30 de junio de 2007

Dios de mi restauración


"Dios de mi soledad,
Dios de mi dolor,
Dios de mis secretos y mi voz.
¿Dónde te fuiste?
Dime por favor dónde estás para seguirte...
Dime si estás del otro lado del río
para poder cruzarlo y tomar tu mano.
Ay Dios! Dios de mi socorro
Dios de mis alegrías y mi penas
Dime dónde estás que estoy desesperado,
que mi alma desfallece
y mi espíritu se muere dentro de mí..."

Ya no sé por dónde comenzar. Se atascan las palabras y no sé hacia dónde dirigir mis dedos para que traduzcan todo lo que siento en mi interior. Seré breve esta vez... Seré sencillo e intentaré plasmar en pocas palabras mi sentir.
Alguien oró por mí hace algún tiempo, y ocupó palabras muy similares a las que escribí arriba. Me sorprendí mucho al ver que era lo que yo estaba sintiendo en medio de mucho dolor. Ese día volví a ser llorar como un niño en el pecho de esa persona. Dios me libró... estoy seguro que sacó de mí la mentalidad de culpa y castigo que muchas veces sentía y no sabía por qué... Sentí otra vez los brazos del Padre, sentí otra vez que era su hijo especial.
He visto la provisión de Dios abundante para mí en este año y sobre todo en este último tiempo... He visto que valió la pena todo lo vivido. Eso me hace volver a saltar y poder sentir la libertad como nunca. Fue sorprendente que alguien se acercara a mí y me dijera de parte de Dios: "En medio de los momentos de mayor debilidad en tu vida, se inicia un tiempo nuevo... tiempo de soñar y volar como las águilas para no temer... Tú y tu amada no tendrán más temor".

No entiendo lo que sucede a mi alrededor. Hay veces que pienso que algo está mal al ver tantas buenas cosas, o será que nunca estuve acostumbrado a recibir tantos regalos, a sentirme especial para otros y a trabajar para otros... Uy! No sé qué pensar. Mejor seguiré avanzando, mientras Dios me sigue guiando al "puerto deseado".

22 de junio de 2007

La espera que desespera


Su cuerpo arrugado y vejado por el tiempo daban cuenta de sus edad. Sus ojos trémulos y sus lánguidos movimientos lo caracterizaban. Ya era de edad avanzada... Pero estaba pensativo, tal como en su juventud. Cada día, al voltearse en la cama, y ver a su esposa acostada durmiendo, le venían a la mente muchas preguntas acerca de lo sucedido hacía ya mucho tiempo.

Esa mañana se levantó dándose cuenta que la promesa se había tardado bastante; ya habían pasado más de diez años esperándola.

La urgencia fue tal que preguntaba cada día a su esposa: ¿Has sentido algo extraño en el estómago? ¿Algún dolor de cabeza, náuseas, vómitos? Pero ella lo negaba... En esos momentos Abraham la miraba y al ver su rostro alicaído por los años anhelaba ver su sueño cumplido.

Esa mañana recordó el preciso momento en que Dios le prometió un hijo. "Pero, ¿cómo tendré yo un hijo, Señor?... Eso es imposible!!". Los cielos callaron ante esa pregunta, mientras se oía un viento recio golpeando sus mejillas. Recordaba también que Sara se había reído de aquella hermosa fantasía de tener un hijo en su vejez.

Ya habían pasado bastantes años... Imagino a Sara y Abraham sentados a la mesa cada día y preguntándose cuándo llegaría el esperado bebé.

¿Qué sucede cuándo la solución a las cosas pasa por seguir esperando sin ver nada bueno a nuestro alrededor?¿Qué sucede cuándo los planes de Dios se ven detenidos y atrofiados por las circunstancias? O peor... ¿qué pasa cuando creemos que lo peor en nuestras vidas ya pasó y viene algo más malo? Pareciera que en esos momentos los cielos también están callados y cerrados para nosotros. Pareciera que el Padre que un día se nos dio a conocer, de pronto se hubiera ido de viaje sin avisar o que las oraciones simplemente no son escuchadas.


