23 de abril de 2012

La necesidad de un padre

Muchas veces dentro de nosotros existe esa necesidad de afirmación. Es la necesidad que alguien te diga "bien hecho", "lo lograste", "te felicito", "gracias por tu ayuda" o de sentirse valorado de una u otra manera. Esa necesidad de afirmación viene desde la niñez, cuando nuestros padres nos inculcan esa visión del mundo y dictan de una u otra manera el carácter y la actitud frente a la vida que uno tendrá.
Para las mujeres surge esa necesidad de elogio, de ser tratadas como princesas, es decir, de una manera delicada, como debiera ser. Si esto no está, se generan profundos problemas de autoestima y destrucción de la autoimagen... Lo externo cobra mucho sentido para ellas, es decir, la apariencia del cuerpo y también lo que los demás opinen de ellas.
Para un hombre, en cambio, existe esa necesidad de encontrar en un papá la figura de la correcta autoridad. No es esa autoridad que se usa para castigar severamente ni para condenar o humillar; es esa autoridad usada para corregir con paciencia y con amor. La necesidad de afirmación surge de un padre que inculca en su hijo la fe de que él puede alcanzar lo que se proponga y lo que sueñe. Surge de alguien que uno lo apoye pero también que le pregunte "¿cómo has estado hijo?" con un interés genuino e incondicional.

Cuando carecemos de esa figura paterna, nos cuesta más ver al Padre que hay en Dios. Nos cuesta imaginar a un padre bondadoso, lleno de palabras de afirmación para nosotros y con muchos deseos de vernos triunfar en Él. Algo no cuadra en la figura de nuestro padre terrenal y nuestro padre celestial. Incluso siendo cristianos, a veces actuamos como si la figura de Dios no fuera la del Padre amoroso y misericordioso, sino más bien, como si fuera un ser castigador que nos llama a obedecer por obligación, pero sin conocerle.
Escribo de este tema porque toca a mi puerta cada vez que hay un problema familiar. Escribo desde el anhelo de expandir la figura de Dios como la de un Padre que nos busca incansablemente hasta encontrarse con nosotros y conquistar nuestro corazón. He escuchado a lo largo de estos 25 años a tantas personas hablar de Dios, refiriéndose a él de muchas y variadas maneras. Lo cierto es que ese Padre lo encontré en el secreto de mi pieza y fue en ese lugar donde Él mismo me mostró que quería restaurar mi vida, mi autoestima, mis relaciones personales; que quería sacarme de esa soledad y depresión en la que me estaba hundiendo; que quería cambiar mi carácter tan dubitativo y cuestionador y volverlo más dócil, más "flexible" en sus manos; y que quería que todas esas lágrimas de dolor desde ahora fueran de alegría y restauración.
Por eso siempre detrás de los escritos de este blog, la palabra restauración ha estado de manera permanente. Es la palabra que nutre estas líneas y las intenta impregnar del aroma de la gracia y la afirmación de Dios... Porque detrás de ese Dios que parece lejano y que sólo existe en el cielo, he podido experimentar a un Padre tan cercano que sus palabras y su presencia ha restaurado mi vida, mis relaciones, mis sueños, mis expectativas de la vida. Por eso cuando hay problemas que me recuerdan el pasado, lo confronto con esa revelación de un padre celestial lleno de autoridad, amor, palabras de afirmación y de verdad.


9 de abril de 2012

Te quiero Juanita...

Como si el cielo se hubiera cubierto de gris. Como de tonos apagados y músicas entrelazadas de dolor mezclado con lágrimas de recuerdos y pequeñas reminiscencias junto a ella. La recuerdo entre los trozos de niñez que emergen de mi mente, buscándola como aquella abuelita callada pero amorosa con nosotros. Con su voz trémula, su tez blanca y sus pliegues asomados de sus ojos; con su carácter sereno, de apacible trato y de suave hablar... con esa imagen que me seguía hablando de una mujer fuerte, preocupada de los suyos y sufrida a lo largo de los años.

La voy a extrañar... No le veía seguido, pero su presencia siempre estaba en el ambiente, reflejo de un cariño y de una unidad familiar que ella, con su paciencia, pudo generar. Y hoy la despedimos, entre tonos de tristeza mezclados de paz; alegría porque partió rápido, sin sufrir mucho. Extrañaré su caminar sereno y cómo mezclaba la harina tostada con agua y azúcar. Pero por sobre todo extrañaré las veces en que me tocó la cara y me preguntó cómo estaba.

"Señor... la muerte llega cuando menos la esperamos. Nos muestra la fragilidad de la vida y de cómo un día existimos y al otro no... Y te agradezco por mi abuelita Juana, por su amor, por su gran legado hacia nosotros, por su paciencia y por su entrega. Gracias por mostrarnos tu amor a través de personas como ella y por la paz que hay en nuestros corazones, de que ella está contigo descansando alegre. Creo que extrañaré saber de ella, escuchar en el teléfono su voz y abrazarla... Gracias por ella Señor..."