13 de noviembre de 2013

Aquella tensión de no entender

¿Cuándo se ha visto que la vida es pareja tal y como la quisiéramos? Sin conflictos y sin rumores de ellos alrededor, sin enfermedades, sin discusiones, sin gente en desacuerdo, etc. Nunca en realidad. Esos momentos que encajan en nuestro concepto de felicidad son muy pocos. Quizás en términos de tiempo a veces no alcanzan a ser muchos días. Sin embargo, he entendido en mi vida que Dios habita en medio de esa tensión.
Esta semana comencé a ordenar mis documentos y ropa, las cuales debo llevarme al departamento. Me caso en dos semanas y el tiempo avanza acelerado. En medio de ese orden, me encontré con una carta que mi papá me escribió a las pocas semanas de irse de la casa luego de separarse de mi mamá. Me emocioné al leerla otra vez... Fue escrita para el cumpleaños del 2007. Al recordar ese tiempo, sólo puedo adorar a Dios por su fidelidad y amor. A veces no sé cómo expresarlo, pero recuerdo bien cuando oré en ese tiempo renunciando a mi felicidad y todo aquello que fuera para mi placer, con tal que Dios sanara a nuestra familia y la restaurara.

En mi mente hubiera querido que mis papás se reconciliaran. Eso nunca pasó. Al contrario, la distancia y el dolor se agudizaron. ¿Cómo entender eso? La verdad nada comprendía, pero en mi corazón oraba y proclamaba Su fidelidad sobre mi vida y sobre mi familia. Eran horas y horas de adorar y cantar. Sentía casi al lado mío al Espíritu Santo que levantaba mis brazos en medio del dolor, la violencia y el enojo. Gracias a esa tensión pude volver a conocer a Dios y me fue revelada otra parte de su carácter.

No hay que desechar las tribulaciones. Cuando las dejamos a los pies del Señor, Él es capaz de hacer de nosotros un tesoro invaluable. Si nos quejamos y tratamos de solucionar todo en nuestras fuerzas, seguro caeremos una y otra vez. Sin embargo, al pasar la tribulación con fe, Dios se encarga de todo lo demás.

Han pasado muchos años de eso y al mirar para atrás, veo que Dios me tenía preparado algo tan bueno que sigo quedando abrumado. Nunca pensé que me regalaría tantas cosas. Este sin duda ha sido un tiempo de nuevos comienzos y de restauración.