Cuesta esperar... Cuesta no ponerse ansioso... Cuesta seguir avanzando... Son tiempos de desierto en que no vemos más que arena a nuetro alrededor y vemos el sufrimiento. Pero estoy convencido que más allá de los problemas, dolor y sufrimientos, Dios tiene todo un sueño con nuestras vidas. Tiene todo un plan conmigo... Y dentro de ese plan está incluido el dolor.

Pero David, ¿cómo se puede concebir un Dios que es en su totalidad bueno y que permita que nos pasen cosas malas? Y yo respondo con otra pregunta: ¿Cómo sabrás de manera personal que Dios es poderoso, si no lo ves actuar en medio de las circunstancias imposibles de solucionar? ¿O cómo dirás que Dios es tu alegría si no has pasado un tiempo de tristeza y Él haya puesto sobre ti Su mano?


Hay veces en que ya no sé qué plan aplicar para solucionar las cosas, cuando éstas escapan de mis manos... Y es en ese momento en que me doy cuenta que esperar en Él es lo esencial. Como dijera Joyce Meyer: "Esperar es pasar tiempo con Dios". No significa quedarse de brazos cruzados esperando a que pase algo sorprendente. Significa escuchar Su voz que no nos da la solución, pero sí nos díce: "No temas", "Yo estoy contigo". Ya varias veces dentro de este año he colapsado preguntando a Dios si todo el dolor terminaría... Pero ahí no debe estar mi miarada, sino más bien convencerme que su mano fiel me cubrirá del daño ajeno y me hará soñar mil veces más que ahora.


Cuando estoy desesperado, lo único que atino es a subir a mi pieza o salir a caminar y comenzar a decir a Dios: "Tú eres fiel; nunca me dejarás". En esos momentos estoy solo con él y soy quien verdaderamente soy, sin caretas ni argumentos, con todo lo que tengo... Hasta que me he convencido que nunca me dejará. ¿He dejado de pasar circunstancias difíciles? Para nada. ¿He dejado de llorar? No. Pero sé que Su mano hará un milagro, así que prefiero esperar lo que viene sin mirar atrás. Sé que el Padre me sanará y me consolará. Sé que nunca acortará Su amor para conmigo. Él me lo ha dicho ya... Me lo ha dicho cuando le canto, cuando hablamos en la mañana o en la noche. Me siento amado por Él, aunque las circunstacias sean duras... Siento que siempre hay un lugar para mí en Él, aunque quiera escapar de los problemas y de las personas...

Vale la pena esperar... Vale la pena aguantarse un poquito, para vivir una alegría más grande después. Y sobre todas las cosas, que nazca Isaac en nuestras vidas. Reiremos junto a los nuestros... Sé que sucederá.



Isaac: Risa

15 de junio de 2007

Es tiempo...

"Mamá, ¿qué es eso?", le pregunté curioso. "Es un disco PARE, hijo", me respondió. Yo seguí preguntando como si no hubiera entendido nada. "¿Y por qué tiene esa forma?"... Mi mamá no contestaba. Entonces le tironeé la chaleca y le volví a preguntar: "¿Por qué el disco PARE tiene esa forma?". "No sé, pregúntale a los que lo inventaron", me respondía esbozando una sonrisa ante mi insistencia de saber aquella información. Sin embargo, mi insistencia terminó por hastiarla de tanto preguntar por el color, la forma, la posición y las letras del disco PARE. "David!!! Ya córtala... los que lo inventaron quisieron que fuera así". Eso me bastaba para quedarme callado y seguir mirando las casas al pasar mientras la micro avanzaba rápido...


