Les invito a quedarse en estas líneas, y viajar conmigo en esta hermosa aventura de saber esperar en Dios a la persona indicada; saber esperar en Dios el inicio de un proyecto; saber esperar en Dios cuando estamos desesperados por encontrar soluciones al dolor que nos rodea. Al terminar esta fase, deseo de todo corazón que juntos alabemos a Dios porque nunca nos deja solos y es capaz de cubrir la vergüenza y la soledad.
Dios se encargó de hacer todo de nuevo, con un nuevo comienzo. Les invito a celebrar conmigo los milagros increíbles que Él hace cuando le creemos!!
30 de julio de 2012
Saber esperar
Les invito a quedarse en estas líneas, y viajar conmigo en esta hermosa aventura de saber esperar en Dios a la persona indicada; saber esperar en Dios el inicio de un proyecto; saber esperar en Dios cuando estamos desesperados por encontrar soluciones al dolor que nos rodea. Al terminar esta fase, deseo de todo corazón que juntos alabemos a Dios porque nunca nos deja solos y es capaz de cubrir la vergüenza y la soledad.
2 de julio de 2012
Una pausa en el camino
Antes yo era de los que criticaba a aquellos que se quejaba demasiado por tener que ir a trabajar. Para mis adentros pensaba: "Deberían estar contentos por tener trabajo"... Mi patrón de comparación era la universidad. Y desde ese punto de vista, las ventajas de trabajar eran muchas: no tener que estudiar sábados, domingos y festivos; terminar la jornada laboral y olvidarse del trabajo, a diferencia de la universidad donde había que quedarse estudiando hasta altas horas de madrugada a veces. A veces veía a amigos que se quejaban todo el tiempo por tener que levantarse a trabajar e incluso los criticaba porque desaparecían de la "vida social" a causa del trabajo.
Lo cierto es que hoy me encuentro desde la otra cara de la moneda, es decir, desde la arista del que trabaja de 8 a 5 todos los días. De la arista que después de la jornada laboral se puede olvidar del trabajo y volver a la casa sin tener que hacer nada. Es la arista del que descansa los sábados, domingos y festivos. Sin embargo, aquí me encuentro... cansado, más irritable, con menos paciencia y algo vacío. Después de casi dos años de campo laboral, puedo confesar que a veces no tengo ganas de levantarme a trabajar, que me quejo mucho por cosas que antes no me hubiera quejado y que me he decepcionado muchas veces de jefes, de compañeros de trabajo; del pelambre que practican, de la envidia que evidencian, pero por sobre todo del egoísmo que muestra la filosofía de nuestra sociedad actual: "yo velo por lo mío, aunque pase a llevar a los demás".
Este fin de semana largo quiero hacer una pausa... mostrar sin caretas al Señor que estoy cansado, a veces sin fuerzas... A veces con dolores de espalda, con ganas de quedarme durmiendo tres horas más. A veces despertando puntualmente según la alarma del reloj, pero quedándome a propósito en la cama, pensando en que no quiero tener que enfrentar esa rutina que cansa y que agobia a momentos...
"Quiero hacer una pausa para agradecer por el trabajo. Siempre recuerdo las palabras que una vez mi papá me dijo: el campo laboral es difícil. Sin embargo, hoy vengo a rendirme a ti, Señor. Para rogarte. Para enfrentarte. Para confesar que muchas veces he querido llorar del colapso del trabajo, a pesar de hacerme el tiempo para distraerme. Para volverme a ti. Para rogarte que hoy me hables y cambies mi corazón, haciéndolo un corazón más dócil, más fácil de moldear, más obediente, más noble y más parecido al tuyo. Enséñame a ver lo que tú vez... pues eres capaz de ver a través del egoísmo, la envidia, los "pelambres" y la indiferencia. De hecho, si veo a través de tus ojos, puedo ver muchas personas que están vacías y que, al igual que yo, están cansadas de trabajar, de soportar y de tener que aguantar a otros. A través de tus ojos, quiero que me uses para llevar tus noticias de esperanza y de salvación..."
