19 de marzo de 2012

Aquitar las aguas

Cuando nos sentimos ofendidos o pasamos por problemas con personas, donde todo sale de nuestro control, tendemos a perder la paciencia y muchas veces a reaccionar con prepotencia, o sentir desesperación dentro de nuestro corazón. Todas estas reacciones son parte de lo que aflora en primera instancia, ya que intentamos buscar soluciones rápidas o crear estrategias para mitigar el dolor o para que todo salga bien.

Especialmente cuando nos sentimos tentados a desesperarnos, es bueno recordar que Dios es un Dios de paz, y no de descontrol. Él mismo nos reiteradas veces en la Biblia, a descansar en Él, a estar quietos, a mantener un espíritu quieto. Es la lucha diaria que todos debemos llevar cuando queremos tener un corazón apacible y de mansedumbre, es decir, un corazón que mantiene en control las emociones y sabe cómo canalizarlas. Esto no quiere decir en ninguna manera que uno no deba hablar las cosas que piensa o siente. Tener mansedumbre en ninguna manera significa no denunciar las injusticias o guardarse todo lo que uno piensa; por el contrario, se trata de decirlo pero sin perder los estribos. De esa manera nos evitamos muchos percances y malos ratos...

Les invito a reflexionar en este tema, y calmar un poco la ansiedad y la desesperación, y buscar el descanso que sólo proviene de Dios. Ya después de esta publicación, este blog dará un nuevo giro y explorará nuevos temas. Además les invito a acompañarme en esta oración:

"Señor, en esta hora quisiera aquietar mi corazón y descansar en ti. Tal vez quien esté leyendo esto, no lo está pasando bien o está ansioso o preocupado por una situación sin control... Te ruego que traigas un sentir de paz y de que tú sigues siendo el Dios que tiene todo bajo control y de cuya voluntad no se escapa nada. Nos hacemos débiles para ser fuertes en ti y para fortalecernos en tu mano de favor... Te amamos mucho, y te pedimos que formes en nosotros la mansedumbre y la templanza, de manera de tener el carácter del Espíritu Santo en nuestras vidas. Amén"

15 de marzo de 2012

El reino de los cielos


Siempre me ha llamado la atención el concepto que Jesús ocupa para describir a Dios y su gobierno. Siempre habla del "reino de los cielos" y lo compara a muchas cosas naturales, tales como un grano de mostaza, una moneda perdida, una perla de gran precio, a una red, etc. Como diría John Stott, el reino de Dios se refiere a que Él mismo establece su soberanía sobre nuestras vidas.

Los gobiernos monárquicos se caracterizan porque las decisiones del pueblo pasan por una sola persona: el rey. Este título se va heredando de generación en generación (vitalicio) y generalmente eran los encargados de llevar las riendas políticas y armamentistas de su reino. A su cargo tenía sirvientes de diversa índole y todos le debían respeto. En palabras más sencillas, su poder era absoluto. Claramente hoy los reyes no asumen ese tipo de funciones; más bien, se encargan de las relaciones exteriores y desempeñan cargos de Jefes de Estado. Sin embargo, el reino de los cielos se parece más al concepto antiguo de los reyes, quienes ejercían su autoridad soberana sobre su pueblo.

Que Dios sea el rey no significa que ejerza un poder amenazante sobre nuestras vidas o entre a nuestras vidas a la fuerza. Más bien, él nos invita a formar parte de este reino. Este reino se refiere más bien a un estilo de vida diferente al de la gente común y corriente... Y tal vez su mayor ley es amar con todo nuestro corazón a Dios, es decir, con toda nuestra mente, todas nuestras fuerzas, todas nuestras intenciones y todo nuestro corazón; y amar al prójimo como a uno mismo... Esta ley implica rendir nuestro orgullo, nuestra manera de hacer las cosas y nuestra soberbia. Es asumir que Él nos ha llamado a ser santos en toda nuestra manera de vivir y que nos entrega la misión de llevar los valores del reino (amor, gozo, paz) a un mundo en convulsión y a sociedades corruptas y faltas de valores. Es asumir que nos ha llamado a hacer justicia y denunciar la injusticia; a buscar el bien social y político y a predicar a Jesús a toda persona. En este reino el rey no quiere de nosotros una parte de nuestras vidas o de nuestro tiempo, sino que lo espera todo.

Jesús en una oportunidad dijo que el reino de los cielos era como un tesoro escondido en un campo, el cual un hombre encontró y luego fue y vendió todo lo que tenía y compró aquel campo. Así es el encuentro personal con ese rey: se nos revela a nuestras vidas y nos mueve a buscar todo para estar solamente con él, en adoración y búsqueda constante de su presencia. Aún los bienes y logros que alcanzamos no se comparan a una relación con Él, llena de sorpresas, restauración, sanidad interior, desafíos a nuestro orgullo y nuestra manera autosoberana de vivir, y de salvación.

8 de marzo de 2012

Ayúdame a escucharte

"Señor... muchas veces nos presentamos delante de ti como si fueras una actividad en la agenda y no como alguien central en nuestras vidas. Hay veces en que el frenesí de la vida y el estrés de cumplir metas laborales o estudiantiles, nos lleva a perder el foco. Pese a eso tú no nos condenas; al contrario, estás a la puerta llamándonos una y otra vez. Contemplarte significa acallar todas las voces externas y las distracciones para observarte. Ese es tal vez el desafío más grande en la relación contigo: el hacer pausas, el guardar silencio delante de ti y el aprender a escuchar tu voz en medio de todo. Al final de cuentas, al observarte y contemplar tu hermosura, tú nos revelas que no hay nada más importante en la vida que tú... no son las riquezas... no es la fama... no es alcanzar un logro... Todo eso es nada si tú no estás como eje central.

Padre gracias por atraerme otra vez a ti. Cada cierto tiempo me doy cuenta que sigo el ritmo de la vida de manera automática... Muchas veces me doy cuenta que en medio de tanto estrés olvido a la gente que tiene necesidad... Hay gente que muchas veces he visto mal y no me he acercado y la indiferencia se hace más palpable que nunca... Perdóname por eso... Ayúdame a escuchar tu voz en medio de todo, de manera que al escucharla pueda ver dónde tú estás obrando... seguramente quieres sanar a un enfermo, consolar a alguien con tristeza o hablarle a alguien de ti y que te conozca. Tal vez es sólo dar pan al que lo necesita o abrazar a un desconocido. Para todo eso, entiendo que mi mayor necesidad eres tú..."