23 de enero de 2009

Más humanos...

Hace algún tiempo vengo viendo que tanto jóvenes como adultos se sienten disgustados por el estado de la iglesia cristiana en este tiempo. Iglesia que se encarga más de juzgar que de amar, que se encarga de traspasar pesadas cargas a los creyentes y también que piensa que todos son buenos al interior de ella. Estos son algunos de los discursos que he escuchado por de aquellos que están heridos y alejados de la iglesia.
No quiero entrar en debate sobre las formas que tienen las iglesias ni tampoco pretendo ahorcar con las palabras a sus líderes. Sin embargo, creo que debe existir una cierta reformulación en nuestra forma de hacer iglesia en estos tiempos y mucho más que eso, replantearnos cómo hacemos cristianismo. Nos hemos encerrado tanto -pienso- que creemos que nada de bendición hay fuera de la iglesia, lo cual es un error. Iglesia no es ni será la puerta al cielo... tampoco me salvo más o menos por asistir a más domingos que otro hermano.

Esas 4 paredes nos han cansado, y también han fatigado el cristianismo hasta llevarlo a parecer algo muy superficial, algo más dentro de las actividades extraprogramáticas de la sociedad. Ese aislamiento no es conciente... sino más bien se halla en un plano no manifiesto. A los 18 me costaba entender cómo la gente criticaba tanto la iglesia y no hacía nada, pero sinceramente creo que muchas veces no hay nada que hacer. La iglesia, partiendo por el liderazgo, debe avivarse no a través de más gritos. Tampoco de más gente que grite desde los púlpitos. Menos de gente que con más estudios bíblicos piensa que llegará a las naciones. El cristianismo parte desde mi realidad, desde el momento en que decido dejar de lado mi orgullo y avanzar con una actitud de perdón, con una actitud de criticar en forma constructiva y no disfrazar el amor con intereses personales.

La iglesia sería mucho más humana si dejara de lado la forma y se centrara en el contenido. Claramente habría más gente convirtiéndose no a una iglesia, sino a Jesús. Si de una vez por todas pudiéramos ver a la persona tras el lente de la gracia de Dios, podríamos mostrarle al mundo una comunidad que por sobre toda las cosas es amor, pero amor de verdad. No un amor predicado, no un amor que se cante, sino un amor que se vive, que se cree y que se practica.

Si fuésemos menos jueces, seríamos más defendidos. Si fuésemos más humanos y menos religiosos, también habría motivos para celebrar. ¿Por qué no salir de las 4 paredes? ¿Por qué no dejar de ir a la iglesia un domingo y practicar lo que siempre se repite en las prédicas? ¿Por qué no dejar libres a los miembros de las iglesias de todo juicio porque va a este o cual lugar, o porque un sábado quiso descansar o porque ora un minuto menos que el pastor? Hemos puesto la mirada en cosas que no tienen trascendencia... No se trata de mí... no se trata de una organización que es sustentada por hombres, sino más bien por Dios. Hay personas que necesitan ser libres de la iglesia, pero más que libres de la iglesia, ser libres del sistema de iglesia que a veces los agobia, que a veces domina sus conciencias y no deja en paz las decisiones.

Pero también está el otro tema: saber perdonar. Pero perdonar de verdad. Perdonar a los líderes y también a aquellos que pensábamos que eran "hermanos en la fe" y que alguna vez nos jugaron chueco. Perdonar las traiciones que se dan al interior de la iglesia, para ser libres y ser sanados de una buena vez... De esa manera también dejamos de juzgar a aquellos que pensamos que nos juzgan a menudo.

¿Podremos hacer eso? Y a la nueva generación pregunto: ¿seremos capaces de ser más iglesia y menos religión? ¿podremos de una vez mostrar a Jesús por sobre los pastores? ¿podremos dejar libres a aquellos que hemos atado por años a un sistema religioso que empobrece? ¿podremos dejar de juzgar? y por último... ¿podremos derribar una por una las 4 paredes de la iglesia y trasladar la iglesia a la calles, colegios, estadios, discoteques, pubs y casas?

Yo digo amén...

19 de enero de 2009

Estoy contento

"Mi esposa no se va a atender más con usted". Todavía recuerdo la voz extranjera del hombre que ese día me hablaba por celular. No entendía por qué ese día me había ido a saludar donde yo estaba trabajando, y después cuando salí a buscarla ya no estaba en la sala de espera. Recuerdo que a mediados de octubre todo entró en colapso en la Universidad. Pensé que reprobaría varios ramos a causa de los pacientes y a causa de mi inexperiencia en todo esto.
Poco a poco las cosas se fueron dando y los pacientes fueron cumpliendo. Aprendí a alabar a Dios en medio de las cosas que no funcionaban como yo quería... y hoy, que ya estoy terminé 4º año sigo alabando porque fue perfecto.

