22 de diciembre de 2014

Una pobre navidad

Lo veo allí, acostado en un pesebre. Sin previsión de salud. Sin siquiera recibir el ajuar. Sin un lugar digno donde nacer. Sin la ropa apropiada. Sin los médicos especialistas adecuados. Sin habérsele aplicado las vacunas ni nada. Lo veo allí, sólo observado por los ojos de sus padres. Lo veo en un lugar que hiede a excremento de vaca y al pelaje de oveja. Allí lo veo naciendo. Siendo todo, vino a nacer en la pobreza máxima, en medio de un ambiente hostil y sin la dignidad que merecería cualquier humano.

Qué gran enseñanza es el simple nacimiento de Jesús. Nacido en un pesebre. No leo que alguien se haya quejado. En medio de muchos rumores alrededor. Casi abandonado por José su padre. Casi nacido en el camino hacia Belén... Allí nació por nosotros.. nació por mí.
En medio de la nada, nació aquel que es todo. Es un fiel reflejo de lo que es el evangelio. El cual emerge desde las dificultades, alumbra en medio de la oscuridad y surge en medio de la hostilidad y la desesperanza.

En tiempos de dificultad, es bueno recordar esto: que podemos brindar a Jesús un lugar donde nacer, donde emerger en medio de la hostilidad y la pobreza.

Feliz navidad a todos!



29 de septiembre de 2014

El sonido del silencio

Callar. Acallar. Acallarme. Calmar. Calmarme. Quietud. Aquietarme. Dejar de luchar. Dejar de intentar, dando tumbos contra el viento. Tal vez hacer una pausa. Pausarme. Poner "stop" a este frenesí de actividades. Frenar el paso del tiempo y dejar de temblar. Dejar de temblar frente al futuro. Dejar de temblar de temor frente al Señor. Calmarme. Alzar la vista. Verlo a Él. Tal vez agachar el rostro otra vez. Sentir su mano deslizándose sobre mi mentón. Sorprenderme. Verlo otra vez. Rendir. Rendirme entero. Levantar bandera blanca frente a todo esfuerzo. Rendir el desgaste. Sólo verlo a Él. Llorar. Solo con él. Nadie más alrededor. Postrarme delante de Él y besar sus pies. Aquietar mis ansiedades y mis miedos. Dejarlos allí, bajo sus pies. Bajo los pies del maestro. Calmarme. Dejar de luchar. Dejar de depender de mí. Sollozar. Besar tus pies. Escuchar lo que me dices. Escuchar el misterio de tu amor. Sin distracciones. Sin voces alrededor. Sin el rencor que percibo a veces. Sin tratar. Señor, sin tratar, dado tumbos al viento. Calmarme. Rendir. Negarme. Negar mi egoísmo. Decirte que te necesito. Sólo eso. Escuchar el sonido del silencio. Nada más. Dejar de usar oraciones prefabricadas. Ponerme de pie... Ver tu sonrisa dibujada en el rostro. Resplandeces alrededor de mí. En medio de las aflicciones. No sé por qué siempre es así. O casi. Calmarme. Verte a los ojos. Hallar el único sentido de mi vida: tú. Llorar. Rendirme de nuevo. Lo he intentado todo. Dando tumbos. Dando buenas intenciones. Volcando esfuerzos. Volcando mi entera voluntad en pro de un sueño. Rendirlo. A tus pies. Aquietar mi ansiedad sobre el futuro. Tú estás en control. Soy tu hijo. Tú eres mi Padre. Paz. Paz interior. No como el mundo la da. Con dinero. Con trabajo estable. Con apariencias mantenidas en el tiempo. Solo Cristo. Solo Cristo. Solo Cristo. Siempre suficiente. Todosuficiente. Forjador de sueños desde una vasija de barro. Arquitecto de mi mundo. Artesano de mi cuerpo. Solo Cristo. Tú el centro. Tú mi amado. Tú mi fuerza. Tú mi pasado, presente y futuro. Reconocerte. Volver a verte. Descubrir quién soy en ti. Solo Cristo. Tú me formaste. Ni siquiera era consciente y tú ya me conocías. Mientras tanto forjabas mi camino. Escribías mi libro. Cada página estaba ya escrita cuando se dio la noticia de mi nacimiento. Descanso. Tú eres mi dueño. Tú el autor de cada etapa en mi vida. Gracias. Solo a ti Cristo. No mi esfuerzo. No mi autosuficiencia. No mi propia justicia. No mi bondad. No mi paciencia. No mis virtudes. Solo tú, oh Jesús. Tú en esa cruz. Sólo eso bastó. Tú fuiste suficiente. Por eso puedo escribirte. Por eso puedo amarte. Por eso puedo cada mañana ver tu bondad. Por eso puedo esforzarme. Por eso puedo tener paciencia. Solo tú. En el sonido del silencio. Cuando se apaga la noche. Cuando las estrellas encienden su fulgor. Cuando se esconden los pueblos en sus casas. Cuando nadie interrumpe. Cuando nadie toca la puerta. Cuando solo estamos tú y yo. Alzar los ojos de nuevo. Ver tu cara de paz. Sonreír... pero a la vez no parar de llorar. Tú eres mi dueño. Tú el autor de mi libro.

