24 de abril de 2010

La necesidad de un padre


Los más duros lo niegan. Los más dispersos se dedican a llenarlo con actividades. Otros lo buscan en el trago, en los amigos y en las mujeres. Ellas se vuelven inseguras, sensibles, todo les afecta. Algunas pasan de un hombre a otro buscándolo esa figura en alguno de ellos. Nadie puede negar que la necesidad de un padre es importante en la vida de una persona. Quien haya vivido la experiencia de un padre ausente puede decir con toda autoridad que es una de las experiencias que más marcan, no tan sólo por la desilusión que ello conlleva, sino además por la consecuencia que eso tiene en el carácter y en el trato con los demás.


El duro proceso de hacerse hombre conlleva perdonar a la figura paterna imperfecta que tuvimos. Nadie puede madurar y seguir a la siguiente etapa si no perdona a su padre. Es por esto que todos nos sentimos ligados a volver a nuestro origen, a volver a casa... Quizás pueda ser difícil, pero tiene que llegar un día en donde dejemos de apuntar con el dedo a nuestro papá y darnos cuenta que nosotros también tenemos errores y que podríamos incurrir en esos mismo errores más adelante. Perdonar en este respecto significa volver a disfrutar y a conversar con el papá de nuevo. En otras circunstancias, quizás signifique olvidar todo lo malo y rescatar lo bueno sin poder volver a tener a esa persona frente a nuestros ojos. Y perdonar significa algo muchísimo más precioso: ser restaurado completamente. Es decir, dejar que todo vuelva a cero y enfrentar con pureza el proceso personal de madurar y hacerse hombre, aunque cueste lágrimas y cueste el mismo hecho de aceptar la cruda realidad que a veces se nos puede presentar.


Hay una canción pentecostal que recuerdo porque me gustó mucho lo que dice en su coro:


"Feliz, contigo yo me siento feliz

aunque pase muchas pruebas,

y aparezcan los problemas,

seguro estoy bajo sus brazos de amor"


Dios está dispuesto a restaurar ese lazo de amor perdido con papá. Él nos acepta tal cual somos y nos ama con un amor incondicional que no nos hará daño. Su amor no golpea, su amor no pasa a llevar... su amor no es rencoroso ni "sacador en cara". Su amor está feliz de que hayamos nacido... ¿Puede creerlo?

16 de abril de 2010

Nuestra "triste" realidad


Arriba del transantiago. También en el consultorio urbano que no atiende a la hora. En el consultorio rural que está atochado de gente sin que den abasto los servicios de urgencia. Un padre ausente. Un hijo rebelde y una hija indolente. Un hermano conflictivo y otro desinteresado por la familia. Un jefe explotador. Un trabajo agotador. Un compañero de trabajo arribista y chaquetero. Un rojo en la universidad y un ramo reprobado. Una crisis económica. Una enfermedad crónica y la muerte de un ser querido.

Cuando uno es niño, la vida se torna algo sencillo. Un par de juguetes hacen feliz a cualquier niño que encuentra en ellos una forma de pasar la tarde de manera entretenida. También uno se reía cuando el perro ladraba o movía la cola de manera incesante... Cosas simples que para ellos son muy importantes. Cuando uno los ve, mueve la cabeza y piensa: "Qué inocentes son...".

Recuerdo bien un día en que me propuse observar el comportamiento de la gente. Estaba en la Plaza de Armas y de pronto choco con un caballero de frente. Tratando de insultarme, se alejó balbuceando y mirando al suelo. Cuando subí a la micro, la imagen fue extraña, porque vi que cada pasajero iba sentado solo y el asiento del lado estaba desocupado. Algunos dormían y otros miraban por la ventana, en un ensimismamiento que asombra. Esta generación es desconfiada... le gusta hacer las cosas solos por temor a que alguien haga fracasar el éxito que con tanto esfuerzo hemos alcanzado. Esta generación prefiere ir al mall a olvidarse de sus problemas comprando y creyendo que una carrera profesional podrá llenar sus vacíos. Y se defiende como nadie cuando alguien intenta ayudar...

