30 de diciembre de 2014

Espero en Ti [...]


Las cosas han cambiado para bien en muchísimos aspectos en mi vida. Es cierto que han aumentado algunas preocupaciones ahora que estoy casado, pero sumando y restando, agradezco al Señor por llevarme a un lugar donde prometió llevarme hace mucho tiempo.
Les comparto esta canción porque habla acerca de algo que es tal vez lo que más me ha costado hacer: esperar. No me ha sido fácil. Me ha costado dejar de pensar en los problemas, dejar de pensar en cómo lograr que personas cambien alrededor, en que las cosas se pudieron hacer mejor, etc.

Tal vez una conclusión es la que he llegado: esperar es mantenernos enfocados en Él. Esto no quiere decir que los temores se alejarán. Tampoco lo harán las preocupaciones... Sino más bien es un proceso donde simplemente confiamos sin ver. Y este año me ha tocado "esperar" en muchas ocasiones en que las circunstancias parecían irse de las manos, particularmente en el trabajo. Muchas veces sentí deseos de renunciar, de insultar a personas, de dejar de saludar a otras, etc... cosas que nunca pensé que sentiría. Sin embargo, en el silencio pensaba: ¿qué puedo hacer cuando los conflictos ya han tratado de ser resueltos de buena manera? Nada queda.. sólo irse cuando no hay solución. En medio de esto me di cuenta de algo: que esperar en el Señor me desafiaba a renunciar a mí mismo, a dejar de centrar todo en "mi sufrimiento", en "mi trabajo", en "mi propia justicia", etc.

¿Difícil verdad? Esperar en Él nos desafía a dejar la autocompasión y vencer el temor a lo desconocido, vencer el temor al rechazo de los demás. Después de todo, la gente es muy buena para criticar sin involucrarse y, en los casos más extremos, gozan con el desprestigio ajeno.

Siempre me ha llamado la atención un versículo de la Biblia que dice: "Estad quietos y sabed que yo soy Dios" (salmo 46:10). Eso me cuesta... Primero que todo "estar quieto". No sé si uds. lo ven pero menciona un estado de quietud y no una emoción. Al estar quietos, podemos enterarnos de lo que Él está haciendo y darnos cuenta por fin de algo: "Yo no soy el centro".

Recuerdo 4 años nuevos atrás. Fue tal vez el año nuevo más diferente de todos. Estaba mi mamá y mis tres hermanos menores. Éramos solo nosotros y en medio un pollo con arroz. Ese año la había pasado mal y oré al Señor diciendo que para el siguiente año no quería seguir cargando con las frustraciones. Y lo rendí. Recuerdo que el siguiente año fue uno de los mejores años en todo sentido y el Señor no sólo respondió, sino me dio más de lo que yo pedí... Vale la pena esperar. Primero para vivir el proceso de estar quietos, para luego saber que el Señor tiene el control. Dios tiene el control sobre la frustración, sobre las miradas deshonestas, sobre los trabajos a medias, sobre las competencias desleales, sobre lo que nosotros pensamos que es justo. Delante de él todo eso cae... incluso nuestros argumentos a favor, nuestra apariencia de piedad, nuestro deseo veloz de juzgar a los demás y de sentirnos dueños de lo que deben decidir... pero sin involucrarnos con la persona.

Les animo a hacer algo que haré en este año nuevo. Rendirme y esperar. No para ver lo que nosotros queremos ver. No para que el Señor destruya a quienes nos han ofendido. No para inclinar su voluntad a la nuestra. Simplemente acallar el ruido de todas esas voces internas. Esperarlo a Él y su presencia. Para mí eso es todo...

"Señor, te espero. Espero mientras acallo todas las voces de temor y preocupación. Todas esas voces de anhelos de justicia o reivindicación. Todas esas voces de frustración que asoman cuando algo no se consiguió a pesar de todo el esfuerzo colocado. Te espero.. mientras lo rindo todo.."

22 de diciembre de 2014

Una pobre navidad

Lo veo allí, acostado en un pesebre. Sin previsión de salud. Sin siquiera recibir el ajuar. Sin un lugar digno donde nacer. Sin la ropa apropiada. Sin los médicos especialistas adecuados. Sin habérsele aplicado las vacunas ni nada. Lo veo allí, sólo observado por los ojos de sus padres. Lo veo en un lugar que hiede a excremento de vaca y al pelaje de oveja. Allí lo veo naciendo. Siendo todo, vino a nacer en la pobreza máxima, en medio de un ambiente hostil y sin la dignidad que merecería cualquier humano.

