29 de enero de 2011

Mi querido hermano Andrés


Él es mi querido hermano Andrés. Él es mi hermano mayor. Cuando éramos niños solíamos jugar al alumno y al profesor. Y cuando llovía, solíamos mirar por la ventana las pozas y riachuelos que se formaban bajo la lluvia sollozante. Ambos queríamos salir en los inviernos a pisar aquellas pozas que, por prohibición de los papás, no podíamos tocar. A él le gustaba tocar el teclado y escribir a veces. Callado. Simple. Introvertido. Soñador.

Él me aconseja cuando las cosas no se ven muy bien o cuando me ve triste. Él se hace presente aplicando sabiduría en los momentos precisos. Él sabe hablar la palabra indicada cuando se necesita. Él es un buen amigo... más que un hermano, lo considero un gran amigo a quien valoro mucho. Él sabe de heridas en la vida y de cómo sobreponerse. Él sabe lo que es quedarse con nada y recibirlo todo. Él sabe de pequeños y grandes sacrificios. Él sabe de quedar sin amigos y sentir la soledad. Él sabe de aprender de los errores y de corregirlos en el tiempo. Él sabe de crisis y reconciliaciones. Él conoce al Señor... Él sabe lo que es pasar adorando sin que el tiempo lo limite. Él sabe de tocar el corazón de Dios, haciendo que su mano de favor se vuelva hacia él. Él sabe de miradas disonantes y corazones abatidos. Él sabe que con su música toca el cielo en un instante y que las teclas traen sanidad. Él no sabe que existen muchas personas que lo valoran... y que lo siguen valorando más allá del tiempo y la distancia. Él no sabe que está en el recuerdo de aquellos en quienes invirtió su tiempo y pasión.

Él está hoy de cumpleaños... y mis mejores deseos son para él...

"Querido amigo y hermano... eres y serás una de las personas más importantes que tengo. Te dedico estas palabras otra vez, emocionándome para variar y a la vez deseándote que la paz de Dios venga de nuevo sobre ti con poder... No estás solo. Nunca lo has estado y nunca lo estarás. A veces ha parecido duro el camino y has sentido que nunca acabará el estrés y la duda. Por eso mi oración es que Dios traiga para ti un tiempo de descanso y de trazar nuevos sueños... sueños que desafíen la pasión que sigue gritando dentro tuyo. Permítele que grite más fuerte, de manera que el Señor te use en lugares que nunca habías planificado."

25 de enero de 2011

No más ajenos


Hay un tema que hace un tiempo inquieta mi mente y no quiero dejar de expresar. Especialmente porque creo que somos una generación que no puede ser otra más, que se enajena de los problemas de los demás y que vive la vida de manera insensible o pensando que son "los demás" los que tienen que arreglar el mundo. Hay un concepto llamado "alienación" que se vive profundamente en nuestros tiempos y se refiere a ese sentimiento de que no podemos hacer nada para cambiar nuestro alrededor o que todo esfuerzo realizado terminará en nada. Eso a veces se ha colado entre nuestros pensamientos, y por eso a veces nos quejamos diciendo a otros: "No inviertas en los demás", "no confíes en nadie", "mira por ti mismo". De una u otra manera hemos intentado comprobar en nuestra vida que todo eso parece cierto y no nos damos cuenta que poco a poco se nos va pegando una capa de egoísmo y autosuficiencia a la piel.

Tengo aún la imagen del sábado recién pasado, cuando estábamos en un grupo y llegó Daniel Bourdané (secretario general de la IFES) a nuestro lado a preguntarnos quién quería seguir trabajando en el grupo bíblico universitario (GBU) en los próximos años. Todos callaron y miraron a una persona. Una de las personas del grupo indicó tal persona como posible candidata a seguir trabajando en el GBU, pero la pregunta que hizo Daniel fue directa a esa persona que habló: ¿Y por qué no tú? Hubo silencio... luego nos dijo que Dios sólo necesitaba a gente fiel y que lo demás él lo hacía y proveía de recursos económicos. Esa es precisamente la pregunta que me ha rondado en la cabeza: ¿Y por qué siempre tienen que ser los demás los que tienen que hacer algo o tienen que moverse o pensar para poder tener una calidad de vida mejor? ¿Por qué siempre tiene que ser el del lado el candidato a pagar el precio por hablar de Jesús y no puedo ser yo? ¿por qué siempre el del lado está más capacitado que yo? (eso pensamos a veces)... ¿por qué no podemos orar a Dios pidiéndole que nos use a nosotros para impactar nuestra generación? Están los pesimistas que responden a esta pregunta con pesimistas comentarios de que estamos en los últimos tiempos o que hay mucha maldad. Están los cómodos que al primer sacrificio abandonan la misión aludiendo a que "no es su llamado". A los primeros les respondería que quizás podemos estar en los últimos tiempos, pero quiero que Dios me halle trabajando si es que viene y hablando de él hasta el último minuto. A los segundos, solamente les diría que si van a ser cómodos entonces que no sean cristianos...

