5 de noviembre de 2012

No desechemos las crisis

Ninguna crisis es fácil. Se generan tensiones que desafían nuestras debilidades y nos hacen ver la vida con desánimo a veces. Las crisis tienen esa peculiaridad de sacar lo peor y lo mejor de nosotros... Cuando llevamos la crisis a los pies de Jesús Él se encarga de limpiar "lo peor de nosotros" y de "mostrarnos lo mejor de nosotros". Las crisis no son siempre a causa de un pecado ni porque alguien haya tomado una decisión. Las crisis vienen de parte de Dios para tallar nuestro carácter y llevarnos de vuelta a depender de Él. Les invito en esta etapa del blog a que compartamos nuestras luchas y que, en medio de la crisis, busquemos al Señor y aprendamos a recibir la ayuda, consejo y compañía de otros.

Saludos!!


18 de octubre de 2012

Un tiempo difícil



Este no ha sido un tiempo fácil... En realidad ha sido de mucho desgaste físico y anímico. A momentos siento que no puedo más y que me vendrá un momento de mayor colapso. Nunca había sentido un estrés tan grande como el que siento en este momento. Mientras tanto, surgen problemas laborales y de familia... esos que uno espera que no surjan cuando uno está agotado. La falta de vacaciones me ha pasado mucho la cuenta y me siento desgastado físicamente... Sólo espero que pronto llegue enero o febrero, para poder tomarme un descanso mayor que el fin de semana que se pasa tan rápido.

Todo esto me ha hecho estar desganado en todas aquellas cosas en que antes mostraba interés... Creo que a pesar de todo, necesito despejarme y salir de la rutina que me tiene hastiado y lleno de preocupaciones. Se me pueden ocurrir muchos versículos que pueden relacionarse con lo que estoy viviendo, sin embargo, necesito encontrar al Dios de esos versículos en este momento... y disfrutar la vida a pesar de los tiempos difíciles.

"Señor te entrego todas aquellas preocupaciones que me hacen quitar la vista de ti... No ha sido fácil; el desgaste del año pasa la cuenta en tiempos como estos. A pesar de todo te agradezco por mi familia y el trabajo... reconozco que tú has provisto de todo eso y que es por tu gracia y misericordia. Hoy me acerco a ti, pidiendo que renueves mis fuerzas y tu Espíritu me infunda aliento..."

10 de octubre de 2012

Uno de mis grandes sueños

Ya son casi la 1 de la mañana mientras escribo estas líneas... Hasta aquí, me he dedicado a abarcar diversos temas en este blog: los sueños, la oración, las amistades, el sufrimiento, el amor, etc. Muchos de ellos han sido tópicos que han surgido de la propia experiencia y también de la experiencia de otros... En este momento quiero hacer una pausa y volver a lo que fue el principio de este blog, que en su primer momento lo llamé "Sueños y Restauración". Una de las maneras en que vemos la obra sanadora de Dios es el hecho de que Él va poniendo sueños en nuestros corazones. Muchos de esos sueños tienen relación con ayudar a otros a salir del hoyo en que uno mismo estuvo... Tal vez ayudar a otros a salir de adicciones en las que uno cayó en su momento... Los sueños que Dios pone generalmente van orientados a usarnos en un área donde hay necesidad.

Por mucho tiempo rehusé abrirme a lo que el Señor tenía para mi vida, pensando que no tenía las aptitudes para desempeñar funciones que a veces se me encomendaba. Sin embargo, en el transcurso de los años Dios me ha puesto una necesidad muy grande de ayudar a otros en su propia restauración personal y en el acompañamiento pastoral. Nunca como hoy me había puesto a escribir acerca de esto. De hecho, mientras escribo, siento que el discurso es un tanto egocéntrico jeje... A pesar de todo, creo que ese llamado que Dios me ha dado, debo potenciarlo y buscar abrirme paso de manera de creer a las promesas de Dios y a todo lo que Él ha dicho acerca de mí. Por eso hoy escribo convencido de que si Dios ha puesto esta necesidad en mi corazón, Él también me llevará donde sea su voluntad...