Lo cierto es que hoy me encuentro desde la otra cara de la moneda, es decir, desde la arista del que trabaja de 8 a 5 todos los días. De la arista que después de la jornada laboral se puede olvidar del trabajo y volver a la casa sin tener que hacer nada. Es la arista del que descansa los sábados, domingos y festivos. Sin embargo, aquí me encuentro... cansado, más irritable, con menos paciencia y algo vacío. Después de casi dos años de campo laboral, puedo confesar que a veces no tengo ganas de levantarme a trabajar, que me quejo mucho por cosas que antes no me hubiera quejado y que me he decepcionado muchas veces de jefes, de compañeros de trabajo; del pelambre que practican, de la envidia que evidencian, pero por sobre todo del egoísmo que muestra la filosofía de nuestra sociedad actual: "yo velo por lo mío, aunque pase a llevar a los demás".
Este fin de semana largo quiero hacer una pausa... mostrar sin caretas al Señor que estoy cansado, a veces sin fuerzas... A veces con dolores de espalda, con ganas de quedarme durmiendo tres horas más. A veces despertando puntualmente según la alarma del reloj, pero quedándome a propósito en la cama, pensando en que no quiero tener que enfrentar esa rutina que cansa y que agobia a momentos...
23 de mayo de 2012
Cruzar la línea de la cobardía
Siempre me ha llamado la atención que los primeros discípulos muchas veces era apedreados, perseguidos, insultados o se burlaban de ellos, y eso les hacía hablar con más denuedo la palabra de Dios. Muchas veces el ser perseguidos, se convertía en un estímulo para hablar más acerca de Cristo. Esta imagen puede parecer la de un mensaje impopular y, a veces, difícil de aguantar, lo cual convertiría al evangelio en una muy mala opción. Y nosotros, como discípulos de Cristo, también estamos llamados a seguir sus pisadas y de parecer extranjeros en medio de compañeros de universidad o de trabajo; o parecer locos y que recibamos indiferencia o el clásico "respeto tu religión, pero yo creo en Dios a mi manera". En realidad lo único que le pido al Señor es que me dé fuerzas para ser valiente y hablar de Él siempre, cruzando la línea de la timidez y cobardía.
23 de abril de 2012
La necesidad de un padre
Muchas veces dentro de nosotros existe esa necesidad de afirmación. Es la necesidad que alguien te diga "bien hecho", "lo lograste", "te felicito", "gracias por tu ayuda" o de sentirse valorado de una u otra manera. Esa necesidad de afirmación viene desde la niñez, cuando nuestros padres nos inculcan esa visión del mundo y dictan de una u otra manera el carácter y la actitud frente a la vida que uno tendrá.
Para las mujeres surge esa necesidad de elogio, de ser tratadas como princesas, es decir, de una manera delicada, como debiera ser. Si esto no está, se generan profundos problemas de autoestima y destrucción de la autoimagen... Lo externo cobra mucho sentido para ellas, es decir, la apariencia del cuerpo y también lo que los demás opinen de ellas.
Para un hombre, en cambio, existe esa necesidad de encontrar en un papá la figura de la correcta autoridad. No es esa autoridad que se usa para castigar severamente ni para condenar o humillar; es esa autoridad usada para corregir con paciencia y con amor. La necesidad de afirmación surge de un padre que inculca en su hijo la fe de que él puede alcanzar lo que se proponga y lo que sueñe. Surge de alguien que uno lo apoye pero también que le pregunte "¿cómo has estado hijo?" con un interés genuino e incondicional.
Cuando carecemos de esa figura paterna, nos cuesta más ver al Padre que hay en Dios. Nos cuesta imaginar a un padre bondadoso, lleno de palabras de afirmación para nosotros y con muchos deseos de vernos triunfar en Él. Algo no cuadra en la figura de nuestro padre terrenal y nuestro padre celestial. Incluso siendo cristianos, a veces actuamos como si la figura de Dios no fuera la del Padre amoroso y misericordioso, sino más bien, como si fuera un ser castigador que nos llama a obedecer por obligación, pero sin conocerle.
Escribo de este tema porque toca a mi puerta cada vez que hay un problema familiar. Escribo desde el anhelo de expandir la figura de Dios como la de un Padre que nos busca incansablemente hasta encontrarse con nosotros y conquistar nuestro corazón. He escuchado a lo largo de estos 25 años a tantas personas hablar de Dios, refiriéndose a él de muchas y variadas maneras. Lo cierto es que ese Padre lo encontré en el secreto de mi pieza y fue en ese lugar donde Él mismo me mostró que quería restaurar mi vida, mi autoestima, mis relaciones personales; que quería sacarme de esa soledad y depresión en la que me estaba hundiendo; que quería cambiar mi carácter tan dubitativo y cuestionador y volverlo más dócil, más "flexible" en sus manos; y que quería que todas esas lágrimas de dolor desde ahora fueran de alegría y restauración.