La autocompasión no lleva a nada más que a perpetuar el profundo sentimiento de soledad y abandono que muchas veces tenemos. Lo vivió Jonás, Moisés, Elías y Jacob. Es ese profundo sentimiento de ver que "nada cambia, que "todos avanzan menos yo", que "para otros es tan fácil y para mí no", etc. Y el pasado juega un rol tan importante en esto, que si no lo cortamos con lo bueno y lo malo, nunca podremos avanzar hacia la siguiente etapa... No le resto valor a los problemas, pero si le resto el valor a vivir creyendo que todo es un problema... y aún peor... de personas que sacan ganancia a partir de su problema. Cuando Jesús le preguntó al paralítico: "¿Quieres ser sano?", se lo dijo porque algo había en su corazón que no lo había hecho caminar, más que un ángel que bajara cada cierto tiempo o alguien que lo cargara hasta el pozo: un corazón autocompasivo. Y su respuesta fue inmedita: "Pero es que Señor... no tengo a nadie que me haga bajar y otro toma mi lugar"... "Pero es que Señor..." "Pero es que Señor"...

Esta semana hicimos una educación a un grupo de 4 niñas y un niño. Cuando terminamos, vi unas caras de agradecimiento que no había visto ni siquiera en los campamentos de Perales hace dos semanas. Se despidieron dándonos un beso y prometiendo volver a la siguiente sesión de prevención de caries. Esta generación necesita el amor de Dios... y necesita a personas que le muestren a Cristo de una manera práctica, brindando un Dios y una esperanza que no niega ni resta valor los problemas, pero que sí les dice a los mismos problemas que no serán un estorbo para cumplir el propósito que Dios prometió.

10 de abril de 2010

Jesús se entregó

Imagino el mundo lleno de majestad en el que Jesús existía antes de venir a este mundo. Lleno de alabanza, lleno de servicio de ángeles y siendo el centro de toda la creación, por quien existe y vive y en quien se sustenta todo el universo. Sin embargo, de pronto hayarse naciendo en un mundo que desde el principio no les planteó las comodidades del cielo, quizás resultó el primer choque con la humanidad. Quizás esta pueda parecer una visión "humanizada" de Dios, porque él lo sabe todo, y conocía todo lo que sucedía en toda la tierra. Sin embargo, se atrevió a vivir en nuestro mundo real, lleno de leyes, lleno de discriminación, lleno de perfeccionismo, exigencias, egoísmo y apariencias. No habrá sido muy fácil exponerse a la tentación del diablo; menos a tener que enfrentar las contínuas críticas de quienes debieron haberlo apoyado, dado que entendían la ley de Dios. Para peor, fueron ellos mismos quienes lo entregaron a la muerte, incluído un amigo íntimo. También hubo uno que lo negó tres veces, demostrando su inconsecuencia. Otros le escupieron en la cara, le azotaron con fuertes golpes. Nadie, sólo 2 mujeres, fueron a ver el sepulcro después de que fue sepultado. Se rifaron sus ropas. El diablo tenía razón cuando pensaba que lo había vencido. Atravesado incluso por los que menos alguien hubiera imaginado... Jesús tuvo que lidiar con un mundo totalmente diferente al ideal... tuvo que enfrentar la inconsecuencia y la traición... cosas tan frecuentes en nuestro mundo hoy. Tuvo que enfrentar el rechazo y aún así seguir luchando por la visión. Tuvo que enfrentar con el hecho de pedir a Dios no morir. Aún allí, se encontró con que estaba solo, sin nadie que le sirviera, sin nadie que le diera una mano... cargado con el pecado de todos... cargado con las enfermedades más profundas de nuestra sociedad. Hasta que llegó a la cruz... Tuvo que enfrentar la crudeza de un mundo real.

Así como Jesús, nos críamos muchas veces con ideales. Pensamos que las cosas pueden ser mejor y tenemos toda la intención de hacer todo bien, sin embargo, llega un punto en que todo lo ideal cae y algo en nuestro interior nos dice dolorosamente que debemos cambiar. Hay un proceso especialmente particular en el que nos damos cuenta que debemos convivir con un sinfin de problemas a nuestro alrededor: familias divididas, amigos que tienen actitudes que no son de amigos, trabajos competitivos en donde cada uno lucha por su puesto, matrimonios en crisis, padres ausentes, enfermedades, tragedias, pérdidas de empleo, crisis económicas, etc.
Muchas veces pensaba que Dios no era de esas cosas. Pensaba que si Dios estaba presente en un proyecto, éste no debiera tener problemas. Pero a años de haber planteado ese tipo de mentalidad, me doy cuenta que es totalmente lo contrario: el evangelio no es un mensaje para el Reino de los Cielos. No es un mensaje que tiene validez sólo cuando morimos y nos vamos al cielo. No! El evangelio de Jesús, es un mensaje para el matrimonio en crisis, es un mensaje para el delincuente, es un mensaje para el que sufrió una tragedia. No es un mensaje que ofrece solucionar problemas; ofrece sanar el corazón, devolver valor, devolver integridad, sanar enfermos, curar a los heridos.