Mientras escribo, un corazón agradecido asoma como inspiración de estas letras... Se trata de un corazón que anhela de todo corazón que esta generación conozca a Dios de manera real y personal. Por eso le animo a decirle a Dios que le use donde quiera que usted se encuentre sin menospreciarse a sí mismo, con una actitud de humildad y aprendizaje, pero por sobre todo una fe que vibra cada día.

19 de septiembre de 2012

El amor que todo lo suple

Muchas veces queremos suplir con una relación de pareja, aquellos vacíos en nuestro interior. Llenamos de muchas maneras esas carencias de afecto que tenemos... a veces con fiestas; otras, intentando conseguir la atención del resto. Lo cierto es que todo aquello nos llevará a un nuevo vacío al final del camino, si es que no nos damos cuenta de lo que tenemos en nuestro interior: una lucha interna por ser amados y valorados tal cual somos.

Esta lucha, especialmente para aquellos que han experimentado abusos de cualquier tipo en el pasado, será una lucha interna que combatirá en nuestro corazón. El sentirnos amados es una necesidad inherente al ser humano y que encuentra su especial sentido al encontrarnos con Jesús... Es una invitación que Él nos extiende y en la que nos llama a encontrar el verdadero sentido de lo que hemos vivido, junto con abrazar su corazón y una manera diferente de concebir la vida... En este sentido, si estás luchando con vacíos en tu corazón, puedes acercarte a Él, sea primera vez que lo haces, o ya seas alguien que lo ha hecho muchas veces. En Él encontramos ese amor que todo lo suple y que todo lo llena... Gracias Dios por tu amor!!


10 de septiembre de 2012

Llévanos de vuelta a ti...

El silencio de esta noche es mi preciado escenario para escribir... Es el cuadro perfecto para inspirarme en agradecimiento al Señor. Quiero ocupar estas líneas para hacerlo, y de esa manera detenerme en medio del frenesí de la vida actual. Detenerme en contemplar la fidelidad de Dios como un padre que se mantiene siempre dispuesto a decir "sí" a acercarse a nosotros y a abrazarnos y acogernos.
Todos necesitamos un padre que diga palabras de afirmación y las declare sobre nosotros. Palabras tan simples como "bien hecho, hijo", "te felicito", etc. Dios está lleno de estas palabras. No por nada espera que nos acerquemos a Él de la manera más natural. Porque a Él no le interesan los protocolos bien cumplidos, o las oraciones perfectas... Como un padre a su hijo recién nacido, a Él le gustan nuestros balbuceos y nuestra intención de captar su atención... Le interesa el corazón de nuestra oración, es decir, el anhelo que tengamos de Su presencia y la necesidad de verle, sentir su compañía y aprender de él. Les invito a buscar al Señor a través de esta oración:

"Padre... te agradezco el estar aquí otra vez. La oración hace palpable tu presencia y nos conecta con tu corazón. Hay tantas cosas que no entiendo y no sé cómo actuar. Muchas veces el quehacer diario nos abruma y nos hace perder nuestro verdadero valor. Guíanos hacia la gracia de nuevo. Es esa gracia que nos levanta cuando las fuerzas escasean; la gracia que no nos exige el ser perfectos ni cumplir. Llévanos de vuelta a ti, sorpréndenos en el camino y muéstranos tu gloria. Te anhelamos, te deseamos, más allá de cualquier cosa. Derrama sobre nosotros aquellas palabras de afirmación que nos sanan, nos animan y nos fortalecen en medio del cansancio. Te amamos mucho Señor..."