Qué gran enseñanza es el simple nacimiento de Jesús. Nacido en un pesebre. No leo que alguien se haya quejado. En medio de muchos rumores alrededor. Casi abandonado por José su padre. Casi nacido en el camino hacia Belén... Allí nació por nosotros.. nació por mí.
En medio de la nada, nació aquel que es todo. Es un fiel reflejo de lo que es el evangelio. El cual emerge desde las dificultades, alumbra en medio de la oscuridad y surge en medio de la hostilidad y la desesperanza.

En tiempos de dificultad, es bueno recordar esto: que podemos brindar a Jesús un lugar donde nacer, donde emerger en medio de la hostilidad y la pobreza.

Feliz navidad a todos!



29 de septiembre de 2014

El sonido del silencio

Callar. Acallar. Acallarme. Calmar. Calmarme. Quietud. Aquietarme. Dejar de luchar. Dejar de intentar, dando tumbos contra el viento. Tal vez hacer una pausa. Pausarme. Poner "stop" a este frenesí de actividades. Frenar el paso del tiempo y dejar de temblar. Dejar de temblar frente al futuro. Dejar de temblar de temor frente al Señor. Calmarme. Alzar la vista. Verlo a Él. Tal vez agachar el rostro otra vez. Sentir su mano deslizándose sobre mi mentón. Sorprenderme. Verlo otra vez. Rendir. Rendirme entero. Levantar bandera blanca frente a todo esfuerzo. Rendir el desgaste. Sólo verlo a Él. Llorar. Solo con él. Nadie más alrededor. Postrarme delante de Él y besar sus pies. Aquietar mis ansiedades y mis miedos. Dejarlos allí, bajo sus pies. Bajo los pies del maestro. Calmarme. Dejar de luchar. Dejar de depender de mí. Sollozar. Besar tus pies. Escuchar lo que me dices. Escuchar el misterio de tu amor. Sin distracciones. Sin voces alrededor. Sin el rencor que percibo a veces. Sin tratar. Señor, sin tratar, dado tumbos al viento. Calmarme. Rendir. Negarme. Negar mi egoísmo. Decirte que te necesito. Sólo eso. Escuchar el sonido del silencio. Nada más. Dejar de usar oraciones prefabricadas. Ponerme de pie... Ver tu sonrisa dibujada en el rostro. Resplandeces alrededor de mí. En medio de las aflicciones. No sé por qué siempre es así. O casi. Calmarme. Verte a los ojos. Hallar el único sentido de mi vida: tú. Llorar. Rendirme de nuevo. Lo he intentado todo. Dando tumbos. Dando buenas intenciones. Volcando esfuerzos. Volcando mi entera voluntad en pro de un sueño. Rendirlo. A tus pies. Aquietar mi ansiedad sobre el futuro. Tú estás en control. Soy tu hijo. Tú eres mi Padre. Paz. Paz interior. No como el mundo la da. Con dinero. Con trabajo estable. Con apariencias mantenidas en el tiempo. Solo Cristo. Solo Cristo. Solo Cristo. Siempre suficiente. Todosuficiente. Forjador de sueños desde una vasija de barro. Arquitecto de mi mundo. Artesano de mi cuerpo. Solo Cristo. Tú el centro. Tú mi amado. Tú mi fuerza. Tú mi pasado, presente y futuro. Reconocerte. Volver a verte. Descubrir quién soy en ti. Solo Cristo. Tú me formaste. Ni siquiera era consciente y tú ya me conocías. Mientras tanto forjabas mi camino. Escribías mi libro. Cada página estaba ya escrita cuando se dio la noticia de mi nacimiento. Descanso. Tú eres mi dueño. Tú el autor de cada etapa en mi vida. Gracias. Solo a ti Cristo. No mi esfuerzo. No mi autosuficiencia. No mi propia justicia. No mi bondad. No mi paciencia. No mis virtudes. Solo tú, oh Jesús. Tú en esa cruz. Sólo eso bastó. Tú fuiste suficiente. Por eso puedo escribirte. Por eso puedo amarte. Por eso puedo cada mañana ver tu bondad. Por eso puedo esforzarme. Por eso puedo tener paciencia. Solo tú. En el sonido del silencio. Cuando se apaga la noche. Cuando las estrellas encienden su fulgor. Cuando se esconden los pueblos en sus casas. Cuando nadie interrumpe. Cuando nadie toca la puerta. Cuando solo estamos tú y yo. Alzar los ojos de nuevo. Ver tu cara de paz. Sonreír... pero a la vez no parar de llorar. Tú eres mi dueño. Tú el autor de mi libro.

