29 de diciembre de 2011

El Señor ha sido bueno


Me gusta la navidad y el año nuevo. Tal vez muchas veces las personas aprovechan para hacer balances y para esperar que el próximo año sea mejor... Lo que más me gusta de fin de año no son precisamente los balances. Menos ser malagradecido y esperar el siguiente año para que sea mejor... Hace exactamente un año atrás el Señor me enseñó que debía agradecer por todo lo que estaba viviendo, sea bueno o malo.

Recuerdo bien ese 31 de diciembre cuando oré al Señor y le agradecía por ese 2010 que había tenido tantos altos y bajos. Decidí cambiar en varios aspectos de mi vida, especialmente en tener una actitud más positiva y menos quejumbrosa frente a la vida. Sentí que ese año nuevo fue diferente a otros... No hubo grandes luces. La celebración fue austera. No nos juntamos con toda la familia, así es que éramos pocos. Pero estaba Él, y eso era suficiente. Y como Él estaba, todo estaba completo. Ese 31 de diciembre de 2010, oré al Señor pidiendo que me sanara de muchas áreas, especialmente la sentimental. También le pedí que me ayudara a expresar más lo que pienso y lo que siento, y a no guardarme tanto las cosas.

¿Saben? Creo que el Señor escuchó esa oración. Y no sólo porque respondió a lo que le pedí, sino mucho más: en lo sentimental estoy con la Pauly, que ha sido una verdadera bendición y complemento en mi vida. Sólo Dios sabe lo importante que ha llegado a ser en mi vida. En lo laboral, he visto su mano de favor al concederme trabajo que muchas veces no he tenido que buscar. En lo familiar, hay más tranquilidad y unidad. En las amistades, agradezco siempre por mis amigos más cercanos y también por aquellos que no veo siempre pero que están ahí también cuando uno los necesita. En lo académico este año me titulé y recibí algunos premios. En lo eclesiástico, trabajamos en el ministerio de niños y me involucré mucho más en la comunidad de la iglesia, especialmente con el discipulado que hicimos y que para mí fue de mucha bendición.

El balance de este año fue muy positivo. Y esto solamente se lo debo al Señor... Hubo un tiempo en donde me hizo entender que debía adorarlo cuando las circunstancias estuvieran bien, y aun más, cuando estuvieran adversas. Los duros tiempos de adversidad han pasado y ahora puedo ver su refrigerio, su mano de favor y su gracia que me dice: "Yo estoy contigo, hijo", como en antaño... cuando sólo acompañado de una guitarra, le escribía canciones y le componía melodías que sólo Él conoce. Todo lo que soy y tengo es por Él... En lo alto y en lo bajo, el reconocimiento es para Dios.

"Señor, gracias por todo lo vivido este 2011. Contrasta tan fuertemente con lo vivido el 2010 y años anteriores. Me sentí sobrepasado de bendiciones de tu parte. Cuando recién asimilaba una de tus sorpresas, ya venía otra en seguida que de nuevo me asombraba. No puedo entender tu misericordia y tu amor... Las promesas que me hablaste cuando en la intimidad te cantaba, hoy las veo hechas realidad. Fue allí, en la intimidad de nuestras conversaciones, que tu Espíritu me llenó y me hizo entender que lo más importante en la vida no es si nos va bien o mal, sino que tú eres el centro de todo. Me hiciste entender que la adoración a ti es lo que mueve tu corazón y que cuando clamo a ti tú me escuchas. Allí, cuando sufría, tu mano de favor estaba conmigo, avisándome que llegarían tiempos mejores, en donde vería tiempos de refrigerio y de descanso... Gracias por este año, Señor, porque esta vez las lágrimas son del más puro agradecimiento [...]"

21 de diciembre de 2011

Agradecido por mis papás

A mis papás los quiero mucho... Siempre pienso en ellos cuando llega la navidad. No sé por qué pienso en lo mucho que valoro sus vidas. A veces no se los expreso mucho y tal vez es algo que debo trabajar en mi vida. Tal vez lo expreso sin muchos "te quieros", pero me gustaría decírselos más seguido. Porque a pesar de todo lo que hemos vivido juntos como familia y a pesar de todas las divisiones, Dios me los regaló y quiero cuidarlos.

Hoy el escrito es breve y se tiñe de emociones al redactarlo. Cuando echo una mirada hacia el pasado, solamente existe en mí el desafío de que debemos levantarnos como familia y seguir construyendo todo de nuevo como lo hemos hecho. A seguir soñando todos juntos y a no perder la unidad fraternal que nos caracteriza...

12 de diciembre de 2011

El Dios de la Navidad

Al pasar, miro las luces que en antaño traían la tristeza de vivir de la angustia, la depresión y la desilusión. Son esas luces navideñas que desde pequeño me llamaban la atención por su diversidad de colores y por sus melodías que, agudas y todo, me daban un efímero sentimiento de familiaridad. Son esas luces que me recuerdan a los míos... a aquellos que siguen con nosotros, a aquellos que ya han partido y a aquellos que respiran sus últimos momentos, tal vez años, tal vez meses o tal vez horas.

Al mirar las casas llenas de vida en sus ventanas, le pido a Dios que traiga mucha luz a nuestras vidas en esta navidad. Los verdaderos colores son los del perdón, del abrazo de reconciliación, de amor y de esperanza. Sin esos colores, la navidad se vuelve vacía, presa del consumismo y el hedonismo en que cae la sociedad a menudo. La navidad no se trata de árboles más adornados, o quien gasta más dinero en regalos, ni la calidad del regalo... Porque el mejor regalo es lo que algunas familias no tienen: unidad, amor, un padre y una madre, etc. La navidad es llenar los espacios vacíos, saciar al necesitado, traer la esperanza a los depresivos, liberar a los cautivos, dejar de lado el egoísmo, perder, rendir el orgullo y expresar.

Mientras camino, recuerdo el tiempo en que las mismas luces invocaban tristeza y las lágrimas surgían sin permiso. Lo bueno es que era de noche y nadie miraba que mi cara estaba roja de haber llorado tanto. Fueron tiempos dolorosos, sobre todos esas navidades del 2006-2007, en que las caminatas nocturnas se extendían solitarias pero llenas de pasión por Dios... Habían problemas en mi casa, pero extrañamente, el amor de Dios estaba fuertemente manifestado en mi corazón. Eran lágrimas de amor por Él y un deseo profundo de conocerle y amarle con todo mi corazón... En medio de todo eso, conocí lo que era el verdadero agradecimiento: "Sentirse completo por el simple hecho de estar con Dios". Su presencia era suficiente para vivir...

Ya me acerco a la casa y, antes de abrir la reja vuelvo a agradecer a Dios por mostrarse como mi Padre. Ahora las navidades han vuelto a ser como aquellas que disfrutaba en los tiempos de mi infancia, en donde las esperaba ansioso de ver a mi abuela, a mis primos, a mis tíos y decirles que estaba contento de verlos y compartir con ellos. O agradecer que comiéramos un pollo asado, con aquellas papas tan buenas que hacía la tía Prisci. O darle gracias a mi abuelita por haberme comprado un regalo pese a su preciada pensión. O estar contento porque todos nos sentábamos a las 12 de la noche a repartir los regalos y a decirnos feliz navidad. Je. No sé por qué esta navidad ya la siento tan diferente... es como si estuviera llena de libertad. Sí, debe ser eso... Es la libertad que Dios me ha hecho respirar durante todo este año.

"Señor, te anhelo... Mi mundo alrededor puede caerse, pero tú permaneces fiel. Todo alrededor puede fallar, pero tú nunca fallas. Tú vuelves los tonos grises en colores de vida y resplandeces sobre nosotros. Tú eres el centro de la navidad... Porque necesitábamos un salvador, necesitábamos a alguien que nos abriera el camino a Dios; alguien que diera esperanza a nuestro corazón y que sanara nuestras vidas. Aunque muchas veces nos vemos débiles a nosotros mismos, tú nos miras como fuertes. Si creemos que somos pobres, tú nos miras como ricos y llenos de potencial. Somos tus hijos y tú nuestro padre. Moldéanos como el alfarero a su vaso de barro y haznos más como tú... Te adoro Señor... te agradezco porque has cambiado el sufrimiento por alegría, el temor por seguridad en ti y el miedo al fracaso por fe en ti..."

7 de diciembre de 2011

Esa capacidad de asombro


Me gusta observar a los niños. Lo hice por mucho tiempo con mis hermanas pequeñas cuando salíamos a dar vueltas cerca de la casa. Me quedaba observando su sencillez y su inocencia. Muchas veces nos sentábamos en el pasto a conversar y a contar historias. Una vez les hice ponerle nombre a las estrellas je... Aún recuerdan eso y me da gusto cuando relatan la experiencia... No es malo ser como un niño, especialmente cuando se trata de ser rápidos en dejar el pasado atrás y en perdonar sin rencor. Tampoco es malo cuando adoptamos su sencillez para ver la vida y para tratar a los demás, sin rollos internos y sin tantos cuestionamientos.


Ellos descubren la vida y se asombran de ella a medida que van abriendo los ojos a cosas nuevas. Tal vez por eso Jesús dijo que debíamos ser como ellos para entrar en el reino de los cielos. A veces no se trata de grandes campañas de evangelización o de grandes eventos; se trata de sencillez, de humildad y de algo que tienen los niños y que se puede extrapolar a los espiritual: crecimiento. Los niños crecen por un componente genético, hormonal y también porque hacen ejercicio y descansan. El niño vive el día a día. A veces no puede dormir en la noche porque el papá le prometió que al otro día saldrían a la playa. Ansioso, espera que despunte el alba y que llegue la hora de cargar el equipaje y partir.


A veces nos falta algo de eso para agradecer por todo lo que Dios nos ha dado: "capacidad de asombro y de expectación". Cuando tengamos una pizca de eso, estaremos muy cerca del reino de los cielos.

1 de diciembre de 2011

El motivo del agradecimiento


Un jefe complicado. Un compañero de universidad insoportable. Un pasajero que en la micro me empujó sin pedir disculpas. Un papá mal genio. Una muerte no esperada. Etc. Son tantos los motivos por los cuales podríamos quejarnos... Nos quejamos por la relación que tenemos con otros, porque hace calor o porque hace frío. A veces nunca nos saciamos. Decimos: "Si cumplo esto en mi vida, voy a ser feliz", y cuando llega eso, inmediatamente aspiramos a más y nos sentimos vacíos de nuevo.

Cuando agradecemos, ponemos la mirada en lo bueno y no en lo malo. Centramos el discurso en lo que se ha cumplido y no en lo que falta por cumplir. Reubicamos nuestra atención en lo importante por sobre los detalles innecesarios. Como diría Jesús: "... La vida es más que la comida, y el cuerpo más que el vestido". Al agradecer, decimos: "No importa lo que esté pasando; te agradezco porque te tengo a Ti". A veces no nos conformamos hasta que se soluciona todo, sin embargo, Dios está interesado en cambiar y forjar nuestro carácter antes que cambiar pronto las circunstancias. Desde ahora, cuando oremos, no reclamemos que Dios cambie las cosas a nuestro antojo y a nuestro tiempo. Eso es precisamente centrar nuestra vida en nosotros mismos. Más bien, pidamos estar con Él y que nos baste su gracia y una relación fuerte con Él para superar las circunstancias dolorosas.