Por eso siempre detrás de los escritos de este blog, la palabra restauración ha estado de manera permanente. Es la palabra que nutre estas líneas y las intenta impregnar del aroma de la gracia y la afirmación de Dios... Porque detrás de ese Dios que parece lejano y que sólo existe en el cielo, he podido experimentar a un Padre tan cercano que sus palabras y su presencia ha restaurado mi vida, mis relaciones, mis sueños, mis expectativas de la vida. Por eso cuando hay problemas que me recuerdan el pasado, lo confronto con esa revelación de un padre celestial lleno de autoridad, amor, palabras de afirmación y de verdad.
Para las mujeres surge esa necesidad de elogio, de ser tratadas como princesas, es decir, de una manera delicada, como debiera ser. Si esto no está, se generan profundos problemas de autoestima y destrucción de la autoimagen... Lo externo cobra mucho sentido para ellas, es decir, la apariencia del cuerpo y también lo que los demás opinen de ellas.
Para un hombre, en cambio, existe esa necesidad de encontrar en un papá la figura de la correcta autoridad. No es esa autoridad que se usa para castigar severamente ni para condenar o humillar; es esa autoridad usada para corregir con paciencia y con amor. La necesidad de afirmación surge de un padre que inculca en su hijo la fe de que él puede alcanzar lo que se proponga y lo que sueñe. Surge de alguien que uno lo apoye pero también que le pregunte "¿cómo has estado hijo?" con un interés genuino e incondicional.
Cuando carecemos de esa figura paterna, nos cuesta más ver al Padre que hay en Dios. Nos cuesta imaginar a un padre bondadoso, lleno de palabras de afirmación para nosotros y con muchos deseos de vernos triunfar en Él. Algo no cuadra en la figura de nuestro padre terrenal y nuestro padre celestial. Incluso siendo cristianos, a veces actuamos como si la figura de Dios no fuera la del Padre amoroso y misericordioso, sino más bien, como si fuera un ser castigador que nos llama a obedecer por obligación, pero sin conocerle.
Escribo de este tema porque toca a mi puerta cada vez que hay un problema familiar. Escribo desde el anhelo de expandir la figura de Dios como la de un Padre que nos busca incansablemente hasta encontrarse con nosotros y conquistar nuestro corazón. He escuchado a lo largo de estos 25 años a tantas personas hablar de Dios, refiriéndose a él de muchas y variadas maneras. Lo cierto es que ese Padre lo encontré en el secreto de mi pieza y fue en ese lugar donde Él mismo me mostró que quería restaurar mi vida, mi autoestima, mis relaciones personales; que quería sacarme de esa soledad y depresión en la que me estaba hundiendo; que quería cambiar mi carácter tan dubitativo y cuestionador y volverlo más dócil, más "flexible" en sus manos; y que quería que todas esas lágrimas de dolor desde ahora fueran de alegría y restauración.
Por eso siempre detrás de los escritos de este blog, la palabra restauración ha estado de manera permanente. Es la palabra que nutre estas líneas y las intenta impregnar del aroma de la gracia y la afirmación de Dios... Porque detrás de ese Dios que parece lejano y que sólo existe en el cielo, he podido experimentar a un Padre tan cercano que sus palabras y su presencia ha restaurado mi vida, mis relaciones, mis sueños, mis expectativas de la vida. Por eso cuando hay problemas que me recuerdan el pasado, lo confronto con esa revelación de un padre celestial lleno de autoridad, amor, palabras de afirmación y de verdad.
9 de abril de 2012
Te quiero Juanita...
Como si el cielo se hubiera cubierto de gris. Como de tonos apagados y músicas entrelazadas de dolor mezclado con lágrimas de recuerdos y pequeñas reminiscencias junto a ella. La recuerdo entre los trozos de niñez que emergen de mi mente, buscándola como aquella abuelita callada pero amorosa con nosotros. Con su voz trémula, su tez blanca y sus pliegues asomados de sus ojos; con su carácter sereno, de apacible trato y de suave hablar... con esa imagen que me seguía hablando de una mujer fuerte, preocupada de los suyos y sufrida a lo largo de los años.
