Uno a quién engaña cuando oculta lo que siente.
Sólo a uno mismo.
Tonto. Absurdo. Débil. Pecador.
Muchos errores hay allí alojados debajo de sábanas blancas de oración.
Y hoy clamo... Te busco con impaciencia.
Te busco con desesperación tratando de encontrar explicación
sin hallar ninguna:
sólo el viento que roza mis mejillas,
que con su caricia fría toca mi piel que hoy llora.
Que hoy lamenta.
Que hoy quiere vivir...
¿A quién he engañado?
Porque tenía una visión... y palabras de amor.
Quiero llorar... pero no puedo...
ya no me salen las expresiones de dolor,
como el de antes que era sensible a lo que no resultaba,
a lo que no podía ser...
Fui de esos que buscaba explicación,
hallando en cada paso una buena lección.
Siempre decía: pensemos positivo, salgamos adelante...
cuando el cansancio y la fatiga de sufrir
pasan la cuenta...
y quedo solo allí... solo contigo.
Silencio.
Dependencia.
Soledad.
Desierto.
Escasez.
Fui de los que amaba el entregarse por los demás.
Lo planifiqué así.
Busqué mi norte tras las miradas de los demás,
sin saber cómo buscar ni encontrar.
Fui de los que quería siempre ver más.
Y lo soñé así.
Con amor abundante. Con sabiduría para seguir.
Pero todo pasa la cuenta... y nos cansamos,
decimos seguir viviendo sin saber cómo,
ni cuándo,
ni dónde.
Pero seguimos... He sufrido, pero aquí estoy.
Un poco cansado ya de todo esto.
Un poco frustrado de intentar sin saber cómo...
sin dar en el blanco,
como lo había planificado,
como lo había soñado desde niño...
y como lo había construído en mis escritos.
Fui de los que siempre decía que sí...
sobre todo si se trataba de ayudar a otros.
sobre todo si había que esperar hasta tarde,
sin saber cómo,
con cansancio en el cuerpo,
pero ahí estaba... y estuve.
Y encerrado allí decidí salir,
pero ha costado...
aún me aislo entre las multitudes.
Aún prefiero el lugar seguro de esa soledad
que busco a veces.
Sin saber cómo,
ni de dónde salió.
Hoy lloro queriendo más.
Como si mi corazón cansado de latir quisiera respirar...
como si mis pulmones cansados de respirar quisieran latir...
y volar...
volar a nuevos horizontes de tu gloria,
si es que hoy puedo tocar tus manos y volar...
Hoy quiero vivir más,
respirar más,
vivir la vida con alegría...
Y hoy te adoro... sin saber cómo ni dónde
sin saber dónde dirigir mis oídos para escuchar.
Pero creo que estás aquí. Observando.
Callando.
Trabajando algo nuevo.
Déjame llorar en tus brazos de nuevo.
Como el niño llora todas sus penas
en los brazos de papá...
decirte que te amo con todo mi corazón...
decirte que la vida ha tocado dura y triste a veces, pero aquí estoy...
te sigo amando,
te sigo buscando,
te sigo queriendo como cuando me encontraste.
Como el niño que abraza a su padre con todas sus fuerzas...
y le pide que no lo deje,
que lo necesita,
que necesita su mano de favor,
que necesita su voz que diga que todo está bien...
esa voz que cambia las tempestades en sosiego,
y los lamentos en expresiones de alegría.
Que lo ha extrañado y que el viaje ha sido largo.
Como un bebé que caminando torpemente,
busca llegar hasta a ti, sin más ganas que palpar tu rostro,
mirar tus manos y decirte que te echado de menos.
Dios se encargó de hacer todo de nuevo, con un nuevo comienzo. Les invito a celebrar conmigo los milagros increíbles que Él hace cuando le creemos!!
5 de octubre de 2009
28 de septiembre de 2009
Una ONG...
Pasando por Avenida la Paz una vez recuerdo que vi a muchas personas necesitadas. Una persona pidiendo dinero, otra vomitando y un vagabundo sentado al lado de harapientas sábanas que le servían de abrigo cuando dormía. Siempre ese escenario lo describí de manera muy descriptiva. De hecho, varios de los escritos que he hecho, hacen alusión a esta calle de Recoleta.