2 de septiembre de 2014

El primero en mi vida

Hay un montón de cosas que con el tiempo pareciera que dejamos de hacer. Una de ellas, y que a medida que nos metemos en la rutina de la vida, es la intimidad con Dios. Muchas veces vivimos de las glorias pasadas, como cuando éramos disciplinados en la oración y lectura bíblica, pero no vemos que Dios quiere seguir hablándonos... quiere hablarnos acerca de los planes que tiene para nuestro "hoy".
Es importante responder a ese llamado otra vez. Cuando dejamos de verlo o cuando dejamos de buscarlo de todo corazón, nuestro corazón se comienza a enfriar y dejamos de sintonizar su palabra... dejamos de verlo como primero en nuestra vida y otras cosas (afanes, preocupaciones, responsabilidades) comienzan a tomar la prioridad por sobre Él.

Eso es lo que descubrí que me estaba pasando. Sin darme cuenta, estaba poniendo en primer lugar mi trabajo. Entonces todo lo que pasara en él, implicaba una absorción de mis energías y quitaba motivación y tiempo de buscar al Señor. Los problemas que se produjeron hacían tanto eco en mí que todo el día pasaba pensando en ellos. Mientras Dios quedaba más fuera de "mis planes", de "mis problemas", etc. Anhelo retomar mi relación profunda con el Señor, de manera de ser sensible a Su voz otra vez. Yo no sé si a otros les ha pasado lo mismo, pero agradezco a Dios que me haya hecho ver lo que antes no veía.. ver que el afán y la ansiedad no pueden estar por sobre la intimidad con él.

Así como puede ser el trabajo, hay otras cosas que pueden originarse de buenas intenciones, pero pueden estar quitando el primer lugar al Señor. Puede ser nuestra familia, nuestro cargo, nuestras responsabilidades diarias, alguna enfermedad difícil de manejar, etc. Cualquier cosa en la que ponemos todas nuestras fuerzas y esperanzas de felicidad que no sean Dios. Él nos dice que le amemos con todo nuestro corazón, nuestras fuerzas y nuestra mente, es decir, con todo nuestro ser. Esto no significa que dejará de haber temores o preocupaciones en nuestras vidas... seguro las seguirá habiendo. Lo que puede cambiar es cómo llevamos todos esos temores y preocupaciones a la cruz de Cristo y morimos a ponernos en el centro cada vez que hay problemas. Y cuando digo ponernos en el centro, me refiero principalmente a dos alternativas: o creer que podemos solucionar nuestros problemas por nuestras propias fuerzas, o victimizarnos, diciendo "¿por qué siempre a mí?" u "otra vez esto me pasa a mí".

Les invito a orar conmigo lo siguiente:

"Señor, sé el primero en mi vida. Declaro que nada se compara a ti: ni las mayores riquezas, ni el mejor trabajo, ni la mejor familia ni ningún amor a otra cosa o persona que no seas tú. Perdóname por darle tanta cabida a las preocupaciones y problemas, y así perder mi foco de ti.. Entiendo que en la medida que ponga todo mi amor, mis fuerzas y pensamientos en ti, tú serás quien ordene las cosas de la mejor manera, como lo ha sido siempre que he confiado en ti. Gracias por morir por mí y por morir por todo aquello que nos iba a afligir o nos iba a entrar en una ansiosa espera.
Revélate otra vez, te lo pido, no mirando lo bueno que pasó atrás, sino anhelando una palabra fresca de ti y una nueva unción de tu Espíritu. Amén"

2 de julio de 2014

Entre la tensión y distensión

Echando una mirada a la historia personal y también la de otros, puedo ver que vivimos en un proceso continuo de tensión y distensión. Lo veo al leer cada historia de Jesús: en un mismo día sanaba a todos los enfermos y los fariseos hablaban de apedrearlo; en un mismo instante sanaba a una mujer encorvada y lo criticaban por sanar en día de reposo. Al apóstol Pablo, en uno de sus viajes, se le aparece un ángel que le dijo que el Señor estaba con él y que, a pesar de las penurias que ya había pasado, llegaría sano y salvo hacia donde se dirigía. Sin embargo, al poco tiempo el barco naufraga y, en efecto, se cumplió la promesa. Ante esto me pregunto: ¿cuál es el evangelio que muchas veces predicamos? ¿es ese evangelio que lo soluciona todo y en donde no se sufre? ¿es ese evangelio que no incluye crisis y conflictos?