Quiero ser sincero otra vez... Siempre fui curioso y preguntón. Pero eso me sirvió mucho para observar los ambientes, las personas y las situaciones. Muchas veces me han dicho: "David, tan callado que estás..." Generalmente sonreía y no decía nada. Y eso no era porque estuviera triste, sino porque estaba obsevando a la gente... Observaba a todos e intentaba sacar lo mejor de cada situación. Siempre haciendo preguntas a los demás y preguntándome a mi mismo todo... Yo creo que el que más me oía era yo mismo. Fueron muchas preguntas sin respuesta... Pero en mi interior quería ser diferente: diferente a los que me rodeaban, diferente a mis compañeros de curso. Eso significaba nadar contra la corriente y tener una determinación personal de santidad. Aún me veo nadando contra la corriente y necesitando ayuda muchas veces.

Quiero ser sincero otra vez... Necesito expresar parte de lo que me motiva a seguir. Creo que muchas veces estuve a punto de caer en la depresión y de encerrarme mucho más de lo que estaba. Pero creo que el Padre hizo algo poderoso en mí, algo que no puedo creer y que me hizo sentirme especial para él otra vez. Hay veces que me pregunto: ¿Por qué hemos vivido tanta adversidad? ¿Por qué tantas oposiciones para lograr cosas? Y muchas veces fue inevitable compararme con otras personas o familias que estaban en la misma condición que yo... Y eso me daba más tristeza, al ver las injusticias de la vida. Pero eso ha cambiado.... Aunque muchas veces he sufrido y llorado y pataleado, Dios me ha hecho más fuerte y he podido conocerle mucho más.

Después de tanto dudar, llorar, buscar ayuda, encerrarme y no querer salir, acostarme y sufrir, ha llegado el tiempo de hablar y dejar atrás los momentos difíciles para dar paso a los nuevos sueños que Dios tiene para mí. Pero me he dado cuenta que si no decido avanzar, nunca veré las promesas que Él tiene para mi vida...

Quiero ser sincero... Aún recuerdo cuando me bauticé y un amigo me dijo de parte de Dios: "Restaurarás a muchas personas". Cuando recuerdo eso, siempre veo luz. Y siempre veo que aunque el viaje ha sido largo y tempestuoso, hay personas que me necesitan. Y no porque yo tenga una gran capacidad o que mi vida sea la que les impacte, sino porque tengo algo que ellos no tienen... algo que puede hacer la diferencia, y eso es Jesús... Hay veces que voy caminando por la calle y veo a hombres y mujeres vagabundos y a mendigos sin dientes y desaseados. He visto que muchas personas dicen: "Ellos se lo buscaron, ellos no han querido trabajar... ellos buscaron su fracaso y lo han encontrado. Ahora que no vengan a mendigar estos ordinarios". Eso me duele profundamente. Porque cuando paso frente a ellos, siento el llamado de parte de Dios para los más necesitados... Hay veces que he dicho: "Pero Señor! Yo no soy capaz... cómo podré??" Pero sólo siento en mí como un fuego que me apasiona, un fuego que consume mis debilidades, mis fracasos, mis noches llorando en la cama y consume todo mi pasado por causa de aquellos que le necesitan a Él. Y Dios diciéndome: "No temas..."

Quiero ser sincero... Ya no es mi tiempo de callar... es tiempo de enfrentar los temores, ser sanado y emprender un camino bajo el molde que Dios quiera hacer en mí.

"Heme aquí... envíame donde quieras y con quien quieras"

12 de junio de 2007

No entiendo

Hay veces en que no entiendo lo que estoy viviendo... Es como si pasase el tiempo y no veo resultados en mi vida personal, en mi familia y en la universidad... Es complicado estar en medio de procesos que aún no terminan y que hay que esperarlos.

¿Cuánto cuesta depender de Dios? Ahora veo que me cuesta mucho y que cada día debo ponerme a tono con eso, más aún cuando hay circunstancias me hacen patalear y pedir auxilio... Necesito un descanso en mi mente... necesito descansar físicamente también.