Pese a que no es una calle aseada y de aspecto no atractivo, ahí nació este sueño. Un sueño que recuerdo haber partido junto a don Rufino y don Carlos, dos amigos que conocí en un oscuro callejón de cemento, tirados en el suelo, con marcas de caídas, con hambre y con aliento a alcohol. Cuando le dimos ese pedazo de completo, en poco tiempo su cara fue otra...
Don Rufino y don Carlos nunca más los vi. Varias veces traté de buscarlos en el mismo callejón, pero sin éxito. Pero desde ahí que nació algo en mi corazón de hacer algo por ellos. Algo más relevante que una visita a preguntarles cómo están y servir con mi profesión en ello. Pienso que eso es Cristo: darle pan al hambriento, ánimo al cansado, calidad de vida al enfermo y sobre todo, salvación. En mi mente tengo hacer una ONG para dar servicios odontológicos a las personas de escasos recursos. A mis colegas les resultará difícil por los altos costos, pero no lo veo imposible.
Uno siempre se pregunta el qué, cómo, con quién Dios hará esto. Hoy es un sueño quizás. Un sueño muy lindo en el discurso. Pero sé que hay que trabajar duro para ver frutos... y agrego como alguna vez alguien dijo: "No daré sacrificio que no me cueste nada".
Pese a que no es una calle aseada y de aspecto no atractivo, ahí nació este sueño. Un sueño que recuerdo haber partido junto a don Rufino y don Carlos, dos amigos que conocí en un oscuro callejón de cemento, tirados en el suelo, con marcas de caídas, con hambre y con aliento a alcohol. Cuando le dimos ese pedazo de completo, en poco tiempo su cara fue otra...
Don Rufino y don Carlos nunca más los vi. Varias veces traté de buscarlos en el mismo callejón, pero sin éxito. Pero desde ahí que nació algo en mi corazón de hacer algo por ellos. Algo más relevante que una visita a preguntarles cómo están y servir con mi profesión en ello. Pienso que eso es Cristo: darle pan al hambriento, ánimo al cansado, calidad de vida al enfermo y sobre todo, salvación. En mi mente tengo hacer una ONG para dar servicios odontológicos a las personas de escasos recursos. A mis colegas les resultará difícil por los altos costos, pero no lo veo imposible.
Uno siempre se pregunta el qué, cómo, con quién Dios hará esto. Hoy es un sueño quizás. Un sueño muy lindo en el discurso. Pero sé que hay que trabajar duro para ver frutos... y agrego como alguna vez alguien dijo: "No daré sacrificio que no me cueste nada".
26 de septiembre de 2009
El corazón de la alabanza
Me gusta mucho esta canción y se las quiero compartir :)
Cuando la música y todo terminó
me acerco a ti.
Quiero traer algo digno para ti
Que te bendiga, oh Dios.
me acerco a ti.
Quiero traer algo digno para ti
Que te bendiga, oh Dios.
Traeré más que una canción
pues cantar por cantar
no es lo que quieres de mí.
Tú buscas en mi interior
más que mi canción,
anhelas mi corazón
Hoy vuelvo al corazón de la alabanza
que sólo eres tú...
que solo eres tú Jesús.
Perdóname por lo hecho en mis fuerzas
cuando sólo eres tú,
cuando sólo eres tú, Jesús.
pues cantar por cantar
no es lo que quieres de mí.
Tú buscas en mi interior
más que mi canción,
anhelas mi corazón
Hoy vuelvo al corazón de la alabanza
que sólo eres tú...
que solo eres tú Jesús.
Perdóname por lo hecho en mis fuerzas
cuando sólo eres tú,
cuando sólo eres tú, Jesús.
20 de septiembre de 2009
16 de septiembre de 2009
Hombres que siguen luchando
He estado ausente un poco de las escrituras de este blog, pero continuando con lo que venía escribiendo anteriormente, ahora quiero escribir sobre nosotros los hombres.
Una de las cosas que más nos define es el silencio. La mayoría de los hombres preferimos callar ante ciertas circunstancias, mostrarnos no muy expresivos o mejor dicho, un poco carentes de emociones. Quizás tratando de dar una imagen de fortaleza y de que lo tenemos todo dominado. Sin embargo, resulta aterrador pensar siquiera en que las cosas salgan de nuestras manos y sea controlado por otros. Nos cuesta ver con emoción la vida a momentos... queremos saltar pero no lo hacemos, porque eso sería caer en tonteras de niños... tampoco llorar porque - y aunque parezca que ya no creemos en eso- eso es signo de debilidad.
