30 de mayo de 2011




El discurso ya no es el mismo... Ya la letra no se hila con sus típicos tonos grises de melancolía... Tampoco los problemas ni las malas caras ocupan el centro de la inspiración. Ya la duda no tiene la cabida que antes se notaba entrelíneas... Ya las letras no corren en desesperanza o buscan explicaciones a todo. Cuando dije: "Señor, te rindo todo", algo hizo por fin sentido... algo por fin cambió, algo por fin dejó atrás el pasado, algo por fin le devolvió el valor a estas palabras, como siempre debió haber sido.

El discurso ya no es el mismo... Ya la vista no está puesta en el pasado o no se llena de recuerdos de tristeza e inseguridad. Ya la energía es diferente... Ya la dificultad para relacionarse con los demás no existe y los sueños que antes parecían difíciles de cumplir ya se han cumplido. Ya lo que parecía increíble, hoy tiene sentido. Ahora es tiempo de retomar lo que siempre soñé... aquello que hacía vibrar mi fe y que perdí por un tiempo. Es el tiempo de ese nuevo comienzo que Dios me prometió. Porque cuando dudé, él me dijo: "Yo no estoy apresurado". Y, efectivamente, lo hizo todo hermoso en su tiempo.

El discurso ya no es el mismo... Dios se ha encargado de cambiar los tonos grises a color. Se ha encargado de hacer calzar el rompecabezas y devolver la luz donde había oscuridad. Él lo hizo... porque cuando me dijo que me amaba, efectivamente así era... Porque cuando me dijo que el significado de mi nombre no era al azar, al fin vi al Padre que había en él. Porque cuando me dijo que la carrera que había estudiado tenía un propósito para él, al fin pude ver que el camino que había tomado era el correcto. Porque él me dijo que no estaba apresurado en cumplir su plan...

El discurso ya no es el mismo... porque el libro de mi vida se ha abierto nuevamente en esos tonos alegres. Porque cuando me dijo que tenía propósitos conmigo yo casi que no lo podía creer... Y hoy lo veo en su plenitud cumpliendo su plan de nuevo y escuchando su voz tan fluida como siempre... como cuando voy por la calle y me dice que me ama sin haberle yo hablado. O cuando le compongo una canción en guitarra y cobra sentido todo aquello que le digo... Como cuando me dijo que yo era especial para él o cuando me dijo que llevaría su evangelio a las personas con necesidad...

Era necesario que Él rompiera el vaso de barro antiguo y lo cambiara por otro nuevo... porque Él es fiel.

24 de mayo de 2011

Despierto y aún estoy contigo...

Uno asocia la fidelidad de Dios a momentos de la vida en que todo está bien o aparece un milagro inesperado en nuestras vidas. Sin embargo, y aunque uno la puede ver ahí, mucho mejor es vivirla en el día a día.
A Dios uno lo puede ver a través de oraciones contestadas, a través del gesto de alguien, la mirada de un niño o a través de una sanidad. Tal vez lo podamos divisar hablándole a la gente acerca de temas de su vida. Pero su fidelidad se manifiesta más aún en la privacidad de una relación íntima con él y en la rutina del día a día.

El domingo recién pasado, el tema de la clase de niños trató precisamente de este tema. La fidelidad es la mantención de un mensaje sin distorsiones. Si decimos que Dios es fiel, entonces todas sus promesas se cumplirán sin haber cambios. Y resulta importante que creamos en esto, porque todo lo que Dios dice, lo cumple, a pesar de las circunstancias.

Siempre recordaré una vez en que habíamos un grupo de jóvenes y adolescentes orando. Noté que muchos lloraban al orar, como si Dios les estuviera hablando algo importante para sus vidas. Yo, no sintiendo nada, seguí con los ojos cerrados, esperando que Dios me dijera algo. De repente sentí unas manos que me tocaban el hombro. Era el pastor de la iglesia que comenzó a orar por mí... En un momento me dijo de parte de Dios esto: "Tú no eres menos importante que nadie...y te honraré en público". En ese momento di gracias a Dios casi llorando... Sin embargo, yo no sabía cuán abrumadora iba a ser esa promesa. Pensé que sería algo que él cumpliría en una ocasión en particular. Pero saben... - y no lo digo con ánimo de figurar- veo que eso se cumplió con premios ganados en el liceo, en cajas de compensación, en la universidad... con proyectos armados, etc. Muchas veces he visto cómo Dios cumplió y sigue cumpliendo su promesa. Incluso en la titulación así fue y él me sorprendió.