Siempre se ha dicho que las crisis ayudan a desarrollar carácter y sabiduría en la vida. Creo que esto también se aplica en el evangelio. Cuando pasamos crisis de fe, e incluso cuestionamos lo que creemos, esto mismo nos ayuda y desafía a buscar más al Señor. Esto mismo nos ayuda a darnos cuenta que la vida luego de convertirnos no es plana, hermosa y llena de paz. De pronto nos encontramos con tensión y rechazo; conflictos y oraciones a veces no respondidas. Esto nos desafía a algo: a ya no ser personas sólo convertidas, sino además, discípulos que siguen las pisadas de Jesús, incluso en sus sufrimientos.

Esto mismo me lo cuestioné una vez.. le pregunté al Señor donde estaba en un momento difícil que estaba viviendo y si se acordaba de mí. Su respuesta fue tan clara que aún la recuerdo con la misma emoción que en ese momento: "Yo te amo más de lo que tú imaginas". Eso es suficiente para enfrentar las crisis... es suficiente para enfrentar los conflictos y dudas de la vida. Mi oración en este tiempo no es que se solucionen los problemas, sino más bien, en tener la actitud correcta, no centrada en mí sino en Él, como su discípulo.

26 de mayo de 2014

Oración

"Esta vez oraré de la mejor manera que sé: escribiendo. No oraré como usualmente lo hago, ni tampoco pensando en otros afanes como comúnmente lo hago mientras oro, es decir, pensando en lo que me pasó, en cómo lo haré y cómo planificar la solución de un problema.
Cuando uno está acostumbrado a tomar decisiones en pro de lo mejor para la empresa, para el empleador o para el cliente/usuario/paciente, nos cuesta despojarnos del control... nos cuesta desprendernos de aquello que a ti te pertenece, es decir, nuestras preocupaciones y temores. Tú lo dices en innumerables ocasiones en tu palabra: no se afanen, no estén en ansiosa espera... Sin embargo, nos cuesta tanto...

Cuando estamos acostumbrados a sufrir solos, nos quedamos más solos que antes del dolor... Por eso hoy vengo a rendirme, a rendirte los conflictos interpersonales, a rendirte los temores que se han hecho realidad y otros que sólo eran una imagen fantasiosa que no han tenido asidero en mi realidad. Señor, si quieres puedes ayudarme y limpiarme de toda mala intención, de toda impiedad, de toda falta de amor.

Cuando estamos acostumbrados a ser evaluados por un superior, vivimos como si debiéramos ser aprobados en todo, sin margen de error y pensando que todo debe ser perfecto. Muchas veces a la primera falla, el entorno nos valora mal y hasta nos catalogan de mala manera. Vengo a rendir mi aprobación frente a quienes me rodean y rindo mis temores respecto a lo que otros digan de mí. Gracias porque ya estoy aprobado en Jesucristo; en su sangre ganamos el bono de mérito, el ascenso como hijos tuyos y la gracia del mayor de los jefes.

Cuando estamos acostumbrados a no generar conflictos, estar en medio de uno de ellos nos parece lo más caótico que nos ha pasado. Sin embargo, en medio del conflicto tu paz se manifiesta y tu fidelidad se hace patente. Es en medio del conflicto y la escasez, cuando todo parece fallar o carecer de sentido, que tu gracia nos llama a volvernos a ti, rindiendo nuestra armas, estrategias, planes de trabajo, etc... todo aquello que nos ata a nuestro propio control, egoísmo y autosuficiencia.

