30 de junio de 2006

El amor del Padre


¿Cuántos alguna vez han anhelado un padre o una madre que los sustente olos abrigue por un momento? Usted me dirá: "¡Qué infantil su pregunta!" Y yo le contestaré: Bastante infantil como para dejar una secuela de por vida si ese abrigo no se manifiesta a tiempo.
¿Quiénes han anhelado otras casas en donde se sirve el plato de comida con cariño, o existe un abrazo espontáneo cada mañana? Usted me dirá: "¡Confórmese con lo que tiene!" Y yo le diré: Bastante infantil su proposición.
Hacer esas preguntas vale mucho la pena, porque responderlas para muchos resulta imposible y para otros es probable que abra una herida de años, y que no ha cicatrizado.
Quiero hoy hablar del amor del Padre. No es un producto del comercio, no se compra en la farmacia, no se vende en las esquinas, no se compra en propagandas baratas. No. Un día Dios decidió amarnos. Fue una decisión de propia. He conversado con algunas personas que me han dicho que en filosofía sólo se puede percibir la existencia de una divinidad déspota, y sin amor. Esto se fundamenta en que el amor es imperfecto, fluctuante. Entonces, ¿cómo puede existir alguien perfecto con amor?
Más allá de los fundamentos filosóficos del amor, quisiera comentar parte de la experiencia personal que ha hecho cambiar rotundamente mi camino y han trazado un destino y un propósito para mi vida y sé que para muchos de los que lean este blog.

Con mucha emoción puedo decir que he sido tranformado por el amor de Dios. Nací en una familia cristiana, pero con una gran necesidad de un padre que me amara, que me aconsejara y que me apoyara en aquellos momentos más difíciles de mi vida y me dijera: "Hijo, todo va a estar bien" Pero quizás la necesidad iba más allá de un padre: radicaba en tener cerca a alguien que me escuchara, que me abrazara y sobre todo que me amara. Y crecí con grandes carencias, con grandes inquietudes en mi corazón, y sobre todo con el dolor del vacío, de vvir momentos de completa tensión y de seguir vacío, y sin nada que entregar. Cuando leía en la Biblia que Dios era un Padre, no me hizo mucho sentido hasta muy grande, cuando ciertamente él mismo vino a llenar todo el vacío y a decirme: Hijo, todo va a estar bien. ¡Que nadie diga que Dios no existe porque soy el vivo testimonio de un encuentro personal con El! Y lo digo con convicción, no con la teoría del papel. Entonces quise conocerlo más, y tomaba tiempos para orar a El, esperando - y todavía- el tiempo de su buena voluntad, en que nos hiciera justicia.

¿Saben qué es lo mejor? Que una vez que el Padre se nos revela, queremos más, y más y más. Me hace sentido cuando Jesús ora su última oración antes de ser entregado: "Y esta es la vida eterna, que te conozcan a ti, el único Dios verdadero". Eso tan simple, se llama vida eterna. Y cuando conoces al Padre, aprendes a adorarlo, y a saber qué le agrada, ya a depender de El. Muchas veces hay tratos, muchas otras, dolores, pero hay confianza en que las mismas manos de Dios están moldeándonos a la imagen de Cristo.

Y entonces la gracia del Padre viene a morar a nuestras vidas y es manifiesta cada vez que oramos a Él, aunque muchas veces seamos infieles, y traicionemos su bondad, y con nuestros hechos prediquemos lo contrario a nuestras palabras, siempre habrá quien quiera hablar contigo otra vez y perdonarte. Lo digo porque muchas veces he errado en el camino, y he sentido el peso del fracaso. ¿Y qué hago en esos momentos? Sólo decir: Padre, me rindo, ya no puedo más. No quiero hipocresías, tampoco los grandes títulos... No... Te quiero a ti... No tus dones... Nos tus manifestaciones... No bienes materiales... Anhelo escucharte hablar otra vez.

Que el Padre les bendiga

23 de junio de 2006

Bienaventurados


"Abriendo su boca les enseñaba, diciendo:Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación. Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados [...]"