2 de septiembre de 2014

El primero en mi vida

Hay un montón de cosas que con el tiempo pareciera que dejamos de hacer. Una de ellas, y que a medida que nos metemos en la rutina de la vida, es la intimidad con Dios. Muchas veces vivimos de las glorias pasadas, como cuando éramos disciplinados en la oración y lectura bíblica, pero no vemos que Dios quiere seguir hablándonos... quiere hablarnos acerca de los planes que tiene para nuestro "hoy".
Es importante responder a ese llamado otra vez. Cuando dejamos de verlo o cuando dejamos de buscarlo de todo corazón, nuestro corazón se comienza a enfriar y dejamos de sintonizar su palabra... dejamos de verlo como primero en nuestra vida y otras cosas (afanes, preocupaciones, responsabilidades) comienzan a tomar la prioridad por sobre Él.

Eso es lo que descubrí que me estaba pasando. Sin darme cuenta, estaba poniendo en primer lugar mi trabajo. Entonces todo lo que pasara en él, implicaba una absorción de mis energías y quitaba motivación y tiempo de buscar al Señor. Los problemas que se produjeron hacían tanto eco en mí que todo el día pasaba pensando en ellos. Mientras Dios quedaba más fuera de "mis planes", de "mis problemas", etc. Anhelo retomar mi relación profunda con el Señor, de manera de ser sensible a Su voz otra vez. Yo no sé si a otros les ha pasado lo mismo, pero agradezco a Dios que me haya hecho ver lo que antes no veía.. ver que el afán y la ansiedad no pueden estar por sobre la intimidad con él.

Así como puede ser el trabajo, hay otras cosas que pueden originarse de buenas intenciones, pero pueden estar quitando el primer lugar al Señor. Puede ser nuestra familia, nuestro cargo, nuestras responsabilidades diarias, alguna enfermedad difícil de manejar, etc. Cualquier cosa en la que ponemos todas nuestras fuerzas y esperanzas de felicidad que no sean Dios. Él nos dice que le amemos con todo nuestro corazón, nuestras fuerzas y nuestra mente, es decir, con todo nuestro ser. Esto no significa que dejará de haber temores o preocupaciones en nuestras vidas... seguro las seguirá habiendo. Lo que puede cambiar es cómo llevamos todos esos temores y preocupaciones a la cruz de Cristo y morimos a ponernos en el centro cada vez que hay problemas. Y cuando digo ponernos en el centro, me refiero principalmente a dos alternativas: o creer que podemos solucionar nuestros problemas por nuestras propias fuerzas, o victimizarnos, diciendo "¿por qué siempre a mí?" u "otra vez esto me pasa a mí".