También recuerdo a una señora que una vez oró por mí y me dijo de parte de Dios: "Han dicho de tu profesión que tiene mucha competencia y que cada vez hay menos campo; pero yo te pondré en lugares de honra, donde podrás dar testimonio de mí". Je. Siento que en este tiempo Dios ha venido a regalarme muchas cosas de manera abrumadora... No entendía que sus promesas eran así de poderosas, pero veo cómo él lo ha cumplido este año de maneras tan particulares.

A pesar de las promesas cumplidas, lo más importante es y será el darle a él el mérito y el reconocimiento. Esto ha resultado en mí para vida. Ha sido tan power este tiempo que mientras voy por la calle siento la voz de Dios que me habla más seguido... tal como lo expresara el salmista: "despierto y aún estoy contigo"... :)

16 de mayo de 2011

El poder de Dios: una cuota de asombro

Ese día no hacía mucho frío a pesar del tenue sol de aquel invierno. En la calle una señora le preguntaba a la gente que pasaba, si podían darle una moneda para poder comprar algo para comer. Recuerdo que pasé de largo, hasta que algo me dijo que volviera donde ella. Le di cien pesos y me senté a su lado. Comenzamos a hablar. Le pregunté acerca de su familia, de por qué estaba allí pidiendo, qué había pasado, etc. Ella, algo hosca me respondía lo suficiente y algo cortante. A pesar de eso, pude conocerla un poco y saber por qué estaba en esa condición. Cuando le pregunté si creía en Dios, me dijo que sí, pero noté algo de desilusión en su mirada. No quise indagar... Recuerdo que me quedé callado un buen rato y luego le pregunté si quería que orara por ella. Me dijo: "Sí, pero ore usted solito mejor". Es otras palabras, gracias pero no...

Cuando hay desgracias en nuestra vida, es fácil dejar de mirar el poder y la esperanza de Dios. La mirada se traslada hacia nuestro yo, nuestras ocupaciones, lo que nos ha resultado bien y lo que no. Hasta Dios se vuelve ese frío recuerdo de lo que alguna vez conocimos... Se vuelve como esa linda experiencia que tuvimos en un instante de nuestras vidas, pero que ya no tiene el mismo sentido que antes... como si no tuviera relevancia para el día de hoy...

¿Has mirado con desilusión a Dios? Uno por fuera dice que no, pero en el fondo a veces hemos pensado en Dios y hemos dicho: ¿Cómo no ve la situación en que me encuentro? Y así avanzan los días... los meses y los años... Y Dios sigue ahí como el tibio movimiento de algunas aguas, que va y que viene pero que ya no transforma como antes, que ya no tiene la misma efectividad que antes... Te has ido lejos; has permitido que la decepción te domine y ya cualquier cosa te afecta más de lo común. Deseando incluso abortar tus sueños...

Esto me hace recordar el "Príncipe Caspian", uno de los libros de Las Crónicas de Narnia de C.S.Lewis, donde pareciera ser que Aslan, el gran león, ha olvidado a Narnia y ha permitido que ésta sea conquistada y asolada. Muchos de los animales que antes hablaban, ya no lo hacían; algunos veían a Aslan como un cuento de la mitología. Lucía encarna muy bien este sentimiento de ausencia de Aslan, al preguntarle por qué había guardado silencio... De pronto, él hace su aparición y con ello la restauración de Narnia...

