25 de junio de 2008

Mi oración...

Y aquí me tienes. Simplemente yo. Sensible. Apasionado. Tratando muchas veces de ser entendido. Buscando respuestas. Soy el mismo. El mismo niño que con la luz del pasillo encendida oraba con sus manos levantadas. El mismo que giraba su cabeza en la cama para buscarte. Y te llamo. Y te clamo. Te busco. Te amo. Te necesito.
Muchas veces busco que otros se motiven a buscarte, pero me da tristeza ver que aún en mi cercanos eres el Dios de los dolores... el simple Dios de las tempestades. El simple Dios de la religión. Me duele ver que no soy-somos consecuentes. Y lloro, sabes... por algo que no sé si alguien más lo hará. Lloro por verte a mi alrededor manifestado, lloro por la pena de los desvalidos, por la impotencia de los pobres, por la indiferencia de la religión. Lloro por ser alguien diferente... que marque una forma distinta de hacer evangelio. No tradición, no formalismos que nos coharten la posibilidad de degustarte a ti. O que traten a la gente por sus ropas, por lo que han sido, por su pasado o por su forma de hablar.
Lloro por ser agradable a ti. Y no encuentro salida. Simplemete tu voz que me dice: "Yo no me he olvidado... no me he olvidado". Padre... llámame... tú sabes que tu voz me derrite, que tu voz me hace débil, que no hay nada que me atraiga más que tus brazos, más que tus pies a los cuales beso, a los cuales rindo mis coronas, a los cuales rindo mis sentimientos, mis planes, mis proyectos y mis tesoros. Dios... me rindo... en tus manos dejo mi futuro, dejo mis pensamientos... Hazme descansar en medio de todo, te lo pido... y ser abrazado por ti, quizás consolado... Escuchar tu voz decir: "Te he estado esperando para estar contigo... para conversar, para decirte que te he amado y que todos tus caminos me son agradables..." Dios. Dios de mi corazón. Aquí me tienes. Tan débil en tu fortaleza, y tan sensible en tu abrazo. Tan pequeño en tu grandeza y tan frágil en tu consistencia.

Te lo rindo todo

Su cama en ángulo obtuso y sus sábanas sobre sus manos denotan su condición. Esas arrugas de años de caminar, de años de caminar con un corazón a medias me hacen respetarlo. Creo que nunca lo había querido como ahora. Creo que nunca como ahora me había gustado tanto saludarlo y preguntarle cómo estaba... y verlo cómo hace sus ejercicios matutinos. Se los presento: mi abuelo. Setenta y cinco años, casado, tres hijas y un hijo. Cánceres, preinfartos, accidente vascular, forman parte de su listado de enfermedades. Mmmmm... pese a todo, veo a Dios en los ojos vidriosos que me miran cada vez que lo saludo... Veo en él, una herencia de pasión por Dios e hijos de hijos que impactan vidas.
Su ejemplo es uno entre varios para mí. Sobre todo porque canutos hay miles, pero apasionados por Dios, pocos. Me defino como alguien soñador... un inquieto por hacer cosas nuevas, ser alguien diferente, romper la rutina y las tradiciones que siempre he llevado. Eso me ha llenado de temores porque yo, como todos, nos gusta lo conocido. No he tenido muchos éxitos la verdad. Hartas veces he querido que la gente se apasione por Dios, pero no lo logro... cuando me pasa eso, pienso que en realidad no soy yo el que cambia a las personas ni las atrae a Dios, sino que es Él. Mmmm... he pensado si seré buen hombre más adelante o cambiaré como he visto que tantos hombres cambian... sobre todo en el trato hacia los demás. Si escribiera todos esos pensamientos, seguro ocuparía muchas líneas. En fin... sólo la voz de Dios se escucha como un eco desde mi niñez: "Yo voy contigo, nunca cambiaré"... "todos tus hijos serán mis adoradores". Es la voz de Dios que escucho tan fuerte que quiebra mis esquemas y temores... que me llama, que enciende mi fuego. No es religión, tampoco es un simple estilo de vida... es mi pasión y mi todo.

"Señor... mi oración es que te hagas fuerte en medio de nuestras adversidades. Perdona nuestros errores diarios y llámanos a ser hombres y mujeres que amen tu corazón".

19 de junio de 2008

Vivo para agradarte


Depender es una palabra fuerte para mí. Es caminar como si pendiéramos de un hilo y el vacío está bajo nuestros pies. Me cuesta depender... cada vez que le digo a Dios que quiero eso me doy cuenta que finalmente, cuando sucede algo que debería "hacerme depender", me da miedo. En realidad nos cuesta mirar hacia lo desconocido, lo incierto; preferimos lo familiar, lo cómodo, lo seguro, lo que sabemos hacer.

Depender es simplemente vivir las promesas de Dios sólo como instrumentos y no como responsables de llevarlas a cabo. Me he dado cuenta que muchas veces me hallo sintiéndome responsable del trabajo en GBU, en mi familia, en mi iglesia. Es como una carga de culpa al no ver los resultados que espero...

Depender es decirle a Dios "aquí estoy, haz lo que quieras de mí", pero a la vez estar dispuesto a soñar y a enfrentar con fe las circunstancias.

Depender es volver a caminar de Su mano, no creyendo que todo se trata de nosotros. Más bien se trata de Él, de su historia, de su amor por nosotros y de la relación que desea tener con sus hijos.

Depender de Dios es dejar que Él pelee nuestras batallas... dejar de defendernos y descansar física, mental y espiritualmente.

