25 de febrero de 2011

Sentado aquí

Hoy me quedo en el silencio [...]
Sentado entre preguntas que no cesan,
entre respuestas no alcanzables
y palabras que no pesan.

Prefiero la quietud de este momento,
sentado,
callado,
reflexivo,
y lento tal vez...

Hoy quiero pensar en lo que pienso,
en querer darle vueltas a la vida,
vueltas a lo que parece tan incierto,
vueltas a lo que la vida me pida.

Prefiero ya dejar de darle vueltas a las cosas,
cerrar ciclos más rápido,
pensar en lo que viene adelante...
más rápido,
más directo,
sin tantos rodeos,
sin tantos pretextos.

Hoy quiero darme cuenta
que el tiempo ya ha pasado...
que no eres un niño...
que ya no eres el ingenuo niño de los cinco...
que ya todo debe dar un vuelco...
más rápido,
más directo,
sin tantas preguntas obvias,
sin tanta lentitud,
sin planes en vano,
sin tantos "peros".

Prefiero la quietud de este momento,
donde sé que estás tú, querido Dios.
Te he dicho tantas veces que me cambies...
pero así tantas son las que me resisto,
con lentitud,
con indirectas,
con preguntas obvias,
con planes en vano,
con muchos "peros".

Hoy quiero pensar en lo que pienso
y volver al inicio,
volver a cantarte en el secreto,
a componer canciones olvidadas.
Con pasión,
con rectitud,
con sinceridad,
con una actitud diferente...
esa actitud que no tiene peros,
que trata a la vida frente y sin rodeos...
y que deja de hacer planes que no cumple...

Sentado estoy de nuevo [...]
la vida cambia, la gente cambia, todo cambia...
Y hoy vuelvo a ti en el silencio...
esperándote de nuevo entre palabras de pasión...
de honestidad.
Entre palabras que carecen de "peros"...
y que susurran planes que vienen a lo lejos...
tus planes y no los míos,
tu carácter y no el mío...
O como dijera el bautista:
"que tú crezcas y yo mengüe".
Aquí... sentado de nuevo...
mirando tu cara y deseando el abrazo del Padre,
para mirar la vida de frente...
sin peros,
sin planes en vano,
con pasión,
con decisión,
con carácter,
con Jesús.

19 de febrero de 2011

Yo también valgo


Preguntarnos cuánto valemos es una buena reflexión que deberíamos hacernos cada cierto tiempo. No para centrar la atención en nosotros y ser autoreferentes o egoncéntricos, pero sí para que nuestras relaciones con los demás sean sanas. Todos tenemos autoestima, sean hombres o mujeres, sólo que ésta se manifiesta de maneras diferentes en cada uno. Algunos aparentan ser muy seguros de sí mismos, pero por dentro son débiles y necesitan el apoyo de los demás para no sentirse a la deriva. Otros, en cambio, parecen débiles, pero por dentro guardan una fortaleza que se manifiesta especialmente en los momentos difíciles de la vida. Lo importante, independiente de cómo sean nuestros temperamentos, es que sepamos que tenemos un valor como personas y que dicho valor debe ser cuidado por nosotros y respetado por los demás.

Hay veces en que este tema sale a la luz luego de conflictos amorosos o problemas de relación con familiares o amigos de los cuales sentimos que nos faltan el respeto. Frente a estos conflictos están quienes no hablan nada y se lo guardan todo, sufriendo en silencio. Si bien las mujeres al parecer sufren más de esto, lo hombres igual tienden a guardarse esa emocionalidad y preferir el silencio antes que reaccionar frente a los insultos. También están aquellos que explotan en el momento y que dicen lo que piensan sin importar que pasen a llevar a los demás. Esto para algunos es lo más sano (descargarse de manera de no acumular enojo o pena), pero se vuelve lamentable cuando lo ocupamos como actitud de defensa frente a todo lo que nos parezca ataque. Aquel tipo de personas que son "a la defensiva" creen que los demás no se dan cuenta de su debilidad, pero ese tipo de actitudes deja entrever mucho que su corazón aloja heridas y problemas no resueltos. Quien tiene una actitud y un corazón sano, no necesita defenderse de todo, sino más bien puede callar en los momentos adecuados y hablar cuando la circunstancia lo amerita, y sin necesidad de hacerlo pasando a llevar a todo el mundo.