15 de agosto de 2012

Sin recetas, pero con contenidos


Tal como lo dije en la publicación anterior, existen dos tipos de situaciones en las que nos podemos enfocar cuando tratamos el tema de las relaciones sentimentales: la de aquellos que esperan por primera vez, y la de aquellos que ya han tenido relaciones sentimentales anteriores.
Cuando se espera por primera vez, la mentalidad es quizás más ingenua y tendiente a idealizar las cosas, en comparación con personas que están esperando por segunda, tercera o ene veces. La inseguridad muchas veces nos puede tender una trampa al pensar que debemos esperar a la persona ideal. Claro está que en nuestra mente pensamos que no estamos buscando a nadie ideal, pero nuestra forma de actuar frente al tema, muchas veces temerosos, nos hace ver que tratamos de buscar a alguien ideal. O a veces tratamos de que llegue la persona que nosotros queremos que llegue, con las cualidades que a nosotros nos satisfagan. En cualquiera de los dos casos, la forma de pensar es la incorrecta, porque ambas muestran nuestro egoísmo y egocentrismo. Al tratar este tema, nos han dicho tanto que debemos tener cuidado con quien estemos, que nos hemos pasado al otro extremo, es decir, al de los que no se arriegan a cruzar el río. A veces nos gusta alguien, creemos que la persona comparte muchos gustos en común, pero esperamos señales divinas o que Dios mismo se nos aparezca diciéndonos que "esa" es la persona idónea.

No hay recetas, pero sí contenidos. Hay personas que han orado pidiendo una revelación a Dios acerca de quién es la persona idónea para ellos. Y efectivamente, Dios les ha respondido de maneras sorprendentes; tanto que nos gustaría que Dios fuera así de evidente con nosotros. Sin embargo, no todas las realidades son iguales. El trato de Dios es con cada uno y Él no repite fórmulas, sino que es creativo para hacernos crecer y madurar como Él quiere. Por esta razón es que no nos angustiemos si Dios no envía señales del cielo cuando oramos en esta dirección. Cuando anhelamos que Dios nos envíe señales asombrosas, nos arriesgamos a la frustración, porque tal vez Él no responda de esa manera. Nos arriesgamos a que no suceda, porque tal vez quiera darnos otro trato.

Si no hay una señal asombrosa cuando oramos por alguien (como una señal de la naturaleza, un sueño, etc.), eso no significa que seamos menos espirituales. Conozco a muchos matrimonios que no han tenido ninguna confirmación de su relación, y sin embargo, siguen juntos, bendicen a otros y se complementan muy bien. Así como a otros que se han casado con señales y prodigios, pero que han terminado separados. Es ahí cuando uno se pregunta: ¿Cuál es la manera correcta de orar y actuar? Les soy honesto en decir que estuve años preguntándole al Señor por esto, porque muchas veces recibí como enseñanza que Dios tenía que dar una confirmación sobrenatural para comenzar una relación. Con el tiempo, Dios me fue mostrando que no se trata tanto de evidencias externas, como la evidencia que Él mismo puede dar en nuestros corazones y en el trato personal que tiene con cada cual. De manera concreta, si alguien nos gusta, es bueno conocer a la persona. La fórmula no es orar y pedir confirmaciones, sino más bien pedirle al Señor que a uno le muestre el corazón de esa persona, de manera de saber si lo ama a Él, su relación con sus padres, la relación con sus amigos, etc. Arriesgarse a conocer no es malo, y Dios no lo condena. Lo que sí es importante es dejar de ser cobardes y pecar de inseguros al no querer cometer errores. Este no es un camino donde no cometeremos errores... de hecho, cometemos muchos errores; lo importante es aprender y confiar en el Señor en cada paso que demos.