Los problemas nos toman por sorpresa. Mujeres a nuestro alrededor nos critican a menudo. Nos corrigen. Nos dicen que hemos engordado, que nuestro cabello ha crecido, que estamos más enojones, que estamos más materialistas, etc. Las cosas bajo control nos dicen a menudo que no podemos... que hay cosas esenciales como las relaciones de pareja, la iglesia y las cosas más esenciales de la vida, que se nos escapan de las manos y que por más que tratemos de hacer cosas, éstas no se solucionarán. Entonces buscamos señales... "Señor, háblame". Pero a veces Dios calla también. Buscamos reuniones con personas, buscamos conversar con la gente para conseguir torserles la mano. Pero nada es efectivo.
La mayor fortaleza de un hombre es su debilidad. Eso lo leí en un libro y me llamó mucho la atención. Nosotros no somos esa clase de hombres disfrazados con capa azul que podemos ir a buscar a la princesa al calabozo después de vencer al dragón. Somos esa clase de hombres que la realidad nos presiona a ser mejores, que nos presiona a dar más de lo que podemos dar, a que seamos mejores padres, mejores hermanos, mejores parejas, mejores amigos. Ante eso callamos. Ante las circunstancias difíciles quedamos paralizados.
Dios nos llama a movernos en medio de la oscuridad. Si hay algo que podemos hacer, es seguir avanzando en medio de la incertidumbre. He visto a muchas personas que abandonan sus proyectos a la primera o segunda dificultad, argumentando que "no era de Dios". Creo que hoy Él nos llama a ser hombres de verdad, hombres que siguen luchando aunque Dios no responda. ¿Y por qué no responde? Porque Él no quiere formar niños en nosotros, sino verdaderos hombres dispuestos a seguir confiando en su gracia aun cuando todos critiquen, todo vuelva a cero y todo cambie de nuevo. Es un llamado a no echar atrás los proyectos y no perder la esperanza. Somos esos hombres que, aun heridos por dragones, se vuelven a poner de pie y siguen corriendo pese a todo.
Una de las cosas que más nos define es el silencio. La mayoría de los hombres preferimos callar ante ciertas circunstancias, mostrarnos no muy expresivos o mejor dicho, un poco carentes de emociones. Quizás tratando de dar una imagen de fortaleza y de que lo tenemos todo dominado. Sin embargo, resulta aterrador pensar siquiera en que las cosas salgan de nuestras manos y sea controlado por otros. Nos cuesta ver con emoción la vida a momentos... queremos saltar pero no lo hacemos, porque eso sería caer en tonteras de niños... tampoco llorar porque - y aunque parezca que ya no creemos en eso- eso es signo de debilidad.
Los problemas nos toman por sorpresa. Mujeres a nuestro alrededor nos critican a menudo. Nos corrigen. Nos dicen que hemos engordado, que nuestro cabello ha crecido, que estamos más enojones, que estamos más materialistas, etc. Las cosas bajo control nos dicen a menudo que no podemos... que hay cosas esenciales como las relaciones de pareja, la iglesia y las cosas más esenciales de la vida, que se nos escapan de las manos y que por más que tratemos de hacer cosas, éstas no se solucionarán. Entonces buscamos señales... "Señor, háblame". Pero a veces Dios calla también. Buscamos reuniones con personas, buscamos conversar con la gente para conseguir torserles la mano. Pero nada es efectivo.
La mayor fortaleza de un hombre es su debilidad. Eso lo leí en un libro y me llamó mucho la atención. Nosotros no somos esa clase de hombres disfrazados con capa azul que podemos ir a buscar a la princesa al calabozo después de vencer al dragón. Somos esa clase de hombres que la realidad nos presiona a ser mejores, que nos presiona a dar más de lo que podemos dar, a que seamos mejores padres, mejores hermanos, mejores parejas, mejores amigos. Ante eso callamos. Ante las circunstancias difíciles quedamos paralizados.
Dios nos llama a movernos en medio de la oscuridad. Si hay algo que podemos hacer, es seguir avanzando en medio de la incertidumbre. He visto a muchas personas que abandonan sus proyectos a la primera o segunda dificultad, argumentando que "no era de Dios". Creo que hoy Él nos llama a ser hombres de verdad, hombres que siguen luchando aunque Dios no responda. ¿Y por qué no responde? Porque Él no quiere formar niños en nosotros, sino verdaderos hombres dispuestos a seguir confiando en su gracia aun cuando todos critiquen, todo vuelva a cero y todo cambie de nuevo. Es un llamado a no echar atrás los proyectos y no perder la esperanza. Somos esos hombres que, aun heridos por dragones, se vuelven a poner de pie y siguen corriendo pese a todo.