"La vida se torna de nuevos colores, cuando decidimos ver la actividad de Dios por sobre las del diablo. Cuando centramos la vida en lo que Dios quiere, comienza a brotar la adoración verdadera, es decir, aquella que no se basa sólo en lo que sucede alrededor, ni tampoco se fundamenta en deseos personales. La adoración sincera no anhela más que al Señor y Su compañía. Es allí donde se revela y nos muestra Su paz... Esa paz no es pasiva, sino que es capaz de aplastar en breve al enemigo"

24 de noviembre de 2011

Años dando vueltas




Sí. Nos fuimos dolidos. Heridos y en silencio decidimos no hablarlo con nadie de la iglesia. De hecho fue lo mejor que pudimos haber hecho porque hablar habría ocasionado mayor división. No es fácil que los pastores de tu iglesia te traten de rebelde o te digan que has mentido al Espíritu Santo o que has pecado con pecados de grueso calibre. Claro que a nadie agrada que lo descalifiquen o te hagan sentir culpable por decir lo que uno piensa. Tampoco que te digan que si te vas a de la iglesia, Dios no te iba a bendecir.

En esa iglesia estuve por más de 18 años. Me crié ahí, tenía a mi familia ahí, tenía a mis amigos, tenía mi mundo construido dentro de esa iglesia. De hecho siempre pensé que permanecería toda mi vida ahí y que mi familia se formaría dentro de ese lugar. Siempre me acuerdo de las veces en que nos juntábamos temprano a orar los sábados y que terminábamos llenos del Espíritu Santo, llorando en el hombro de alguien, simplemente por el hecho de sentir que Él estaba allí, con nosotros. O esos domingos en que subíamos a orar al cerro cercano a la iglesia y la gente era sanada de enfermedades físicas, heridas internas o se convertía al Señor.
Fueron años de entrega para llevar el reino de Dios a un lugar alejado de Maipú, en la Rinconada. En campamentos y retiros. Entre sonidos de cuerdas y baterías. Entre oraciones por otros, liberación de demonios, adoración y pasión por Él. A veces había mucho cansancio físico, pero recuerdo que las mañanas pasaban rápido entre conversaciones y adoración.

Cuando salimos de esa iglesia, como lo dije anteriormente, nadie supo muy bien las razones. De hecho hasta ahora muy pocas personas saben. El punto es que después que salí de esa iglesia, me encontré con un mundo totalmente nuevo. Fue como amanecer en la casa de un extraño y no saber cómo volver a casa. Fueron 2 años de vagar por iglesias y lugares donde encontrar de nuevo un lugar donde formar parte de una comunidad. Muchos amigos me invitaron a sus iglesias, sin embargo, internamente yo no estaba bien. Seguía dolido y sin perdonar. Habían cosas que no podía concebir que sucedieran y vino en mí una de mis más profundas crisis de fe y crisis eclesiásticas. Me desilusioné de los pastores y llegué a asumir que todos eran iguales. Sin embargo, todo eso se debía a que seguía guardando rencor en mi interior.

De a poco todo volvió a brillar. Lo único que hice fue aferrarme al Señor con todas mis fuerzas, que era lo único seguro que tenía y tengo. Y a partir de eso, Él fue sanando mi corazón. Extrañamente perdoné gracias a que Dios me mostraba las cosas malas que estaba alojando en mi corazón, como el rencor o los malos deseos. Poco a poco, fui sintiendo cómo el peso era menos y me sentía libre. Fue un proceso de años y se caracteriza por ser un tiempo de inestabilidad, incertidumbre y sobre todo inseguridad. Hay mucho cuestionamiento interno y mucha autocrítica. Es un tiempo donde pareciera ser que no se ve ninguna puerta y uno tiende a mirar hacia dentro y no buscar lo que realmente el Señor quiere enseñarnos.

En ese cuestionamiento muchas veces le pregunté a Dios qué quería enseñarme a través de todo esto y si era verdad que ahora Él no me iba a bendecir como me dijeron. La respuesta fue el silencio. Por mucho tiempo Dios calló y no me dijo nada. Cierto día colapsé y le pedí a un pastor de la iglesia (que es a la que ahora asisto) que orara por mí. Nos sentamos aparte y entre medio de la oración me dijo de parte de Dios: "Tú tienes un llamado muy profundo, el cual no he olvidado". Esa palabra me dio esperanza de que Él estaba en control de todo y que no me había olvidado, sino más bien que estaba pendiente. Y así recuerdo dos oraciones más en donde personas distintas me dijeron de una u otra manera que Dios estaba allí... que seguía presente y que nada había salido de su control. Fue cuando comencé a ver un nuevo amanecer...

He escrito esto porque he visto a muchos amigos que se han alejado de la iglesia, desilusionados de todo el "sistema eclesiástico". Otros se han alejado del Señor, lo cual es más lamentable. Quienes han experimentado la salida dolorosa de una iglesia, saben que experimentar una ofensa de una persona que es cristiana, te duele el doble. Pero es necesario algún día salir del hoyo donde ese conflicto nos ha arrojado. He visto que otros se han conformado a no tomar en cuenta la iglesia, y sólo se refugian en la gloria del pasado sin tener experiencias con Dios presentes y reales que cambien sus vidas y las de otros. Lo más importante es ser capaz de perdonar y no guardar rencor contra otra persona, menos difamarla. Las traiciones pueden venir de personas cristianas o no cristianas... eso hay que entenderlo. Pero esta realidad no la debemos mirar desde el ojo de la crítica, sino desde la mirada de Dios, es decir, desde la perspectiva de que todo nos ayuda a bien y que debemos madurar y aprender de todo esto. Entendiendo esto, la restauración es mucho más rápido.

" Señor... muchas veces experimentamos situaciones dolorosas que nos llevan a profundas crisis de fe y que nos llevan a cuestionarnos todo. A veces nos cuesta volver a adaptarnos, porque seguimos con la mentalidad antigua, cuando tú ya sigues avanzando hacia el siguiente paso.
La salida de una iglesia no es sencilla. Menos si es abrupta y dolorosa. Ayúdanos a ser humildes en perdonar y en volvernos a ti en todo momento. Que si salimos de un lugar, sea para crecer más y no para ser causa de mayor división. En cualquier caso, muéstranos tu gracia y tu palabra, de tal manera que sepamos que tú sigues allí presente para nosotros, y en control de todo. En este camino, también enséñanos a amarte más, buscarte más y tomar las decisiones correctas"


4 de noviembre de 2011

[...]

A veces uno cree que lo hace todo bien, sin embargo, no es así. Y es en ese momento donde me doy cuenta que estoy más cerca de Jesús, porque no se trata de mis fuerzas, de mis buenas intenciones, de mis buenas acciones o de mi aceptación delante de los demás; sino sólo de él.

"Señor, tú me conoces. Sabes que desde niño confío en ti. No ha sido fácil considerando las diferentes presiones que hay alrededor... presiones sociales, familiares; presiones de aparentar más o de ser más perfecto. Sabes que te amo por sobre todas las cosas y que eres mi mayor pasión. Creo que eres lo más importante por sobre todo y que puedo depender de ti en todo momento... Eres mi todo en todo. Lo que me pasa es que, inconscientemente, busco ser perfecto y así ser aceptado por los demás... Eso es lo que muchas veces busca mi corazón... Esa aceptación solamente la encuentro en ti y en tu amor. Te pido que me ayudes, porque deseo con todo mi corazón buscar lo que a ti te agrada por sobre los comentarios de los demás alrededor.

1 de noviembre de 2011

Llamados a predicar, no a condenar

En la búsqueda de la santidad, siempre me he hallado en la misma encrucijada de pensar si soy digno ante los ojos de Dios. Cuando pienso en cómo soy y en mis defectos, muchas veces le digo a Dios: "¿Qué es lo que viste en mí?" Y eso se lo vuelvo a preguntar una y otra vez, encontrando siempre la respuesta en su amor incondicional y en que debo dar todo de mí para ser como Él. Pese a eso, siempre hay nuevos errores que aparecen y cada vez que me decido a buscarle con más pasión, vienen adversidades. Con todo, Él me ama y ama a quienes le buscan de todo corazón, aunque pequen todo el tiempo. Claramente esto no nos da licencia para pecar cuando nosotros lo deseemos, sino más bien se traduce en una motivación a amarle más y a obedecer sus mandamientos.

El evangelio es lo más desprejuiciado que hay. O al menos eso debería ser. Está plasmado de principio a fin de un mensaje de aceptación, de perdón y de libertad. Cuando uno predica a Jesús, debe saber que es Él quien escoge a las personas. Uno a veces mira alrededor y comienza a decir: "Este seguramente será escogido por Dios y este no"... Descartamos a quienes son más malos, ignorando que Dios ama y escoge a quienes quiere. Cuando predicamos el evangelio, debemos saber que nosotros somos los primeros pecadores y que es gracias a Jesús que podemos hablar de Él con la conciencia tranquila o con la mentalidad de perdón en nuestras palabras.

Si hablamos de Jesús, debemos sacudirnos de hablar de un mensaje de condenación que atrape a las personas en un sistema religioso, o en una lista de mandamientos como "tienes que orar" o "tienes que portarte bien" como si eso fuera el centro. Si hablamos de Jesús, debemos hablar acerca de tener una relación con Él. De esa relación surge el orar o portarse bien, pero no al revés. Con nuestras fuerzas no podemos ser santos y menos hacer que los demás lo sean. Por eso nuestra labor en el reino es colaborar en extenderlo y llevar a las personas a que lo conozcan a Él.

19 de octubre de 2011

Una pasión que no pasa de moda


Ella no es tímida; al contrario, las historias que trae consigo, son narraciones llenas de detalles y emoción. Una misma historia tal vez puede ser contada con mucho detalle y varias veces. Me gusta escucharla y conocerla más. A pesar de que he crecido, aún me gusta que me mire como un niño y que cuando llegue me apriete la mejilla y me llame "Davicito". Su incondicionalidad es una de las cualidades que más llaman mi atención.

Mi abuelita es como una niña. Puede entusiasmarse rápidamente y es dócil. Pocas veces se enoja y posee un corazón sensible. Le gusta reírse y compartir con la familia. Es muy apasionada y aunque tiene 81 años, sigue enérgica y sale de la casa a caminar como si tuviera 20 años. Aún en sus vejez, sus huesos permanecen fuertes y vigorosos. Desde que tengo uso de razón, ella existe en mi vida... La recuerdo en las muchas navidades donde me hizo pequeño regalos que muchas veces guardé por años. También recuerdo los años nuevos donde me abrazaba y todo lo que me decía me hacía llorar de emoción... O cuando me decía: "Davicito, le tengo un cariñito"... y de sus manos morenas aparecía un billete de mil pesos. Mis ojos de niño de 8 años siempre se abría cuando veía eso. En ese momento no sabía el sacrificio que significaba para ella darme dinero. Yo sólo lo recibía contento sin preguntar de dónde lo sacaba. A medida que fui creciendo, me di cuenta que de su esfuerzo ella me regalaba esos mil pesos. A veces incluso era más... Y a pesar de que después le fui diciendo que no tenía que darme, ella igual seguía haciéndolo, amenazándome que si no se lo recibía, "se iba a sentir conmigo".

Mi abuelita ama al Señor con todo su corazón. Nunca he conocido alguien que ore más que ella. Donde sea, se pone a orar y su oración es poderosa. No por nada el Señor la usa para sanar a las personas por las cuales ora; porque permite que el Espíritu Santo la use sin reservas ni cuestionamientos. Donde va ella predica. Sean personas conocidas o no. Algunos la toman en cuenta, otros se burlan, otros la miran con respeto y otros captan el mensaje y lo aceptan. ¡Cuántas veces la vi caminando hacia la Plaza de Maipú cargando su Biblia. Se ponía a predicar en la calle como quien habla con micrófono en el escenario. Sí, ella ama al Señor y ha decidido rendir su vida a Él. Es un ejemplo muy grande el que me da ella cada vez que la veo o hablo con ella.

