29 de junio de 2009

Toda mi ansiedad

Tantas veces vivo preso de la ansiedad. ¿Cuál sería esa mayor ansiedad? Quizás no fracasar. Ansiedad que se mezcla con el miedo a caer... a caer en lo mismo de otros y de mí. Ansiedad y miedo mezclado con la presión de alrededor... Y no sólo la presión del llamado "mundo", sino también la presión eclesiástica. Presión de una sociedad que marca a los que buscan ser santos como anticuados y dignos de burla constante... dignos de un "déjame tranquilo y no me hables de Jesús de nuevo".

Me doy cuenta que vivo mi vida cristiana buscando un éxito que es iluso... al parecer un éxito no basado en la gracia sino en mis fuerzas. Y hoy quiero rendir mis fuerzas de nuevo, pero como si fuera la primera vez. Quiero ser cambiado, pero no es según mis muchos intentos... Quiero cambiar mi entorno y ser usado por Dios poderosamente, pero es siguiendo los pasos de la gracia de Dios. Sé que es en Su presencia donde soy cambiado y que no necesito hacer nada para estar delante de él.

Mi verdadero éxito es adorarle cada día, tal como un día así me dijo que lo haría. Rindo mi éxito con esta adoración... y todo.

19 de junio de 2009

Un escrito mirando al espejo...

Comúnmente tiendo a autoexigirme mucho. Perfección, planificación y no error han sido habitantes incognitos en mi mente durante varios años ya. Me he dado cuenta que eso ha creado en mí una suerte de "mente cuadrada" que pocas veces tolera algo que se ha salido del control o que ya no depende de mí. Es un temor frecuente al fracaso y a tratar siempre de salir de los problemas con las mías y de ojalá salir pronto o no llamar la atención cuando estoy mal. Cada cierto tiempo, al igual que en octubre del año pasado, pareciera que Dios me prestara un espejo para ver cómo está mi corazón. Me doy cuenta de cuántos límites le pongo a Dios en mi vida, pensando siempre que quizás dar un paso de fe puede resultar en algún fracaso, en algún rechazo de alguien o en algún sufrimiento que pasar. "¿Y si lo hago y fracaso?" "¿Y si recibo el rechazo de mis cercanos?" "¿Y si pierdo esta amistad?" "¿Y si pierdo mi reputación?" Frecuentemente los cuestionamientos pasan por mi mente... gritándome al oído que no podré, que la gente es chueca, que la gente es mala...

Perfección, planificación y no error... hoy los quiero rendir. Estoy conciente de cuán débil y a la vez cuán limitado soy. Que a veces planifico las cosas y no resultan, y que quizás alego contra todo y todos, pero en el fondo sé que no estoy solo y que Dios me acompaña más de lo que imagino, sólo que la frustración a veces nubla mis pensamientos y me quita el ánimo. Sé que puedo... que Dios me ha provisto de herramientas para salir adelante, pero que no puedo solo... que no estoy para vivir como un pseudo-héroe que se la puede con todo en la vida; sé que pidiendo ayuda la carga será más ligera. También es necesario saber que las caídas están dentro del plan de Dios... él nos conoce... sabe que a veces no puedo y que soy muy imperfecto... el punto es depender, cosa que creo que por estos días me ha hecho falta... y que es necesario cambiar.

También he visto que hay toda la presión social por el éxito. El que más trabaja es el que más reputación tiene... El riesgo de eso, es que por tratar de ser excelente en la vida, uno pierde lo esencial: la familia, el amor y el disfrute de la vida. Claramente hay más dinero (por lo tanto una imagen privilegiada frente a la sociedad), pero menos felicidad... y al final, menos calidad de vida. Creo que para encontrar todo eso, descansaré en Dios y seguiré mi camino...

4 de junio de 2009

Dios sobreprotector


"Es necesario que el niño conozca el miedo para que pueda superarlo, privarlo de él es una manera de convertirlo en vulnerable". Esto que acabo de leer creo que me servirá para exponer lo que quiero hoy.
Hoy me tocó atender a una paciente de 6 años que es muy regalona de su mamá. Ella le consiente en todo. Cuando le duele un dientecito, seguro nos lo dirá a la sesión siguiente, pidiendo que "hagamos algo" para solucionarle el dolor a su hija. La niñita es un tanto retraída y aunque es capaz de dejar a la mamá en la sala de espera, se queja aun en ausencia de estímulos dolorosos. Hoy al parecer nos manipuló a ver si no le poníamos la anestesia (agüita mágica o agüita dormilona como les decimos) aludiendo que le dolía en otro sitio de su boquita al que le íbamos a trabajar.

La sobreprotección daña a los niños. Seguramente a priori le evitará muchos problemas, porque no le hará sufrir innecesariamente. Hacerle caso en todo, consentir sus caprichos siempre y culpar a otros en vez de responsabilizar al niño de sus errores, es un problema a futuro de una persona inmadura, dependiente de otros para desarrollar su felicidad y tan inseguro y ansioso como un niño abandonado. Que los niños sufran - en su justa medida y con las redes sociales presentes - es incluso sano para su propio crecimiento personal. Formar inteligencia, sagacidad, sabiduría en la toma decisiones, son algunos de los resultados de la superación de problemas por parte de los niños.

Esto se aplica muy bien a nuestra relación con Dios. Seguramente todos hemos leído que Dios es protector, hemos creído a los "yo nunca te dejaré", "nunca te desampararé". Pero cuando nos enfrentamos a la realidad, de pronto los niños (nosotros) nos damos cuenta que hay problemas, hay dolor, hay conflictos, etc. En ese momento pensamos que algo anda mal en nuestra relación con Él, porque Él no nos quita el dolor y las malas noticias. Y pensamos: "Dios no haría nada que me hiciera daño". Eso lo he escuchado más de una vez. "Dios no haría nada que me entristeciera", "Dios no haría nada que me causara desagrado". Y en un abrir y cerrar de ojos, aparecen problemas. Oramos y nada sucede. Intercedemos, reprendemos demonios y nada pasa. "Señor! te has ido!!!", rezongamos y nos encerramos. El punto, señoras y señores, es que Dios nunca ha sido un Dios sobreprotector. Él nos protege, nos cuida... eso es un hecho. Y no ha quitado la vista ni un segundo de nosotros, pero deja los problemas seguir su curso para que "maduremos, adquiramos inteligencia y sabiduría" en nuestras vidas. Si Dios hiciera todo por nosotros, seguro el cristianismo estaría lleno de inseguros, de ansiosos, de personas cobardes que no harían nada por temor a lo desconocido y por cada cosa que no funcione, habría una fuerte tristeza y una fuerte depresión.

Quiero volver a citar la referencia del principio: "Es necesario que el niño conozca el miedo para que pueda superarlo, privarlo de él es una manera de convertirlo en vulnerable". El carácter conforme al corazón de Dios no puede prescindir de cosas como el miedo, nuestras debilidades, nuestros defectos y nuestras limitaciones. Una vez comprendido y aceptado esto en nuestras vidas, ya hemos dado un gran paso hacia la madurez. Una vez entendido esto, podemos decir que Dios es un Padre protector, pero no uno sobreprotector.