6 de septiembre de 2009
Que la mujer se someta

Enseñaba Jesús en una sinagoga en el día de reposo; y había allí una mujer que desde hacía dieciocho años tenía espíritu de enfermedad, y andaba encorvada, y en ninguna manera se podía enderezar.
Cuando Jesús la vio, la llamó y le dijo: Mujer eres libre de tu enfermedad. Y puso las manos sobre ella; y ella se enderezó luego, y glorificaba a Dios."
Era sábado y era la tradición de aquel entonces ir a la sinagoga a buscar y a aprender más de Dios. La historia relata que incluso Jesús estaba allí, enseñando. El cuadro nada hacía presagiar de algo que alterara la costumbre de cada mañana sabatina. Pero había allí una mujer encorvada hacía 18 (sí! 18) años. Mujer que había pasado gran parte de su vida mirando sus propios pies y los de los demás.
La historia relata que ella había intentado des-encorvarse anteriormente. Por eso dice: "... y en ninguna manera se podía enderezar". Es decir, nos encontramos ante una mujer que se había esforzado- quizás por todos esos 18 años - de recuperar su condición normal.
Cuando Jesús la vio, la llamó y lanzó una declaración poderosa: "Mujer, eres libre de tu enfermedad". Nada había funcionado. Los kinesiólogos judíos y los terapeutas ocupacionales con mención en "mujeres encorvadas" no había logrado lo que Jesús si había conseguido: "Sanar y rehabilitar a la mujer". Entonces se viene lo mejor: la mujer se endereza y acaba glorificando a Dios. ¿Poderoso no es cierto?
Quizás más de alguien se alarmó y puso el grito en el cielo cuando vio el título de este escrito. Sólo lo hice para llamar la atención jejeje. Esa mujer nos representa a todos: andamos encorvados, enfermos y cansados. Nos sentimos vacíos. Vamos a la iglesia y no sentimos nada, como si todo fuera distinto a antes. Que a medida que han pasado los años nos sentimos desgastados y que hemos tratado de alguna y de todas las formas de solucionar nuestros problemas sin haberlo conseguido. Pero la solución está en Jesús: él nos llama y nos dice que seamos libres de nuestra enfermedad. ¿Has buscado soluciones? ¿Has tratado de cambiar tú solo? ¿Has buscado encontrar en ti el remedio a tus problemas? Porque hay una salvación: dejar que él nos llame. Dejar que él nos sane y no nosotros. Y confiar. Confiar en Jesús. Porque si no lo hacemos, seguiremos estando cada día de reposo sin recibir la sanidad que él nos ha prometido.
La mujer recibió está palabra: "Sé libre". Y ella lo fue. Y glorificaba a Dios por todo esto. Je. Casi la puedo imaginar llorando y saltando, siendo libre. Porque cuando somos libres, somos realmente nosotros y surge del corazón una actitud espontánea hacia Dios de adoración. La sanidad lleva a la adoración...
"¿Le has escuchado que te habla..? ¿Has visto que quiere honrarte y darte lo mejor? ¿Lo has visto? ¿Le has visto en el día a día, cuando llueve, cuando cantan los pájaros? ¿O has esperado la gran felicidad en el futuro cuando Dios te está diciendo hoy día mismo que seas libre de tu enfermedad y seas libre por dentro para adorarle? ¿Le has escuchado? (repito)... ¿o lo que vives hoy son sólo las glorias o ruinas de un pasado que ya fue? Es tiempo ya de oír su voz... porque ya es tiempo...
30 de agosto de 2009
25 de agosto de 2009
Puestos los ojos en Jesús
Si hiciéramos una encuesta sobre desconfianza, seguramente saldría un resultado cercano al 100%. La mayoría de las personas confiará en su familia (algunos no) y en un par de amigos. He visto a menudo cómo la gente anda desconfiada por la vida pensando siempre que alguien los quiere traicionar o que si existe algo bueno, seguramente en algún momento se va a acabar, porque "nada en la vida es duradero". Seguramente nuestra experiencia en la vida nos ha enseñado a ser precavidos. No aceptar nada de extraños era un consejo básico cuando éramos niños. Si un extraño te ofrece un dulce, no se lo recibas. Si un extraño te ofrece llevarte a algún lugar, no lo aceptes.Esos consejos tienen sentido, porque obviamente uno no conoce a las personas ni sus intenciones.