El último año nuevo fui a su casa a saludarla a eso de las 2 am. Y a pesar que estaba muy cansado, me dio la impresión de haber ido a un año de nuevo de los de antaño. La abracé y le deseé lo mejor para este 2011. Ella también me abrazó por harto rato y conversamos mientras yo estaba acostado... Me hace sentir como un niño y extrañamente me gusta. Sé que ella me quiere y yo la quiero mucho a ella. Cuando pienso en que debemos encender nuestra pasión por Dios, ella se me viene a la mente de inmediato. Creo que será bueno seguir su ejemplo =)

13 de octubre de 2011

Una relación genuina contigo... eso deseo


"Lo que anhelo no es ser usado por ti. Queda en segundo lugar el ser conocido o aplaudido. No anhelo grandes milagros ni grandes campañas de evangelización. No deseo más dinero ni todos los tesoros de este mundo. No deseo que cambies las circunstancias de mi vida aunque haya problemas. No te quiero pedir que elimines las tensiones y la enfermedad. No quiero que aquietes el dolor ni menos que hagas de mi mundo una burbuja ideal.
Lo que realmente deseo es estar contigo y celebrar cada día tu salvación. Deseo tu presencia más que cualquier cosa en la vida... más que el éxito, más que el reconocimiento, más que el deseo de ser visto u oído. Anhelo encontrarme contigo de nuevo, de tal manera que pueda saber dónde estás trabajando y pueda unirme a tu obra. No anhelo estudiar más la Biblia por adquirir conocimiento. Anhelo al Dios que está detrás de la Biblia.

Querido Dios... yo te amo, tú lo sabes... A veces nos afanamos con cosas tan pequeñas, a veces sin trascendencia, como el dinero, las apariencias, el status quo, etc. todo lo cual se hace nada cuando nos enfrentamos a ti. Quiero conocerte más y este es un clamor desesperado por verte manifestado en mi vida. Enciende el fuego otra vez y hazme ver dónde tu plan se está plasmando, de tal manera que pueda poner mis manos y todo mi corazón en tu trabajo. Quiero verte, pero no sólo ver tus milagros como si en eso consistiera el evangelio. Te quiero a ti... conocerte, amarte y decirte cara a cara que siempre te espero, te extraño y cada día espero el momento de poder encontrarme contigo de nuevo y poder escuchar el timbre de tu voz. Te extraño Señor y anhelo saber de ti... hacerte nuevas preguntas, escuchar de tu boca tus consejos, tus mandamientos y tus "te amo hijo", "yo estoy contigo" y tantas otras palabras que limpian mi vida y me impulsan a seguir creyendo que tú sigues ahí y que me estás llamando a hablar de ti en todo lugar.

Llévanos Dios, como flechas encendidas..."


Yo también te amo Señor...

3 de octubre de 2011

Lo único que importa en la vida



Muchas veces uno cede ante las presiones sociales: mayor éxito, mayor status socioeconómico, mayores títulos, mayores cursos, mayores vestimentas, etc. Y así perdemos nuestra vida entre las apariencias y las ganas de "surgir". Nos afanamos y pensamos que esa es la única manera de seguir adelante.
A veces a vida es más simple que eso. Un gesto. Un abrazo. Una risa de un niño. Un bebé que sonríe. ¿Acaso eso no es vida? A veces uno busca surgir bajo las normas que impone la sociedad... una sociedad que basa sus intereses en el dinero, en las apariencias y en la vanagloria.

Sin embargo....

todo aquello es frágil... todo aquello se destruye fácilmente. Ante cualquier terremoto en la vida, los títulos no sirven y no nos salva la marca de nuestra vestimenta. No nos ayuda en nada el vivir arriba de Plaza Italia ni el restaurant donde vamos a comer. Ante la vida, lo que más importa es buscar de todo corazón al Señor.. y en eso se resume todo. Porque si él dijo que no nos afanáramos por lo que vestiremos o comeremos, entonces podemos confiar en que su corazón está con nosotros para darnos todo lo necesario. Lo que pasa es que a veces para nosotros es más necesario un título, un trabajo o un buen status, que su presencia y que participar de su plan y voluntad.

todo aquello es frágil, pero nuestro Dios es fuerte. Todo aquello es pobre en sí mismo, pero nuestro Dios es rico. Todo aquello se destruye con un terremoto, pero nuestro Dios sostiene nuestros cuerpos y nuestras almas con Su brazo fuerte.

"Señor... tú eres lo más importante... tú eres mi fuerza... Solamente llévame a encontrar la felicidad en tu presencia. En tu presencia hay plenitud de gozo"

21 de septiembre de 2011

Situaciones incómodas

Siempre me gustaba cultivar el bajo perfil. Ojalá sentarme en los puestos donde nadie me viera y no hablar mucho para que nadie me preguntara. Me daba pánico hablar en público y la voz me tiritaba. Recuerdo una vez, cuando tenía 10 años aproximadamente, me hicieron hablar en público de manera sorpresiva y me quedé helado... sentía que no tenía coherencia lo que hablaba y mi voz me salía temblorosa. Por esa razón, no quería aparecer mucho y siempre en la iglesia, optaba por escoger labores que no se vieran mucho. Esto me ayudó a valorar a aquellas personas que siempre hacen labores anónimas sin ser exaltadas en público, pero esa misma actitud me apagó y me hizo parecer tímido y sin opinión. Muchas veces había querido dar más mi opinión en las discusiones que se formaban o en los debates que se daban, sin embargo, siempre me cohibía y pensaba: "¿qué irán a decir los demás de lo que diga?".

Por mucho tiempo ese fue mi pensamiento: "¿qué irán a pensar/decir los demás de lo que opine o piense?". Muchas veces lo disfrazaba con argumentos relacionados con el bajo perfil o con el famoso "yo soy así" (la peor excusa). Lo cierto es que en este último tiempo, el Señor me ha estado mostrando aquellas áreas de mi vida en las que me estoy escondiendo de los demás. Una de ellas es esta: el poder alzar la voz. Recuerdo que hace 3 semanas oré al Señor, pidiendo que me ayudara a superar esto, porque muchas veces me sentía pasado a llevar en mi trabajo por opiniones que daban mis compañeras, o por circunstancias de la vida en donde me enojaba conmigo mismo por no tener la capacidad de actuar a tiempo y quedarme impávido observando sin hacer nada. Y su respuesta fueron problemas je... Hace 2 semanas tuve un conflicto con una compañera de trabajo en donde me sentí muy desafiado a hablar acerca de lo que pensaba. Hace poco también tuve un conflicto con una paciente muy conflictiva que fue un desafío multiplicado por dos. Esas circunstancias me hicieron pensar que muchas veces me quedaba observando a las personas y no reaccionaba a "parar el carro" como se dice, o a dar mi opinión, por más contraria que sea a la de la mayoría.
En el poco tiempo que llevo trabajando me he dado cuenta que todos hablan de todos... es fome que a veces uno escuche cómo hablan mal de manera excesiva de un compañero de trabajo. Uno no debe guiarse por lo que los demás puedan decir de uno, como si eso dictara mi forma de ser. Uno tiene que ser como es no más, sin cuestionarse si eso se adapta a lo que los demás quieren. Eso no quiere decir que uno tenga licencia para ofender a todos o pasar a llevar, pero sí que lo acepten a uno como es, así como uno acepta a los demás con sus defectos. Hay veces en que la gente es hiriente para decir las cosas... Me dijeron una vez que era "pasivo" y eso me hizo enojar mucho internamente. Pero meditándolo mejor, me di cuenta que era el Señor quien estaba hablando a través de todas estas situaciones incómodas.

Como diría mi amigo Carlos Hernández, Dios usa esas circunstancias incómodas para moldearnos y devolvernos a la imagen original que Él tenía de nosotros. Y estoy seguro que Dios me ha creado para que avance seguro de quién soy en él y los dones y talentos que ha puesto en mi corazón. También he llegado a la conclusión que la gente siempre va a hablar de todos y de uno... y que lo más importante es buscar agradar el corazón de Dios a toda costa.

13 de septiembre de 2011

Dios... tú siempre has sido el Dios de mi vida.
Desde pequeño tú eres para mí,
y yo soy tuyo.
Me guardaste. Y en tus manos siempre estuve.
Y aún estoy.
Desde que era niño y nada comprendía,
ni mi conciencia alcanzaba a avisarme del peligro,
tú guiabas mi camino, y extendías tus manos hacia mí.

Padre... tú siempre has sido el Padre de mi vida.
Desde siempre tu mano de favor y de poder,
me han mostrado cuánto me amas.
Por eso en las noches yo te adoro,
y levanto esas canciones que he compuesto para ti...
porque en mí se enciende esa pasión
de estar contigo...
y de agradarte,
de tocar tu rostro y describirte,
con la melodía y suave toque de una cuerda...
o con el timbre de una voz que te busca,
que te llama,
que te mira deseoso..
deseoso de verte otra vez...
deseoso de verte levantándote en poder.

Señor, tú siempre has estado...
hoy avanzo seguro de lo que tú me has dado.
Avanzo seguro en quien has formado...
Por eso ya hace mucho tiempo he decidido,
de dejar de ser pasivo frente a la vida.
Ayúdame con esa lucha diaria que llevo...
de no ceder ante el desgano y el desánimo.
Con esa lucha de no ceder ante el más mínimo impedimento,
y seguir creyendo...
Porque todo lo que soy y lo que tengo es por ti...


7 de septiembre de 2011

En su silencio



Mi mamá siempre ha sido callada. Podíamos pasar mucho tiempo juntos en silencio sin articular ni una sola palabra ni tampoco contarnos alguna historia. Ella se frustra rápido y cuando la atacan se defiende encerrándose en sí misma. La conozco bien... Conozco esos silencios y sé a través de sus ojos cuando ese silencio es por cansancio o por alguna situación desagradable que pasó.
Nunca ha sido entusiasta para las juntas familiares ni tampoco es dada a tomar iniciativas. Muchas veces eso me afecta y me hace entristecer porque quisiera verla más feliz y no con su cara de tristeza a veces... Ese encierro en sí misma me afecta en especial cuando tengo un nuevo plan o he comprado algo para la casa o para mí mismo, y noto desinterés o inexpresión... A veces uno espera que los papás se involucren en la vida de los hijos, no invadiendo la privacidad sino que mostrando que les importan las actividades y proyectos que tienen en mente.

La gente callada como ella, no tiene muchos amigos. Tal vez es triste decirlo, pero aquellas personas tímidas no son dadas a buscar amigos; más bien, esperan muchas veces que otros se acerquen y les "ayuden" a socializar. Quienes son más callados generalmente son organizados, metódicos y con una fuerza interna impresionante. Muchas veces la gente que es callada, ahuyenta a las personas, porque ellas interpretan ese silencio como un rechazo. Sin embargo, esas personas silenciosas buscan de igual manera que alguien las escuche, las entienda, no las rechace y las ame tal cual son...

Cuando pienso en este tema, a veces me bajoneo... Quienes han leído mi blog desde hace mucho tiempo saben las trancas familiares que han existido. La diferencia con las palabras de antaño es que antes tenían un tono de mucha queja y lamento, pero hoy, cada vez que me bajoneo por estas cosas o suceden problemas así, decido darle gracias a Dios por lo que él me ha dado. Y hoy lo hice así de nuevo, porque muchas veces las actitudes de quienes están a nuestro alrededor nos afectan, pero eso ahora me desafía a madurar y a no poner mi mirada en cómo tendrían que ser las persona según mi voluntad, sino rendir eso que nos afecta y que Dios haga los cambios que Él estime conveniente. En realidad, cuando uno da gracias a Dios en vez de quejarse, se abre una puerta para que él restaure nuestras vidas y llene nuestros vacíos. Es realmente una experiencia liberadora.