Quisiera brevemente reflexionar respecto de esto. Puede ser un simple escrito, una simple fantasía de un porvenir auspicioso, pero, ¿qué pueden hacer estas palabras por mí. Porque predicarlas sin haberlas vivido es como enseñar mecánica sin saber conducir un auto, o ser constructor y no saber armar una maqueta. Sin embargo, todo esto pasa a ser más que letras para mí, porque hay grandes promesas para los que creen. Para los que creen de verdad, y viven su vida de acuerdo a eso. Serán bienaventurados los pobres de espíritu, los que lloran, los mansos, los que tienen hambre y sed de justicia. ¿Qué hace similares a acada uno de ellos? Su necesidad. Todos ellos necesitan, y esta es la base para atraer el corazón de Dios: rendirse completamente y decir: "Te necesito"... Nada más...
Si estás pasando un tiempo de colapso interior y piensas que todo va a fracasar y que quedarás en la tierra del olvido, toma un momento para decir tan sólo: "Te necesito Señor, porque tú tienes el descanso". Eso cambia las cosas, transforma las vidas y nos lleva a la victoria y así podrás decir conmigo:

"Aunque todo ande mal, y las cosas no muestren orden, aquí estoy, Señor. Mi corazón está cansado, rendido, hastiado de muchas cosas, de personas y del pasado. Si debo pasar todo esto, Señor, sólo muestrame tu corazón y con ello se verá recompensado todo este tiempo de aflicción. Que en los tiempos de mayor presión pueda ver tu rostro agradado de mi vida. Si puedo arrancarte una sonrisa, tal vez una mirada o por lo menos que me mires, y a lo más que extiendas tu abrazo, me siento recompensado, porque vería tu amor. Ese amor que me dice: "Ya no me llames más Dios, llámame Padre, porque eso soy para ti". Con tal de que me moldees con tus manos, estoy dispuesto a esperar más y a vivir de acuerdo a tu voluntad, aunque las estructuras colapsen. Por sobre todo, enséñame a adorar tu corazón y a volverme a ti cada mañana. Amén"

14 de junio de 2006

Me cansé...

Llegan momentos en la vida en donde debemos decidir entre las hipocresía pura o la autenticidad. La primera trae bastante beneficios. Sí, porque la gente que hace uso de esta conducta es bien mirada por el público en general, exaltada por muchas personas, aplaudida por el resto, y a la vez puede sentirse con la autoridad de atacar a los demás y juzgar cualquier caso e incluso ponerse como “mediadores” en los lugares en que no debieran estar, y hacer uso de sus manipulaciones.
La segunda seguro que para todos es la mejor alternativa. Obvio. Vivir auténticamente, sin esconder nada, es una conducta que para todos es lo mejor, lo deseable, lo que todos buscamos. Sin embargo, algunos han desvirtuado el camino y han preferido, cegados por sus propios intereses, el camino más ancho. Ese camino ancho intenta enseñorearse y dominar las vidas de los que caminan por el camino más angosto. Ese es el camino de los auténticos.
“Quien quiera vivir piadosamente, padecerá persecución”. Sabías palabras que nos deben llevar a la reflexión de nuestras propias vidas, y si en realidad todo lo que hacemos da honra a Dios o encubre nuestros más viles errores. Lo peor que pude haber vivido sucedió este año. No fue en el mundo, como para yo entenderlo de alguna forma. No fue en la calle, no fue en un centro deportivo. No. Fue en la que se hace llamar “Iglesia del Señor”. Pero me cansé. Y así estoy… Cansado de la hipocresía al más alto nivel. Cansado de la manipulación de mi vida, de la manipulación de la Biblia. Digamos las cosas como son y asumamos nuestros errores. Dejemos de creernos el cuento de que somos los perfectos y que todo lo podemos porque ostentamos los mejores títulos en las iglesias o asambleas. Dejemos de una vez por todas de dominar las mentes de las personas inculcándoles culpas y deberes que ni los mismos que las imponen son capaces de practicar. Dios es auténtico, y en un minuto puede desnudar nuestros corazones, y decirnos en nuestra cara: “¡Este pueblo de labios me honra, pero su corazón está lejos de mí!”. ¿Dónde quedó el temor de Dios? ¿Dónde quedó la santidad que un día todos confesamos que íbamos a buscar? Hemos perdido el tiempo en las palabras y hemos faltado en el carácter. Qué tal si Dios nos desecha como a Saúl. Pero lamentablemente hay personas que están dedicadas incesantemente a hacerles la vida imposible a los demás, sin tomar en cuenta que hay un Dios que protege a esos que son “los demás” y que juzga con juicio justo a los que abusan de su autoridad para buscar sus propios intereses. Me cansé… Me cansé que a la gente se le diga que es maldecida si no obedece la voluntad de un hombre. Me cansé de que la Iglesia se dé vueltas en las mismas teologías de antaño y pierda el tiempo mientras se sigue destruyendo el mundo y aquí nosotros, “felices” separándonos, murmurando descaradamente de los demás sin dar la cara, y sin asumir el peso de lo que dice. Es necesario que nuestros pensamientos mueran para dar lugar a la libertad que Dios tiene para Su pueblo. Es necesario que los faraones suelten al pueblo de Dios de una vez por todas y asuma sus errores y pase por el arrepentimiento para comenzar de nuevo, pero ahora bajo la voluntad de Dios. Creo que volver al principio nunca será la peor opción. Al contrario, volverse al Señor, y volver a los diseños originales trae esperanza, libertad y por sobretodo una visión amplia del Reino de Dios. Pero se sigue controlando a la gente, y se siguen armando cagüines, y nosotros aquí (ja ja ja) sentados, de brazos cruzados, y riéndonos de nosotros mismos, enojándonos con el hermano, mientras el diablo se ríe en nuestra cara. Si hay que dar la lucha y hay que ser una voz de denuncia en medio de esta generación, lo seré, pero no con un resentimiento, porque eso no debe prevalecer, sino más bien con un celo de Dios en mi corazón por la búsqueda de los auténticos y no los hipócritas. Demos la cara de una buena vez y a volvamos al Señor.