¿Qué diremos frente al egoísmo, al perfeccionismo, las traiciones, las exigencias de un mundo insatisfecho? ¿Qué haremos cuando alguien nos traicione o cuando alguien nos insulte? Practicar el amor. Esa es la única respuesta. No hay que idealizar el evangelio... hay que aterrizarlo y llevarlo a lo cotidiano... y amar con entrega, con pasión... y a la vez con una fe que vibra cuando el carácter de Cristo es formado en otros.


30 de marzo de 2010

Oración

Este jueves nos vamos a caleta Perales nuevamente a hacer un operativo social. Les pido que oren por esta caleta arrasada por el terremoto y maremoto... y que oren por el equipo que va.

Les pido que oren por mí también y por el nuevo internado al que tengo que ir ahora, que será en San Francisco de Mostazal. Un abrazo a todos!

24 de marzo de 2010

Pizarras de papel


Las pizarras de papel, que insinuaban pequeñas vocaciones, estaban fijas en sus lugares cuando la veía hacer sus clases de sumas y restas en la pequeña pieza de 3 por 3. Allí, inocentes e infantiles, desplegábamos aquello que llamábamos "jugar a hacer clases". Esas clases fueron moldeando en parte su vocación. Silenciosa, risueña, reservada y cariñosa... gritaba como nunca en las duchas de la noche, pero reía más fuerte que todos cuando alguien se caía o un buen chiste alegraba los días de verano... esos días que ocupábamos en caminar las largas vías del tren. Je. Recuerdo aquellos momentos exactos en que nos agachábamos para escuchar si venía el tren o cuando nos moríamos de miedo de pasar exactamente por encima del canal y había que guardar el equilibrio tal como lo hacía papá.

Eras las cuerdas de la guitarra que tocabas... los soles, los re y los mi no eran los mismos en las manos que componían tus canciones. Cuando te escuchaba desde la otra pieza, siempre quería imitar tus acordes, imitar esas lágrimas que surgían sinceras tras la pieza de puerta blanca en la que dormías. Era un amor profundo por Dios, una pasión que surgía de un vivo encuentro personal con él. Estoy seguro que esos tiempos llegaban al corazón de Dios como un perfume cuyo olor impregnaba todas tus canciones y oraciones. A pesar de todo y todos, Él escuchaba.

¿Y ahora qué? Surgen preguntas sobre lo que pasará, sobre el futuro que has querido armar y que no ha sido fácil. Destruída a veces, pero con tal fuerza interna que has sabido mostrar bondad aún cuando todo te decía "deja de confiar", "deja de hacer el bien", "deja de tratar bien a las personas", "deja de ver a la gente con cariño". No ocultes tu corazón a los que de verdad quieren entrever lo que has cosechado con esfuerzo y gracia de Dios... Seguramente detrás de la timidez y el silencio, sigue clamando el hambre por Dios y las canciones que en antaño llenaban tus pensamientos.

Hace un par de años escribí para ti a través de este medio. Los que aún lo siguen viendo pueden mirar de soslayo el amor que te tengo. Gracias por todo lo que eres para mí... quizás tantas veces no lo expreso en palabras, pero te lo digo a través de las palabras que mis dedos pueden escribir. Y esta es mi oración para este año: "Que Dios extienda tu familia no sólo en número, sino en prosperidad, amor, esperanza y paz. Pero esto no sólo para ser guardado en el pensamiento, sino para ser repartido a los niños y a los viejos, a pequeños y grandes que esperan la esperanza que vienen a través de ti y tu esposo. No será algo sencillo, pero está más a la mano de lo que piensas, en tu propia realidad. Sobre ti hoy está la gracia de Dios... y un amor especial para llegar donde otros no llegan; para sanar el alma de los que no saben expresar sus sentimientos. Sobre ti está la unción de Aquila y Priscila... :`( ... Priscila y Aquila... Dios bendecirá tu casa".