"Querido Dios.. tú siempre has sido fiel. Yo te amo. Con todo mi ser y con toda mis fuerzas. Te hablo en la micro, en el metro o en la calle, y sé que ahí estás para escucharme. Muchas veces he sentido el vacío de mis padres... y sin embargo, te agradezco porque todo lo que ha sucedido ha sido para tu gloria. Como cuando me hiciste entender que no se trataba de lo que yo quisiera, sino de ti. O como esa vez que te rendí mi felicidad, pensando que la vida traería muchas más y pesadas cargas. Y sin embargo, alivianaste mi carga y me llevaste a una tierra espaciosa, como hoy la siento. Tú eres quien llena mis vacíos y sacias mi necesidad. Llévame a tal actitud de humildad que ya no exija a los demás que sean como yo quiera, sino que me rinda a tu voluntad. Pero también te pido que sigas trabajando en mi familia... en mi mamá especialmente, levantando su ánimo, apasionándola por la vida y dándole nuevos colores a ese cuadro que a veces se torna de gris... Llevándola a restaurar completamente quien es, como se lo prometiste hace ya tanto tiempo... Te agradezco por ella y te pido que me uses en traer alegría a su vida y pasión por ti y por las personas.
Te amo Padre... gracias por escucharme de nuevo y decirme que tú estás en control :) "



29 de agosto de 2011

Un nuevo rumbo en este blog

Cuando nos encontramos con Él y su amor nos inunda, nada podemos resistir. Cuando lo conocemos sentimos que lo tenemos todo, pero a la vez que estamos vacíos. Y pese a que lo hemos encontramos, lo buscamos todos los días.
Cuando el amor del Padre irrumpe en una vida, el cielo entero se estremece, cantan los ángeles, se gana una batalla. Cuando vemos una nueva revelación de su persona, los problemas se esfuman y las peticiones dejan de tener otra respuesta que Él mismo.
Cuando lo conocemos, Él nos restaura y luego nos hace girar los ojos alrededor y ver la necesidad por la cual él está trabajando. Luego de encontrarse con nosotros, Él nos envía a los demás a llamarlos hacia su presencia. No importa nuestra condición. Para él no existe mayor o menor capacitación. Sólo espera discípulos que puedan pagar el precio... y que puedan perdonar, amar sin esperar recibir y dar su vida entera en amor a Él.

"Heme aquí, Señor..."

24 de agosto de 2011

Al Dios que todo lo cambia



"¿Por qué? ¿Cómo fue a suceder? ¿En qué momento esto se escapó de mis manos? ¿Qué más podía yo hacer?"... Todas esas eran algunas preguntas que te hacía en la intimidad... Preso de la desesperación de ver soluciones; preso de la ansiedad de ver que al fin podría respirar tranquilidad. Aún tengo fresco el recuerdo de cuando salí de la iglesia que me albergó desde mi niñez. Allí crecí. Allí me volví un adolescente y un joven. Allí estaban mis amigos, mis confidentes, mis ejemplos a seguir. Todo estaba allí. Allí yo tenía mi futuro...

No es fácil desprenderse de relaciones que se han formado durante tanto tiempo. No es fácil levantar la cabeza y pensar que las cosas serán mejores en el futuro, porque la esperanza es de fácil extinción y no quedan expectativas en mente. No es fácil, en especial si te fuiste muy dañado de ahí. Recuerdo que esa iglesia significaba mucho para mí y que las personas que se congregaban en ese lugar eran de especial cariño para mí. A causa de los problemas, tuvimos que tomar la decisión de marcharnos. Nos dolió. Nadie lo supo. Lo hablamos en privado... no "pelamos" a nadie con otras familias. Nos tragamos el dolor y las lágrimas. Y como familia volvimos a estar solos. Y así, cada uno, vivió el luto de la desilusión, de la desesperación de no saber a qué iglesia ir o a qué comunidad asistir. Nos dispersamos. Algunos se han desilusionado de la iglesia; otros, aún tienen la esperanza.

Recuerdo que muchas veces intenté sin éxito integrarme a otra iglesia. Aún estaba fresco el recuerdo del dolor y de la decepción. Otro trabajo era perdonar. Incluso pensar en tener que perdonar me traía más dolor... y así el círculo vicioso se extendía sin permiso... Mientras oraba, le pedía al Señor que me diera claridad y que nos mantuviera unidos como familia. Mmmm, pasó todo lo contrario en realidad.
Han pasado varios años después de esa crisis. Mirando hacia atrás veo que no es fácil volver a integrar una nueva comunidad si te han herido o alguien cercano te falló con o sin intención. Pero allí, en la soledad de la oración y del encierro en mi pieza con el Señor, Él mismo me sanó y se descubrió a sí mismo como el Dios de mi vida. Después de esa crisis, me dediqué a buscarlo con todas mis fuerzas y desesperadamente. En ese momento no tenía nada más que hacer. Me rendí. Le dije que no volvería a preguntar por qué pasó lo que pasó. Tampoco le preguntaría por qué mi familia se dispersó. Tampoco me quejaría como un niño. Solamente le dije: "Haz de mí lo que quieras". En esa búsqueda desesperada, recuerdo una palabra que Dios me dio: "Tú tienes un llamado muy profundo, el cual no he olvidado"...

Dios puede cambiar las circunstancias pero primero nos cambiará a nosotros. Como diría un libro de Max Lucado - uno de mis escritores favoritos - "No puedes enfrentar a tus gigantes, si primero no enfrentas a Dios". Es en el encuentro con su presencia donde nuestro egoísmo cae... donde nuestros argumentos a favor deben ser rendidos... donde nuestros derechos son entregados. Y una vez que Dios ve la actitud, entonces atiende el oído a nuestro clamor, cambia nuestro corazón y nos lleva a lugares espaciosos.

"Señor... hoy he escrito más que en otras oportunidades... Y no quiero terminar sin antes darte gracias porque tú eres capaz de cambiar todas las cosas alrededor. Eres capaz de sanar enfermedades, sanar el corazón, hacer a los ciegos ver, a los cojos caminar bien y saltar... pero no lo haces según nuestro antojo sino a tu voluntad. Primero nos cambias a nosotros y luego las circunstancias... Anhelo verte. Tal vez quienes lean esto sientan que hay en su corazón temas pendientes que sanar, personas que perdonar, decisiones que tomar, volver a creer, etc. Lo cierto es que somos débiles y anhelamos desesperadamente tu presencia y enfrentarnos a ti cara a cara... Dios, como dice una canción: mi corazón confiado está porque yo te conozco, y en medio de la tempestad nunca estoy solo. Nos volvemos a ti confiados de que cumplirás tus tiempos, de que devolverás esperanza a los que están en depresión, que secarás sus lágrimas... Gracias Padre... tócanos de nuevo, llénanos de nuevo y cambia el odre por uno nuevo, de tal manera que podamos recibir algo nuevo de parte tuya... te amo mucho Señor..."

19 de agosto de 2011

No cambien

Todos cambiamos. Es parte de nosotros adaptarnos al medio donde vivimos y a las etapas que estamos viviendo. El problema es cuando comenzamos a cambiar y a tranzar en nuestra forma de ser. Observando a las personas, me he dado cuenta que sus cambios principalmente se rigen por motivos como los siguientes:

1) Experiencias traumáticas: Engaños, traiciones, mentiras profundas, abandonos encabezan la lista. Estas son tal vez algunas de las cosas que nos tientan a dejar de ser amables, a quejarnos por todo, a murmurar acerca de personas cercanas, a poner la atención en detalles innecesarios, a sentirnos con las personas por cualquier razón. A veces se da lo contrario: comenzar a pensar que no hay que esperar nada de los demás como sentimiento de amargura; depresión, aislamiento, cambios de ánimo bruscos, desconfianza y desesperanza.

2) Cambios de etapas o posiciones socio-económicas: Muchas veces somos forzados por la vida misma a tomar responsabilidades y a dejar de ser niños. No hay que confundir la madurez con dejar de lado la alegría y el buen trato hacia los demás. A veces uno se vuelve indiferente a las necesidades de los demás, volviéndonos aislados en nuestro propio mundo.
El dinero también tienta a algunas personas a cambiar. El tener dinero nos da ese sentimiento de independencia. Hay que tener cuidado con esto porque nos sentimos tentados a dejar de lado a los demás y a volvernos egoístas y orgullosos, al creer que ya no necesitamos la ayuda de los demás y que podemos valernos la vida por nosotros mismo. Craso error es cuando pensamos que teniendo dinero, somos superiores. Lo mismo en el trabajo. Cuando alguien es ascendido es tentado a mirar en menos a quienes antes fueron sus compañeros. Ellos creen que siendo así van a lograr más status y respeto de los demás. Lo que no saben es que ese respeto se gana y no se impone... y que ese status mal entendido no es más que una careta de hipocresía. Hay que tener cuidado que esas cosas nos tienten a cambiar.

Siempre me he hecho esta pregunta: "¿Cuánto estoy dispuesto a esforzarme para no cambiar para mal cuando alguien me falle, me traicione, me ofenda gravemente o me engañe?". Recuerdo una vez en que me sentí muy ofendido por una persona y me sentí fuertemente tentado a cambiar. Con rabia dije para mí mismo: "Nunca más voy a trabajar por los demás" y "¿de qué vale cuando haces tantas cosas por solucionar un problema o entregas tanto por un proyecto que no resultó?". Creo que solamente Dios me ayudó a no cambiar. Me enseñó que debía rendir mi voluntad a Él. Aunque otros nos fallan y algo en nosotros nos impulsa a cambiar en base a la rabia y el rencor, lo mejor es descansar y rendir nuestros propios argumentos. Siempre he dicho esto: se necesita más carácter para hacer el bien que para hacer el mal y andar a la defensiva con todos. Para cambiar no necesitamos ser modelados por las circunstancias (no os conforméis a este siglo...) sino por el alfarero, es decir, por Dios y su gracia que nos ayuda.

11 de agosto de 2011

Y cuál ha sido tu mayor cambio?



Este post está dirigido a mis lectores. A aquellos que comentan siempre (y a quienes se les agradece mucho) y quienes sólo pasan para leer sin dejar comentarios, pero que sin duda son valiosas personas.
Quiero hacer algo diferente ahora. Alguno de ustedes se animaría a comentarnos cuál ha sido el mayor cambio que Dios ha hecho en su forma de pensar? O algún profundo testimonio acerca de lo que el Señor ha cambiado en sus vidas?

Ya algo les comenté al decir que el Señor me enseñó a ser feliz a pesar del color de las circunstancias. Ustedes podrían decir algún área o alguna historia que refleje ese cambio que hizo el Espíritu Santo en ustedes?

4 de agosto de 2011

Mi familia también cambió [...]

Anoche hablé por teléfono con mi gran amigo Guille. Hablamos varias cosas respecto de nuestras vidas y de nuestros proyectos. Sentí como si hacía mucho no nos hubiéramos puesto al día en las cosas que estaban sucediendo en nuestra actualidad. En un momento me preguntó cómo estaban las cosas en la casa y si ya todo estaba tranquilo. Le contesté contento que ya las cosas estaban bien y que todo estaba tranquilo.

Porque ha habido muchos cambios desde que todo el gran problema matrimonial y familiar estalló. Las relaciones en ese tiempo se tensaron hasta tal punto que recuerdo no haberle dirigido la palabra a mi papá. La decepción y la angustia nos hacían fácilmente sus presas y era difícil perdonar. Los gritos y las noches de insomnio eran parte de la rutina que ya nos habían sometido las peleas agudas desde hacía 6 meses. Reinaba el caos y la sensación de que todo esto no tenía solución. Claramente no tenía muchas ganas de hacer cosas y me refugié en el estudio y en el silencio. En realidad todos nos volvimos aún más callados de lo que éramos. Mis dos hermanos mayores se casaron después y hoy ya tienen hijos. Tanto mi papá como mi mamá aquietaron sus ánimos y los pequeños se ven tranquilos, creciendo bien. Je... en realidad ya no son tan pequeños; han crecido y ya manifiestan opinión frente a la vida y se dan cuenta de todo.

