31 de marzo de 2009

...

Con sueño y con el ruido a lo lejos, escribo...
Las circunstancias cambian... la gente también.
como queriendo inspirarme,
como queriendo llamar la atención con las palabras...

Por sobre todo hay que seguir,
secarse las lágrimas y ponerse de pie,
asumir sin lamentarse,
vivir todo a concho,
alegrarse en el camino,
alegrarse entre los tristes
y sanar el corazón.

22 de marzo de 2009

Unos consejos personales

1.- Cuando alguien te dañe, perdónalo.
2.- Si alguien te daña por segunda vez, perdónalo sin perder el tiempo en volver a pensar.
3.- Si la misma persona te sigue dañando, considera alejarte de ella con el corazón dispuesto a perdonar.
4.- No seas egoísta.
5.- Cuando inviertes en otras personas, siempre ganas.
6.- Cuando inicies un proyecto, no pienses que los resultados dependen de tu esfuerzo.
7.- Muchas veces Dios hace cosas con nuestro esfuerzo, y algunas veces, sin nuestro esfuerzo.
8.- Cuando necesites decir algo malo que ves en alguien, trata de hablar con gracia y no con confrontación.
9.- Algunos creen que luchando por sí mismos, ganarán algo. Ellos no saben que mientras intentan salvarse a sí mismos, se vuelven más infelices.
10.- La persona prudente sabe cómo y cuándo decir las cosas.
11.- El verdadero líder siempre recuerda de dónde salió.
12.- El que busca en sí mismo la solución a los problemas, acarreará depresión.
13.- Mientras no sueltes el control de tu vida, Dios nunca podrá obrar.
14.- Si eres sincero, ya estás a las puertas del reino de Dios.
15.- Cuando te sientas triste, busca a alguien que te haga sonreír.
16.- Si estás en problemas, busca ayuda. El verdadero amigo siempre te atenderá.
17.- La infelicidad no existe en sí misma; tú la has aceptado.
18.- Saca la vista de ti mismo. Alrededor hay más gente como tú.
19.- No eres el centro. Dios lo ha hecho así por tu bien.
20.- El que ama a otro, es capaz de ver en él lo que otros no.
21.- El verdadero valor de una persona no radica en lo que hace, sino en lo que es.

16 de marzo de 2009

Una carta

Mientras escribo, el pulso constante de la música suena en mis oídos. El cielo aún oscuro, sigue afuera como mudo ciego testigo de lo que escribo, solamente escuchando el tecleo sin cesar del que escribe. Son letras más letras de inspiración a Dios. Son líneas de un amor por ti, Dios... de amor por ser como tú en mi vida diaria, de ver que nuestros ojos se parecen...

Cuando escribo, recuerdo las etapas de mi niñez... en donde tomaba el lápiz pasta "de la casa" y me ponía a escribir. Encerrado en la pieza mientras todos veían televisión o sentía el toque débil de una guitarra sonando a lo lejos. Podía reconocer esa guitarra con un pequeño sonido. Era mi hermana que tocaba y cantaba en la otra pieza... Siempre la recuerdo cantando... su puerta cerrada mientras oraba. De eso aprendí... aprendí a conocer a Dios como un niño que repite lo que los grandes hacen. Comencé a encerrarme también en la pieza a escribir. Mis oraciones eran la traducción de lo que mis labios le costaba decir... o que si los decía, tartamudeaba al articular. Podía reconocer a pocos metros que ella estaba allí. De ella aprendí a tener una cita diaria con Dios. Y así escribía... como niño con letra bien redonda y lenta. Con la inspiración que sólo la inocencia de la infancia puede darle. Y con el toque de una petición sincera abrazada a través de las letras y también las lágrimas... Pensaba que mis palabras algún día las leería Dios... incluso soñaba con que Dios estuviera contento con esos escritos. Son esas palabras que emanaba de mi mente de pequeño. Son palabras que lanzaba al viento con el único anhelo de escuchar alguna vez en mi vida su voz diciéndome que siempre había visto mis escritos.