Nuestra experiencia muchas veces nos nubla la mente. Pensamos erróneamente que no hay nadie bueno en el mundo y nos desilusionamos de todo el mundo y de Dios. Dios pasa a ser ese extraño ser que un día buscamos pero que no respondió en los momentos más difíciles de nuestra vida. Y la desconfianza aumenta, sintiéndonos con una carga de presiones muy grande y con errores nuestros y de otros sobre nuestras espaldas. Mirar hacia atrás, significa ver todo ese acúmulo de pesadas cargas que hemos llevado por años.
Uno tiende a ver en personas la respuesta a nuestra necesidad interior. Buscamos el amor de otros para llenar vacíos, buscamos depender de otros en nuestra identidad y forma de ser; y lo que encontramos son errores en esas personas. Encontramos que ellos son tan imperfectos como nosotros y nos desilusionamos... Y todo nuestro discurso de vida basado en la evidencia de nuestras experiencias, se tiñe de resentimiento, de amargura y de rencor que muchas veces no queremos soltar... o que no queremos admitir. Cuando hay amargura hay desesperanza... y eso no nos deja correr plenos en nuestra vida, siempre buscando algo más para ser felices, y sin ser felices con lo que tenemos o somos... buscando siempre algo más que satisfaga nuestras necesidades para sentirnos valorados o amados.
Todo este largo discurso se ha tratado de personas. Pero hoy mi llamado personal es a dirigir por un momento la atención hacia Jesús. ¿Has estado enamorado? Allí lo único que importa es agradarle a esa persona no importa lo que piensen los demás o lo que haya que hacer para estar con esa persona. Para correr en libertad en nuestra vida, hay que poner los ojos en Jesús. Si has puesto la mirada en las personas, has encontrado seguramente todos sus errores y sus traiciones. Te han herido. Ellos te han jugado chueco. Ellos te han maltratado. Ellos son ,los culpables. Pero si diriges tus ojos a Cristo no verás la solución, sino al dueño de las soluciones apuntando directo a tu corazón... "Has dejado de verme"... "Has dejado de confiar en mí".
Una vez puestos los ojos en Jesús, la vida es más liviana y podemos correr confiados en que Él nos está dirigiendo. Traidores, desconfiados, indiferentes, no comprometidos, egoístas... siempre van a haber (y nosotros no nos salvamos de estar ahí), pero hoy Dios nos hace una invitación a poner los ojos en su Hijo y como lo dice Juan: "El que tiene sed, venga a mí y beba"...
Tengo sed...
Nuestra experiencia muchas veces nos nubla la mente. Pensamos erróneamente que no hay nadie bueno en el mundo y nos desilusionamos de todo el mundo y de Dios. Dios pasa a ser ese extraño ser que un día buscamos pero que no respondió en los momentos más difíciles de nuestra vida. Y la desconfianza aumenta, sintiéndonos con una carga de presiones muy grande y con errores nuestros y de otros sobre nuestras espaldas. Mirar hacia atrás, significa ver todo ese acúmulo de pesadas cargas que hemos llevado por años.
Uno tiende a ver en personas la respuesta a nuestra necesidad interior. Buscamos el amor de otros para llenar vacíos, buscamos depender de otros en nuestra identidad y forma de ser; y lo que encontramos son errores en esas personas. Encontramos que ellos son tan imperfectos como nosotros y nos desilusionamos... Y todo nuestro discurso de vida basado en la evidencia de nuestras experiencias, se tiñe de resentimiento, de amargura y de rencor que muchas veces no queremos soltar... o que no queremos admitir. Cuando hay amargura hay desesperanza... y eso no nos deja correr plenos en nuestra vida, siempre buscando algo más para ser felices, y sin ser felices con lo que tenemos o somos... buscando siempre algo más que satisfaga nuestras necesidades para sentirnos valorados o amados.
Todo este largo discurso se ha tratado de personas. Pero hoy mi llamado personal es a dirigir por un momento la atención hacia Jesús. ¿Has estado enamorado? Allí lo único que importa es agradarle a esa persona no importa lo que piensen los demás o lo que haya que hacer para estar con esa persona. Para correr en libertad en nuestra vida, hay que poner los ojos en Jesús. Si has puesto la mirada en las personas, has encontrado seguramente todos sus errores y sus traiciones. Te han herido. Ellos te han jugado chueco. Ellos te han maltratado. Ellos son ,los culpables. Pero si diriges tus ojos a Cristo no verás la solución, sino al dueño de las soluciones apuntando directo a tu corazón... "Has dejado de verme"... "Has dejado de confiar en mí".