Anoche me puse a pensar que ya estoy en la recta final de mi carrera. Este y el próximo año y todo acaba. O todo empieza? Lo único que siento es que este año estará lleno de proyectos nuevos en mi vida y tengo muchas expectativas de lo que Dios hará en mi vida.

Quiero dedicar a Dios mis éxitos!!!

17 de enero de 2009

Dormir y descasar

Hace un tiempo vengo pensando en esto. Dormir no necesariamente es descansar y viceversa. Creemos muchas veces que dormir mucho significa que estamos listos para volver al trabajo, a las clases, a la iglesia. Descansar es una decisión de dejar de lado la presión y el afán. Tiene que ver con algo de la mente y del cuerpo en su conjunto. Se puede dormir 1 día entero pero no haber descansado.

Descansar no solo es un mandato de Dios, sino que algo más profundo... algo que es para nuestro bien. Descansar para mí implica confianza en que Dios tiene todo bajo control y que estamos bien en él. Descansar implica autocontrol para no permitir que el afán nos gane y nos haga perder el disfrute de vivir. Descansar es una promesa de Dios para dejar de hacer las cosas con nuestras fuerzas y ser guiados por su mano.

12 de enero de 2009

Antes y después de los 20

Jajaja! Recuerdo cuando niño que no proyectaba mi vida más allá de los 20 años. Siempre pensaba que nunca iba a crecer y si en algún momento crecía (que no fue mucho la verdad jejeje), iba a dejar a todos los niños correr sin que los adultos los retaran. Son pensamientos de niño, que en algunas casos han madurado y otros se han quedado ahí, como infantes.

Mi vida ha transcurrido entre los altos muy altos y los bajos muy bajos. Pero por sobre todas las cosas me considero alguien soñador, que busca alternativas, que busca cómo abrirse camino cuando las puertas se cierran, y que por sobre todas las cosas, busca innovar, salir de la rutina, salir de lo tradicional. Esta puede ser una definición un tanto elevadora de mi imagen, pero como siempre digo, si me conocieran un poco más se darían cuenta que tengo muchos errores: ser a veces inseguro, miedoso, sensible ante los insultos de otros y complicado al momento de tomar decisiones.

El mayor tema en mi vida fue siempre buscar la aceptación de los demás. De hecho siempre hacía cosas para que otros me aceptaran en sus círculos de amigos y para que mis papás se agradaran de mí. Muchas veces imitaba actitudes de otros para buscar la atención de los "más grandes". Dios me cambió. Siento que de un tiempo a la fecha Dios se ha encargado de decirme que su amor no depende de lo que yo haga. Y comprendí bajo muchas tensiones que él me ama más de lo que yo imagino. Un día estaba en oración cuando le escuché decirme que viera la traducción de mi nombre (muy amado). "Ese eres tú", me dijo. Esas palabras marcaron mi historia y me sacaron de la depresión sin que los problemas acabaran.

En mi interior siempre he pensado esto, pero a casi nadie (quizás nadie) se lo he dicho: un día seré pastor. No sé si se hará realidad, tampoco sé de qué manera será, pero en mi corazón siento un llamado muy profundo de parte de Dios... a evangelizar en las calles, a llevar sanidad, liberación y salvación. A veces tengo miedo y digo: "¿y que tal si mi pareja y mi familia no me apoyan?", "¿y si no resulta"?... pero algo me dice que solo avance y que Dios se va a encargar del resto.

Ya son 22 años... 2 años más de lo que había imaginado cuando chico. Han sido los 2 años en que Dios ha reconstruido lo que en el pasado se quebró. Desde los 20 en adelante he visto que Dios se ha encargado de llevarme a lugares y personas que nunca esperé conocer. Quizás los 20 marcaron proféticamente algo en el cielo y Dios comenzó a hacer algo nuevo en mi vida. Hoy me preyecto con fe en que en el futuro veré el fruto de lo vivido antes de los 20.

Gracias Señor...

9 de enero de 2009

Como un tonto feliz

La lengua es en realidad un conjunto de músculos bien insertados que son capaces de mover todo un órgano que nos sirve para masticar, envolver y deglutir los alimentos. También nos sirve para hablar, y puede ser un potente instrumento con el cual podemos ofender y/o ser ofendidos. Cada cierto tiempo siento que pasa eso en mi vida y que soy ofendido hasta el grado de sentirme herido. Antes era más; ahora he superado muchos temores y creo que me enfrento mejor a mi realidad. Pese a ello, uno sigue siendo humano y muchas veces tb creo que ofendo y soy ofendido.