Mis papás no se hablan. En las reuniones sociales tiendo a disimular que me siento incómodo por su relación... o mejor dicho, por su no-relación. Hace mucho que no hacemos una gran reunión familiar donde estemos todos aquí en la casa... casi siempre hay que buscar otros lugares o instancias. Es extraño relacionarse con tus papás por separado, haciendo el ejercicio mental que cada cual puede rehacer sus vidas como quiere. Es extraño ver a tu papá cuando retira a las niñas una vez por semana para que las tenga una tarde y luego las vaya a dejar... También es difícil asumir el hecho que ambos por separado te exijan responsabilidades en la casa a veces...

Ustedes podría pensar que mi vida es triste. Y no. También podrían pensar que a veces me siento solo o me deprimo. Y no. Podrían creer que ya no hay nuevos sueños. Y no. Mi vida sonríe en este tiempo... El Señor, a punta de mucho porfiar conmigo, me ha enseñado a agradecer por todo, incluso por lo malo. Ese agradecimiento me ha permitido poner la atención en lo que Dios ha hecho: que las cosas están más tranquilas, que los niños están bien, que mis hermanos se casaron y tienen sus propias familias, que ya soy tío, que me ha dado un buen trabajo y que tengo una princesa a mi lado.

Dios ha sido tan bueno, que todo eso que pasó, ya me ayudó a perdonar todo y a tener relaciones sanas con mi familia. A causa de eso, me encontré con él de nuevo y mi vida respira otro aire ahora y ya no depende del color de las circunstancia, sino de la seguridad de que Dios me ama, está conmigo y tiene un plan perfecto para mi vida. A causa de eso, pude inspirarme tantas veces y componerle canciones que él solamente escucho y escucha... A causa de eso hoy dependo completamente de Él y camino con la seguridad de que él es capaz de cambiar cualquier circunstancia alrededor, por más difícil que parezca.




30 de julio de 2011

Una princesa para mí [...]




Se cuenta que en lejanos horizontes de un reino olvidado, vivía un príncipe que cada cierto tiempo se disponía a vigilar sus territorios. Le gustaba ir a las fronteras a vigilar que todo estuviera bien dentro de su país y a informarse de las noticias de las tierras vecinas. Mantenía esa rutina al menos dos veces al mes y siempre que llegaba a las fronteras, solía sentarse a observar la forma de vivir en los demás reinos.


Cierto día de marzo, volvió a visitar las fronteras del reino para observar cómo vivían los extranjeros en sus tierras. Fue allí donde la vio. Se trataba de una mujer que caminaba algo triste por los lugares cercanos a su casa... La vio algo cabizbaja y absorta en sus pensamientos. No quiso ser entrometido, puesto que no sabía las costumbres de los demás reinos alrededor. Si bien nunca exitieron conflictos con los países vecinos, no quería arriesgarse a pecar de entrometido.



La historia dice que el príncipe solía visitarla cada cierto tiempo. Ya no era una sola visita, sino que eran cada vez más frecuentes. En varias oportunidades la invitó a tomar café y a compartir con él en su palacio. Se rumorea que en así todo comenzó. Lo que sí es cierto, es que él la invitó a ser su princesa y a compartir con él los privilegios del reino, de tal manera de gobernar las tierras con justicia y en paz y buenas relaciones con los demás reinos. Al aceptar su invitación, él se sintió el hombre más feliz sobre la tierra... A ella nunca más se le vio triste y toda lágrima se olvidó...



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Pensé que era el fin. Llorando el pasado, de pronto algo me dijo que las páginas de antaño debían ser dejadas atrás, con todos los sueños que allí había. No sabía lo que vendría. Debo reconocer que tenía miedo e inseguridad. Y allí, en medio de la nada, me di cuenta que Dios lo hizo todo. Y que bueno que fue así!! Porque si él lo hace, entonces todo es perfecto y hermoso en su tiempo. Porque la trajo a ella y me di cuenta que sí, que existen las princesas... de hecho, yo estoy con una de ellas =)

24 de julio de 2011

Cuando no me ven [...]



"Querido Señor...
A veces te pido que me uses, que te reveles a los demás a través de mí. Podría recordar tantas veces en que he visto errores y debilidades en mí y, a pesar de todo eso, continuas confiando en alguien que falla.
Padre, podría dar fe de que tu misericordia se hace nueva cada mañana. Gracias por eso! porque ves a Jesús en nosotros y por esa razón nos perdonas y nos llamas a tu presencia como servidores tuyos, y no sólo como eso, si no también como hijos del rey.

Te amo... y te pido que me ayudes a serte fiel incluso cuando nadie me ve, incluso cuando no hay nadie que vigile si estoy haciendo las cosas bien o mal. Que pueda hacer las cosas no como si alguien me estuviera viendo, sino pensando en que eres tú quién ve mi vida desde lo más íntimo hasta lo mása público. Que en todo pueda tener el deseo de buscar la santidad y de entregar lo mejor de mí... No se trata de mis méritos... lo sé; ellos no me hacen más aceptado delante tuyo, pero sí sé que buscando la santidad me parezco más a ti y en mi carácter puedo reflejarte a otros también...

Gracias por ver oro entre el barro :)"

18 de julio de 2011

"Para que te vean" [...]

"Señor:
¿Sabes que me he dado cuenta? Que a veces las personas alrededor no se fijan de qué religión eres. La mayoría respeta las religiones y las acepta como parte del acerbo cultural de nuestra sociedad. Las personas alrededor no ponen su mirada en saber si levanto mis manos al cantarte o si hablo en lenguas, o si voy a tal o cual iglesia, o si oro todos los días o si ayuno. De hecho, una vez conversando con una compañera de trabajo, me dijo que ella veía si la persona era consecuente y si no tenía dobles discursos.

¿Sabes que me he dado cuenta? [Que si decidimos con sabiduría y madurez; que si en vez de insultar, bendecimos; que si en vez de ser desleales con nuestros compañeros, anteponemos la fidelidad a la ambición y la codicia de dinero; que si en vez de descalificar, incluimos; que si nos esmeramos en conocer a las personas y nos hacemos sus amigos a pesar de los "qué dirán"; que si damos con generosidad y no queremos todo para nosotros mismos; que en vez de "pelar" al resto, los escuchamos sin emitir juicios de valor anticipados; que no cambiamos para mal aunque nos insulten y el medio nos empuje a ser amargados, tristes, depresivos y mandones...] la gente alrededor podría tener una imagen de Jesús un poco más clara.

¿Sabes que me he dado cuenta? Que más allá de hacer cosas, debemos "ser". Que si oramos, no lo hacemos por seguir a otros o por obligación, sino porque anhelamos buscar tu voluntad y, finalmente, ser como tú. Que si damos generosamente, lo hacemos con el interés en la persona y no como un evangelio que solo se encarga de dar un mensaje de esperanza pero sin hacerlo patente a través de relaciones de amistad, gestos de generosidad, sacrificios de tiempo y recursos, etc.

Te agradezco que hayas puesto oro en vasos de barro... Moldéanos y da la forma que quieras a estos vasos de barro que solo quieren hacer tu voluntad. Que cuando veamos a los demás, los miremos con amor y que el resultado de nuestra relación contigo sea personas honestas, generosas, justas, leales, amigables... es decir, con el carácter de Cristo. En la medida que somos como tú, las personas comienzan a preguntar qué hay dentro de uno que es diferente... Claramente no somos nosotros; eres tú que les gritas para que te conozcan... Es ahí cuando ocupas estos vasos de barro para que hablen de ti =)"

14 de julio de 2011

Libre entrada


Cuando pequeño, siempre me enseñaron a pedir permiso antes de entrar a la casa de alguien desconocido. Por eso, vez que íbamos de visita, el hábito que me enseñaron fue el de limpiarme los pies antes de entrar y el de pedir permiso al entrar a esa casa.
Esto contrastaba fuertemente con lo que hacía en mi casa. Cuando llegaba del colegio no entraba a la casa pidiendo permiso. Y si bien me limpiaba los pies a la entrada, era para no ensuciar y no por "educación". En la casa de uno, no se entra al baño pidiéndole permiso al papá o a la mamá; menos le dices a tu hermano: "¿puedo estar en el living contigo?".

En la Biblia leemos que Dios nos ha dado libre entrada a su presencia... y que podemos entrar libremente al trono de la gracia para recibir el oportuno socorro. Cuando leo ese versículo, me imagino a una persona que te dice: "Siéntete como en tu casa... puedes usar todo lo que hay aquí como si fuera tuyo". Y Dios así lo ha hecho con nosotros: nos ha dejado entrar a su hogar y hacerlo nuestro. Nos ha dado la bienvenida a su casa!!!
Tal vez ustedes no logren comprender del todo por qué este tema es tan importante para mí, pero el hecho de que Dios nos permita gozar de todo lo que es él, también nos libera de ese temor al rechazo que podamos percibir de parte de él. Es como si Dios nos dijera: No es necesario que pidas permiso... entra en mi presencia y usa todo lo que hay ahí. Su amor no nos rechaza, al contrario, echa fuera el temor y nos permite entrar en Su casa.

"Señor... gracias por tener libre acceso a tu casa. Una vez me dijiste que me usarías para restaurar a muchas personas y yo, con todo el temor que tenía en mi corazón, te daba gracias por ver en mí el oro de entre el barro. A esos cortos 12 años, comenzaba a entender que no estabas interesado en corregirme con castigos desproporcionados ni rechazo. Tu objetivo era mostrarme al Padre que hay en ti. Cada cierto tiempo puedo verte en pleno y me asombro de ver que no eras aquella persona que pensaba tan lejana o que al primer error ya me iba a desechar... Hoy, entrando libremente a tu casa, veo que todo es posible... que si oro por alguien, esa persona puede sanarse en tu nombre; que si dijiste que me usarías para llevar tu mensaje a muchas personas, entonces debo avanzar sin pensar que en cada acto deba pedir permiso... Creo en ti y creo que tú puedes hacer del barro un gran vaso...
Muchas veces te he pedido que me cambies... que ma hagas más extrovertido, más hablador, más entrador con las personas... Pero aún recuerdo cuando me dijiste: "Los líderes que yo levanto no son los grandes caudillos; no son aquellos que tienen las cualidades innatas... sino los débiles, aquellos que dependen de mí"... Y hoy a través de estas palabras te digo nuevamente que aquí estoy... dispuesto ante ti. Igual que esa vez que me dijiste que siempre tendría un lugar en tu casa... Sí, en tu casa siempre habrá un lugar incondicional para mí... Hoy oro para que muchos puedan llegar a tu casa y puedan darse cuenta que en tu hogar hay libertad y vida."





10 de julio de 2011

A pesar de mí [...]




Querido Dios:
Cuando pienso en tu amor, lo primero que se viene a mi mente es tu fidelidad y de cómo tu misericordia se hace nueva cada mañana. Eso sobrepasa lo que mi mente puede comprender y lo que mi razón puede explicar. Porque no entiendo cómo siempre olvidas nuestros errores y te acuerdas de tus promesas hacia nosotros; y no entiendo cómo darle una explicación lógica a tu perdón infinito. Quizás no quieres que me esfuerce en tratar de entender o explicar esto, sino recibirlo.