5 de agosto de 2012

En compás de espera

¿Por qué no llega? ¿Habrá algo en mí por lo cual la persona indicada no ha llegado a mi vida? Tal vez esas son algunas de las preguntas que alguno de los lectores de este blog se hace al hacerse un autoanálisis. Este no es un tema fácil, especialmente para aquellos que están inmersos en sistemas eclesiásticos en los cuales sienten que los oprimen o les generan sentimientos de culpa o sentimientos de miedo al fracaso en este tema.
Cuando esperamos a la persona indicada, podemos tener dos situaciones: la de aquellos que están esperando por primera vez, o aquellos que están esperando desde el punto de vista de que han terminado alguna relación (sea el término de relación traumático o no). Aquellos que están esperando por primera vez, experimentan el miedo a lo desconocido, a no equivocarse, a hacerlo lo mejor posible, a tratar de orar mucho para encontrarlo(a) y a estresarse cuando no llega. Aquellos que ya han tenido experiencias previas en este tema, en cambio, se encuentran con sentimientos de culpa, a veces frustración, orando para que en la siguiente relación no se equivoquen y mejoren aquellas cosas que generaron el quiebre anterior. Cuando el quiebre ha sido traumático, algunos se encuentran en procesos de sanidad interior y de volver a retomar el camino. Algunos experimentan ese sentimiento de "mejor estar solo que mal acompañado".

Lo cierto es que hay muchas maneras en que podemos enfrentarnos a este tema. Primero que todo, puedo decirles que ante Dios no debemos tener caretas por ningún motivo. Derramar nuestro corazón al Señor es lo mejor que podemos hacer siempre, es decir, confesarle nuestros miedos, llorar nuestros fracasos previos, nuestras heridas, etc. Ser transparentes es la clave para seguir adelante. En segundo lugar, y no por ello menos importante, es estar agradecidos sea cual sea nuestra situación sentimental. Si estamos solos, agradezcamos por estarlo... muchos están acompañados, pero dentro de sí se sienten solos, y que la persona que tienen al lado, los acompaña en el carrete, pero no los llena. Estar solos es una bendición, aunque no hayamos sido creados para estar solos. Si estamos con alguien en una relación, agradezcamos por ellos y busquemos hacerlo lo mejor posible, estando conscientes que es Dios quien nos ha provisto la mejor persona para nuestras vidas.

Esperar en el Señor no es algo que está flotando en el aire; es más concreto de lo que pensamos, y se refiere a tener una actitud de espera. Imagínense el siguiente cuadro: dos personas están esperando el transantiago a las 7 de la mañana y el paradero está lleno porque la micro no ha pasado en mucho tiempo... Una de las personas está atrasada, mira su reloj, se para del asiento del paradero, luego se vuelve a sentar... se empieza a quejar porque no llega la micro, dice en su mente que apenas pueda pondrá un reclamo ante la empresa de transportes, etc. En cambio, la otra persona está sentada esperando la micro. También está atrasada, pero decide no desesperarse porque la micro pase o no. Lo que haga o deje de hacer, no generará que la micro pase más rápido o no. Les hago la siguiente pregunta: ¿Cuál de las dos personas está esperando el transantiago? La respuesta es clara: Las dos. Sin embargo, el "esperar en el Señor" implica la actitud de la segunda persona: es la actitud del que sabe que haga lo que haga, no acelerará la llegada de lo que uno quiere. Esperar involucra que esto no se trata de que lo haga en mis fuerzas o que prestemos una ayuda al Señor, sugiriéndole personas que podrían ser para uno... De hecho, mientras más rendimos esta área, más se acelera la llegada de la "micro". Si agradecemos, nos quejamos menos, ofendemos menos, murmuramos menos, amamos más, valoramos más a los demás y a nosotros mismos y la voluntad de Dios se empieza a forjar en nuestros corazones.

Les invito a quedarse a la siguiente publicación =)



30 de julio de 2012

Saber esperar


La palabra "esperar" nos evoca un verbo pasivo. Esperar pareciera ser aquella antítesis de hacerlo todo, de desesperar por tener algo... Sin embargo, Dios nos llama muchas veces a esperar en Él y a confiar completamente en Su voluntad. El esperar en Él no significa quedarse encerrado en la pieza con los ojos cerrados ni menos estar inactivo. De hecho, parte de esta nueva fase de este blog tomará sentido cuando tratemos este tema y lo llevemos a su definición pura, de manera de estrujar el concepto y de que al final todos deseemos con todo nuestros corazón esperar en Él en todas las áreas de nuestro corazón. En particular, nuestra área sentimental tendrá un duro remezón al darnos cuenta que Dios quiere que esperemos y descansemos en el poder de su fuerza y de su voluntad.