Les invito a orar conmigo lo siguiente:

"Señor, sé el primero en mi vida. Declaro que nada se compara a ti: ni las mayores riquezas, ni el mejor trabajo, ni la mejor familia ni ningún amor a otra cosa o persona que no seas tú. Perdóname por darle tanta cabida a las preocupaciones y problemas, y así perder mi foco de ti.. Entiendo que en la medida que ponga todo mi amor, mis fuerzas y pensamientos en ti, tú serás quien ordene las cosas de la mejor manera, como lo ha sido siempre que he confiado en ti. Gracias por morir por mí y por morir por todo aquello que nos iba a afligir o nos iba a entrar en una ansiosa espera.
Revélate otra vez, te lo pido, no mirando lo bueno que pasó atrás, sino anhelando una palabra fresca de ti y una nueva unción de tu Espíritu. Amén"

2 de julio de 2014

Entre la tensión y distensión

Echando una mirada a la historia personal y también la de otros, puedo ver que vivimos en un proceso continuo de tensión y distensión. Lo veo al leer cada historia de Jesús: en un mismo día sanaba a todos los enfermos y los fariseos hablaban de apedrearlo; en un mismo instante sanaba a una mujer encorvada y lo criticaban por sanar en día de reposo. Al apóstol Pablo, en uno de sus viajes, se le aparece un ángel que le dijo que el Señor estaba con él y que, a pesar de las penurias que ya había pasado, llegaría sano y salvo hacia donde se dirigía. Sin embargo, al poco tiempo el barco naufraga y, en efecto, se cumplió la promesa. Ante esto me pregunto: ¿cuál es el evangelio que muchas veces predicamos? ¿es ese evangelio que lo soluciona todo y en donde no se sufre? ¿es ese evangelio que no incluye crisis y conflictos?

Siempre se ha dicho que las crisis ayudan a desarrollar carácter y sabiduría en la vida. Creo que esto también se aplica en el evangelio. Cuando pasamos crisis de fe, e incluso cuestionamos lo que creemos, esto mismo nos ayuda y desafía a buscar más al Señor. Esto mismo nos ayuda a darnos cuenta que la vida luego de convertirnos no es plana, hermosa y llena de paz. De pronto nos encontramos con tensión y rechazo; conflictos y oraciones a veces no respondidas. Esto nos desafía a algo: a ya no ser personas sólo convertidas, sino además, discípulos que siguen las pisadas de Jesús, incluso en sus sufrimientos.

Esto mismo me lo cuestioné una vez.. le pregunté al Señor donde estaba en un momento difícil que estaba viviendo y si se acordaba de mí. Su respuesta fue tan clara que aún la recuerdo con la misma emoción que en ese momento: "Yo te amo más de lo que tú imaginas". Eso es suficiente para enfrentar las crisis... es suficiente para enfrentar los conflictos y dudas de la vida. Mi oración en este tiempo no es que se solucionen los problemas, sino más bien, en tener la actitud correcta, no centrada en mí sino en Él, como su discípulo.

26 de mayo de 2014

Oración

"Esta vez oraré de la mejor manera que sé: escribiendo. No oraré como usualmente lo hago, ni tampoco pensando en otros afanes como comúnmente lo hago mientras oro, es decir, pensando en lo que me pasó, en cómo lo haré y cómo planificar la solución de un problema.
Cuando uno está acostumbrado a tomar decisiones en pro de lo mejor para la empresa, para el empleador o para el cliente/usuario/paciente, nos cuesta despojarnos del control... nos cuesta desprendernos de aquello que a ti te pertenece, es decir, nuestras preocupaciones y temores. Tú lo dices en innumerables ocasiones en tu palabra: no se afanen, no estén en ansiosa espera... Sin embargo, nos cuesta tanto...