Gracias por darnos segundas oportunidades a pesar de conocernos tan a fondo. Eso me hace vulnerable y frágil a tu mirada, pero a la vez me hace valioso delante de ti. Gracias por Jesús, porque fue él quien permitió que hoy pueda estar aquí, dando gracias por el perdón y por la gracia que derramas sobre aquellos que son tuyos...

No trataré de entender ni explicar... solamente recibir aquello que tienes para mí y dar todo de mí para buscar con todas mis fuerzas el caminar en santidad, así como tú quieres [...]

5 de julio de 2011

Te anhelo por sobre todo...




Señor:

No hay mejor oración que aquella que surge del corazón. No hay mejor conversación contigo que aquella que abre el corazón y te dice todo lo que piensa, siente, cree y espera. Y hoy pienso, siento, creo y espero en ti... Creo que es un buen momento para pedirte que de nuevo charlemos acerca de ti.
No sé por qué varias veces que me he acercado a ti, te veo como aquel león de las crónicas de Narnia... Capaz de rugir tan fuerte que eres capaz de descongelar el hielo de nuestros inviernos y de hacer temblar a tus enemigos. Pero a la vez eres capaz de jugar con los niños... Por eso muéstranos quién eres... no la imagen preconcebida que tenemos. Queremos verte a ti, tal cual eres... no llamarte cuando tenemos algún problema, sino buscarte aún cuando alrededor se vea crisis e inestabilidad. Anhelo con todo mi corazón platicar contigo acerca de mis sueños, mis temores, mis anhelos más profundos... y luego de eso, escuchar tu voz... la voz que calma las tempestades, la voz que anima a los que están tristes, la voz que sana a los enfermos, que da vista a los ciegos, audición al sordo y que hace al cojo saltar; la voz que todos anhelamos y que a momentos creemos tan esquiva.

Ven de nuevo y háblame... Ruge, león... león de Judá. Ruge sobre mis temores, sobre mis sueños y forma tu carácter en mí, de tal manera que otros puedan verte a ti a través de mí. Y después que rujas, háblame sobre tu carácter paternal, de tal manera que podamos salir juntos a pasear como a veces lo hacemos o que compongamos canciones como solemos hacerlo allí en privado. Permíteme estar cerca tuyo, porque eso es mejor que cualquier lujo aquí en la tierra; déjame tocar tu rostro y describirlo... para que otros vayan en pos de ti no por lo que puedas darles, sino por lo que eres, porque eres amor y hermosura, querido Dios.

Para que te terminen amando, como te amo yo... Para que sientan la misma pasión que hoy siento. Para que piensen en ti, como hoy pienso... Para que esperen en ti aunque no haya seguridad en nada alrededor... Para que amen tu presencia, como la amo y busco desesperadamente [...]

3 de julio de 2011

Háblanos de nuevo

Querido Dios:
Hoy nos acercamos a ti con un corazón sincero, como el que se acerca sin poder ocultar nada delante de ti. Te seguimos esperando... a pesar de ver a nuestro alrededor circunstancias difíciles a momentos, o caos financieros. Confiamos en ti aunque se remueva la tierra y reine la inestabilidad... Creemos en ti, aunque todo diga que no es necesario creer y que cualquier verdad sirve para llegar a la felicidad.

Hoy oro por aquellos que te anhelan sin obtener respuesta a sus oraciones. Por aquellos que sufren en silencio sin ver soluciones. Por aquellos que siguen esperando fielmente en aquel que puede salvarles de su realidad. Por aquellos que te siguen amando aunque no vean nada bueno alrededor. Ellos te anhelan, Dios... Revélate de nuevo para que te busquen por lo que eres y no por lo que le puedes entregar. Y cuando te reveles, muéstrales tu poder a través de las circunstancias, de tal manera que vean que eres un Dios que todo lo puede y que nada hay difícil para ti. De hecho, eres un Dios de milagros e imposibles. Háblanos de nuevo y rompe el hielo que por tanto tiempo ha ido enfriando nuestros corazones y ha congelado nuestra fe hasta conformarnos con poco..."

30 de junio de 2011

La oración que justifica


Se acercaron tanto el fariseo como el publicano. El primero, muy bien vestido, lleno de muchas cosas buenas que contarle a Dios acerca de sí mismo. El segundo, había engañado a unos cuantos para ganar dinero para el imperio romano. El primero, de pie, oraba a Dios pensando en lo bueno que era. El segundo, postrado en tierra, oraba a Dios pensando en que no sabía cómo acercarse a Dios. El primero, merecía el premio de ser escuchado; el segundo, no merecía nada.
¿Cuál creen que tocó el corazón de Dios? ¿Cuál de las dos oraciones tuvo el efecto esperado? Lucas lo relata así: el publicano volvió justifica antes que el otro. ¿Qué creen que pasó entre medio para que quien se fuera con el favor de Dios fuera el que menos lo merecía? La clave está en la actitud de la oración...
El fariseo daba gracias a Dios por su suficiencia, por ser mejor que otros y por cumplir sus mandamientos. El publicano le pedía a Dios su favor, golpéandose el pecho... sintiendo que no merecía nada. Y es que a Dios no se le conquista con obras ni tratando de ganarse su atención. No se trata de lo que hacemos ni tampoco de cuánto le cumplamos cada instante... Se trata de Dios en todo tiempo y de rendir nuestras suficiencia... porque solamente en él somos perdonados. ¿Cuál fue el efecto? El publicano salió transformado, perdonado; el fariseo, igual que como llegó... Seguir la tradición como si esta tuviera en sí misma la vida, trae consigo la muerte del evangelio. Vivir humillados delante de Dios, nos da vida.

"Señor... hoy nos acercamos a ti con un corazón publicano. Llenos de errores, de vergüenza muchas veces y de temor. Nos acercamos a ti con un corazón que solamente anhela que le hables y que rompas el silencio en él. Ven con tu vida y perdónanos, porque solamente por ti vivimos y por ti somos. Nos acercamos a ti dejando de lado nuestros logros y nuestra autosuficiencia; de manera tal que tu gracia se deposite en nosotros para vivir... Gracias porque nos amas con todo tu ser y porque, al orar y rendirnos a ti, tú nos transformas a tu imagen. Porque somos tuyos..."

28 de junio de 2011

Cuando oramos



Cuando oramos no pedimos y pedimos en una interminable lista de necesidades imperantes. Tampoco lo hacemos por seguir la "regla cristiana". En la parábola del fariseo y el publicano, ambos oraron, pero uno salió justificado y otro no. Tampoco oramos porque otros lo hacen. Jesús mismo dijo que no repitiéramos una lista de palabras como otros lo hacen.

Cuando oramos, pedimos a Dios conectar nuestra voluntad con la suya. No buscamos torcerle la mano ni jugar a los gallitos con él; pedimos que su reino venga a nuestras vidas y seamos más como Él. Siento que muchos hablan a Dios, pero pocos hablan CON Él...

Esta nueva temática traerá consigo la frescura de la relación de intimidad con Dios y las oraciones que todos podamos aportar hacia él. Anhelo con todo mi corazón transmitirles la vida que trae consigo el amar a Dios con todo el corazón y la alegría de vivir en oración hacia Él.



Bienvenidos a esta nueva ruta!!

23 de junio de 2011

Al que rompió con la depresión

Hay muchas personas que, aún siendo cristianas, están sumidas en la más profunda depresión. Es un estado lamentable que solamente quienes han experiementado eso, pueden comprenderlo del todo. No es fácil, especialmente cuando leemos en la Biblia que tantas veces Dios habla del gozo. Muchas personas que son cristianas, leen eso y se sumen en la más profunda culpabilidad. Siempre me acuerdo de una canción que escuchaba frecuentemente cuando era niño... Decía: "No puede estar triste el corazón que alaba a Cristo"...

Hoy quiero compartirles que sí... un corazón que alaba a Cristo sí puede estar triste. Si no fuera así, el David de la Biblia no hubiera escrito tantos salmos. La mayoría de los salmos tuvieron una inpsiración basada en algún conflicto o en alguna decepción que tuvo. Muchas veces el mismo salmista le reclama a Dios por Su silencio y porque ve que no hace nada frente a su sufrimiento. Jesús mismo estuvo triste antes de morir y oró hasta tal grado de intensidad que sudó sangre. El profeta Elías, ante la amenaza muerte de la reina Jezabel, huyó a una cueva y allí deseó morirse, incluso después de haber desenmascarado a los profetas de Baal. Son personajes que sufrieron de la tristeza extrema... Y es que esta emoción es propia de nosotros... Quienes no aprenden a sufrir, tampoco aprenden a progresar. Quienes no sufren tampoco aprenden. El problema yace en la mantención de este sentimiento en el tiempo... Porque la depresión ya no es fisiológica y se traduce en un sentimiento permanente de desesperanza, temor, inseguridad, angustia, desmotivación y dolor. Realmente es un hoyo en el que la persona muere en vida... sin ganas de nada, sin ganas de progresar, sin la motivación propia de antaño...

También hay personas que viven etapas buenas y luego vuelven a un estado basal de desmotivación y, por más que luchan, no pueden superar esto.

Dios no juzga a quienes sienten indignos por estar con depresión. Al contrario, los acepta y ama su sinceridad. Ama cuando le decimos: "Señor... ya no puedo más"... "Señor, ya se acabaron mis fuerzas", "Señor, dime que me amas", "Señor... siento que mis fuerzas se acaban". No hay fórmulas para salir de la depresión, pero sí podemos seguir el ejemplo del mismo salmista que, a pesar de gritar, llorar, quejarse y todo, confiaba en Dios. Le confiaba sus penas y quebrantos. Le entregaba sus imperfecciones y le pedía que le corrigiera. No buscaba técnicas de relajamiento. No iba detrás de fórmulas caseras para encontrar la sanidad. Iba detrás de Dios... Estaba en sus brazos. Por eso varias veces dice: "Me siento como un niño destetado de su madre"...

Porque la vida cristiana no se trata de que en todo nos vaya bien y que veamos la prosperidad por todas partes. El cristianismo está lejos de proclamar el éxito personal y la carencia de problemas. El cristianismo no es estar alegre todo el tiempo... no es estar siempre arriba. El cristianismo se trata de Jesús. Y si estamos tristes, que lo compartamos con Él. Y si estamos alegres, celebremos con Él. Porque saben algo... de repente él romperá su silencio y hablará... Su mano romperá el hielo de nuestro corazón y hará que la esperanza fluya otra vez...

Recuerdo bien ese día que fui a la iglesia, porque no tenía ganas de ir. Hacía algunos días antes, había orado a Dios preguntándole si realmente me amaba... porque veía la desgracia alrededor y la desesperanza reinaba por todas partes. Ante su silencio y la dificultad de las circunstancias, me sumí en una profunda depresión. No quería salir... solamente quería el encierro en mi pieza. No quería que nadie me aconsejara usando los clichés de siempre... Sin embargo, ese día en la iglesia una persona oró por mí y me dijo de parte de Dios: "Yo te amo más de lo que tú imaginas". Cuando cuento o escribo esto, siempre me emociono y me es imposible aguantar las lágrimas. Esa simple respuesta cambió mi vida... Consiguió arrancar la soledad y la depresión... Consiguió volver a hacerme ver los sueños que Dios tenía para mí... Entendí que su amor es para todos, incluso para mí... y que su amor es tan poderoso que puede transformar cualquier cosa. Dado que él es amor, al encontrarnos con él nos encontramos con nuestro propio valor y nuestra verdadera identidad... En su amor renacen los sueños de nuevo y la vida vuelve a ser vida... Renacen las sonrisas y los planes a futuro. Renacen las relaciones con la familia y hay libertad para avanzar y creer que se puede seguir.