Mientras escribo, el cielo sigue afuera, pero mi corazón se acelera al recuerdo todo esto. Mi familia en el primer piso y mi hermana cantando en su pieza. A veces la veía bajar con los ojos rojos y sus pómulos rubicundos, pensando que estaba mal o estaba muy cansada. No entendía que era lo que pasaba tras esa puerta. Pero poco a poco comprendí que era Dios quien le hablaba... y como niño imitador hice lo mismo, encerrado en una pieza buscando a Dios intensamente. Y allí lo encontraba: tras la imagen perdida de Papá. Tras esas puertas, Dios me enseñó a caminar con él, me enseñó que estaría conmigo aún cuando todo estuviera mal y que seguiría allí si yo le fallaba. Tras la blanca puerta de mi pieza mi identidad se empezó de nuevo a construir. Cuando los recuerdos vienen a mi mente, lágrimas ruedan por mi mejilla. A veces bajaba contento al primer piso... como queriendo gritar que Dios me había hablado, pero por la timidez, nunca lo hice. Como nunca él me enseñó a tomar riesgos con locura, pero también a ser sabio; confrontó mi orgullo y rebeldía y me mostró sueños que tenía conmigo... En la intimidad. En su intimidad.

Afuera el cielo oscuro mira fijamente por la ventana. De nuevo están los elementos de antaño: una habitación, una puerta cerrada y un niño escribiendo en un computador.

Gracias Señor...

11 de marzo de 2009

Un amor perdido

Pienso que el amor cuando se racionaliza mucho pierde su sentido completo. Por un lado tenemos ese concepto de amor ideal de que la pareja de uno tiene que ser perfecta y llenar todas las expectativas que "lo bueno" dice que tiene que llenar. Y por otro lado, tenemos la realidad que nos confronta con una pareja que entre todas sus virtudes, presenta defectos y errores en sus actitudes y acciones. En ese pensamiento nos valemos siempre. ¿Doy muy en la relación o doy poco?

Cuando pienso en el amor de Dios, a veces me parece un amor super ideal... inalcanzable para nosotros. Eso de dar sin esperar recibir. También el ofrecer la otra mejilla es parte de la lista. Bendecir si te ofenden le sigue. Por un lado el amor de Dios es parte de ese lado que nos impulsa a arriesgarlo todo por la pareja. Es es lado que nos dice que demos todo en la cancha y que demos mucho sin esperar recibir. Pero por otro lado, nuestro intelecto piensa: "Esa persona tiene errores... quizás si le doy mucho amor se aprovechará y en algún momento pensará hacer algo para su propio interés en vez del interés de la relación común". Mmmmm... creo que este pensamiento no está lejos de la realidad. Al contrario, vemos que en las parejas hay un juego de decepciones, re-decepciones y a veces ofensas que cuesta perdonar. Si es que llegara a ocurrir eso, el amor comienza a ser cada vez más racional... diciendo: "Ten cuidado que te puede dañar de nuevo", "ten cuidado que es hombre y puede caer en este error de nuevo". Entonces dejamos de tener ese concepto de amor que sólo entrega y se preocupa del bienestar del otro.

¿Está errado este pensamiento? Creo que no. Pienso que quienes lo dicen tienen razón. Erramos muchas veces en una relación de pareja. Ofendemos, sí... nos quedamos callados cuando no deberíamos... hablamos cuando no corresponde... y así... suma y sigue. Todo eso comienza a generar en nosotros una vara más alta con la que medimos a nuestra pareja...