Les invito a quedarse en estas líneas, y viajar conmigo en esta hermosa aventura de saber esperar en Dios a la persona indicada; saber esperar en Dios el inicio de un proyecto; saber esperar en Dios cuando estamos desesperados por encontrar soluciones al dolor que nos rodea. Al terminar esta fase, deseo de todo corazón que juntos alabemos a Dios porque nunca nos deja solos y es capaz de cubrir la vergüenza y la soledad.

2 de julio de 2012

Una pausa en el camino

Antes yo era de los que criticaba a aquellos que se quejaba demasiado por tener que ir a trabajar. Para mis adentros pensaba: "Deberían estar contentos por tener trabajo"... Mi patrón de comparación era la universidad. Y desde ese punto de vista, las ventajas de trabajar eran muchas: no tener que estudiar sábados, domingos y festivos; terminar la jornada laboral y olvidarse del trabajo, a diferencia de la universidad donde había que quedarse estudiando hasta altas horas de madrugada a veces. A veces veía a amigos que se quejaban todo el tiempo por tener que levantarse a trabajar e incluso los criticaba porque desaparecían de la "vida social" a causa del trabajo.

Lo cierto es que hoy me encuentro desde la otra cara de la moneda, es decir, desde la arista del que trabaja de 8 a 5 todos los días. De la arista que después de la jornada laboral se puede olvidar del trabajo y volver a la casa sin tener que hacer nada. Es la arista del que descansa los sábados, domingos y festivos. Sin embargo, aquí me encuentro... cansado, más irritable, con menos paciencia y algo vacío. Después de casi dos años de campo laboral, puedo confesar que a veces no tengo ganas de levantarme a trabajar, que me quejo mucho por cosas que antes no me hubiera quejado y que me he decepcionado muchas veces de jefes, de compañeros de trabajo; del pelambre que practican, de la envidia que evidencian, pero por sobre todo del egoísmo que muestra la filosofía de nuestra sociedad actual: "yo velo por lo mío, aunque pase a llevar a los demás".

Este fin de semana largo quiero hacer una pausa... mostrar sin caretas al Señor que estoy cansado, a veces sin fuerzas... A veces con dolores de espalda, con ganas de quedarme durmiendo tres horas más. A veces despertando puntualmente según la alarma del reloj, pero quedándome a propósito en la cama, pensando en que no quiero tener que enfrentar esa rutina que cansa y que agobia a momentos...


"Quiero hacer una pausa para agradecer por el trabajo. Siempre recuerdo las palabras que una vez mi papá me dijo: el campo laboral es difícil. Sin embargo, hoy vengo a rendirme a ti, Señor. Para rogarte. Para enfrentarte. Para confesar que muchas veces he querido llorar del colapso del trabajo, a pesar de hacerme el tiempo para distraerme. Para volverme a ti. Para rogarte que hoy me hables y cambies mi corazón, haciéndolo un corazón más dócil, más fácil de moldear, más obediente, más noble y más parecido al tuyo. Enséñame a ver lo que tú vez... pues eres capaz de ver a través del egoísmo, la envidia, los "pelambres" y la indiferencia. De hecho, si veo a través de tus ojos, puedo ver muchas personas que están vacías y que, al igual que yo, están cansadas de trabajar, de soportar y de tener que aguantar a otros. A través de tus ojos, quiero que me uses para llevar tus noticias de esperanza y de salvación..."

23 de mayo de 2012

Cruzar la línea de la cobardía

Siempre me ha llamado la atención que los primeros discípulos muchas veces era apedreados, perseguidos, insultados o se burlaban de ellos, y eso les hacía hablar con más denuedo la palabra de Dios. Muchas veces el ser perseguidos, se convertía en un estímulo para hablar más acerca de Cristo. Esta imagen puede parecer la de un mensaje impopular y, a veces, difícil de aguantar, lo cual convertiría al evangelio en una muy mala opción. Y nosotros, como discípulos de Cristo, también estamos llamados a seguir sus pisadas y de parecer extranjeros en medio de compañeros de universidad o de trabajo; o parecer locos y que recibamos indiferencia o el clásico "respeto tu religión, pero yo creo en Dios a mi manera". En realidad lo único que le pido al Señor es que me dé fuerzas para ser valiente y hablar de Él siempre, cruzando la línea de la timidez y cobardía.