Una vez puestos los ojos en Jesús, la vida es más liviana y podemos correr confiados en que Él nos está dirigiendo. Traidores, desconfiados, indiferentes, no comprometidos, egoístas... siempre van a haber (y nosotros no nos salvamos de estar ahí), pero hoy Dios nos hace una invitación a poner los ojos en su Hijo y como lo dice Juan: "El que tiene sed, venga a mí y beba"...
Tengo sed...
22 de agosto de 2009
¿Por qué no vas a mi iglesia?
Quiero compartir algo que he estado viviendo en este tiempo. Y cuando digo tiempo, debo decir que es harto tiempo. Y tiene que ver con el tema de iglesia. Por mucho tiempo fui a una iglesia en donde pensé que todo iría bien y que incluso me casaría ahí, tendría mis hijos ahí y que algún día hasta seríamos un gran ministerio. Todos mis amigos eran de ahí practicamente, pero en poco tiempo todo estuvo mal y hubo que salir... Quizás los que hayan pasado por eso, han podido darse cuenta de por qué las cosas son difíciles de retomar cuando has estado ligado a una institución por harto tiempo. Lo más difícil fue dejar atrás todo lo bueno que pasó.
Pensar en iglesia en mi familia es un tema bastante complejo. Todos pensamos muchas cosas pero casi nadie las quiere hablar porque es un tema delicado. Cada cual va a su iglesia y poco hablamos de lo que se hace en cada una de ellas, pensando en que una pelea se pueda armar. Todo aquello nos ha generado un cierto rechazo a entrar de nuevo al sistema de iglesia... pensando en que quizás uno proponga algo y reciba el rechazo de un pastor o de un lider que de nuevo te diga rebelde, o que te diga que eres un mentiroso siendo que uno quiere lo mejor.
Y debo reconocer que en ese tema aún he estado vagando. He ido a iglesias que quedan lejos, buscando algo más que lo conocido, buscando algo más que un simple "Hermanos, tienen que orar, porque el Señor lo dice", más que un simple "Dios es bueno, adorémosle"... He buscado un lugar que me desafíe a buscar a Dios y a llevar su reino a todo lugar. Hubo un tiempo en que llegué a la iglesia donde mi mamá va actualmente. Y era muy bkn la iglesia, pero no sé qué sucedía que no me sentía parte de allí. Todos me decían ahí: "Intégrate, ven a reuniones, haz esto, haz esto otro". Pero algo raro me pasaba... difícil de explicar y que a veces me he sentido muy mal, porque no sé de qué manera explicar lo que estoy sintiendo. A menudo escucho decir a las personas a mi alrededor: "¿Por qué no buscas un lugar más cerca?"...
Hace 1 año llegué a la Viña en Las Condes... que queda muy lejos de mi casa, pero que ha sido un lugar donde me he encontrado con Dios. Ha costado. He querido integrarme. Pero la integración ha sido corta. En un momento estaban varios de mis amigos allí (Joy, Nicolás, Kathy Marr), además de mi hermano Andrés e incluso mi hermana Susana y el Seba. Pero en 3 meses ninguno de ellos estuvo más. Algo decía en mi interior que tenía que aperrar solo y que no debía depender de otros para tomar esas decisiones. Además de escuchar el típico "¿Por qué no buscas un lugar más cerca?" de mis más cercanos, se sumaban las personas que trataban de aconsejarme. "Intégrate más", "No te veo muy integrado", "Si quieres dar un buen consejo, intégrate a una iglesia" y cosas por el estilo. Y debo reconocer que yo sólo escuchaba y me sentía a momentos mal y no comprendido por aquello... como presionado a hacer lo que decían.
Hoy no quiero que me aconsejen más... sé que es bueno integrarse a una iglesia, pero también ver las cosas desde afuera me ha servido para limpiar mi mente de las malas experiencias y a ayudar a aquellos que han estado en la misma condición. Fíjense que duele buscar un lugar para reunirse sin el apoyo de alguien que te diga "estaré contigo", "oraré por ti en esto", etc. Y algo el Señor me ha estado hablando en este tiempo, sobre depender de él en todas las cosas y sin sentirme presionado por otros, por más cercanos y amados que sean...
