29 de diciembre de 2011

El Señor ha sido bueno


Me gusta la navidad y el año nuevo. Tal vez muchas veces las personas aprovechan para hacer balances y para esperar que el próximo año sea mejor... Lo que más me gusta de fin de año no son precisamente los balances. Menos ser malagradecido y esperar el siguiente año para que sea mejor... Hace exactamente un año atrás el Señor me enseñó que debía agradecer por todo lo que estaba viviendo, sea bueno o malo.

Recuerdo bien ese 31 de diciembre cuando oré al Señor y le agradecía por ese 2010 que había tenido tantos altos y bajos. Decidí cambiar en varios aspectos de mi vida, especialmente en tener una actitud más positiva y menos quejumbrosa frente a la vida. Sentí que ese año nuevo fue diferente a otros... No hubo grandes luces. La celebración fue austera. No nos juntamos con toda la familia, así es que éramos pocos. Pero estaba Él, y eso era suficiente. Y como Él estaba, todo estaba completo. Ese 31 de diciembre de 2010, oré al Señor pidiendo que me sanara de muchas áreas, especialmente la sentimental. También le pedí que me ayudara a expresar más lo que pienso y lo que siento, y a no guardarme tanto las cosas.

¿Saben? Creo que el Señor escuchó esa oración. Y no sólo porque respondió a lo que le pedí, sino mucho más: en lo sentimental estoy con la Pauly, que ha sido una verdadera bendición y complemento en mi vida. Sólo Dios sabe lo importante que ha llegado a ser en mi vida. En lo laboral, he visto su mano de favor al concederme trabajo que muchas veces no he tenido que buscar. En lo familiar, hay más tranquilidad y unidad. En las amistades, agradezco siempre por mis amigos más cercanos y también por aquellos que no veo siempre pero que están ahí también cuando uno los necesita. En lo académico este año me titulé y recibí algunos premios. En lo eclesiástico, trabajamos en el ministerio de niños y me involucré mucho más en la comunidad de la iglesia, especialmente con el discipulado que hicimos y que para mí fue de mucha bendición.

El balance de este año fue muy positivo. Y esto solamente se lo debo al Señor... Hubo un tiempo en donde me hizo entender que debía adorarlo cuando las circunstancias estuvieran bien, y aun más, cuando estuvieran adversas. Los duros tiempos de adversidad han pasado y ahora puedo ver su refrigerio, su mano de favor y su gracia que me dice: "Yo estoy contigo, hijo", como en antaño... cuando sólo acompañado de una guitarra, le escribía canciones y le componía melodías que sólo Él conoce. Todo lo que soy y tengo es por Él... En lo alto y en lo bajo, el reconocimiento es para Dios.

"Señor, gracias por todo lo vivido este 2011. Contrasta tan fuertemente con lo vivido el 2010 y años anteriores. Me sentí sobrepasado de bendiciones de tu parte. Cuando recién asimilaba una de tus sorpresas, ya venía otra en seguida que de nuevo me asombraba. No puedo entender tu misericordia y tu amor... Las promesas que me hablaste cuando en la intimidad te cantaba, hoy las veo hechas realidad. Fue allí, en la intimidad de nuestras conversaciones, que tu Espíritu me llenó y me hizo entender que lo más importante en la vida no es si nos va bien o mal, sino que tú eres el centro de todo. Me hiciste entender que la adoración a ti es lo que mueve tu corazón y que cuando clamo a ti tú me escuchas. Allí, cuando sufría, tu mano de favor estaba conmigo, avisándome que llegarían tiempos mejores, en donde vería tiempos de refrigerio y de descanso... Gracias por este año, Señor, porque esta vez las lágrimas son del más puro agradecimiento [...]"

21 de diciembre de 2011

Agradecido por mis papás

A mis papás los quiero mucho... Siempre pienso en ellos cuando llega la navidad. No sé por qué pienso en lo mucho que valoro sus vidas. A veces no se los expreso mucho y tal vez es algo que debo trabajar en mi vida. Tal vez lo expreso sin muchos "te quieros", pero me gustaría decírselos más seguido. Porque a pesar de todo lo que hemos vivido juntos como familia y a pesar de todas las divisiones, Dios me los regaló y quiero cuidarlos.