La voy a extrañar... No le veía seguido, pero su presencia siempre estaba en el ambiente, reflejo de un cariño y de una unidad familiar que ella, con su paciencia, pudo generar. Y hoy la despedimos, entre tonos de tristeza mezclados de paz; alegría porque partió rápido, sin sufrir mucho. Extrañaré su caminar sereno y cómo mezclaba la harina tostada con agua y azúcar. Pero por sobre todo extrañaré las veces en que me tocó la cara y me preguntó cómo estaba.
"Señor... la muerte llega cuando menos la esperamos. Nos muestra la fragilidad de la vida y de cómo un día existimos y al otro no... Y te agradezco por mi abuelita Juana, por su amor, por su gran legado hacia nosotros, por su paciencia y por su entrega. Gracias por mostrarnos tu amor a través de personas como ella y por la paz que hay en nuestros corazones, de que ella está contigo descansando alegre. Creo que extrañaré saber de ella, escuchar en el teléfono su voz y abrazarla... Gracias por ella Señor..."
19 de marzo de 2012
Aquitar las aguas
Cuando nos sentimos ofendidos o pasamos por problemas con personas, donde todo sale de nuestro control, tendemos a perder la paciencia y muchas veces a reaccionar con prepotencia, o sentir desesperación dentro de nuestro corazón. Todas estas reacciones son parte de lo que aflora en primera instancia, ya que intentamos buscar soluciones rápidas o crear estrategias para mitigar el dolor o para que todo salga bien.
Especialmente cuando nos sentimos tentados a desesperarnos, es bueno recordar que Dios es un Dios de paz, y no de descontrol. Él mismo nos reiteradas veces en la Biblia, a descansar en Él, a estar quietos, a mantener un espíritu quieto. Es la lucha diaria que todos debemos llevar cuando queremos tener un corazón apacible y de mansedumbre, es decir, un corazón que mantiene en control las emociones y sabe cómo canalizarlas. Esto no quiere decir en ninguna manera que uno no deba hablar las cosas que piensa o siente. Tener mansedumbre en ninguna manera significa no denunciar las injusticias o guardarse todo lo que uno piensa; por el contrario, se trata de decirlo pero sin perder los estribos. De esa manera nos evitamos muchos percances y malos ratos...
Les invito a reflexionar en este tema, y calmar un poco la ansiedad y la desesperación, y buscar el descanso que sólo proviene de Dios. Ya después de esta publicación, este blog dará un nuevo giro y explorará nuevos temas. Además les invito a acompañarme en esta oración:
"Señor, en esta hora quisiera aquietar mi corazón y descansar en ti. Tal vez quien esté leyendo esto, no lo está pasando bien o está ansioso o preocupado por una situación sin control... Te ruego que traigas un sentir de paz y de que tú sigues siendo el Dios que tiene todo bajo control y de cuya voluntad no se escapa nada. Nos hacemos débiles para ser fuertes en ti y para fortalecernos en tu mano de favor... Te amamos mucho, y te pedimos que formes en nosotros la mansedumbre y la templanza, de manera de tener el carácter del Espíritu Santo en nuestras vidas. Amén"
15 de marzo de 2012
El reino de los cielos

Siempre me ha llamado la atención el concepto que Jesús ocupa para describir a Dios y su gobierno. Siempre habla del "reino de los cielos" y lo compara a muchas cosas naturales, tales como un grano de mostaza, una moneda perdida, una perla de gran precio, a una red, etc. Como diría John Stott, el reino de Dios se refiere a que Él mismo establece su soberanía sobre nuestras vidas.
Los gobiernos monárquicos se caracterizan porque las decisiones del pueblo pasan por una sola persona: el rey. Este título se va heredando de generación en generación (vitalicio) y generalmente eran los encargados de llevar las riendas políticas y armamentistas de su reino. A su cargo tenía sirvientes de diversa índole y todos le debían respeto. En palabras más sencillas, su poder era absoluto. Claramente hoy los reyes no asumen ese tipo de funciones; más bien, se encargan de las relaciones exteriores y desempeñan cargos de Jefes de Estado. Sin embargo, el reino de los cielos se parece más al concepto antiguo de los reyes, quienes ejercían su autoridad soberana sobre su pueblo.