Dios nos invita a que, después de tiempos de desierto y soledad, veamos sus obras poderosas y que finalmente lo veamos a Él. La invitación suya no es a que seamos espectadores de lo que otros hagan, sino participantes de su poder. Antes de ver su poder, creo que es tiempo de que digamos: "Señor, volveré a ti"... Cuando nos volvemos a él de nuevo con todas nuestras fuerzas, él responde de manera abundante.

14 de mayo de 2011

Al Dios que cumple


"Mira, el invierno se acabó
y las lluvias ya pasaron.
Las flores están brotando,
ha llegado la temporada de los pájaros cantores.
Y el arrullo de las tórtolas llena el aire.
Las higueras comienzan a formar su fruto,
y las vides fragantes están en flor". (Cantar de los Cantares 2:11-13b)

La vida está llena de contrastes. Momentos de felicidad, momentos de desgracia. En ambos extremos siempre se repite algo: Dios es el autor. No nos deja solos en el sufrimiento y nos hace crecer en él. No permite que seamos destruidos, pero trata nuestros carácter y purifica nuestras intenciones. Sin embargo, llega un momento donde Él mismo se revela ante nosotros con poder. Y es aquí donde me quiero detener en algunas publicaciones, para hablar acerca del poder transformador del Padre y de cómo aun en nuestros tiempos él es capaz de realizar milagros, sanar enfermos, cambiar circunstancias, cambiar personas, etc. Les invito en este nuevo viaje por el poder de Dios y les animo a creer en Él con todas sus fuerzas.

10 de mayo de 2011

=)

Recuerdo bien ese día cuando, con tensión en el cuerpo, me puse a escribir. Lo recuerdo porque los perros ladraban fuerte afuera y las luces y bips de los autos se veían y escuchaban desde lejos. Afuera, un auto verde nos tapaba la entrada de la casa, mientras me disponía a trazar líneas sueltas que consiguieran descargar toda la pena, la rabia y la impotencia acumulada. No sabía lo que vendría más adelante... esperaba lo peor: más tensión, más tristeza y tal vez depresión... Cuando me puse a escribir, las lágrimas asomaban solas y sin permiso... Mis mejillas tibias, se volvían más rojas de lo habitual. Reinaba el caos y la tristeza...


Recuerdo bien el día porque me despedí de él con una frase fría, sin saber qué decir. Lo miraba como diciendo: que bueno y que malo que te vas. Cuando se fue, las luces se apagaron, los sonidos cesaron de repente... Los perros dejaron de ladrar y me encontré solo, otra vez. Era esa sensación de soledad que había sentido tantas veces ahí solo en mi pieza. Esa sensación de querer estar con alguien, pero no saber con quién. Lloré. Las lágrimas se hicieron escasas mientras le decía a Dios que le rendía mi felicidad. Recordaba las palabras de amigos que me decían: Saltarás de felicidad algún día.. Yo les decía "sí, sí" y les agradecía falsamente sus buenos deseos...

Recuerdo bien el día porque comenzó una etapa nueva en mi vida. Son esos momentos en que sabes bien que las cosas cambiaran su curso habitual y demandarán más esfuerzo y perseverancia. Sin duda, me sequé las lágrimas ese día y escribí: "Señor, te rindo mi felicidad". Me las volví a secar, porque cada vez que escribía, ellas asomaban solas entre tintas de azul y frases inspiradas en el momento. Cuando por fin las pude secar, asumí que debía madurar, crecer y ser de otra manera. Me propuse ser distinto a otros. Me autoexigí desde ese momento ser bueno en todas las áreas. Quise hacer las cosas bien. Sin embargo, en ese camino Dios me habló y me dijo que debería depender de él y que él se agradaba de mí sin importar mis fallas... Aún en ese día, que fue el más oscuro de mi vida, cuando mi papá se fue de la casa y quedamos solos...


