19 de febrero de 2013

La etapa que estoy viviendo



La historia detrás de todas estas letras del blog, me ha hecho ver lo grande que ha sido Dios en mi vida. Cada cierto tiempo, hago el ejercicio de leer algunas de las publicaciones hechas en años anteriores. A veces leo mis agendas y cuadernos donde he registrado mi vida y mis luchas a lo largo de los años. Me sorprendo de lo que Dios ha hecho a lo largo de estos años y de cómo ha cumplido cada promesa que me ha hecho.
Al leer las publicaciones, me doy cuenta que la vida cristiana no es plana... al contrario, es una vida llena de momentos altos y bajos que nos van haciendo crecer. No es una vida de éxito a la manera del mundo, es decir, Dios permite también que vivamos la estrechez económica para depender de él y también que hayan enfermedades. Tampoco es una vida que nos hunda en la miseria, como si fuera la voluntad de Dios que estemos descuidados o sin invertir en nosotros mismos.
Ha sido una vida que ha contado con un sin número de inseguridades. De hecho, llegué en un momento a pensar que nunca sería un buen esposo o padre, porque veía las dificultades de mi familia y me decía a mí mismo: ¡Cómo voy a ser capaz de llevar una familia o incluso de llegar a casarme! Lo cuestionaba todo. Muchas veces me iba a caminar a las calles y plazas cercanas a mi casa, y oraba al Señor, pidiéndole que pusiera valor y quitara mis inseguridades, para ser un hombre que creyera en Él. Vivía lleno de complejos con mi físico y también con mi forma de ser... Vivía lleno de miedos que me impedían valorar mi vida y aceptaba bajo pretexto de humildad, cualquier insulto o cualquier forma de opresión. Lo recuerdo y veo a un David como un saco de miedos y preguntas: ¿Cómo lo haré? Y si entro a la universidad, ¿cómo pagaré siendo que éramos 6 hermanos? Cuando mis padres se separaron, las dudas crecieron y la tristeza se acrecentó. Sin duda, los lamentos ocupaban gran parte de los escritos de este blog... Le preguntaba al Señor cuándo me llevaría a aquellos lugares de refrigerio que prometía en su palabra. Y entre inseguridad y la tristeza me quedaba sin sueños ni proyecciones.
Recuerdo que algunas veces escuché de personas muy cercanas que me iría mal o que fracasaría; otras me dijeron que Dios nos estaba conmigo y que me iría mal. Tal vez esas personas lo dijeron con rabia en sus corazones, pero en ese momento mi corazón lo absorbió y le dolió profundamente. Muchas veces escuchamos palabras de personas cercanas, que crean realidades existentes. Te dicen: "No sirves para nada", "te ves horrible" y en la mente creemos esas palabras y las asimilamos. Así me dijeron muchas veces... Una caída de un vaso, una ruptura de un vidrio de la casa, un vaso mal lavado, un aseo regular, muchas veces generaron grandes retos y castigos en mi casa. Todo aquello me hacía pensar en que si yo sería así con mis hijos después...

En medio de todo eso, yo buscaba al Señor con un corazón que muchas veces lloraba de dolor y se lamentaba sin saber dónde ir. "¿Qué hago?", preguntaba al Señor en medio de la tensión. Su silencio fue la respuesta en muchas ocasiones... Hasta que un día, en lo más bajo que podía estar, Él me habló... y pude escuchar su voz tan fuerte que desde aquel día nunca más mi vida fue igual. Comencé a creer fuertemente en Su palabra y en Su verdad. Y Él me empezó a hablar sobre lo que quería para mi vida y los planes que tenía para mí. Me ayudó a perdonar. Me liberó de momentos que me marcaron en mi infancia y adolescencia... Y depositó sueños sobre mí. Entendí que todos sus pensamientos y opiniones acerca de mí eran buenos, para mi bien... y que quería bendecirme y amarme como nadie lo había hecho... y así fue: su amor no se compara a ningún amor humano, sino al simple hecho de necesitarle para estar con Él.

Ahora ya no recuerdo el pasado con lamento porque Dios me ha poner la mirada en lo que Él está haciendo para mi vida HOY. Hoy veo la bendición que Él ha puesto sobre mi vida y que sigue soplando su amor sobre mí... Por eso estoy viviendo una de las más hermosas etapas de mi vida, y no podía ser mejor. Tal vez alguien se preguntará cuándo llegará su propio tiempo de alegría. No hay respuestas estratégicas ni fórmulas. Más bien, mantente cerca de Dios... esa es la verdadera prosperidad o éxito en la vida. Estar en sus manos es mucho mejor que la vida misma y estar a sus pies el tesoro más preciado. Cerca de Dios uno puede escuchar más fuertemente que Él nos ama, que piensa bien de nosotros, que no nos culpa, que quiere perdonarnos, que le caemos bien, que quiere hablar, jugar, reír y soñar con nosotros, así como un padre con su hijo. Cerca de su amor, podemos ser realmente sanados y bendecir a quienes nos maldicen, perdonar a nuestros ofensores y permitir al Señor que saque las vigas de nuestros ojos, es decir, nuestros prejuicios, murmuraciones, estereotipos y paradigmas de la vida cristiana.