3 de junio de 2007

El final de esta semana

La semana había comenzado con pruebas y trabajos prácticos en la U. Ver a mis compañeros un poco colapsados no era la mejor imagen para sentir que se estaba disfrutando de la vida en la Universidad. Aquellas caras de sombis, entre las cuales me incluyo, ya pedían unánimemente vacaciones o, en su defecto, que llegara el preciado "san" viernes.
Entre medio de todo eso, yo ya sabía que el día viernes mi mamá y mis hermanos pequeños irían a un retiro de la iglesia, al cual yo, claramente no podía asistir por la tonelada de estudios y trabajos que debía hacer...
El jueves ya empecé a colapsar... y el viernes iba a quedar solo en mi casa. Alguno dirá: "Pero, qué bien!!! Podrás tener un momento solo con Dios, tocar guitarra, etc!!". No sé por qué cuando mi mamá me dice: "Iré al retiro de la iglesia", siento que otra vez habrán conflictos y que todo eso se unirá al colapso universitario.
Más allá de todo lo que pensara, pasó lo que tenía que suceder. Otra vez una persona por ahí volvió a atacar mi identidad: "eres esto", "tienes esto en tu corazón", "eres aquello", "si te juntas con estas personas, te sucederá esto", "la vida no es fácil", "tú y tal persona son esto", "te darán la espalda tus amigos", "estudia, no te dejes influenciar". En esos momentos, necesitaba que alguien más poderoso que yo le pusiera STOP a esa cinta que venía escuchando ya hace dos años...

El viernes no fue un buen día... Me acosté con la esperanza que el siguiente día fuera mejor que ese... El sábado fui donde mi hermano a almorzar, lo cual me dio un poco más de ánimo, pero igual andaba ensimismado y mil pensamientos daban vueltas en mi mente. Pensé en ir a la estación Sta Isabel a tomar el metro, pero decidí caminar hasta la siguiente estación: Parque Bustamante. Necesitaba pasar solo un momento. Dejar por un momento de analizar lo que soy o que tengo, lo que seré o lo que tendré... De pronto comencé a cantar muy despacito, para que nadie se diera cuenta. No me di cuenta cuando comencé a llorar mientras componía esa canción que salía espontáneamente de mi corazón. Seguí avanzando hasta que llegué a Baquedano... y seguí cantando.

No me di cuenta cuando llegué a la estación Universidad de Chile con la misma canción en mis labios... Ese día sólo anhelaba estar con Dios y que nunca más me soltara. Mientras tanto componía nuevos versos para Él, olvidándome de lo que soy o lo que seré... Pensé de todo: hasta si sería un buen padre y esposo a futuro, como para no herir a nadie con mis palabras. Me sentí sobrepasado y sólo quería llorar. Y sólo tenía una pregunta en mi mente: ¿Terminará todo esto algún día?

"Ya no tengo argumentos,
sólo un pequeño intento,
de adorar...
Quiero estar un momento,
bajo tus alas, sostenido de ti
¿Terminará esto alguna vez?
¿Terminará alguna vez el sufrimiento?
Porque, aunque termine o no,
yo siempre te amaré...

Aunque siga con esto toda la vida,
sé que tú nunca me dejarás,
mi alegría y mi consuelo eres tú.
¿Puedes concederme un deseo en este día?
Sólo uno y nada más:
permíteme estar contigo
para siempre, y que no me dejes nunca más.
Toma mi mano y acaricia mis dedos,
ven y cantemos juntos esta dulce canción,
que hoy he dedicado para ti,
sólo para ti.

Sólo permite que lo que estoy viviendo,
sirva para que muchos de aquí en adelante
puedan sonreír y ver tu salvación.
Mientras no me dejes, no importa lo que viva
o que otros digan lo que soy,
o le pongan nombre a mi identidad.
Soy tuyo y de nadie más..."

En ese momento llegué al metro Universidad de Chile y me fui.