23 de abril de 2012

La necesidad de un padre

Muchas veces dentro de nosotros existe esa necesidad de afirmación. Es la necesidad que alguien te diga "bien hecho", "lo lograste", "te felicito", "gracias por tu ayuda" o de sentirse valorado de una u otra manera. Esa necesidad de afirmación viene desde la niñez, cuando nuestros padres nos inculcan esa visión del mundo y dictan de una u otra manera el carácter y la actitud frente a la vida que uno tendrá.
Para las mujeres surge esa necesidad de elogio, de ser tratadas como princesas, es decir, de una manera delicada, como debiera ser. Si esto no está, se generan profundos problemas de autoestima y destrucción de la autoimagen... Lo externo cobra mucho sentido para ellas, es decir, la apariencia del cuerpo y también lo que los demás opinen de ellas.
Para un hombre, en cambio, existe esa necesidad de encontrar en un papá la figura de la correcta autoridad. No es esa autoridad que se usa para castigar severamente ni para condenar o humillar; es esa autoridad usada para corregir con paciencia y con amor. La necesidad de afirmación surge de un padre que inculca en su hijo la fe de que él puede alcanzar lo que se proponga y lo que sueñe. Surge de alguien que uno lo apoye pero también que le pregunte "¿cómo has estado hijo?" con un interés genuino e incondicional.

Cuando carecemos de esa figura paterna, nos cuesta más ver al Padre que hay en Dios. Nos cuesta imaginar a un padre bondadoso, lleno de palabras de afirmación para nosotros y con muchos deseos de vernos triunfar en Él. Algo no cuadra en la figura de nuestro padre terrenal y nuestro padre celestial. Incluso siendo cristianos, a veces actuamos como si la figura de Dios no fuera la del Padre amoroso y misericordioso, sino más bien, como si fuera un ser castigador que nos llama a obedecer por obligación, pero sin conocerle.
Escribo de este tema porque toca a mi puerta cada vez que hay un problema familiar. Escribo desde el anhelo de expandir la figura de Dios como la de un Padre que nos busca incansablemente hasta encontrarse con nosotros y conquistar nuestro corazón. He escuchado a lo largo de estos 25 años a tantas personas hablar de Dios, refiriéndose a él de muchas y variadas maneras. Lo cierto es que ese Padre lo encontré en el secreto de mi pieza y fue en ese lugar donde Él mismo me mostró que quería restaurar mi vida, mi autoestima, mis relaciones personales; que quería sacarme de esa soledad y depresión en la que me estaba hundiendo; que quería cambiar mi carácter tan dubitativo y cuestionador y volverlo más dócil, más "flexible" en sus manos; y que quería que todas esas lágrimas de dolor desde ahora fueran de alegría y restauración.
Por eso siempre detrás de los escritos de este blog, la palabra restauración ha estado de manera permanente. Es la palabra que nutre estas líneas y las intenta impregnar del aroma de la gracia y la afirmación de Dios... Porque detrás de ese Dios que parece lejano y que sólo existe en el cielo, he podido experimentar a un Padre tan cercano que sus palabras y su presencia ha restaurado mi vida, mis relaciones, mis sueños, mis expectativas de la vida. Por eso cuando hay problemas que me recuerdan el pasado, lo confronto con esa revelación de un padre celestial lleno de autoridad, amor, palabras de afirmación y de verdad.


La cultura del balcón

Algunos gritaban por allá. Los de acá aplaudían y gritaban. "Llévense a la vieja loca", se escuchaba por ahí. Desde muchos balcone...