23 de junio de 2010

Me encontré con un Dios abundante

Por estos días ocurrió algo extrañamente hermoso. Fui a Valparaíso a visitar algunos núcleos y a darles ánimo en la evangelización dentro de la universidad. Cuando les compartí de Jonás, de la mujer adúltera y del hermano mayor del hijo pródigo, siempre llegamos a la misma conclusión: hay un Dios de amor que nos ama abundantemente.

Cuando uno trata de explicar ese inmenso amor, lo único que podemos ver es que es un amor loco, fuera de todo intelecto y uno de esos temas que escapan a la razón humana. Es un amor que no se contrargumenta; sólo se recibe. No depende de lo que hagamos; depende de Dios. No se basa en lo que hagamos o no hagamos, merezcamos o no merezcamos; se basa en Él.

Y como dice Danilo Montero: la historia no cambia porque es contada; la historia cambia cuando es creída. El amor de Dios toca nuestra puerta de nuevo para devolvernos el valor perdido, la dignidad derrotada y la fuerza interna para seguir adelante.

18 de junio de 2010

Es invierno

Cuando casi es invierno,
y las hojas caen secas en el suelo de las calles...
escribo otra vez... escribo de nuevo.
Estando el tiempo triste y lagrimoso.

A veces la vida se torna difícil,
y todo vuelve a cero,
siendo presa tan simple de la incertidumbre,
y encerrándome en un sinfín de pensamientos.
Dios, pon en mí un nuevo aliento.
Pon delante de mí un nuevo tiempo,
donde ya no sea yo,
sino tú en mí...
donde no sea lo que yo quiera siempre,
ni mis planes,
ni mis ilusos comentarios..
sino tú, solamente tú...
Que atrás queden los buenos y malos recuerdos.
Que atrás quede la falta de carácter.
Que atrás quede lo que pudo ser y no fue.
Para pasar a la siguiente etapa...

Ayúdame a creer mientras la esperanza ya se ha ido,
y ayúdame a tener una nueva actitud frente a la vida...
Ven y consuela este momento...
Ven y ayúdame de nuevo...
para secar las lágrimas y ponerme de pie...