Que Dios sea el rey no significa que ejerza un poder amenazante sobre nuestras vidas o entre a nuestras vidas a la fuerza. Más bien, él nos invita a formar parte de este reino. Este reino se refiere más bien a un estilo de vida diferente al de la gente común y corriente... Y tal vez su mayor ley es amar con todo nuestro corazón a Dios, es decir, con toda nuestra mente, todas nuestras fuerzas, todas nuestras intenciones y todo nuestro corazón; y amar al prójimo como a uno mismo... Esta ley implica rendir nuestro orgullo, nuestra manera de hacer las cosas y nuestra soberbia. Es asumir que Él nos ha llamado a ser santos en toda nuestra manera de vivir y que nos entrega la misión de llevar los valores del reino (amor, gozo, paz) a un mundo en convulsión y a sociedades corruptas y faltas de valores. Es asumir que nos ha llamado a hacer justicia y denunciar la injusticia; a buscar el bien social y político y a predicar a Jesús a toda persona. En este reino el rey no quiere de nosotros una parte de nuestras vidas o de nuestro tiempo, sino que lo espera todo.
Jesús en una oportunidad dijo que el reino de los cielos era como un tesoro escondido en un campo, el cual un hombre encontró y luego fue y vendió todo lo que tenía y compró aquel campo. Así es el encuentro personal con ese rey: se nos revela a nuestras vidas y nos mueve a buscar todo para estar solamente con él, en adoración y búsqueda constante de su presencia. Aún los bienes y logros que alcanzamos no se comparan a una relación con Él, llena de sorpresas, restauración, sanidad interior, desafíos a nuestro orgullo y nuestra manera autosoberana de vivir, y de salvación.
8 de marzo de 2012
Ayúdame a escucharte
"Señor... muchas veces nos presentamos delante de ti como si fueras una actividad en la agenda y no como alguien central en nuestras vidas. Hay veces en que el frenesí de la vida y el estrés de cumplir metas laborales o estudiantiles, nos lleva a perder el foco. Pese a eso tú no nos condenas; al contrario, estás a la puerta llamándonos una y otra vez. Contemplarte significa acallar todas las voces externas y las distracciones para observarte. Ese es tal vez el desafío más grande en la relación contigo: el hacer pausas, el guardar silencio delante de ti y el aprender a escuchar tu voz en medio de todo. Al final de cuentas, al observarte y contemplar tu hermosura, tú nos revelas que no hay nada más importante en la vida que tú... no son las riquezas... no es la fama... no es alcanzar un logro... Todo eso es nada si tú no estás como eje central.
Padre gracias por atraerme otra vez a ti. Cada cierto tiempo me doy cuenta que sigo el ritmo de la vida de manera automática... Muchas veces me doy cuenta que en medio de tanto estrés olvido a la gente que tiene necesidad... Hay gente que muchas veces he visto mal y no me he acercado y la indiferencia se hace más palpable que nunca... Perdóname por eso... Ayúdame a escuchar tu voz en medio de todo, de manera que al escucharla pueda ver dónde tú estás obrando... seguramente quieres sanar a un enfermo, consolar a alguien con tristeza o hablarle a alguien de ti y que te conozca. Tal vez es sólo dar pan al que lo necesita o abrazar a un desconocido. Para todo eso, entiendo que mi mayor necesidad eres tú..."
29 de febrero de 2012
Refrena tu lengua

Para alegar somos todos buenos. Para enojarnos por no recibir lo que queremos o porque no sucede lo que planeamos, también nos resulta fácil. Nos surge de manera natural hablar mal del otro, interponer primero una queja antes que escuchar, ponernos primero en nuestro lugar en vez de otros, etc. La lista podría ser larga.
La Biblia, en Proverbios, habla muchas veces que es de sabios refrenar la lengua. Alguno podrá pensar que eso significa que Dios ordena no denunciar las injusticias o no encarar a la gente, sin embargo, se refiere a un aspecto de nuestra lengua que muchas veces descuidamos: LA FORMA EN QUE HABLAMOS.