Cuando estamos acostumbrados a sufrir solos, nos quedamos más solos que antes del dolor... Por eso hoy vengo a rendirme, a rendirte los conflictos interpersonales, a rendirte los temores que se han hecho realidad y otros que sólo eran una imagen fantasiosa que no han tenido asidero en mi realidad. Señor, si quieres puedes ayudarme y limpiarme de toda mala intención, de toda impiedad, de toda falta de amor.

Cuando estamos acostumbrados a ser evaluados por un superior, vivimos como si debiéramos ser aprobados en todo, sin margen de error y pensando que todo debe ser perfecto. Muchas veces a la primera falla, el entorno nos valora mal y hasta nos catalogan de mala manera. Vengo a rendir mi aprobación frente a quienes me rodean y rindo mis temores respecto a lo que otros digan de mí. Gracias porque ya estoy aprobado en Jesucristo; en su sangre ganamos el bono de mérito, el ascenso como hijos tuyos y la gracia del mayor de los jefes.

Cuando estamos acostumbrados a no generar conflictos, estar en medio de uno de ellos nos parece lo más caótico que nos ha pasado. Sin embargo, en medio del conflicto tu paz se manifiesta y tu fidelidad se hace patente. Es en medio del conflicto y la escasez, cuando todo parece fallar o carecer de sentido, que tu gracia nos llama a volvernos a ti, rindiendo nuestra armas, estrategias, planes de trabajo, etc... todo aquello que nos ata a nuestro propio control, egoísmo y autosuficiencia.

Ayúdame, Señor, a estar más acostumbrado a adorarte que a autocompadecerme. Ayúdame a no mirarme tanto a mí mismo como para enorgullecerme y tampoco mirarme en menos como para perder mi valor. Más bien atráeme de nuevo hacia ti y revélate de nuevo en medio del conflicto, descúbreme otra parte de tu naturaleza para poder conocerte más, y amarte más, y depender más de ti. Amén"

1 de mayo de 2014

Amar a quien no es digno

Hace ya algunas semanas he estado viviendo una etapa muy dura en lo laboral. Ha habido muchos roces con otras personas, especialmente las que tengo a cargo. No es fácil liderar un equipo, dado que cada uno tiene ideas diferentes de cómo llevar a cabo el trabajo y cada uno aborda los desafíos, conflictos y noticias de diferente manera. Algunos son optimistas y, a pesar de la frustración que a veces puedan sentir, se sobreponen y siguen adelante; otros, en cambio, tienen dificultades con superar los conflictos, se quedan pegados en un episodio y no olvidan... Pienso que ese tipo de personalidad es el que más me ha costado manejar, porque sin importar toda la motivación que se le pueda dar, se acuerda de los errores del pasado o culpa a otros de ser la causa de sus propios errores.

Le he pedido a Dios sabiduría para enfrentar estas situaciones con valor y no temor. Valor para poner límites. Valor para motivar. Valor para levantarme cada mañana y motivarme a mí mismo. Valor para vivir entre esa tensión y distensión que vivimos diariamente...

Esta vez les pido oración por mí.. para enfrentar... para no esconderme de los problemas... para saber responder sabiamente... para amar a quien tal vez no es digno.

24 de septiembre de 2013

Parábola del tesoro perdido

"Además el reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo, el cual un hombre halla y lo esconde de nuevo; y gozoso por ello va y vende todo lo que tiene y compra aquel campo" (Mateo 13:44).

Esta es quizás una de mis parábolas favoritas. Siento que ilustra tan bien la buena noticia de la salvación y de lo que significa el reino de Dios. Contenida en 1 solo versículo, para mí fue una gran revelación cuando lo comencé a estudiar.
Primero que todo hallamos a un tesoro escondido, luego aparece un hombre que halla un tesoro en un campo, lo esconde de nuevo, va con gozo y vende todo lo que tiene y compra el campo.