Ayúdame, Señor, a estar más acostumbrado a adorarte que a autocompadecerme. Ayúdame a no mirarme tanto a mí mismo como para enorgullecerme y tampoco mirarme en menos como para perder mi valor. Más bien atráeme de nuevo hacia ti y revélate de nuevo en medio del conflicto, descúbreme otra parte de tu naturaleza para poder conocerte más, y amarte más, y depender más de ti. Amén"

1 de mayo de 2014

Amar a quien no es digno

Hace ya algunas semanas he estado viviendo una etapa muy dura en lo laboral. Ha habido muchos roces con otras personas, especialmente las que tengo a cargo. No es fácil liderar un equipo, dado que cada uno tiene ideas diferentes de cómo llevar a cabo el trabajo y cada uno aborda los desafíos, conflictos y noticias de diferente manera. Algunos son optimistas y, a pesar de la frustración que a veces puedan sentir, se sobreponen y siguen adelante; otros, en cambio, tienen dificultades con superar los conflictos, se quedan pegados en un episodio y no olvidan... Pienso que ese tipo de personalidad es el que más me ha costado manejar, porque sin importar toda la motivación que se le pueda dar, se acuerda de los errores del pasado o culpa a otros de ser la causa de sus propios errores.

Le he pedido a Dios sabiduría para enfrentar estas situaciones con valor y no temor. Valor para poner límites. Valor para motivar. Valor para levantarme cada mañana y motivarme a mí mismo. Valor para vivir entre esa tensión y distensión que vivimos diariamente...

Esta vez les pido oración por mí.. para enfrentar... para no esconderme de los problemas... para saber responder sabiamente... para amar a quien tal vez no es digno.

5 de febrero de 2014

Sin secretos

Por un momento me he puesto a pensar en lo difícil que es contar algo íntimo a una persona. Lo que más cuesta, en realidad, es encontrar una persona a quien contarle nuestras cosas íntimas. Cuando era niño solía esconderme cuando hacía alguna travesura... Al romper un vaso o alguna cosa de la casa, siempre me iba a esconder, tratando de retardar el momento del reto; siempre me descubrían al final.

Muchas veces, al ir creciendo, uno se va llenando de secretos sin contar. Primero los comenzamos a ocultar de nuestros padres; luego, de nuestros amigos cercanos y luego la pareja. Hay cosas que no contamos porque pueden traernos un recuerdo doloroso. Otras no las contamos porque significa recordar momentos que preferimos olvidar, pero que muchas veces no hemos dejado atrás del todo. Otras nos puede parecer absurdo contarlas... "Se van a reír de mí", "es absurdo lo que estoy pensando", "me van a tratar de ________" (agregue ud. el apodo). 

Hasta que somos grandes, crecemos ocultando información sin querer que la gente sepa mucho de nosotros o de nuestros conflictos y crisis internas. En medio de una sociedad que destaca el éxito y la apariencia, el dolor muchas veces se tapa detrás de títulos profesionales, cargos importantes, marca de auto, ropa, etc. Todo esto me recuerda a Jesús, cuando dijo que conoceríamos la verdad, y la verdad nos hace libres.

¿Qué es lo que actualmente ocultamos? ¿Qué es lo que ocultamos a nuestros padres, a nuestros cónyuges o a nuestro entorno cercano? Tal vez es precisamente eso: el dolor, la traba del pasado, la dificultad para alcanzar lo que otros han alcanzado en los estudios, en el trabajo, etc.; esa mala decisión cuyas consecuencias hoy se debe asumir, la depresión... Adolecemos de muchas cosas que nos parece mejor esconder para que nadie opine de ellas, nadie sienta compasión/pena de nosotros, nadie nos tome como mal ejemplo frente a los demás y, finalmente, nadie nos discrimine o aisle del grupo cercano.

Cuando era niño le pregunté a mi mamá qué cosas podía contarle a Dios. Su respuesta fue tan clara que nunca la olvidé: "Puedes contarle todo y con muchos detalles". ¿Será cierto? ¿Puede alguien escuchar todo aquello que ocultamos? Contarle todo a Dios con lujo de detalles y con la verdad por delante, me ha hecho entender el corazón del Padre. No se cansa de oír, se deleita en nuestras oraciones y ama la intimidad. En esa intimidad podemos entender que antes que le contemos todo, ya lo sabe, pero abrir nuestro corazón delante de Él, nos da libertad. Y cuando confiamos todo a Él, su amor se encarga de contenernos y sanarnos; y su poder de animarnos a seguir adelante sin mirar los errores o dolores del pasado.