Lo que hablamos es la expresión de lo que hay alojado en nuestro corazón."De la abundancia del corazón habla la boca". También lo muestra la Biblia en Proverbios. Para todos es mucho más trabajo quedarnos callados que alegar por todo lo que se cruza en nuestras vidas. A veces nos quejamos de llenos, o nos quejamos egoístamente porque las cosas no resultan a nuestra manera. Muchos de los conflictos se solucionarían si al tratar de solucionarnos, no ofendiéramos al otro o bajáramos el tono al conversar. Lo cierto es que resulta más fácil ofender, tratar mal, alegar, denunciar; que intentar salvar una relación, favorecer al otro aunque ese otro no lo aprecie. En nuestro corazón muchas veces alojamos argumentos como estos:
"¿Para qué me voy a esforzar por alguien que no lo toma en cuenta?
¿Para qué pesar en el otro, si ese otro no piensa en uno?
¿Para qué dejarse pasar a llevar?
Nunca más voy a parecer un tonto y dejarme pasar a levar"
Muchas veces gastamos nuestros tiempo y energías en tratar de quedar como los "buenos" a costa de que otros, se lo merezcan o no, salgan desfavorecidos. Otros lo que hacen es gastar su tiempo y energías en hablar mal de otros, para ganar ellos mismos protagonismo y ascender en el trabajo o en reconocimiento. Alguno pensará que ese tipo de personas que embarra al resto, tiene mejor auto, mejor casa, gana mejor sueldo, pero se equivocan: tales personas son pobres de espíritu, tienen pocos amigos y desconfían de todo el mundo.
Nos resulta fácil alegar por nuestros derechos, pero muy difícil callar, rendirse y someterse. Nos resultan tan ajenas y extrañas esas palabras, pues nos parecen de un tiempo antiguo, como si callar ahora fuera de tontos y el rendirse de cobardes. Sin embargo, muchos proverbios insisten en que "incluso cuando el necio calla es contado como sabio", o que "la blanda respuesta quita el enojo". Muchas veces vivimos un evangelio que se olvida de las palabras de Jesús cuando dijo: "Bendigan a quienes les maldigan" o "amen a sus enemigos". Y así es, porque amar a quien nos hace el mal, nos resulta tonto e inentendible. Sin embargo, quien deciden ser "tontos" y amar a todos (buenos y malos), han entendido por fin que es Dios quien los defiende y que, a su tiempo, traerá siempre lo mejor. Hay quienes tienen muchos bienes y riquezas, pero son pobres de adentro porque su trato no es afable y su carácter poco confiable.
Quienes saben guardar secretos y saben tratar bien a los demás, son quienes más tienen amigos; y también son quienes más reciben apoyo cuando se encuentran en tiempos de dolor o se encuentran en el mayor de los logros alcanzados. Más vale ser pobre con amigos, que ser rico y estar en soledad. Es por eso que varias veces he escrito en este blog acerca de cómo hablamos y lo que pensamos... Y especialmente en que mostremos a Jesús en esto. Porque es mucho más fácil criticar sin escuchar, que hacer lo que Jesús decía. Por eso no todos han madurado el evangelio, porque se creen con la desfachatez de pasar a llevar a todo el mundo y de pasada seguir enseñando a Jesús. ¿Acaso no hemos entendido que la manera en que nos relacionamos con los demás, es el reflejo de nuestra relación con Dios? Si hablamos mal de otros, si nos empeñamos en dejar mal a otros delante de los demás, si buscamos siempre imponer nuestra verdad sin dejar a los demás aportar, si somos llevados en nuestras ideas, si nos creemos con el derecho de ponernos sobre los demás y enjuiciar su vida como mero expectador, entonces Cristo no ha sido formado en nosotros. Porque cuando él está, aún a quienes hablan mal de nosotros podemos amar; a quienes nos ofenden, bendecir; a quienes nos critican, responder de manera amable... Todo esto es espiritual, así como orar, ayunar y estar en una vigilia.
20 de febrero de 2012
¿Te has detenido?

En medio del frenesí del día a día. Junto al informe que hay que entregar en media hora. Acompañando el atraso de las 7:45, cuando dispones de esos 15 valiosos minutos para llegar a la hora a tu lugar de estudio o trabajo. Buscando siempre el mañana: que llegue el fin de semana, los feriados y las vacaciones...