Recuerdo bien ese día porque hoy también lloré solo en mi pieza como aquella vez. Pero en este 2011, cinco años después de todo el caos, todo fue muy distinto. Miré la cama donde me había acostado a orar y vi que habían unos premios que había ganado en la ceremonia de titulación. Los vi allí y me puse a pensar en la fidelidad de Dios... De nuevo lloré como un niño... Hace mucho que no lo hacía. De pronto sentí que todo lo vivido valió la pena en este día. Recordé los aplausos de los compañeros cuando me dieron el privilegio de ser "el mejor compañero" (valga la redundancia); recordé la amistad creada con muchos de ellos y todo lo que Dios me bendijo en este día. Recordé que cuando me dieron el premio y me fui a sentar, Dios me habló de nuevo, como hace mucho no lo hacía: "Yo estoy contigo, hijo". Me dijo y me contuve la emoción de estar ahí. Sin duda alguna, este es el día más contrastante de mi vida... Si el otro fue el más negro, este es por mucho el más alegre en años.


Recordaré este día porque vi que Dios me amaba... porque veía en su rostro la alegría de un trabajo terminado, de un carácter que costó tratar, pero que ahí estaba... Le pregunté por qué tanto amor y tanta fidelidad... Él guardó silencio... De nuevo al escribir, las lágrimas brotan solas...


Mientras le daba gracias a Dios, abrí los ojos y pude ver otro regalo. Era un libro. En el viaje a casa de este día, vi de reojo el título y ya me había emocionado. Cuando lo abrí en la casa y vi lo que estaba en su interior, de nuevo las lágrimas brotaron solas... creo que en tantos años había llorado de nuevo como hoy, pero nunca de tanta felicidad. En ese regalo había una foto que miré con detención. Otra vez recordé las vueltas que tiene la vida. La volví a mirar y a leer el escrito que traía adjunto. Entonces la "vi". Siiiiiiiii, era ella! Era ella la que había estado esperando!! La tuve todo el tiempo allí y Dios se encargó de hacerlo evidente. Recordaré este día porque me emocioné de saber que la Pauly era la persona que Dios me había regalado, como parte de la larga lista de sorpresas de este año.

"Y ahora te miro a ti de nuevo, querido Dios. Como en antaño.. como hace cinco años, en que, escribiendo en un viejo cuaderno universitario, viste mi dolor. Nunca hubo tanto dolor como en aquella ocasión... Había incertidumbre y mucho temor. Hoy te agradezco porque me sanaste, me hiciste de nuevo y veo un nuevo camino que has trazado para mí. ¡Qué bueno fue haber dejado el pasado atrás! Había tanto dolor; hoy, alegría. Había tanta depresión: hoy, ganas de vivir. Había desmotivación pura; hoy, nuevos proyectos que tengo en mente emprender. Había rencor; hoy pude agradecerle a mi papá por todo. Había enemistad; hoy, muchos amigos. Habían muchos colores negros; hoy, muchas luces. Gracias Señor... las lágrimas siguen corriendo solas je.. pero hoy me extiendo a ti como en antaño, para abrazarte y para decirte que, aunque pase por lo más bajo o lo más alto, es a ti a quien quiero y a quien deseo, más allá de todo... Te amo"



5 de mayo de 2011

La felicidad que va por dentro

La búsqueda de la felicidad es sin duda una de las metas de la mayoría - por no decir todas - las personas. La buscamos al ir a comprar al mall o en salidas con amigos. Muchas veces la vemos evidenciada en los logros alcanzados, tal vez en alguna graduación de un curso o una carrera, en trabajos conseguidos o en planes cumplidos. Cuando vemos a alguien feliz, pensamos en que por sus venas corre vida y plenitud de alegría.

La felicidad es tan fácil de alcanzar que a menudo la escondemos en el olvido de la rutina. La miramos de reojo y nos parece difícil de alcanzar. Seguramente si para usted alcanzar cierto status quo dentro de la sociedad es sinónimo de felicidad, entonces le costará llegar a ella o verá limitaciones. Si para usted el tener poder adquisitivo es sionónimo de felicidad, ésta fluctuará de la escasez a la riqueza sin que usted se dé cuenta. Pero esto no es felicidad.

