6 de octubre de 2016

Hoy pienso...


Hoy pienso en la bondad de Dios.. y en cómo me ha traído hasta aquí. De cómo las palabras de lamento han cambiado por palabras de esperanza y de cambios positivos. De cómo el error y el fracaso se han transformado en oportunidades para crecer y aprender. De cómo el temor puede convertirse en fe una vez que hago consciente quién está dentro de mí. De cómo las cosas alrededor pueden cambiar para bien o para mal, pero que lo más importante es cuidar mi corazón. De cómo los sentimientos de soledad han sido mudados por la compañía de personas especiales. De cómo el Padre se ha vuelto a presentar en otra de sus facetas: "No temas, porque yo estoy contigo"

También pienso en cómo el camino recorrido hasta aquí me ha hecho más fuerte. Más fuerte ante la crítica ajena y ante mis propias debilidades. Ante la crítica porque implica dejarse moldear, ser vulnerable y, en definitivas cuentas, ser simplemente quien soy sin caretas y sin respuestas prefabricadas. Y ante mis propias debilidades porque he entendido que el único lugar donde puedo ser más como Jesús es estando con Él. No necesito perfeccionarme para estar calificado. Él me ha invitado a simplemente estar con él y, en ese proceso, ser transformado.

Hoy pienso en cómo el Señor restaura y es capaz de tomar todos los trozos rotos para crear un panorama mucho mejor al esperado. Ese panorama no tiene mucho que ver con cosas externas que pasen (como buenas noticias, acercamientos con familiares que uno quisiera más, etc.), sino que más bien tiene que ver con aspectos internos (sentimientos de frustración, expectativas de lo que debiera pasar y no pasa, autoflagelamiento ante los sueños no cumplidos, etc.). En mi caso, algunos panoramas externos han sido muy buenos. El Señor me ha regalado la mejor esposa que pude haber esperado... Tal vez con su llegada se inició otro proceso de restauración en mí. A través de ella y con ella...

Hay cosas, sin embargo, que no han cambiado: las caminatas de oración, las canciones con guitarra, los escritos en papel, etc. Simples cosas que descubrí en mi adolescencia y que atesoro en lo más profundo, porque a través de eso puedo hacer consciente quién es Jesús y de adorarlo por todo lo que Él es. Sé que sólo a través de esa relación, las personas pueden verlo a él reflejado por sobre quien pueda ser yo. Quizás no todos acepten a Dios... no todos tal vez lo comprendan... algunos tal vez se burlen como ha pasado,,, algunos, en sus prejuicios, tal vez guardan rencor por alguien que, diciendo creer en Dios, le falló...

Hoy pienso no en qué puedo hacer para agradarlo. No pienso más en tratar de descubrir mi llamado porque podría pasarme la vida creyendo que de eso se trata la vida cristiana, es decir, llegar a un lugar/puesto/cargo/ministerio que cumpla con mis gustos o pasión y que efectivamente sirva a Dios, pero carente de lo que es incluso más elemental: andar con Él. Estoy seguro que al andar con Él, no necesitaré llegar a un cargo/ministerio o tratar de encajar en los llamados de otros; más bien, al andar con Él podré probar y comprobar vez tras vez que lo mismo que hizo en mí puede hacer con otros, sin importar si es un niño, joven, adulto o anciano.