David les pide que oren por él en vez de que lo aconsejen. Siempre le digo a Dios que estoy dispuesto a viajar 1 hora y 10 minutos con tal de perseguir el propósito que Él ha puesto en mí. Solo o acompañado. Con preguntas en mi mente o sin ellas. Cansado o descansado. Con tal de que pueda caminar en el propósito que Él ha trazado para mí. Quizás me lleve a un lugar totalmente distinto al que siempre estuve acostumbrado. Quizás bautista o pentecostal a los cuales siempre les he hecho el quite por sus formalismos excesivos y por presionar tanto a la gente con la condenación y el juicio. Quizás tenga que dejar de lado mis formas para dejar que Dios haga las suyas en mí... o quizás deba dejar de razonar y descansar... Sí... descansar...
Pensar en iglesia en mi familia es un tema bastante complejo. Todos pensamos muchas cosas pero casi nadie las quiere hablar porque es un tema delicado. Cada cual va a su iglesia y poco hablamos de lo que se hace en cada una de ellas, pensando en que una pelea se pueda armar. Todo aquello nos ha generado un cierto rechazo a entrar de nuevo al sistema de iglesia... pensando en que quizás uno proponga algo y reciba el rechazo de un pastor o de un lider que de nuevo te diga rebelde, o que te diga que eres un mentiroso siendo que uno quiere lo mejor.
Y debo reconocer que en ese tema aún he estado vagando. He ido a iglesias que quedan lejos, buscando algo más que lo conocido, buscando algo más que un simple "Hermanos, tienen que orar, porque el Señor lo dice", más que un simple "Dios es bueno, adorémosle"... He buscado un lugar que me desafíe a buscar a Dios y a llevar su reino a todo lugar. Hubo un tiempo en que llegué a la iglesia donde mi mamá va actualmente. Y era muy bkn la iglesia, pero no sé qué sucedía que no me sentía parte de allí. Todos me decían ahí: "Intégrate, ven a reuniones, haz esto, haz esto otro". Pero algo raro me pasaba... difícil de explicar y que a veces me he sentido muy mal, porque no sé de qué manera explicar lo que estoy sintiendo. A menudo escucho decir a las personas a mi alrededor: "¿Por qué no buscas un lugar más cerca?"...
Hace 1 año llegué a la Viña en Las Condes... que queda muy lejos de mi casa, pero que ha sido un lugar donde me he encontrado con Dios. Ha costado. He querido integrarme. Pero la integración ha sido corta. En un momento estaban varios de mis amigos allí (Joy, Nicolás, Kathy Marr), además de mi hermano Andrés e incluso mi hermana Susana y el Seba. Pero en 3 meses ninguno de ellos estuvo más. Algo decía en mi interior que tenía que aperrar solo y que no debía depender de otros para tomar esas decisiones. Además de escuchar el típico "¿Por qué no buscas un lugar más cerca?" de mis más cercanos, se sumaban las personas que trataban de aconsejarme. "Intégrate más", "No te veo muy integrado", "Si quieres dar un buen consejo, intégrate a una iglesia" y cosas por el estilo. Y debo reconocer que yo sólo escuchaba y me sentía a momentos mal y no comprendido por aquello... como presionado a hacer lo que decían.
Hoy no quiero que me aconsejen más... sé que es bueno integrarse a una iglesia, pero también ver las cosas desde afuera me ha servido para limpiar mi mente de las malas experiencias y a ayudar a aquellos que han estado en la misma condición. Fíjense que duele buscar un lugar para reunirse sin el apoyo de alguien que te diga "estaré contigo", "oraré por ti en esto", etc. Y algo el Señor me ha estado hablando en este tiempo, sobre depender de él en todas las cosas y sin sentirme presionado por otros, por más cercanos y amados que sean...
David les pide que oren por él en vez de que lo aconsejen. Siempre le digo a Dios que estoy dispuesto a viajar 1 hora y 10 minutos con tal de perseguir el propósito que Él ha puesto en mí. Solo o acompañado. Con preguntas en mi mente o sin ellas. Cansado o descansado. Con tal de que pueda caminar en el propósito que Él ha trazado para mí. Quizás me lleve a un lugar totalmente distinto al que siempre estuve acostumbrado. Quizás bautista o pentecostal a los cuales siempre les he hecho el quite por sus formalismos excesivos y por presionar tanto a la gente con la condenación y el juicio. Quizás tenga que dejar de lado mis formas para dejar que Dios haga las suyas en mí... o quizás deba dejar de razonar y descansar... Sí... descansar...