Hoy el escrito es breve y se tiñe de emociones al redactarlo. Cuando echo una mirada hacia el pasado, solamente existe en mí el desafío de que debemos levantarnos como familia y seguir construyendo todo de nuevo como lo hemos hecho. A seguir soñando todos juntos y a no perder la unidad fraternal que nos caracteriza...

12 de diciembre de 2011

El Dios de la Navidad

Al pasar, miro las luces que en antaño traían la tristeza de vivir de la angustia, la depresión y la desilusión. Son esas luces navideñas que desde pequeño me llamaban la atención por su diversidad de colores y por sus melodías que, agudas y todo, me daban un efímero sentimiento de familiaridad. Son esas luces que me recuerdan a los míos... a aquellos que siguen con nosotros, a aquellos que ya han partido y a aquellos que respiran sus últimos momentos, tal vez años, tal vez meses o tal vez horas.

Al mirar las casas llenas de vida en sus ventanas, le pido a Dios que traiga mucha luz a nuestras vidas en esta navidad. Los verdaderos colores son los del perdón, del abrazo de reconciliación, de amor y de esperanza. Sin esos colores, la navidad se vuelve vacía, presa del consumismo y el hedonismo en que cae la sociedad a menudo. La navidad no se trata de árboles más adornados, o quien gasta más dinero en regalos, ni la calidad del regalo... Porque el mejor regalo es lo que algunas familias no tienen: unidad, amor, un padre y una madre, etc. La navidad es llenar los espacios vacíos, saciar al necesitado, traer la esperanza a los depresivos, liberar a los cautivos, dejar de lado el egoísmo, perder, rendir el orgullo y expresar.

Mientras camino, recuerdo el tiempo en que las mismas luces invocaban tristeza y las lágrimas surgían sin permiso. Lo bueno es que era de noche y nadie miraba que mi cara estaba roja de haber llorado tanto. Fueron tiempos dolorosos, sobre todos esas navidades del 2006-2007, en que las caminatas nocturnas se extendían solitarias pero llenas de pasión por Dios... Habían problemas en mi casa, pero extrañamente, el amor de Dios estaba fuertemente manifestado en mi corazón. Eran lágrimas de amor por Él y un deseo profundo de conocerle y amarle con todo mi corazón... En medio de todo eso, conocí lo que era el verdadero agradecimiento: "Sentirse completo por el simple hecho de estar con Dios". Su presencia era suficiente para vivir...

Ya me acerco a la casa y, antes de abrir la reja vuelvo a agradecer a Dios por mostrarse como mi Padre. Ahora las navidades han vuelto a ser como aquellas que disfrutaba en los tiempos de mi infancia, en donde las esperaba ansioso de ver a mi abuela, a mis primos, a mis tíos y decirles que estaba contento de verlos y compartir con ellos. O agradecer que comiéramos un pollo asado, con aquellas papas tan buenas que hacía la tía Prisci. O darle gracias a mi abuelita por haberme comprado un regalo pese a su preciada pensión. O estar contento porque todos nos sentábamos a las 12 de la noche a repartir los regalos y a decirnos feliz navidad. Je. No sé por qué esta navidad ya la siento tan diferente... es como si estuviera llena de libertad. Sí, debe ser eso... Es la libertad que Dios me ha hecho respirar durante todo este año.

"Señor, te anhelo... Mi mundo alrededor puede caerse, pero tú permaneces fiel. Todo alrededor puede fallar, pero tú nunca fallas. Tú vuelves los tonos grises en colores de vida y resplandeces sobre nosotros. Tú eres el centro de la navidad... Porque necesitábamos un salvador, necesitábamos a alguien que nos abriera el camino a Dios; alguien que diera esperanza a nuestro corazón y que sanara nuestras vidas. Aunque muchas veces nos vemos débiles a nosotros mismos, tú nos miras como fuertes. Si creemos que somos pobres, tú nos miras como ricos y llenos de potencial. Somos tus hijos y tú nuestro padre. Moldéanos como el alfarero a su vaso de barro y haznos más como tú... Te adoro Señor... te agradezco porque has cambiado el sufrimiento por alegría, el temor por seguridad en ti y el miedo al fracaso por fe en ti..."

