8 de abril de 2013

En mi intimidad

En mi intimidad... Allí. Donde se cruza el estrés de la jornada laboral, luchas personales, conflictos interpersonales; y la posibilidad de buscarte, descansar y reenfocarme. Es allí donde muchas veces llevo todo aquello que ocupa mis pensamientos y también el deseo profundo de encontrarte otra vez, como un niño a su papá, como el sol al mar de atardecer, como la fuerte ola a la arena de la orilla costera. 
Señor, tú solamente sabes cuánto te necesito. Sólo tú sabes cuánto te amo y lo mucho que deseo verte reflejado en cada área de mi vida. Anhelo de todo corazón no ser una persona que critica, juzga e incrimina a los que cometen errores; úsame... de tal manera de llevar tu amor a aquellos que tienen mucho, así como a los pobres. En el fondo tú sabes bien que somos todos pobres, y que necesitamos de tu salvación y amor.
Señor, me rindo a ti y hago una pausa. Una pausa en el frenesí de la vida... En medio del frenesí en el que uno no piensa más que en uno mismo y en lograr la tan anhelada felicidad. Hago una pausa para que ese frenesí se rinda a ti, y pueda ver en medio de todo que tú sigues siendo Dios, sostenedor, salvador y señor. Hago una pausa para luchar contra la rapidez de la carrera que todo el mundo pareciera llevar todos los días... es esa carrera en que muchos creen que dándose de codazos lograrán cosas. Es esa carrera en que la competencia nos ha quitado la sensibilidad y el sentido de agradecimiento... 

Señor, estoy seco. Nutre este corazón que te necesita. Trae agua a este desierto que ha llegado a ese estado como fruto del trabajo y las exigencias de la vida... Sí, porque hoy vengo a rendirme a ti otra vez. Recíbeme, te lo pido. Cámbiame, te lo ruego.. Límpiame, lo necesito.. Háblame.. lo anhelo.