"Sobre toda enfermedad y sobre toda verdad. Sobre argumentos y altivez. Sobre egoísmos y falsedad. En altos y bajos. Contrastes y contrastes. En pobreza o abundancia. En tristeza o alegría. A través de las épocas y tiempos. Sobre modas y tendencias. Sobre todo eso... tú eres Dios. Y gracias por eso, porque tu mano tiene en control lo bueno y lo malo... Aun cuando estamos sumidos en la más profunda depresión, tú te acuerdas de nosotros... Te acuerdas que somos débiles y que no tenemos nada en este mundo sino a ti... Gracias por cargar nuestras cargas y por ver el oro puro dentro de nuestro barro. Gracias por tu victoria sobre la depresión y porque nos amas en una esfera superior a la de nuestra imaginación. Háblanos y rompe el silencio en quienes siguen sumidos ahí... Para que oigan la voz de esperanza... para que vuelvan a sentir el gozo de la salvación en tu presencia. Para que vean vida en sus huesos de nuevo. Para que celebren la libertad de la restauración... Amén"

19 de junio de 2011

Gracias Dios...



"Gracias Dios por todo lo significas en mi vida... A veces pienso en la fragilidad de la vida y cómo a veces nos sumergimos en el estrés y el frenesí del día a día, que no pensamos en lo esencial. Para mí lo esencial eres tú... Y ya no me conformo con menos que conocerte cada día más y darte toda mi vida.

Cuando pienso en ti, las lágrimas asoman y las palabras sobran, querido Dios. Cuando pienso en ti, recuerdo las veces que hablábamos juntos de camino a la universidad... o cuando solíamos salir a caminar al anochecer. Y allí escuchaba tu voz que cambiaba mi día, incluso en aquellos días más tristes. Cuando pienso en ti, el agradecimiento surge constante, al ver que sigues ahí con tu misericordia y con tu bondad. Porque aunque el mundo se acabe, tú seguirás allí. Y si caigo, tu me sostendrás.

Gracias por tu voz de padre que a menudo me recuerda que me amas. No se trata de cuánto puedo hacer, sino de lo que tú ya hiciste... O la voz que en un tiempo fue como la de un entrenador y me decías que siguiera adelante aunque doliera, porque eso me haría más fuerte para avanzar... Como cuando me decías que me pondrías en lugares de influencia y no entendía cómo... o que amigos se acercarían a pedir mi consejo y yo no me veía capaz de hacerlo. O como cuando me hiciste pedirle perdón a quien sentía que no merecía... Y así, el orgullo fue cediendo al carácter que tú estabas formando, como un vaso quebrado por el alfarero y que quiere hacer de nuevo.

Entendí, como dijera un escritor, que aunque tenías muchos porqués, en tu presencia no se hizo necesario contestarlos... Porque tú eras la respuesta a esos porqués... tú eras la restauración de mi vida... tú eras mi riqueza... tú eras mi sanidad... tú mi abundancia y prosperidad... Tú eras el premio soñado, el tesoro encontrado... tú eras mi papá... ese que siempre buscaba tener.

Te amo mucho Señor...

14 de junio de 2011

Dejando la pasividad




Un hombre es también un mundo que descubrir... Silenciosos tal vez, poco comunicativos en general y con unas ganas grandes de soñar, explorar y descubrir.
Hay algunas características que le son propias, como por ejemplo el hecho de querer marcar relevancia en donde estén. Un hombre no está conforme con establecerse en un lugar y organizarlo a su manera, sino que en sus genes está el deseo de extenderse, de ir por nuevos rumbos, de plantearse desafío y metas sin importar muchas veces el costo que eso traiga.
Tampoco un hombre dará a conocer sus áreas débiles a cualquiera. Y eso es quizás uno de los desafíos que toda mujer que anhela conocerle, deba soslayar. Porque en general el hombre tiende a callar sus miedos, a esconder los temores y a bajarle el perfil a los problemas. El dolor es un tema que requiere ser dejado atrás y no enfrentado muchas veces. Por eso pareciera ser que un hombre no sufre y es siempre fuerte. Pero las apariencias se las lleva el viento... En el fondo un hombre igual sufre, igual llora en silencio y oculta la debilidad sin contarle a nadie. Algunos se guardan eso por temor a ser expuestos, a que otros los desplacen del grupo, o por temor a ser tildados como "quienes no se la pueden".
Al hombre le cuesta estar solo. Necesita una comunidad donde sentirse apoyado y desarrollado. Necesita mirar por otros, abrigar autoridad sobre un grupo de personas tal vez o sentirse querido y respetado.
El hombre busca apasionarse por algo sino, todo ese sentido de relevancia cae y él mismo cae en la tristeza y el desgano. La más terrible sensación que puede sentir es la frustración, de saber que se esforzó mucho por algo (por un sueño, por una persona, por un proyecto) y no lo concretó o esa persona no lo valoró.
A veces el hombre piensa mucho las cosas y las lleva poco a la acción. Es lo que yo llamaría: pasividad masculina. De muchas veces saber lo que hay que hacer, pero quedar paralizados por no saber cómo llevarlo a cabo. Tal vez aquí la presencia de una persona que lo acompañe puede sacar de él lo mejor o lo peor. Y cuando digo "alguien que lo acompañe", me refiero a una pareja, un familiar o un amigo. El hombre la mayoría de las veces no reacciona con la crítica amarga, es decir, aquella crítica que lo ataca, que le dice lo imperfecto que es o lo que no sabe hacer bien. Por ahí alguien que sepa cómo hacerlo entender sin llegar a atacarlo, puede conseguir el mejor de los efectos. El hombre reacciona mejor cuando lo alhagan, cuando le dicen sus cosas buenas y no cuando los critican o les dicen todo el tiempo lo malo de ellos o le pasan recalcando sus defectos. La pasividad masculina puede surgir cuando no hay un ambiente favorable para que alcance sus sueños y su sentido de realización.

Por eso mi oración es que podamos ser hombres con los pantalones bien puestos. Es decir, hombres de palabras que, cuando decimos que vamos a hacer algo, lo hagamos en serio y sin dejar pasar mucho tiempo.

"Señor... el ser hombres también nos dota de una autoridad que tú nos has delegado. No es una autoridad para imponerse, sino para cuidar, avanzar, explorar, descubrir y entregar. No esa autoridad para pasar a llevar a los demás, sino para incluirlos. No es esa autoridad para pasar desapercibidos, sino para marcar un destino en la vida de los hijos y de los amigos. No es esa autoridad para dañar, sino para restaurar, construir y dar esperanza.
También te pido que nos hagas libres para desarrollarnos plenamente y para relacionarnos con otros, especialmente con aquellos que tenemos más cerca y que merecen que les abramos nuestro corazón y nuestros sueños, a pesar de que eso implique el ser tildados de débiles o faltos de carácter. En otras palabras, haznos más hombres para poder abrir camino en la incertidumbre y avanzar con valentía a pesar del miedo interno que podamos sentir... sin paralizarnos, sin callar, sin ser pasivos, sin dejar de explorar y soñar..."

6 de junio de 2011

Que quiebre tus esquemas

Un día - de hace algunos años atrás- iba en la micro algo apurado. Sentado en el medio del pasillo, en un momento veo que el chofer se detiene para tomar pasajeros. En eso, al observar a través de la ventana, noto que un hombre de unos 40 años se iba a subir para pedir dinero. Empezó a gritar algunas cosas antes de subirse... Sólo pensé: "Uf que desagradable!". Al parecer estaba algo estresado ese día, pero no quería que se subiera a pedir dinero...

Una vez arriba, comenzó a hablar a todos los pasajeros, pidiendo por su esposa que estaba enferma. Llevaba unos cuantos papeles que, según él, daban cuenta del estado de su esposa, para que le creyéramos. Creo que no le presté mucha atención, pensando que sería como cualquiera de los otros hombres que se suben a pedir. En ese divagar de pensamientos, escuché que Dios me habló... Quedé helado :S Me di cuenta de cómo había pensado fríamente respecto de ese tema... Dios me dijo que le diera toda la plata que tenía en ese momento... Quedé aún más frío, sin saber si era Dios quien me decía eso o no :S Le pedí perdón y sin pensarlo mucho, abrí la billetera y saqué lo que tenía. Era la plata que había destinado para el diezmo en la iglesia. No era mucha plata en realidad, pero era lo que tenía guardado. Le di al caballero el dinero y vi en su rostro mucho agradecimiento... Cuando se bajó, de nuevo Dios me habló, y me dijo: "Ahora, ora por su esposa, para que se sane". Nunca supe que pasó con la esposa de ese hombre, pero creo que ese día Dios quebró mis esquemas en todo sentido, especialmente porque confrontó todos mis pensamientos fríos y dejó entrever que debía pensar como Él.

Cuando dejamos que él haga las cosas a su manera, nuestro egoísmo retrocederá...

30 de mayo de 2011




El discurso ya no es el mismo... Ya la letra no se hila con sus típicos tonos grises de melancolía... Tampoco los problemas ni las malas caras ocupan el centro de la inspiración. Ya la duda no tiene la cabida que antes se notaba entrelíneas... Ya las letras no corren en desesperanza o buscan explicaciones a todo. Cuando dije: "Señor, te rindo todo", algo hizo por fin sentido... algo por fin cambió, algo por fin dejó atrás el pasado, algo por fin le devolvió el valor a estas palabras, como siempre debió haber sido.

El discurso ya no es el mismo... Ya la vista no está puesta en el pasado o no se llena de recuerdos de tristeza e inseguridad. Ya la energía es diferente... Ya la dificultad para relacionarse con los demás no existe y los sueños que antes parecían difíciles de cumplir ya se han cumplido. Ya lo que parecía increíble, hoy tiene sentido. Ahora es tiempo de retomar lo que siempre soñé... aquello que hacía vibrar mi fe y que perdí por un tiempo. Es el tiempo de ese nuevo comienzo que Dios me prometió. Porque cuando dudé, él me dijo: "Yo no estoy apresurado". Y, efectivamente, lo hizo todo hermoso en su tiempo.

El discurso ya no es el mismo... Dios se ha encargado de cambiar los tonos grises a color. Se ha encargado de hacer calzar el rompecabezas y devolver la luz donde había oscuridad. Él lo hizo... porque cuando me dijo que me amaba, efectivamente así era... Porque cuando me dijo que el significado de mi nombre no era al azar, al fin vi al Padre que había en él. Porque cuando me dijo que la carrera que había estudiado tenía un propósito para él, al fin pude ver que el camino que había tomado era el correcto. Porque él me dijo que no estaba apresurado en cumplir su plan...

El discurso ya no es el mismo... porque el libro de mi vida se ha abierto nuevamente en esos tonos alegres. Porque cuando me dijo que tenía propósitos conmigo yo casi que no lo podía creer... Y hoy lo veo en su plenitud cumpliendo su plan de nuevo y escuchando su voz tan fluida como siempre... como cuando voy por la calle y me dice que me ama sin haberle yo hablado. O cuando le compongo una canción en guitarra y cobra sentido todo aquello que le digo... Como cuando me dijo que yo era especial para él o cuando me dijo que llevaría su evangelio a las personas con necesidad...

Era necesario que Él rompiera el vaso de barro antiguo y lo cambiara por otro nuevo... porque Él es fiel.

24 de mayo de 2011

Despierto y aún estoy contigo...

Uno asocia la fidelidad de Dios a momentos de la vida en que todo está bien o aparece un milagro inesperado en nuestras vidas. Sin embargo, y aunque uno la puede ver ahí, mucho mejor es vivirla en el día a día.
A Dios uno lo puede ver a través de oraciones contestadas, a través del gesto de alguien, la mirada de un niño o a través de una sanidad. Tal vez lo podamos divisar hablándole a la gente acerca de temas de su vida. Pero su fidelidad se manifiesta más aún en la privacidad de una relación íntima con él y en la rutina del día a día.