7 de diciembre de 2011

Esa capacidad de asombro


Me gusta observar a los niños. Lo hice por mucho tiempo con mis hermanas pequeñas cuando salíamos a dar vueltas cerca de la casa. Me quedaba observando su sencillez y su inocencia. Muchas veces nos sentábamos en el pasto a conversar y a contar historias. Una vez les hice ponerle nombre a las estrellas je... Aún recuerdan eso y me da gusto cuando relatan la experiencia... No es malo ser como un niño, especialmente cuando se trata de ser rápidos en dejar el pasado atrás y en perdonar sin rencor. Tampoco es malo cuando adoptamos su sencillez para ver la vida y para tratar a los demás, sin rollos internos y sin tantos cuestionamientos.


Ellos descubren la vida y se asombran de ella a medida que van abriendo los ojos a cosas nuevas. Tal vez por eso Jesús dijo que debíamos ser como ellos para entrar en el reino de los cielos. A veces no se trata de grandes campañas de evangelización o de grandes eventos; se trata de sencillez, de humildad y de algo que tienen los niños y que se puede extrapolar a los espiritual: crecimiento. Los niños crecen por un componente genético, hormonal y también porque hacen ejercicio y descansan. El niño vive el día a día. A veces no puede dormir en la noche porque el papá le prometió que al otro día saldrían a la playa. Ansioso, espera que despunte el alba y que llegue la hora de cargar el equipaje y partir.


A veces nos falta algo de eso para agradecer por todo lo que Dios nos ha dado: "capacidad de asombro y de expectación". Cuando tengamos una pizca de eso, estaremos muy cerca del reino de los cielos.

1 de diciembre de 2011

El motivo del agradecimiento


Un jefe complicado. Un compañero de universidad insoportable. Un pasajero que en la micro me empujó sin pedir disculpas. Un papá mal genio. Una muerte no esperada. Etc. Son tantos los motivos por los cuales podríamos quejarnos... Nos quejamos por la relación que tenemos con otros, porque hace calor o porque hace frío. A veces nunca nos saciamos. Decimos: "Si cumplo esto en mi vida, voy a ser feliz", y cuando llega eso, inmediatamente aspiramos a más y nos sentimos vacíos de nuevo.

Cuando agradecemos, ponemos la mirada en lo bueno y no en lo malo. Centramos el discurso en lo que se ha cumplido y no en lo que falta por cumplir. Reubicamos nuestra atención en lo importante por sobre los detalles innecesarios. Como diría Jesús: "... La vida es más que la comida, y el cuerpo más que el vestido". Al agradecer, decimos: "No importa lo que esté pasando; te agradezco porque te tengo a Ti". A veces no nos conformamos hasta que se soluciona todo, sin embargo, Dios está interesado en cambiar y forjar nuestro carácter antes que cambiar pronto las circunstancias. Desde ahora, cuando oremos, no reclamemos que Dios cambie las cosas a nuestro antojo y a nuestro tiempo. Eso es precisamente centrar nuestra vida en nosotros mismos. Más bien, pidamos estar con Él y que nos baste su gracia y una relación fuerte con Él para superar las circunstancias dolorosas.

"La vida se torna de nuevos colores, cuando decidimos ver la actividad de Dios por sobre las del diablo. Cuando centramos la vida en lo que Dios quiere, comienza a brotar la adoración verdadera, es decir, aquella que no se basa sólo en lo que sucede alrededor, ni tampoco se fundamenta en deseos personales. La adoración sincera no anhela más que al Señor y Su compañía. Es allí donde se revela y nos muestra Su paz... Esa paz no es pasiva, sino que es capaz de aplastar en breve al enemigo"