se supone que él es sanidad, restauración, bendición y prosperidad...

Si bien yo creía que Jesús era todo eso (sanidad, bendición, restauración, prosperidad, etc.) a los pocos años comenzaron a aparecer los conflictos, las enfermedades, las desilusiones, las traiciones. Poco a poco las imágenes de un futuro hermoso junto a una hermosa familia, fueron cayendo. Esas eternas planificaciones de mi vida se fueron destrozando ante los acontecimientos de la vida: una hermana que casi muere a los 16 días, otra hermana quemada en la estufa, una tía abuela con leucemia, una familia dividida, un matrimonio dividido por violencia intrafamiliar, etc. Ante esto surgen preguntas: ¿Es esta la vida que el evangelio nos prometió? ¿Llena de conflictos, muchos de ellos sin resolver? ¿Enfermedades que incluso orando no sanan? ¿Personas que llamándose cristianas no actúan como tales?

Aquí quiero detenerme un momento y citar unas palabras que siempre cito de un amigo llamado Marcelo Gatica: "El evangelio parte desde mi realidad". Jesús es el centro del mensaje del evangelio y no nuestro propio bienestar. Quizás hayan conflictos que nunca se solucionen en nuestras vidas, pero debemos confiar que Dios será fiel en regalarnos sanidad, bendición, restauración y prosperidad aún en medio de esas circunstancias. Las buenas noticias del evangelio no son crear vidas perfectas e ideales; al contrario, vidas imperfectas que experimentan el poder de su palabra. De hecho, cuando comenzamos a verlo a él antes que a nuestro propio bienestar, su vida comienza a manifestarse en nosotros y la fe en él cobra sentido.

La pregunta es... ¿cómo lo veo a él antes que a todo? ,y si quiero pero no puedo dejar de preocuparme de mis conflictos, ¿qué pasa..?

Eso lo dejaremos para un siguiente escrito. Saludos!