4 de junio de 2006

Me sedujiste

"Me sedujiste, oh Jehová, y fui seducido; más fuerte fuiste que yo, y me venciste; cada día he sido escarnecido, cada cual se burla de mí.
Porque cuantas veces hablo, doy voces, grito: Violencia y destrucción; porque la palabra de Jehová me ha sido para afrenta y escarnio cada día.
Y dije: No me acordaré más de él, ni hablaré más en su nombre; no obstante, había en mi corazón como un fuego ardiente metido en mis huesos; traté de sufrirlo , y no pude."

Jeremías 20:7-9

¿Qué imagen nos dejan estas palabras? Son fuertes realmente. Jeremías fue un profeta de gran renombre, pero ello no estuvo exento de una vida llena de diversas pruebas, dolor y decepción. No fue nadie fuera de lo común, pero al parecer las palabras que salían de él (por mandato de Dios), eran mal tomadas por todos sus contemporáneos. Resulta una paradoja pensar que los más altos dignatarios de la sinagoga le iban a odiar, sin embargo, así fue. Y es que la vida de este profeta estuvo llena de paradojas. Una de ellas fue que Dios no dejó que Jeremías contrayera matrimonio con ninguna mujer. Nada que decir...

Imaginemos el cuadro: todos se burlan de lo que dice Jeremías. Sus profecías son palabras escupidas por todos, incluso por los religiosos. No son más que palabras huecas lanzadas al viento. Huecas porque a los oídos de los hombres no tenáin sentido de ser, sin embargo, repletas de un gran contenido a los oídos de Dios. El mandato era: Habla. Nada más. ¿Quién esperaría que palabras dadas por Dios iban a ser tan nocivas para la vida del profeta? Nadie.
Sin embargo, hay sentido en todo esto, y es lo que quiero comunicar.

Jeremías era uno contra todo un pueblo. Sin embargo, él obedecía a Dios y agradaba su corazón. En consecuencia Dios permitió que pasara todo esto en su vida con tal de tratar su corazón. Muchos de nosotros pedimos a Dios que nos forme a la imagen de Cristo. Muchas veces no sabemos lo que pedimos. Un predicador, cierto día dijo: "La única explicación que doy a los acontecimientos dolorosos en la vida de Jeremías y otros personajes, es que Dios los estaba llevando a la misma imagen de Cristo.

Veamos en qué termina todo esto. Jeremías dijo:

"Mas Jehová está conmigo como poderoso gigante; por tanto, los que me persiguen tropezarán, y no prevalecerán; serán avergonzados en gran manera, porque no prosperarán [...]
Oh, Jehová de los ejércitos, que PRUEBAS a los justos, que VES los pensamientos y el corazón [...]
Cantad a Jehová, load a Jehová; porque ha librado el alma del pobre de mano de los malignos"

Jeremías 20:11-13

¡Qué increíble! Dios en medio de la persecusión, nos hace cantar una nueva canción. Porque Dios es activo, no es momia. El dolor trae consigo un nuevo canto y un nuevo conocimiento y revelación de Dios. Sí, a ese Dios conozco: uno que se agrada en ver a los suyos tratados para llegar a la imagen de Cristo. El resultado es la adoración.