Feliz cumpleaños Susy...

22 de marzo de 2010

Una esperanza que no muere


Caracterizada por ser una simple caleta de unos cinco pescadores y unas quinientas personas, Perales aparece rodeada por cerros a un lado y por el Pacífico al otro lado. No aparece en el mapa y hoy, lo que hace algunas semanas era una pequeña caleta, yace en el suelo vacía, impávida y lánguida entre los escombros y la arena. Las impactantes imágenes de este lugar azotado por la fuerza de la tierra y del mar, no podrían hacer indiferente a nadie, y al ver esto en la visita que pudimos realizar el fin de semana del 20 y 21 de marzo, a más de alguno lo dejó con la impotencia de poder dar más.

En los cerros, pese a los conflictos que han tenido, pude ver que la gente de esfuerzo, pese al temor, no pierde la esperanza de poder reconstruir todo lo que perdió en la tragedia. A ellos somos llamados a llevar una esperanza que, como dice el apóstol Pedro, es una esperanza viva, incorruptible, que está fundada en la solidez de la fe en Dios. Mi oración es que podamos ser esas manos de Dios para un mundo lleno de necesidades y lleno de vacíos. Porque los que necesitan esperanza, no están solamente en las caletas arrasadas por el tsunami de febrero, sino además en las calles de la ciudad, en una familia dividida, en un padre que perdió su trabajo, en un compañero de universidad que tiene problemas en su casa o problemas de recursos para estudiar. A ellos somos llamados…

"Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos [...]"

1º Pedro 1:3

17 de marzo de 2010

Ser líder

Siempre que veía la palabra líder, me preguntaba realmente qué significaba ser eso. Para algunos, ser líder era encontrar a alguien con un carácter capaz de dirigir un gran grupo de personas y llevarlas hacia un objetivo. Para otros, es ser alguien de influencia pero que debe ser siempre mirado hacia arriba, lleno de admiración, pero poco cercano a las personas.
Debo ser honesto en decir que cada vez que veía libros relacionados con el liderazgo, los pasaba de largo sin manifestar interés. Aún lo hago de hecho, pero creo que el último tiempo he estado pensando realmente en qué significa serlo.

Cuando me ha dicho que soy líder (en GBU, por ejemplo), siento una especie de rechazo a serlo, pero no por no querer, sino porque nunca quise alcanzar eso. De hecho, siempre ha sido que me proponen y nunca que me propongo; rara vez me he ofrecido para dirigir algo de hecho, porque no estoy en busca de eso. Sin embargo, pareciera ser que mientras más me alejo de eso, más me pone Dios en lugares donde hay que tratar con personas de diferentes caracteres. Y ese es otro punto, porque a veces me cuesta relacionarme con la gente y sobre todo, tratar con aquellas personas que quieren las cosas a su manera y no ceden ante ningún argumento.

Para mí un líder no tiene que ser conocido porque "es el líder", sino más bien porque sirve y es cercano a las personas. No creo que Jesús busque a los líderes que se muestran, sino a los que se esconden, a los que no saben dirigir bien, a los que se creen poco capaces y a los que no llenan todos los requisitos para ser propuestos como líderes. Un líder tiene que ser tan siervo como los que lidera, si no es así, entonces ha perdido su esencia... Él mismo tiene que ser un ejemplo en silencio y carácter de lo que es humillarse y servir a otros, no uno que se anda mostrando y leyendo todo el tiempo libros de liderazgo. Un líder más que técnicas de liderazgo, es tener carácter para influir a través del servicio a otros...

Pienso que con ese concepto de líder me identifico más... porque de esos hay pocos.... hay pocos que influyen en otros a través del carácter y no a través de las imposiciones.

28 de febrero de 2010


Del desastre....
De la desesperación...
Del egoísmo y la indiferencia...
Del desabastecimiento...
Del hambre y la enfermedad...
De la muerte y la tragedia...

De todo eso... líbranos Dios...