Nos han hecho creer que la felicidad se alcanza a través de más dinero. Pero esto no es felicidad. Nos han dicho que si estudiamos y conseguimos una buena carrera y un posterior trabajo, podríamos alcanzarla. Pero eso no es felicidad. "Mientras más tengo, más feliz soy"... ese es el mensaje escuchado a través de la publicidad y los medios de comunicación. Buen auto, buena casa, buena esposa, etc. Pero esto no es felicidad.

También nos han dicho que si oramos más, seremos más felices. Que si somos buenos cristianos, tendríamos asegurada la felicidad por el resto de nuestros días. Sin embargo (y lo diré aunque parezca medio hereje), ¿por qué hay tan altas tasas de depresión dentro de la iglesia? ¿dónde está el mensaje de prosperidad que nos anuncia el evangelio que predicamos? ¿por qué entonces si "cumplimos" en todo con Dios, nos toca la pobreza y la enfermedad? La religión también nos dice que si la seguimos, seremos felices. Pero esto no es la felicidad. El ser un "buen" cristiano, no lo hará más feliz. Nos sumergimos tantas veces en una autosugestión acerca de cómo Dios nos va a bendecir en el futuro, pero nunca la aterrizamos al presente, al día a día... a la rutina... a la ida al trabajo y a su vuelta, al saludo a la familia...

Pero si trabajar en un buen lugar, tener una carrera, ser buenos en la vida, no es la felicidad... entonces, ¿qué es..?

"Para mí el vivir es Cristo..." Así lo dijo el apóstol. Y también agrega: "Si tienen sustento y abrigo, estén contentos con eso". La felicidad no es algo externo. No la consigues por cosas logradas a través de las circunstancias. La vida no la encontramos en nuestros logros, menos en trabajar más o creer que teniendo más dinero viviremos una vida más plena. Tampoco se consigue por una ardua vida de oración por cumplir. No se trata de acciones externas que puedan llegar a hacernos felices. Se trata de un corazón que se ha encontrado con Dios realmente. Dios es capaz de hacernos felices, pero no por "darnos" más bendiciones externas, sino por llenarnos internamente. Cuando nos encontramos con él, entonces la oración ahora sí tiene sentido. Dado que ya somos felices, no vivimos aferrados al dinero o al estrés de tener que llegar a fin de mes. Dado que somos felices, ya no pedimos más que estar con Él, de encontrarnos con su persona. Hasta que lleguemos a decir: "Señor, no te quiero pedir que me des cosas... te quiero a ti"...

La felicidad es Cristo... en sufrimientos tal vez, o en enfermedad... o en momentos de depresión. Aún en lo más bajo podemos estar felices porque lo somos y ya no vivimos dependiendo de la variación del clima o del color de las circunstancias. Ahí cobra sentido trabajar menos -tal vez ganar menos dinero- pero estando más con la familia.

A veces, cuando llego a la casa, oigo a dos pequeñas niñas que me salen a recibir. Siempre sonriendo esperan mi llegada. Con cara de cansancio aún, abro la puerta y siento que corren. Ellas no saben que ese simple gesto es capaz de alegrar incluso el día más triste o estresante... Es ahí cuando entiendo que la felicidad no la consigues buscándola en el dinero.. La tienes ahí, frente a ti... cuando alguien te demuestra que te quiere o cuando nos decidimos férreamente a vivir la vida sin presiones. Aún eso es un esfuerzo diario... ¿asumiremos el reto?

1 de mayo de 2011

Con una actitud correcta [...]

Continuando lo escrito en la última publicación, les comparto lo que para mí ha sido una de las palabras más impactantes que he leído, referente a la actitud que debemos tener ante nuestras propias limitaciones y errores.

Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio

y renueva un espíritu fiel dentro de mí.

No me expulses de tu presencia

y no me quites tu Espíritu Santo [...]


Tú no deseas sacrificios; de lo contrario,

te ofrecería uno.

Tampoco quieres una ofrenda quemada.

El sacrificio que sí deseas es un espíritu quebrantado;

tú no rechazas un corazón arrepentido

y quebrantado, oh Dios [...]


Salmo 51:10.11;16-17