En la Biblia hay un montón de ejemplos que nos hablan de personas comunes que respondieron al llamado. De la nada Dios pregunta: ¿A quién enviaremos? Y la respuesta emana de un hombre llamado Isaías. Después Dios escoge al joven Jeremías, a Ezequiel, etc. Uno también puede ser como ellos en el sentido de responder al llamado específico de Dios para un área de trabajo. Me encanta cuando en Hechos se describe al rey David como alguien que "sirvió a su generación"... Creo que quienes respondan al llamado de Dios, serán descritos así... y yo quiero ser uno de ellos... Somos personas comunes y corrientes, pero que servimos a un gran Dios, lleno de sueños imposibles para nosotros pero posibles para él. Por eso les motivo a no enajenarse de los problemas de otros. Háganse amigos de los que piden dinero en las calles. Conversen con los compañeros de trabajo. Conozcan con quienes comparten el día a día. No anden mirando con desconfianza a todo el mundo o amargándose porque otro se levantó con el pie izquierdo. Vivan el cristianismo con carácter, no como si tuvieran que esconderlo para que nadie se burle o lo menosprecie. Vivan a Cristo como una pasión y no como una emoción. Y cuando escuchen su llamado, no miren al del lado, sino que muestren un corazón dispuesto a servirle para que seamos una generación que sirve a los demás y no que simplemente envejeció trabajando o enfrascada en sus preocupaciones.


18 de enero de 2011

Un tesoro escondido


"El reino de los cielos es como un tesoro escondido en un campo. Cuando un hombre lo descubrió, lo volvió a esconder, y lleno de alegría fue y vendió todo lo que tenía y compró ese campo"

Si uno encontrara un tesoro en algún lugar, tendría varias opciones:
1º Recoger el tesoro, no decirle a nadie y después hace uso de él como a uno le parezca.
2º Hablar con el dueño del terreno donde estaba escondido el tesoro y decirle que encontramos un tesoro y que lo justo es repartirlo en partes iguales.
3º Devolverlo en su totalidad al dueño del terreno.
4º Esconder el tesoro, no decirle a nadie y comprar el terreno donde está el tesoro.

Llama la atención que la opción escogida por el hombre fue la de vender TODO lo que tenía y comprar el terreno. Y Jesús dice que el reino de los cielos es como eso, es decir, como un hombre que lo encontró (se encontró con el reino de Dios) y dio todo lo que tenía por tener ese tesoro. Por eso ahora la pregunta es: ¿qué nos llama Jesús a hacer "con" el reino de los cielos? Y la respuesta nos la da el hombre de la parábola: lleno de alegría fue y vendió todo lo que tenía y compró ese campo. El reino de Dios es un tesoro por el cual vale la pena rendirlo todo: orgullo, argumentos, nuestra historia pasada, nuestra confianza en el dinero, en nuestra profesión, nuestras heridas, etc. El hombre fue y vendió lo más importante para él y compró el campo donde estaba el tesoro. Eso sí que es para valientes!


Agradecimientos a Carlos Hernández por haber expuesto esto en el campamento de niños recién pasado

12 de enero de 2011

Nº 24 =)

En este cumpleaños sé que algo diferente ha pasado. Algo me dice que se vienen nuevos desafíos muy buenos para mi vida... Como me dijera un amigo: este será el año de comenzar a construir y a levantar los pilares. Y estoy seguro que se vienen cosas tan buenas que no alcanzo a imaginar.

Agradezco a todos aquellos que hicieron de este cumpleaños un día especial... todos me hicieron sentir especial. Los quiero mucho!