¿Qué cosas podemos desprender de lo que dice el texto? Primero que el tesoro fue encontrado casi por casualidad (es semejante a un tesoro escondido en un campo, el cual un hombre halla). No dice que estuvo buscándolo, o que cavando lo encontró. Más bien, fue un evento donde medió su esfuerzo. Por otra parte vemos que el hombre no era pudiente; por algo tuvo que vender todo lo que tenía para comprar el campo.

¿Qué produjo en el hombre el haber encontrado el tesoro? Gozo. Fue tanta la alegría que fue y vendió todo lo que tenía para comprar aquel campo.

¿Qué significaba vender todo lo que tenía? Dejar de lado todos los esfuerzos de - tal vez - toda una vida... Tal vez parece fácil desde afuera, pero imaginémonos siendo nosotros los que vendemos todo lo que tenemos. Sin embargo, el gozo era mayor a tal punto de no escatimar en gastos.

Me llama la atención que, al encontrar el tesoro, no se lo haya llevado sin dar aviso. Más bien lo escondió y fue a recaudar dinero suficiente para comprar el campo. El tesoro era tan valioso que ameritaba cambiar el rumbo de su vida y enfocarse en esto.

¿Qué luces del evangelio nos da este texto? Dice que el reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido, es decir, algo de mucho valor, que un hombre encuentra y le genera gozo. Observen que el tesoro no llegó a él por sus esfuerzos. Esto revela la gracia de Dios y de cómo este tesoro no requiere ser encontrado por nuestras fuerzas, y llega a ser más valioso que nuestras posesiones materiales e inmateriales. Junto con eso nos invita a volcarnos con todas nuestras fuerzas a ese campo donde se encuentra el tesoro. Sólo allí seremos llenados de gozo, a tal grado de restar valor a todo aquello que hemos conseguido por nuestras propias fuerzas.

Cuando encontramos este tesoro, no basta con disfrutarlo y luego irnos a vivir nuestras vidas tal cual la vivíamos antes. Más bien implica tal cambio que el resto de las cosas que hemos conseguido en nuestras vidas, pierde su valor y se nos invita a "mudarnos" a este campo.

¡Qué grande es nuestro Dios!

4 de septiembre de 2013

Reinvención

Llevo tres años de ejercicio profesional y muchas son las cosas que pienso, muchas de las cuales han cambiado respecto del primer año... Luego de varios conflictos laborales en el hombro, me siento desgastado y con ganas de reinventarme en relación a la profesión que ejerzo. Este ha sido un año especialmente cansador, lleno de nuevas experiencias que me han hecho sacar carácter, dejar de estar callado para decir lo que pienso; parar en seco a personas que se sienten con el derecho de pasar sobre uno, etc.
Siento que las expectativas eran muy altas en relación a la realidad odontológica. Hay mucha gente mediocre que me ha hecho cuestionar mi trabajo y la pasión que coloco en él. Lo cierto es que necesito darme un descanso y dedicarme a otras cosas... tal vez sea esa la mejor reinvención: la de dejar de pensar que todo es el trabajo y el cumplimiento de metas del mismo.

Mi oración en este tiempo es que el Señor me atraiga nuevamente a Él. En medio de este cansancio que les menciono, me he alejado de él y de una relación profunda. A veces siento secas mis oraciones y frías mis intenciones de buscarle y de amarle por sobre todas las cosas. Ahora que lo pienso más detenidamente, creo que la mejor reinvención es la de dejar de ver el trabajo como el propósito de vida y tenerlo como un medio a través del cual Dios puede hacer brillar su luz.