Cuando uno piensa en cuánto valemos, la figura de Jesús viene a la memoria, como una muestra de su amor y su esperanza hacia nuestras vidas. Tal vez nunca le hemos preguntado a él nuestro valor. Los clichés nos dicen que él murió en la cruz y que eso debería bastarnos. Sin embargo, hoy apelo a un encuentro personal con aquella cruz. Cuando sólo tenemos la información (intelectualmente) de que Dios nos ama y dio a su hijo por nosotros, eso terminará en ser un argumento religioso más (con sentido intelectual, pero sin vida en sí mismo). Sin embargo, cuando es Dios mismo quien nos hace ver lo que valemos, entonces tiene sentido la vida que Él nos ha dado. Cuando pasa eso, la religión cae y da paso a la vida que Él quiere... no aquella que se seca de clichés religiosos. Nos damos cuenta, además, que es saludable quererse a uno mismo y velar porque otros también nos respeten y nos quieran, sin caer en el egoísmo o egocéntrismo.¿Cómo saber lo que valgo delante de Dios? La respuesta es una: intimidad con Él.

14 de febrero de 2011

Vibré con la misión estudiantil


Esta nota la escribí a través de facebook hace un tiempo. En este tiempo tan especial que viví quiero compartírsela:


"Yo no quería ir al GBU. De hecho me resistí varias semanas a responder a la invitación que me hacían unos compañeros que eran cristianos y que querían comenzar a participar. El tiempo corría cercano a mayo o junio de 2005 cuando un día llegamos a una pequeña sala que tenía 1 mesa y algunas sillas. Habían unas 5 personas que no había visto en todos esos 4 meses de universidad. Entre ellas estaba Valeria Bastías quien, al leernos un pasaje del evangelio de Juan, comenzó a hacernos preguntas. Ese era el GBU que conocí.

Siempre tendía a ser tímido y bajo perfil. Eso me cargaba porque sentía que de esa manera ningún compañero podría conocer a Dios. A pesar de eso, poco a poco me fui identificando y entusiasmando con la misión estudiantil... El núcleo pasó por momentos altos, estables y otros bajos. El año 2007 fue especialmente difícil porque el núcleo se redujo a dos personas, entre las cuales estaba Daniela Soto. Recuerdo que oramos mucho durante todo ese año, juntándonos incluso antes del comienzo de las clases a las 7:30 de la mañana. Fue el 2008 cuando vimos nacer al grupo de nuevo... en su mejor momento llegamos a ser unas 15 personas, entre los cuales contaban compañeros no cristianos y de otras religiones.

Nunca olvidaré el día en que se hizo una reunión evangelística en la que iba a cantar y tocar guitarra. Tenía mucho nervio porque habían compañeros míos no cristianos que me iban a escuchar. Mi sorpresa fue grande cuando los vi cantando la canción mientras tocaba: "Tan Sólo He Venido" (de Juan Luis Guerra). Después no sé cómo hablé de tener una relación con Jesús y que conocerlo no se trataba de religión. Sólo sé que ese no era yo... porque el tímido que siempre había sido, estaba hablando esta vez en público, y predicándole a sus compañeros!

Y hoy... ya pasados 5 años en el movimiento, veo que dentro de mí había una pasión por Cristo, pasión porque mis compañeros de universidad le conocieran, pasión por mostrar a un Dios de vida y no de reglas y legalismo. Ya han pasado 5 años de GBU... 5 años desde que viera por primera a vez un grupo de compañeros en torno a un estudio bíblico. En todos estos años pude observar que, lejos de ser indiferentes, nuestros compañeros desean encontrarse con Dios de una manera profunda y real. Lejos de ser quienes se burlan de nosotros, cuando tienen problemas piden que oremos por ellos e incluso se inquietan en cuanto a ciertos temas en los que tienen dudas. Y lejos de ser gentes que debamos discriminar, ellos son, con todo, amigos en quienes también uno puede confiar y contar en los momentos difíciles.

En estos 5 años Dios me regaló amigos. Incontables amigos en los cuales pude depositar confianza y mucho afecto... La lista es larga al recordarlos y la emoción es grande al ver lo que significaron para mí... Entre ellos están Juan Luis y Leonardo, dos compañeros que se convirtieron en el GBU y a través de los cuales Dios se encargó de enseñarme que Él no se limita por formas de ser (introvertidos, extrovertidos) o por recursos al momento de querer usar a alguien para su gloria. Por eso es tiempo que ahora vibren otros, que se levanten otros y que motiven a otros a llevar a Cristo a todo lugar y a contagiar la educación superior con su salvación".