21 de febrero de 2010

La realidad de la salud

Yo era de los que siempre criticaba a los funcionarios del área salud. Por su carácter poco agraciado. Por su poca disposición a atender... como si las personas sólo fueran un cacho diario a quien atender, olvidando que su sueldo se basa en atender personas, quiéranlo o no.
Y es que el área salud es un área que demanda mucha vocación, puesto que el trato con personas no es fácil. Hay desde las que les duele un pelo y ya van a visitar médico... hasta las que se aguantan "como los machos" (dígase con acento mexicano) y van cuando ya tienen un dolor insoportable. Hay de los pacientes dependientes de otros... que no dicen nada y que tienen personas que hablan por ellos. Otros que se aprovechan y exigen perfección en las cosas, cuando en el fondo uno tiene que hacer maravillas con los materiales que hay y con los instrumentales que el centro de salud tiene a disposición.

Como interno me he fijado en las personas que atienden a los enfermos. Algunos han perdido la pasión o sólo trabajan para recibir el sueldo a fin de mes; otros, van camino a eso, pero que aún tienen las esperanza de que las cosas cambien, o que la gente sea mejor. Y hay también los que se entusiasman en trabajar para los pacientes, pero lamentablemente el resto del equipo se sonríe al verlos y les da una palmadita en el hombro como diciendo: "Que bueno, pero hágalo solo".

Creo que uno puede marcar la diferencia tratando bien a la gente aunque por dentro uno quiera pegarles. Marcar la diferencia en hacer bien el trabajo, y no a la rápida como veo día a día que lo hacen... como soluciones parches que finalmente les resulta caro a las personas...

Y para terminar debo decir que el ministerio está equivocado en decir que el servicio de salud debe estar dirigido para defender los derechos de los usuarios. Porque en ningún caso, defienden también los derechos de los trabajadores que prestan las manos para solucionar los problemas de las personas. Que se centre en el usuario, genera que comiencen a exigir cosas y que los libros de reclamos se llenen todos los meses. Mientras más derechos se les da a los usuarios, más pierden de vista sus deberes... y uno de ellos es básico, pero a veces olvidado, y se llama respeto.

8 de febrero de 2010

La vida que el evangelio nos prometió (parte 2)


Mirarlo a Él antes que a todo. Antes que a nosotros mismos, mirar a Dios. Dejar las preocupaciones a él. Entregarle mi vida. Todas estas afirmaciones las hemos escuchado, orado, hablado, aconsejado e incluso predicado a veces. Sin embargo, pareciera ser muy fácil seguir estos consejos, pero pareciera ser que en la práctica son sólo palabras al viento, oraciones armadas sin consistencia y consejos vanales. Uno frecuentemente ora diciendo que entregamos nuestras vidas a Dios, pero cuando hay problemas, pareciera que Dios no aparece y que consejos como los dados arriba, sólo empeoraran las cosas y nos llenara de culpa la conciencia.

¿Esta es la vida que el evangelio nos prometió? Es decir, ¿orar entregando nuestras vidas a Dios sin que no existan respuestas? Creo que mirar a Dios antes que a las preocupaciones, no significa dejar de pensar en ellas. Tampoco significa que si los problemas continúan, Dios nos rechaza... o hay algo que no anda bien en nosotros. Tampoco quiere decir que somos menos valorados o menos deseados por él. Mirar a Dios antes que a las preocupaciones significa que adoraré a Dios a pesar de que los conflictos persistan. Mirar a Dios significa tener una actitud de rendición, es decir, aceptar que no podemos con todas las cosas, reconocer que no podemos controlarlo todo y buscar su ayuda. Si usted conociera más a Dios, se daría cuenta que él es más práctico de lo que cree.

Dios muere en nuestras vidas cuando nuestra fe se enfría y pensamos que ya no hay esperanza. Esta es la noticia: "Aunque hayan problemas y conflictos, yo estaré contigo"... Usted podría decir: ¿Entonces de qué sirve creer en Dios si él no interviene en las guerras, en las enfermedades que veo alrededor, en las peleas familiares, en los conflictos que suceden a diario, en las muertes injustas y en el terrorismo?