12 de agosto de 2009
Jonás está en mi espejo

"Jonás no le hizo caso a la palabra de Dios,
y entonces vino un pez y pum! se lo tragó (8)"
Durante mi niñez aprendí a cantar esta canción y sobre todo, imitar la coreografía de las tías que nos las enseñaban en la escuela dominical. Creo que Jonás generaba en mí esa imagen de una persona porfiada. A medida que fui creciendo me iba preguntando: ¿Pero cómo "tan pa'o" de irse a Tarsis si Dios mismo le dijo: VE A NÍNIVE!!!!?
La historia que nos contaban en la escuela dominical era muy sencilla, de tal forma que fuera entendible para un niño de 6 años. Y empezaba a así: "Jonás era un profeta que Dios envió a Nínive, pero él fue porfiado y tomó rumbo a Tarsis, exactamente al lado contrario que el que Dios le había dicho". Todo había partido mal. La respuesta a la pregunta del "por qué tan pa'o" era obvia.
La historia seguía: "Pero Dios preparó un gran pez (algunas tías decían "una gran ballena") para que tragara a Jonás porque le había desobedecido. Dios hizo levantar una gran tempestad, tanto que la gente del barco se alarmó, preguntándose quién era el culpable. Echaron suertes y salió Jonás. Lo echaron al mar y ahí lo tragó el pez, estando dentro de él, 3 días y 3 noches."
La historia era asombrosa... Jonás, Tarsis, un pez, desobediencia, castigo. Pero de pronto una nueva oportunidad. El pez vomita a Jonás y después va a predicar a Nínive para que se arrepintieran y así Dios no los destruyese.
Jonás no es esa clase de persona a la que debiéramos rechazar en nuestra mente. Tampoco debiéramos mirarlo en menos y decir: "Esa clase de personas no le sirve a Dios". Sin embargo, cuando me miro al espejo, veo la imagen de ese Jonás cada día. Jonás conocía a Dios, tanto como para predecir lo que él haría con los ninivitas. Después que Dios los perdonó, se enojó y dijo: "Yo sabía que eras grande en misericordia!!!... ¿para eso todo este show?
Lo que Jonás ignoraba, era que Dios estaba apuntando a su corazón. ¿Me obedeces a pesar de que parezca una locura hacer lo que te estoy mandando? ¿Eres capaz de dejar de forzar las circunstancias y depender de mi palabra? Cuando Dios hizo que el pez lo tragara, no lo hizo tanto como castigo (aunque así lo veía cuando era niño), sino como parte del proceso de atraerlo hacia el corazón del Padre. El pez es ese momento clímax en donde nos damos cuenta que hemos corrido a Tarsis tras nuestro propio orgullo y razonamientos personales. Es el momento en donde nos damos cuenta que no valen nada las experiencias pasadas delante de un Dios que nos está llamando a obedecerle. Jonás es parte de esas personas que dice: "¿Y para qué invertir en otros si siempre me dañan?" o que aconseja: "No le cuentes nada a nadie porque la gente es mala"... Y el peso de sus experiencias ha formado en ellos un argumento sólido para vivir en su futuro. Hasta que Dios prepara un pez... Es el momento en donde nos damos cuenta que ninguna experiencia pasada, ni siquiera buena ("yo sabía que eras misericordioso"), es un buen argumento para no rendirse a Dios. Ese pez es el lugar donde uno dice como Jonás: "Pagaré mis votos al Altísimo". Un lugar de rendición pura... donde el peso de la experiencia personal y de toda la "sabiduría" de nuestra sociedad desconfiada y temerosa, cae; y donde Dios nos dice: "Yo te sostengo, puedes confiar en mí. Sé todo lo que dije que serías; haz todo lo que dije que podías hacer. Yo estoy contigo".
Siempre habrá una nueva oportunidad para ser restaurado...
Para terminar, he quedado con un nudo en la garganta al escribir esto. Espero les ayude mucho, como a mí.
Un Jonás...
2 de agosto de 2009
=)
Hay pequeñas cosas que estoy haciendo en este momento, pero que son muy significativas para mí. Son pequeños cambios de actitud que he tomado y que son necesarios para continuar el camino y alivianar la carga y descansar en Dios.
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