9 de enero de 2011

Sonrisa de bebé


Él no sabe decir mi nombre ni el de nadie. Se despierta en las mañanas ni siquiera pensando en qué le traerá el nuevo día. Observa la vida desde el mundo de las sensaciones e impresiones de una pequeña criatura. Cuando escucha un sonido, su cabeza gira y mira el objeto inanimado con gran asombro. Lo mira. A veces estira las manos para poder sentir el objeto en sus manos. Y lo mejor de todo: a veces sonríe mostrando sus dos dientecitos recién erupcionados y que consiguen iluminar el rostro de todos aquellos que lo observan desde cerca y desde lejos.
Él no sabe caminar ni se da cuenta cuando su papá está manejando en la carretera y él está atrás sentado, amarrado por todas partes y con una mamá y un tío que le hacen morisquetas. No se da cuenta de los problemas que hay a su alrededor. Observa sus juguetes sorprendiéndose que algunos son azules, otros verdes y otros blancos. Voltea su cabeza ante los sonidos y cuando duerme es sensible a los ladridos de los perros y a los gritos de otros niños.

Él no sabe que cuando sonríe, transmite vida a los que le hablan... Ni siquiera sabe decir su nombre... Quizás "Matías" le parezca un simple sonido reiterativo ante el cual deba abrir más los ojos o poner atención. Pero hay cosas de las que sí se da cuenta... Sabe que cuando le estiro las manos y le digo "venga con su tío", lo tomaré en brazos. Ante eso él estira las suyas como respuesta y se sonríe. Se da cuenta de las veces que le estoy hablando y conoce las voces familiares. Su inocencia y su alegría son características que ya comienza a mostrar... Le gusta ver los colores de la televisión y alega cuando se está demorando la comida. Aún no se da cuenta que somos débiles y que ante sus innumerables gracias es capaz de convencernos que la vida tiene sentido en ser vivida y desarrollada al máximo....

Cuando crezca lo invitaré a quedarse a mi casa para que juguemos fútbol o vayamos a andar en bicicleta... También iremos al cine y lo desafiaré a jugar fútbol en play station jejeje... Cuando crezca creo que le pediré que me enseñe a ser un niño de nuevo, a pisar las posas cuando llueva en los inviernos y a asombrarse de que las cosas tengan los colores que tienen...

3 de enero de 2011

Una relación sin religión

Solía hacer muchas cosas para aparentar que todo estaba bien. Aunque me gustaba tocar guitarra y orar a veces, recuerdo que en varias ocasiones sencillamente no estaba allí. Mi mente divagaba en la película que darían la siguiente hora o la página que visitaría en internet inmediatamente después de salir de mi pieza. Cuando iba a la iglesia me pasaba lo mismo... o pensando en lo que habría de almuerzo luego de salir de la puerta. Es fácil confundir la espiritualidad con mera religión, porque la gente no se da cuenta... Es tan fácil pasar desapercibidos cuando la imagen parece buena: status, buen auto, buen matrimonio/pareja, éxito profesional.

Me gustaría hablarles de la sencillez de la relación con Dios. Y creo que le daré al paso a una de las mejores explicaciones que me han dado del evangelio, de labios de un compañero de la U recién convertido: "Decidí dejar de vivir la vida de manera orgullosa". Esa fue la respuesta que me dio cuando le pregunté acerca de qué había sentido de haber aceptado a Jesús en su vida. La relación con Dios parte allí, en la sinceridad de no sentirse independiente, de saber que necesitamos de Él y de otros, de querer Su ayuda. Esa manera libre de orgullo no es una meta; es un camino que día a día debemos cruzar... Se probará en una pelea, en una discusión de matrimonio/pareja, en un conflicto con un compañero de U/trabajo, en la toma de decisiones, cuando alguien nos hiere, etc. Ante todos esos problemas es fácil orar 2 horas diarias sin salir transformados y vivir como un buen religioso. Cuando dejamos de perdonar a quienes nos ofenden es fácil ayunar sin tocar ese tema. Cuando no estamos cómodos con nuestra iglesia o con algún hermano, es más fácil quedarse callados y comentar los defectos de los demás con otros sin que ellos se enteren. La religión permite eso. Permite que nos quejemos de todo, pero sin ser vistos. Permite que nuestra conciencia nos haga sentirnos descansados y libres de culpa, pero sin vivir la plenitud de una relación sincera con Dios. La religión permite el orgullo y le da la bienvenida...

Pero la relación sincera con Jesús nos llevará a rendir todo, incluso los mejores argumentos a nuestro favor. Cuando lo hacemos, cobra sentido la libertad, la gracia, el amor, la regla de oro, el bendecir en vez de maldecir, el ayudar a quienes nos han ofendido y el dejar de ser "buenos" para ser poderosos en las manos del Padre.