29 de septiembre de 2014

El sonido del silencio

Callar. Acallar. Acallarme. Calmar. Calmarme. Quietud. Aquietarme. Dejar de luchar. Dejar de intentar, dando tumbos contra el viento. Tal vez hacer una pausa. Pausarme. Poner "stop" a este frenesí de actividades. Frenar el paso del tiempo y dejar de temblar. Dejar de temblar frente al futuro. Dejar de temblar de temor frente al Señor. Calmarme. Alzar la vista. Verlo a Él. Tal vez agachar el rostro otra vez. Sentir su mano deslizándose sobre mi mentón. Sorprenderme. Verlo otra vez. Rendir. Rendirme entero. Levantar bandera blanca frente a todo esfuerzo. Rendir el desgaste. Sólo verlo a Él. Llorar. Solo con él. Nadie más alrededor. Postrarme delante de Él y besar sus pies. Aquietar mis ansiedades y mis miedos. Dejarlos allí, bajo sus pies. Bajo los pies del maestro. Calmarme. Dejar de luchar. Dejar de depender de mí. Sollozar. Besar tus pies. Escuchar lo que me dices. Escuchar el misterio de tu amor. Sin distracciones. Sin voces alrededor. Sin el rencor que percibo a veces. Sin tratar. Señor, sin tratar, dado tumbos al viento. Calmarme. Rendir. Negarme. Negar mi egoísmo. Decirte que te necesito. Sólo eso. Escuchar el sonido del silencio. Nada más. Dejar de usar oraciones prefabricadas. Ponerme de pie... Ver tu sonrisa dibujada en el rostro. Resplandeces alrededor de mí. En medio de las aflicciones. No sé por qué siempre es así. O casi. Calmarme. Verte a los ojos. Hallar el único sentido de mi vida: tú. Llorar. Rendirme de nuevo. Lo he intentado todo. Dando tumbos. Dando buenas intenciones. Volcando esfuerzos. Volcando mi entera voluntad en pro de un sueño. Rendirlo. A tus pies. Aquietar mi ansiedad sobre el futuro. Tú estás en control. Soy tu hijo. Tú eres mi Padre. Paz. Paz interior. No como el mundo la da. Con dinero. Con trabajo estable. Con apariencias mantenidas en el tiempo. Solo Cristo. Solo Cristo. Solo Cristo. Siempre suficiente. Todosuficiente. Forjador de sueños desde una vasija de barro. Arquitecto de mi mundo. Artesano de mi cuerpo. Solo Cristo. Tú el centro. Tú mi amado. Tú mi fuerza. Tú mi pasado, presente y futuro. Reconocerte. Volver a verte. Descubrir quién soy en ti. Solo Cristo. Tú me formaste. Ni siquiera era consciente y tú ya me conocías. Mientras tanto forjabas mi camino. Escribías mi libro. Cada página estaba ya escrita cuando se dio la noticia de mi nacimiento. Descanso. Tú eres mi dueño. Tú el autor de cada etapa en mi vida. Gracias. Solo a ti Cristo. No mi esfuerzo. No mi autosuficiencia. No mi propia justicia. No mi bondad. No mi paciencia. No mis virtudes. Solo tú, oh Jesús. Tú en esa cruz. Sólo eso bastó. Tú fuiste suficiente. Por eso puedo escribirte. Por eso puedo amarte. Por eso puedo cada mañana ver tu bondad. Por eso puedo esforzarme. Por eso puedo tener paciencia. Solo tú. En el sonido del silencio. Cuando se apaga la noche. Cuando las estrellas encienden su fulgor. Cuando se esconden los pueblos en sus casas. Cuando nadie interrumpe. Cuando nadie toca la puerta. Cuando solo estamos tú y yo. Alzar los ojos de nuevo. Ver tu cara de paz. Sonreír... pero a la vez no parar de llorar. Tú eres mi dueño. Tú el autor de mi libro.

2 de septiembre de 2014

El primero en mi vida

Hay un montón de cosas que con el tiempo pareciera que dejamos de hacer. Una de ellas, y que a medida que nos metemos en la rutina de la vida, es la intimidad con Dios. Muchas veces vivimos de las glorias pasadas, como cuando éramos disciplinados en la oración y lectura bíblica, pero no vemos que Dios quiere seguir hablándonos... quiere hablarnos acerca de los planes que tiene para nuestro "hoy".
Es importante responder a ese llamado otra vez. Cuando dejamos de verlo o cuando dejamos de buscarlo de todo corazón, nuestro corazón se comienza a enfriar y dejamos de sintonizar su palabra... dejamos de verlo como primero en nuestra vida y otras cosas (afanes, preocupaciones, responsabilidades) comienzan a tomar la prioridad por sobre Él.

Eso es lo que descubrí que me estaba pasando. Sin darme cuenta, estaba poniendo en primer lugar mi trabajo. Entonces todo lo que pasara en él, implicaba una absorción de mis energías y quitaba motivación y tiempo de buscar al Señor. Los problemas que se produjeron hacían tanto eco en mí que todo el día pasaba pensando en ellos. Mientras Dios quedaba más fuera de "mis planes", de "mis problemas", etc. Anhelo retomar mi relación profunda con el Señor, de manera de ser sensible a Su voz otra vez. Yo no sé si a otros les ha pasado lo mismo, pero agradezco a Dios que me haya hecho ver lo que antes no veía.. ver que el afán y la ansiedad no pueden estar por sobre la intimidad con él.

Así como puede ser el trabajo, hay otras cosas que pueden originarse de buenas intenciones, pero pueden estar quitando el primer lugar al Señor. Puede ser nuestra familia, nuestro cargo, nuestras responsabilidades diarias, alguna enfermedad difícil de manejar, etc. Cualquier cosa en la que ponemos todas nuestras fuerzas y esperanzas de felicidad que no sean Dios. Él nos dice que le amemos con todo nuestro corazón, nuestras fuerzas y nuestra mente, es decir, con todo nuestro ser. Esto no significa que dejará de haber temores o preocupaciones en nuestras vidas... seguro las seguirá habiendo. Lo que puede cambiar es cómo llevamos todos esos temores y preocupaciones a la cruz de Cristo y morimos a ponernos en el centro cada vez que hay problemas. Y cuando digo ponernos en el centro, me refiero principalmente a dos alternativas: o creer que podemos solucionar nuestros problemas por nuestras propias fuerzas, o victimizarnos, diciendo "¿por qué siempre a mí?" u "otra vez esto me pasa a mí".

Les invito a orar conmigo lo siguiente:

"Señor, sé el primero en mi vida. Declaro que nada se compara a ti: ni las mayores riquezas, ni el mejor trabajo, ni la mejor familia ni ningún amor a otra cosa o persona que no seas tú. Perdóname por darle tanta cabida a las preocupaciones y problemas, y así perder mi foco de ti.. Entiendo que en la medida que ponga todo mi amor, mis fuerzas y pensamientos en ti, tú serás quien ordene las cosas de la mejor manera, como lo ha sido siempre que he confiado en ti. Gracias por morir por mí y por morir por todo aquello que nos iba a afligir o nos iba a entrar en una ansiosa espera.
Revélate otra vez, te lo pido, no mirando lo bueno que pasó atrás, sino anhelando una palabra fresca de ti y una nueva unción de tu Espíritu. Amén"