El domingo recién pasado, el tema de la clase de niños trató precisamente de este tema. La fidelidad es la mantención de un mensaje sin distorsiones. Si decimos que Dios es fiel, entonces todas sus promesas se cumplirán sin haber cambios. Y resulta importante que creamos en esto, porque todo lo que Dios dice, lo cumple, a pesar de las circunstancias.

Siempre recordaré una vez en que habíamos un grupo de jóvenes y adolescentes orando. Noté que muchos lloraban al orar, como si Dios les estuviera hablando algo importante para sus vidas. Yo, no sintiendo nada, seguí con los ojos cerrados, esperando que Dios me dijera algo. De repente sentí unas manos que me tocaban el hombro. Era el pastor de la iglesia que comenzó a orar por mí... En un momento me dijo de parte de Dios esto: "Tú no eres menos importante que nadie...y te honraré en público". En ese momento di gracias a Dios casi llorando... Sin embargo, yo no sabía cuán abrumadora iba a ser esa promesa. Pensé que sería algo que él cumpliría en una ocasión en particular. Pero saben... - y no lo digo con ánimo de figurar- veo que eso se cumplió con premios ganados en el liceo, en cajas de compensación, en la universidad... con proyectos armados, etc. Muchas veces he visto cómo Dios cumplió y sigue cumpliendo su promesa. Incluso en la titulación así fue y él me sorprendió.

También recuerdo a una señora que una vez oró por mí y me dijo de parte de Dios: "Han dicho de tu profesión que tiene mucha competencia y que cada vez hay menos campo; pero yo te pondré en lugares de honra, donde podrás dar testimonio de mí". Je. Siento que en este tiempo Dios ha venido a regalarme muchas cosas de manera abrumadora... No entendía que sus promesas eran así de poderosas, pero veo cómo él lo ha cumplido este año de maneras tan particulares.

A pesar de las promesas cumplidas, lo más importante es y será el darle a él el mérito y el reconocimiento. Esto ha resultado en mí para vida. Ha sido tan power este tiempo que mientras voy por la calle siento la voz de Dios que me habla más seguido... tal como lo expresara el salmista: "despierto y aún estoy contigo"... :)

16 de mayo de 2011

El poder de Dios: una cuota de asombro

Ese día no hacía mucho frío a pesar del tenue sol de aquel invierno. En la calle una señora le preguntaba a la gente que pasaba, si podían darle una moneda para poder comprar algo para comer. Recuerdo que pasé de largo, hasta que algo me dijo que volviera donde ella. Le di cien pesos y me senté a su lado. Comenzamos a hablar. Le pregunté acerca de su familia, de por qué estaba allí pidiendo, qué había pasado, etc. Ella, algo hosca me respondía lo suficiente y algo cortante. A pesar de eso, pude conocerla un poco y saber por qué estaba en esa condición. Cuando le pregunté si creía en Dios, me dijo que sí, pero noté algo de desilusión en su mirada. No quise indagar... Recuerdo que me quedé callado un buen rato y luego le pregunté si quería que orara por ella. Me dijo: "Sí, pero ore usted solito mejor". Es otras palabras, gracias pero no...

Cuando hay desgracias en nuestra vida, es fácil dejar de mirar el poder y la esperanza de Dios. La mirada se traslada hacia nuestro yo, nuestras ocupaciones, lo que nos ha resultado bien y lo que no. Hasta Dios se vuelve ese frío recuerdo de lo que alguna vez conocimos... Se vuelve como esa linda experiencia que tuvimos en un instante de nuestras vidas, pero que ya no tiene el mismo sentido que antes... como si no tuviera relevancia para el día de hoy...

¿Has mirado con desilusión a Dios? Uno por fuera dice que no, pero en el fondo a veces hemos pensado en Dios y hemos dicho: ¿Cómo no ve la situación en que me encuentro? Y así avanzan los días... los meses y los años... Y Dios sigue ahí como el tibio movimiento de algunas aguas, que va y que viene pero que ya no transforma como antes, que ya no tiene la misma efectividad que antes... Te has ido lejos; has permitido que la decepción te domine y ya cualquier cosa te afecta más de lo común. Deseando incluso abortar tus sueños...

Esto me hace recordar el "Príncipe Caspian", uno de los libros de Las Crónicas de Narnia de C.S.Lewis, donde pareciera ser que Aslan, el gran león, ha olvidado a Narnia y ha permitido que ésta sea conquistada y asolada. Muchos de los animales que antes hablaban, ya no lo hacían; algunos veían a Aslan como un cuento de la mitología. Lucía encarna muy bien este sentimiento de ausencia de Aslan, al preguntarle por qué había guardado silencio... De pronto, él hace su aparición y con ello la restauración de Narnia...

Dios nos invita a que, después de tiempos de desierto y soledad, veamos sus obras poderosas y que finalmente lo veamos a Él. La invitación suya no es a que seamos espectadores de lo que otros hagan, sino participantes de su poder. Antes de ver su poder, creo que es tiempo de que digamos: "Señor, volveré a ti"... Cuando nos volvemos a él de nuevo con todas nuestras fuerzas, él responde de manera abundante.

14 de mayo de 2011

Al Dios que cumple


"Mira, el invierno se acabó
y las lluvias ya pasaron.
Las flores están brotando,
ha llegado la temporada de los pájaros cantores.
Y el arrullo de las tórtolas llena el aire.
Las higueras comienzan a formar su fruto,
y las vides fragantes están en flor". (Cantar de los Cantares 2:11-13b)

La vida está llena de contrastes. Momentos de felicidad, momentos de desgracia. En ambos extremos siempre se repite algo: Dios es el autor. No nos deja solos en el sufrimiento y nos hace crecer en él. No permite que seamos destruidos, pero trata nuestros carácter y purifica nuestras intenciones. Sin embargo, llega un momento donde Él mismo se revela ante nosotros con poder. Y es aquí donde me quiero detener en algunas publicaciones, para hablar acerca del poder transformador del Padre y de cómo aun en nuestros tiempos él es capaz de realizar milagros, sanar enfermos, cambiar circunstancias, cambiar personas, etc. Les invito en este nuevo viaje por el poder de Dios y les animo a creer en Él con todas sus fuerzas.

10 de mayo de 2011

=)

Recuerdo bien ese día cuando, con tensión en el cuerpo, me puse a escribir. Lo recuerdo porque los perros ladraban fuerte afuera y las luces y bips de los autos se veían y escuchaban desde lejos. Afuera, un auto verde nos tapaba la entrada de la casa, mientras me disponía a trazar líneas sueltas que consiguieran descargar toda la pena, la rabia y la impotencia acumulada. No sabía lo que vendría más adelante... esperaba lo peor: más tensión, más tristeza y tal vez depresión... Cuando me puse a escribir, las lágrimas asomaban solas y sin permiso... Mis mejillas tibias, se volvían más rojas de lo habitual. Reinaba el caos y la tristeza...


Recuerdo bien el día porque me despedí de él con una frase fría, sin saber qué decir. Lo miraba como diciendo: que bueno y que malo que te vas. Cuando se fue, las luces se apagaron, los sonidos cesaron de repente... Los perros dejaron de ladrar y me encontré solo, otra vez. Era esa sensación de soledad que había sentido tantas veces ahí solo en mi pieza. Esa sensación de querer estar con alguien, pero no saber con quién. Lloré. Las lágrimas se hicieron escasas mientras le decía a Dios que le rendía mi felicidad. Recordaba las palabras de amigos que me decían: Saltarás de felicidad algún día.. Yo les decía "sí, sí" y les agradecía falsamente sus buenos deseos...

Recuerdo bien el día porque comenzó una etapa nueva en mi vida. Son esos momentos en que sabes bien que las cosas cambiaran su curso habitual y demandarán más esfuerzo y perseverancia. Sin duda, me sequé las lágrimas ese día y escribí: "Señor, te rindo mi felicidad". Me las volví a secar, porque cada vez que escribía, ellas asomaban solas entre tintas de azul y frases inspiradas en el momento. Cuando por fin las pude secar, asumí que debía madurar, crecer y ser de otra manera. Me propuse ser distinto a otros. Me autoexigí desde ese momento ser bueno en todas las áreas. Quise hacer las cosas bien. Sin embargo, en ese camino Dios me habló y me dijo que debería depender de él y que él se agradaba de mí sin importar mis fallas... Aún en ese día, que fue el más oscuro de mi vida, cuando mi papá se fue de la casa y quedamos solos...


Recuerdo bien ese día porque hoy también lloré solo en mi pieza como aquella vez. Pero en este 2011, cinco años después de todo el caos, todo fue muy distinto. Miré la cama donde me había acostado a orar y vi que habían unos premios que había ganado en la ceremonia de titulación. Los vi allí y me puse a pensar en la fidelidad de Dios... De nuevo lloré como un niño... Hace mucho que no lo hacía. De pronto sentí que todo lo vivido valió la pena en este día. Recordé los aplausos de los compañeros cuando me dieron el privilegio de ser "el mejor compañero" (valga la redundancia); recordé la amistad creada con muchos de ellos y todo lo que Dios me bendijo en este día. Recordé que cuando me dieron el premio y me fui a sentar, Dios me habló de nuevo, como hace mucho no lo hacía: "Yo estoy contigo, hijo". Me dijo y me contuve la emoción de estar ahí. Sin duda alguna, este es el día más contrastante de mi vida... Si el otro fue el más negro, este es por mucho el más alegre en años.


Recordaré este día porque vi que Dios me amaba... porque veía en su rostro la alegría de un trabajo terminado, de un carácter que costó tratar, pero que ahí estaba... Le pregunté por qué tanto amor y tanta fidelidad... Él guardó silencio... De nuevo al escribir, las lágrimas brotan solas...


Mientras le daba gracias a Dios, abrí los ojos y pude ver otro regalo. Era un libro. En el viaje a casa de este día, vi de reojo el título y ya me había emocionado. Cuando lo abrí en la casa y vi lo que estaba en su interior, de nuevo las lágrimas brotaron solas... creo que en tantos años había llorado de nuevo como hoy, pero nunca de tanta felicidad. En ese regalo había una foto que miré con detención. Otra vez recordé las vueltas que tiene la vida. La volví a mirar y a leer el escrito que traía adjunto. Entonces la "vi". Siiiiiiiii, era ella! Era ella la que había estado esperando!! La tuve todo el tiempo allí y Dios se encargó de hacerlo evidente. Recordaré este día porque me emocioné de saber que la Pauly era la persona que Dios me había regalado, como parte de la larga lista de sorpresas de este año.

"Y ahora te miro a ti de nuevo, querido Dios. Como en antaño.. como hace cinco años, en que, escribiendo en un viejo cuaderno universitario, viste mi dolor. Nunca hubo tanto dolor como en aquella ocasión... Había incertidumbre y mucho temor. Hoy te agradezco porque me sanaste, me hiciste de nuevo y veo un nuevo camino que has trazado para mí. ¡Qué bueno fue haber dejado el pasado atrás! Había tanto dolor; hoy, alegría. Había tanta depresión: hoy, ganas de vivir. Había desmotivación pura; hoy, nuevos proyectos que tengo en mente emprender. Había rencor; hoy pude agradecerle a mi papá por todo. Había enemistad; hoy, muchos amigos. Habían muchos colores negros; hoy, muchas luces. Gracias Señor... las lágrimas siguen corriendo solas je.. pero hoy me extiendo a ti como en antaño, para abrazarte y para decirte que, aunque pase por lo más bajo o lo más alto, es a ti a quien quiero y a quien deseo, más allá de todo... Te amo"