
Fue un día como ningún otro... Nunca esperé vivirlo así. Esta semana dejé mi cargo en el núcleo de GBU. Lo imaginé de muchas maneras, pero ninguna de ellas se cumplió. Sólo quisiera dar gracias a Dios por todo lo vivido, por el ánimo con que entré y la motivación con la que salí. Fue un entrar y un salir sorprendente. Gente me ministró y yo también lo hice con otros. A muchos úsó Dios para tocar la fibra más íntima de mi ser. No olvidaré las risas, las tristezas y todas las experiencias. No olvidaré cuando salimos a orar por los mendigos de Avenida La Paz o cuando actuamos frente a toda la facultad. Fue emocionante vivir eso.
Y se condensó todo en un año. No pensé que los momentos más terribles y a la vez los más sorprendentes se suscitaran en un mismo año. Hubo de todo... ¿Alguien sintió soledad? Yo también. ¿Alguien sintió impotencia? Yo más. ¿Alguien se sintió sin fuerzas? Ya somos dos. ¿Alguien oró mucho porque la universidad conociera a Jesús? Yo también. En todo entiendo que el amor del Padre me confiaba asuntos en los cuales era incapaz. Fueron cosas soñadas que no quise vivir, pero que me hicieron crecer y soñar. Nunca como este año quise soñar. En medio de la tormenta, llorando de aflicción y de impotencia, algo me hacía volver a creer... Cuando llego a este punto no me puedo contener: Dios cambia mi vida como un suspiro.
El amor del Padre no es ir a la Iglesia y cantar canciones y aprender de la Biblia. Ese amor trasciende los tiempos y cambia cualquier corazón. Ese amor no se limita a algo bonito. Es soñar con Él, enamorarse de lo imposible, es cambiar lamentos en baile, lágrimas en sonrisas, fracasos en sueños nuevos. El amor del Padre es más que lograrlo todo en la vida, es más que un éxito, es más que un esfuerzo. Si pudiera describir ese amor, seguro caerían las lágrimas y vendría un silencio que lo llenaría todo y sanaría todas las cosas.
Así entregué mi cargo. Entré callado y salí soñando un futuro nuevo. Entré pequeño y salgo más grande. Entré sin creer, y salgo creyéndolo todo.
El precio es seguir soñando!!!
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La oficina estaba oscura y nadie tenía ganas de encender las luces de la oficina. Recuerdo que estábamos cansados... muy cansados. Nadie sabe cómo lo estábamos. Una secretaria ejecutiva y un ex-encargado de núcleo. Lo único que recuerdo de aquel momento es que las lágrimas brotaban sin permiso y nuestros rostros estaban cansados de la batalla. Vi que estábamos con amargura. Pero había un mismo pensamiento: debemos salir adelante y seguir creyendo.
La habitación estaba oscura. Todos iban yéndose y nosotros estábamos aún allí, queriendo salir de la realidad, queriendo recibir alguna buena noticia. Lo único que supe en ese momento es que Dios amaba la transparencia de ella y que sin importar las capacidades y los errores, Dios amaba esa sinceridad. ¿Alguien busca ser perfecto para agradar a Dios? ¿Alguien busca algún buen pretexto para acercarse a Dios y que Él confíe en él? Aquí les va una noticia: el Padre se alegra en los que reconocen sus errores. Él habita con los débiles. Él da gracia a los humildes...
Fue lo que supe... Así terminó este año en GBU: sin luces ni reconocimientos; sólo dando gracias por la amistad y abrazando un mismo sueño a los pies de Jesucristo.
"Gracias Grace por confiar en mí"