La única respuesta que tengo es esta: "Nosotros somos las manos de Dios en este mundo". Dios actúa a través nuestro... Pero buscándole a él. Confiando en él. Moisés es un claro ejemplo de esto. Él había pedido que Dios le acompañara en el trayecto a la tierra prometida. Dios se lo concedió. Pero luego de una extensa conversación con Dios, le pidió algo mayor: "Permíteme ver tu rostro"... Cuando le conocemos a él y palpamos su amor, los problemas pasan a segundo plano y las preocupaciones se disipan en sus promesas, descansando en la convicción de que él nos defiende. Al creer en el evangelio, no creemos en una iglesia. No creemos en una religión que registre el censo cada 10 años. No creemos en un estilo de hacer las cosas. Creemos en la vida. En emanar vida. En vivir la vida... Sólo al palpar su amor, los conflictos y preocupaciones tienen su real sentido: acercarnos a él de nuevo. La siguiente vez que pidas que Dios haga lo que quiera contigo, no tengas miedo... tampoco digas: "No me responderá"... porque él se las arreglará para atraernos hacia sí mismo. Porque él es el centro. Sólo de esa manera el Reino de Dios se extenderá.

Este es el evangelio: "Los pobres se sienten ricos, los cojos saltan, los ciegos pueden ver, los enfermos son sanados, los que son menospreciados o se menosprecian a sí mismos, vuelven a tener valor; su fidelidad permanece aunque permanezcan los problemas, él es bueno aunque haya maldad."

2 de febrero de 2010

La vida que el evangelio nos prometió

Han estado de moda las propuestas presidenciales, promesas para los 4 próximos años de gobierno y diferentes formas de ver la vida política. Cuando Jesús iba a partir al cielo, los israelistas le preguntaron si restauraría a Israel (como pueblo independiente), pensando que su llegada vendría a imponer una emancipación política considerable. Pero no. Cuando quisieron hacer rey a Jesús, éste se arrancó de las manos de quienes lo querían alzar como su gobernante. ¿Qué pasó? ¿No era este Mesías que vendría a salvarnos? - preguntaban los israelitas.

Sus preguntas, referidas a su propia realidad como pueblo de Israel, se parecen a las nuestras. Desde pequeño me dijeron que Jesús era sanidad, restauración, bendición y prosperidad en todo sentido. Que él había muerto por mi paz. Quizás más de uno creció pensando que si algo estaba mal en su vida (enfermedad, pobreza, etc.), algo en la vida espiritual estaba fallando... o algún pecado había cometido. Así comenzaron a aparecer los porqués... ¿por qué Dios permitió que me enfermara y mi calidad de vida se fuera hacua abajo? ¿por qué Dios no me dio otros padres? Si se supone que él es sanidad, restauración, bendición y prosperidad...

Si bien yo creía que Jesús era todo eso (sanidad, bendición, restauración, prosperidad, etc.) a los pocos años comenzaron a aparecer los conflictos, las enfermedades, las desilusiones, las traiciones. Poco a poco las imágenes de un futuro hermoso junto a una hermosa familia, fueron cayendo. Esas eternas planificaciones de mi vida se fueron destrozando ante los acontecimientos de la vida: una hermana que casi muere a los 16 días, otra hermana quemada en la estufa, una tía abuela con leucemia, una familia dividida, un matrimonio dividido por violencia intrafamiliar, etc. Ante esto surgen preguntas: ¿Es esta la vida que el evangelio nos prometió? ¿Llena de conflictos, muchos de ellos sin resolver? ¿Enfermedades que incluso orando no sanan? ¿Personas que llamándose cristianas no actúan como tales?

Aquí quiero detenerme un momento y citar unas palabras que siempre cito de un amigo llamado Marcelo Gatica: "El evangelio parte desde mi realidad". Jesús es el centro del mensaje del evangelio y no nuestro propio bienestar. Quizás hayan conflictos que nunca se solucionen en nuestras vidas, pero debemos confiar que Dios será fiel en regalarnos sanidad, bendición, restauración y prosperidad aún en medio de esas circunstancias. Las buenas noticias del evangelio no son crear vidas perfectas e ideales; al contrario, vidas imperfectas que experimentan el poder de su palabra. De hecho, cuando comenzamos a verlo a él antes que a nuestro propio bienestar, su vida comienza a manifestarse en nosotros y la fe en él cobra sentido.

La pregunta es... ¿cómo lo veo a él antes que a todo? ,y si quiero pero no puedo dejar de preocuparme de mis conflictos, ¿qué pasa..?

Eso lo dejaremos para un siguiente escrito. Saludos!

La cultura del balcón

Algunos gritaban por allá. Los de acá aplaudían y gritaban. "Llévense a la vieja loca", se escuchaba por ahí. Desde muchos balcone...