Hace pocos días me pasó algo similar. Estaba muy tranquilo cuando una conversación tensa acabó con mi paz. Y no sabía qué hacer porque esa persona me había herido con sus palabras y me había ofendido. Entonces tomé mi guitarra y me dije: "En mi interior quiero solamente desearle mal a esa persona y que se pudra con sus palabras. Mi egoísmo me dice no sólo que no pesque sino que tb hable contra esa persona". En ese intertanto vino a mi mente un mensaje: "Si aman a los que los aman, ¿qué mérito tienen?. Amen a sus enemigos y bendigan a quienes les maldicen y serán hijos de vuestro Padre". Entonces una lágrima surgió de mi interior... Y decidí hacer lo contrario a lo que siempre haría, aunque parezca tonto. Y bendecir al ofensor, y desearle bien en todos sus proyectos y planes me hizo ser libre de mi dolor.

Frente a eso, Dios penetra nuestra egoísmo y nos hace tomar decisiones fuera de lo común, que cambian nuestros esquemas, pero que tb nos libera de la depresión y de las palabras que otros pueden hablar en contra nuestra. Si alguien nos maldice, la mejor opción es bendecirlos y desearles lo mejor y Dios hará el resto.

2 de enero de 2009

Trato de comprender

A veces la lucha por entender las diferentes formas en que la gente ve a Dios, me ha quitado unos minutos de tiempo. Bautistas, pentecostales, presbiterianos, metodistas, carismáticos... y las mezclas derivadas de ellos. Una vez me dijo la Poly que había escuchado a una tía de escuela dominical explicarle a un niño por qué habían tantas iglesias: "Dios es como un elefante... y cada uno, al ser pequeños, ve solo una parte del elefante. Por eso algunos ven a Dios de una forma". Creo que esa explicación fue sensata y pienso que cada cual ve una parte de Dios que otro no ve. Quizás por ello nos sea necesario -más que obligatorio- compartir con otros y escuchar lo que Dios hace en sus vidas.

Pero a medida que he crecido, no sólo veo que todos somos diferentes, sino que existen peleas a causa de aquello. Levantar las manos, hablar en lenguas, la llenura del Espíritu Santo, gritar, leer la Biblia todos juntos, "yo leo un versículo y toda la iglesia el siguiente", tres glorias a Dios. Eso es solo una parte de lo que he podido recabar. Cuando he ido a iglesias tradicionales me siento ajeno, como si no me sirviera ver a la gente - en su mayoría gente de edad- levantar las manos, o gritar desde las bancas. Mi amigo Gustavo estaría de acuerdo en pensar que prefiere la manera en que Dios se ha hecho escuchar a través de los siglos, pero otro podría pensar en que hay que modernizar la iglesia y que hay que atraer a la gente joven a través de estrategias postmodernas basadas en la sensación.

Algo que he visto desde afuera, es que uno adentro de la iglesia tiende a ponerse cuadrado y a encerrarse en sus posturas. "Es que a mí me gusta que todos se vistan así", "a mí me gusta que la cena se reparta a la gente y no que tengan que pararse", "me carga cuando me hacen aplaudir", "lo que hace esa iglesia es traer corrientes del diablo". Todas esas expresiones las he escuchado en algunas ocasiones. Por eso mismo quizás, no me considero evangélico, como si llegara a formar parte de una religión más... Siempre que mis compañeros me preguntan, prefiero decirles que creo en un Dios que se manifiesta a través de las vidas y que prefiero mil veces mostrar a Jesús a través de mi propia vida que vistiéndome de una forma o hablando de otra.

A lo que quiero llegar es que he comprendido debemos aprender de la diferencia. Porque he visto muchas personas que, sin siquiera compartir mi forma de culto, se la juegan por Dios y veo su pasión por Dios que quebranta mi comodidad y mi mediocridad. Creo que en vez de pelear por las formas, deberíamos pelear por buscar a Dios. Eso es lo único que marcará nuestras vidas, el hecho de dejar que Dios nos hable y ser obedientes a su voz, aunque eso implique dejar atrás las formas. Jesús hubiera dicho: "Misericordia quiero y no sacrificios..." Darle prioridad a la tradición por sobre la revelación de Dios se traduce en mediocridad, monotonía y muerte espiritual.