"Señor... vuélveme a ti. Me siento frío y muchas veces mirando mis necesidades, mis problemas, mis aflicciones; y sin apreciar que tú estás en control de todo y que eres capaz de proveer de todo. Me rindo delante de ti y en ti. Sé que en ti y sólo en ti hallo descanso real y confianza. Tú eres esa identidad que muchas veces busco... tú eres la canción que busco cantar cada mañana... tú eres la verdadera razón de vivir. Te amo Padre... vuélveme hacia ti"

15 de julio de 2013

Sin dependencias

Hay cosas que nos hacen creer que nuestro verdadero valor viene de lo que hemos estudiado, de lo que tenemos, de lo que hemos "logrado" con nuestro esfuerzo, etc. Por supuesto que hay muchas personas que nos evalúan por nuestros CV, por nuestros bienes materiales o el lugar donde vivimos, etc. Pero nuestro Dios es más excelente, porque nos conoce y sabe lo débiles que somos. Sabe que en realidad nuestro dinero no es nada, y lo que hemos logrado con el esfuerzo de nuestras manos es en vano... todo aquello se puede destruir en menos de un segundo. Por un desastre natural se pueden destruir nuestros bienes; por una estafa se puede ir nuestro dinero... y así, podríamos enumerar muchos ejemplos de las mil maneras que hay por las que podemos perder todo lo que hemos adquirido en la vida.

Dios nos conoce. Sabe que en realidad somos polvo y que volveremos a Él. En realidad la mejor inversión que podemos hacer es en la relación con Él y con nuestras familias y amigos... finalmente eso es lo que queda. Más allá de todo, conocerle a Él es lo mejor que nos puede suceder.

Les animo a esto... a que, dejando de depender de lo material y de lo que a la larga nos puede hacer reconocidos como exitososo, podamos postrarnos delante de Aquel de quien realmente depende nuestro corazón y juntos podamos declarar que todo proviene de Él. Gracias Padre por tenerte!

6 de julio de 2013

Libre de caretas

¿Qué sucedería si de pronto todos fuésemos sinceros con los demás y contásemos todas aquellas cosas que muchas veces escondemos? ¿O qué pasaría si de pronto dejásemos de mostrar una cara sonriente cuando estamos tristes? 
Dentro de nosotros hay un gran temor a ser descubiertos, dado que eso nos hace sentir vulnerables, "atacables" y muchas veces condenables. Y eso porque muchas veces el entorno nos guía a vivir una vida llena de imágenes, caretas y máscaras. Por ejemplo, usamos una máscara para la familia, otra para el compañero de trabajo o universidad, otra para el jefe, etc. Muchas veces nos convencemos que esa es la manera en que podemos triunfar en la vida y conseguir cosas que sin esas apariencias no conseguiríamos.

Pero con Dios no necesitamos aparentar. Él nos conoce con nuestros trapos y grietas; nos conoce con nuestro lado B y sabe observar muy bien cuando le sonreímos pero en el fondo estamos mal, en crisis o frustrados. Lo cierto es que hay algo que debemos saber: como Él sabe quienes somos, podemos ser libres de las máscaras... Podemos confesar nuestros pecados sin miedo al rechazo y a la expulsión de Su presencia. Podemos pedir ayuda sin necesidad de mostrarle a Dios dónde vivimos, qué marca de ropa tenemos ni cuánto diezmamos. Él se alegra cuando somos transparentes y le decimos que no podemos, que caemos, que no tenemos el dinero suficiente y que venimos a Él con el único deseo de ser libres de toda apariencia. La gente alrededor muchas veces atribuye valor a cosas tan superficiales, sin embargo, son las cosas profundas las que verdaderamente importan. Ciertamente lo esencial es invisible a los ojos, como dijera El Principito.

4 de julio de 2013

Les pido oración

Hoy no me extenderé demasiado y ni haré alarde de un gran discurso. Simplemente les pido oración porque de verdad me siento cansado, colapsado e incluso algo enfermo físicamente... Este año ha tenido de todo, pero especialmente conflictos en lo laboral que me han dejado sin fuerzas...

Gracias por ser fieles lectores de este blog :)

La cultura del balcón

Algunos gritaban por allá. Los de acá aplaudían y gritaban. "Llévense a la vieja loca", se escuchaba por ahí. Desde muchos balcone...