A veces cada una de estas situaciones me hace pensar en lo rápido que se nos pasa la vida. De nosotros mismos salen expresiones tales como: "Qué ha pasado rápido esta semana", o "No nos hemos dado cuenta y ya estamos en fin de año". Muchas veces se nos va la vida en buscar el mañana. Somos felices cuando llega el día de descanso. Descansamos cuando realmente podemos dormir más de 6 horas. Creemos que hemos alcanzado el éxito cuando en nuestra oficina aparece el cargo de jefe, gerente o director de algo. Sin embargo, poco caso hacemos a lo más importante en la vida: aquello que no notamos, que pasa desapercibido, que transcurre lento.
Cuando pienso en nuestra relación con Dios, se me viene a la mente una palabra: quietud. Sin quietud es imposible concentrarse y escuchar su voz. Y sin ella no podremos calmar nuestras ansias y confiar completamente en el Señor. ¿Por qué nos cuesta tanto contemplar la vida tal y cual deberíamos hacerla? ¿Por qué no salirse del egocentrismo y observar a los que piden desesperados la salvación? ¿Por qué no calmar nuestras ansias de éxito por medio del servicio a aquellos que no pueden devolver ni un peso si hacemos algo por ellos? ¿Por qué no valorar lo más importante en la vida: nuestras relaciones? ¿Por qué no dejar un rato de nuestro tiempo para observar a Dios y lo hermoso que es? ¿Le has visto? ¿Le has visto en la sonrisa de los niños y en el agradecimiento de quienes no tienen?
"Estad quietos y conoced que yo soy Dios... [...]"
8 de febrero de 2012
Mis hermanos pequeños :)
Ellos ya no son tan pequeños... De izquierda a derecha, Daniel tiene 16, Carla 10 y Ely 12. Valoro mucho que sean mis hermanos y, aunque somos diferentes, me alegro de saber que podemos compartir juntos como en la foto, donde fuimos a comer juntos comida china... Tal vez los 4 compartimos algo y eso es la timidez con la que nos mostramos en un principio... Sin embargo, a medida que tomamos confianza en los demás, nos vamos desenvolviendo mejor.A la vez los 4 somos distintos. Daniel es valiente e inteligente; Carla es esforzada y perseverante; Elizabeth es responsable y alegre. Veo muchas de sus cualidades como ejemplo para mi propia vida y le agradezco a Dios que existan. Siempre hemos sido una familia numerosa y eso nos enseñó el valor de la generosidad, del pensar en el otro, de servir a los demás y de ser respetuosos. La estrechez de espacio que a veces pasamos no es nada en comparación al poder vivir juntos y el haber vivido etapas importantes de nuestras vidas en esa micro-comunidad de la familia. A ellos siempre les aconsejo que sean fuertes, que se esfuercen y que con la ayuda de Dios alcancen sus sueños, desarrollen sus talentos y se abran paso a pesar de las limitaciones que vean en ellos mismos. La timidez es la característica que Dios ha usado para forjar su carácter en nosotros porque sabemos que si algo hemos alcanzado, ha sido por Él, ya que de nuestra propia forma de ser no surge naturalmente la iniciativa y la valentía. Él ha sido fiel para con nosotros =)
"Hermano Daniel, sigue adelante a pesar de todo. Los dones que el Señor te ha dado, explótalos al máximo sin importar el qué dirán. Dios recompensa a quienes le obedecen, aunque hayan críticas y sufrimiento. En ese corazón profético que Dios ha puesto en ti, estoy seguro que hay más por entregar a los demás.
Elizabeth... yo sé que tú puedes. Llegarán momentos en donde podrás enfrentar esos temores de la niñez y Dios se encontrará directamente contigo, como aquel capaz de sanarlo todo. No descuides la sensibilidad que te caracteriza.. esa es tu fortaleza interna. Tu alegría no la cambies por nada del mundo, porque de ella se sirve el Espíritu Santo para atraer a quienes ha escogido para sí.
Carlita... corazón de enseñanza... alcanzarás más de los que piensas y llevarás en tu corazón el peso del llamado de Dios, el cual te dice que nunca te dejará, que te tiene en sus manos y que cada día se acuerda de ti y de las promesas que desde siempre han sido sobre tu vida. Alcanzarás más de lo que piensas... y recuerda estas palabras y busca a Dios con todo tu corazón, y con la pureza que te caracteriza. En tu sinceridad Él se deleita."
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