28 de noviembre de 2016

Algún día te veré

¿Tendrá esto alguna vez solución? ¿Veremos con claridad todo aquello que antes era tan claro? ¿Qué hacer cuando las cosas se tornan grises de nuevo? Simplemente estar quietos. Es lo único que puedo hacer. Es lo único que, difícilmente, trato de hacer. Señor, tú eres el dueño de mi tiempo y de mi agenda. No tenga ya nada más que perder en mi vida. Tú eres mi Señor y acepto todo lo que venga de frente, sin esconderme esta vez. Tengo el único anhelo de agradarte, no me importa a qué precio, por más alto que parezca. Incluso hasta la muerte...

Tú eres dueño de mi levantarme y de mi acostarme. Tú sabes mis temores y seguridades. Tú sabes que en el fondo, aunque tímido, albergo una pasión grande por ti... sólo por ti. Soy tuyo, Señor. Aunque aparezcan las pruebas y las tempestades. No te entiendo, no logro entender qué te hice para recibir esto, pero te alabo, porque es lo único que sé que te agrada. No tengo nada más que hacer, sólo esperar a ver qué dices o haces tú.

Tú eres el dueño de mi vida y de mis sueños. A veces creía que mi vida iba en una dirección clara, pero de pronto, un terremoto, los vuelve a botar. Seguramente quieres hacer algo nuevo en mí, porque cada vez que se han roto mis sueños, tú me has regalado cosas mayores que nunca pensé llegar a tener.

Hoy me rindo para que seas tú mi todo. Me rindo entero... mis temores, mis expectativas, mis proyecciones, mis esperanzas, mis anhelos más profundos, mis sueños, el deseo de tener hijos, mis anhelos académicos y laborales, etc. Porque tú eres mi dueño... y aunque me sientas desfallecer, aun allí me alcanzará tu mano y me levantará otra vez. Lo ha sido en el pasado, y así será a lo largo de toda mi vida. Bendíceme Señor, no te alejes mucho.. Escúchame y háblame, para no caer nuevamente en un pozo de desesperación...