14 de junio de 2008

Te he esperado


Simplemente quiero oír tu voz,
no cambiar mi esencia
a causa de los cambios de la gente a mi alrededor.
Hace mucho tiempo tengo hambre de ti,
una sensación de desesperación,
más allá de la religión,
más allá de un domingo,
más allá de esta canción.

Sencillamente decirte
que te he esperado...
aunque la gente no te busque
aquí me tienes,
aguardando el ver tu gloria
y pronunciar tu nombre de nuevo,
como cuando me llenabas,
como cuando me decías que me amabas.

Aquí me tienes,
sin palabras y sin gestos.
La gente ha cambiado,
hay veces que le da lo mismo el resto.
Mientras aguardo verte un segundo
hablar contigo,
llamarte amigo y papá.
Te he esperado...
te he esperado...

Pues hay una silla en mi soledad
que tiene tu nombre
grabado para ti,
grabado en tu honor....
Te he esperado, sabes...
entre dolores, lágrimas y esfuerzo,
te he llamado...
te necesito, no como religión,
sino como el aire
... a mi alrededor.

7 de junio de 2008

Me doy cuenta

Hace un par de meses leí una reflexión que me llamó mucho la atención. En ella el autor concluía diciendo que lo que nos hacía diferentes a cualquier otra persona no era el pecado (porque todos somos pecadores) sino más bien la gracia. Estos dos términos -pecado y gracia- pienso que están distorsionados actualmente. Incluso suenan extraños, ajenos y anacrónicos. Y concuerdo en aquello... Nadie define pecado sino un antiguo pastor que lo condena. Nadie define gracia al parecer porque nos cuesta hacerlo.
Cada vez que trato de evaluar como soy, me llevo decepciones. Y porque quien les escribe es igual de errante que el resto. Bastaría pedirle a alguien cercano a mí que escribiera sobre mis defectos y de seguro haría una lista larga sobre eso. Me doy cuenta de lo "charcha" que soy... Seguro ese antiguo pastor que define pecado, me apuntaría como exponente del mismo. Es fácil caer en el círculo de condenar a todos los que cometen errores.
Quizás hay alguien más que se sienta tan "charcha" como yo. Sin embargo, Jesús nos muestra un camino más excelente frente a esto... Y claro... Jesús, frente a nuestros errores, se detiene frente a nosotros, nos apunta con su dedo y nos dice: "Ni yo te condeno... vete y no peques más".

Me doy cuenta que gracia es ser apuntado por el dedo del amor de Dios...
Me doy cuenta que gracia es recibir ayuda para no errar.

1 de junio de 2008

La voz que habla más fuerte


"Digiere tu vino, mujer". El silencio del templo de pronto se vio interrumpido por la voz ronca y fuerte del sacerdote. Frente a él una mujer. No más de 30, una túnica blanca y unas manos que mantenía unidas a su pecho. "No piense que estoy ebria", explicó. Ella estaba allí porque se habían burlado de ella. La esposa de su marido se burlaba y cada año subir al templo era un ataque a su autoestima. Y claro, si le decía: "Acaso no puedes tener hijos como yo los tengo", "quizás el próximo año puedas quedar embarazada". La mujer subió al templo en silencio y en secreto. "Señor... dame un hijo y lo dedicaré a ti".

Yo no sería tan arriesgado como ella. Se las presento. Su nombre: Ana. Familia: de Elcanca. Hijos: cero. Enfermedades: esterilidad. ¿Quién pide un hijo para después dárselo a otro? ¿Sería suficiente tres años para poder disfrutar de un hijo? Wow! yo le hubiera dicho: "Emmm, Anita... este.. mira... piénsalo bien... quizás después sufras más". A lo que siento que ella responde muy segura: "Ya lo decidí; le pediré un hijo a Dios". Acariciando mi barba le diría: "Pero a ver... ¿no podrías adoptar uno y dejar esto hasta aquí?. Y de pronto alzo mi mirada, y su asiento se observa vacío.

Su rival: Penina... la otra. Su voz burlona irritaba cada año a Ana. Su voz la entristecía y la dejaba sin comer. Penina es la mujer que lo tiene todo. Ella es la que le ha dado prestigio a su nombre y no necesita nada más, por lo tanto se burla a costa de hijos e hijas. Y como lo tiene todo, menosprecia a quien no. "Penina... quizás debieras cambiar un poco tu carácter"... le preguntaría. Pero ella sólo levanta una ceja y sonríe con sarcasmo. Sí. Ella disfruta siendo así.

Ana estaba en depresión (por lo cual Ana lloraba y no comía). Anoréxica y sensible su esposo le dice: ¿Acaso no soy mejor yo que diez hijos? La respuesta de Ana es un largo silencio... ¿Podía él comprender lo sucedido? ¿Penina se había reído alguna vez de él? Quizás no, piensa Ana. Entonces en su desesperación clama en el silencio desde el templo... "Con amargura de alma oró a Jehová, y lloró abundantemente". Ana tenía a Penina cada año en su oreja recordándole que no tenía hijos. Elcana ni un poco de comprensión. Ana en su angustia llamó a Dios. "... y Jehová se acordó de ella". ¿Resultados? Claro! su nombre es Samuel: un bebé de tez morena, sonriente e inquieto. Samuel es fidelidad de Dios y es el regalo a las Anas que se atreven a confiar en su poder antes que otra estrategia. Se las presento otra vez. Nombre: Ana. Familia: de Elcanca. Hijos: 1 (Samuel). Enfermedades: Ninguna.

Ana me deja una lección: la voz de la burla y del desánimo no puede más que la voz de Dios que me defiende. La voz del que me maldice no puede más que el Dios que me bendice. Dios dignifica a los suyos... Gracias Dios!