Pienso que el amor verdadero tiene una parte racional y otra parte que es pasional. Existe un peligro muy grande en irse a los extremos, pero específicamente si racionalizamos mucho el amor, éste se vuelve más desconfiado porque siempre anda pensando en su propio interés... "quizás me dañen como lo hicieron antes conmigo", "quizás me haga lo mismo que a mi amigo (a)". El que ama pensando en sus propios intereses, en realidad deja de amar... Porque el que ama cuida a la otra persona... cuida de sus intereses y no de los suyos propios. "El perfecto amor echa fuera el temor"... eso me habla que ese amor se va completando poco a poco. Cuando descubres el amor y lo perfeccionas, el temor (lo racional) comienza a salir y poco a poco comienza a brotar el amor más bien comprometido por el otro, el amor que dice: "Lo daría todo por ti... si fuera necesario daría mi vida por cuidarte".

Sólo se necesita una cosa: Que en la pareja, el amor sea mutuo...



Amiga mía, Paloma mía...

9 de marzo de 2009

Su gracia conmigo...

Al final de cuentas,
nada tiene sentido si no estás.
Aún los éxitos y los grandes logros,
y los pequeños también.
Al final de cuentas me doy cuenta,
que todo es inestable... y...
que lo único estable eres tú.

De ti dependo... como del aire.
Todo lo que pienso y lo que imagino.
Pues nada tiene sentido,
si estás lejos de mis caminos.
De ti dependo... como el agua.
Todo lo que hago y lo que siento,
pues si tú no estás me quiebro
y todo se desordena.

Al final de cuentas,
lo único que me sostiene es tu gracia,
que me eleva, que no me exige nada,
pero a la vez me ama con todo,
y me devuelve el valor perdido.
Pues todo lo que sueño y lo que espero,
proviene de ti...
de nadie más que ti.

Al final me doy cuenta,
que soy nada sin ti...
que todo pierde su rumbo,
y que tu gracia me conduce,
donde yo no llego...
y donde todo... sí todo...
pierde mi control.
Pues soy tuyo y de nadie más...
en los brazos que me elevan
y me llevan en paz.

5 de marzo de 2009

(Parte 2) Donde nadie te puede tocar

No quiero tratar la gracia de Dios como uno de los tantos temas que parecen lejanos a nosotros o como aquellos títulos expuestos en los grandes tomos antiguos de teología. No como un tema alejado, sino lleno de vida abundante.
Siempre imagino qué pasaría si Dios fuera una persona llena de críticas hacia nosotros. Imagino qué pasaría si dedicara su vida a sólo corregirnos y sólo a decir los peros de nuestros sueños. Mmmm... suelo identificarme con el Padre como una persona llena de pensamientos de amor hacia nosotros... llena de compasión. A nadie que le haya escuchado decir que cuando Dios le habla ha sido para peor, para destruirlo, para arruinar su vida. Al contrario, vidas transformadas, pensamientos resueltos, enfermedades sanadas, paz, etc.
Nos gusta la imagen de un Dios que siempre cuida de nosotros y que nunca tiene el juicio en la punta de la lengua para que apenas fallemos, lo ponga en práctica. "Tardo para la ira y grande en misericordia", eso se nos dice frecuentemente. El hecho de pensar que Dios es totalmente bueno para nosotros y que él tiene pensamientos de paz, es parte de lo que hemos vivido... pero creo que es sólo la mitad del plan.

La otra mitad eres tú... soy yo. Es esa parte de nosotros que clama por llevar a la práctica el carácter de Dios. A menudo escucho a la gente que habla de otras personas con muchas heridas en el corazón y juzgando a los demás con total libertad. El autor tampoco está ajeno a esto. Al contrario, se incluye en el mismo grupo de personas... Aquel grupo de personas que clama siempre por justicia contra sus opresores, pero misericordia para sí mismo. ¿Acaso Dios no nos enseña que pidamos perdón así como nosotros perdonamos a quienes nos ofenden?

La gracia es el lugar donde se puede perdonar al ofensor sin pedir nada a cambio. Es el lugar del lenguaje de Dios: lleno de misericordia. ¿Quieres la justicia de Dios?

¿En verdad la quieres? Entonces eso demandará mucho más que sentarnos en el estrado y ver el castigo de los que nos dañan. Demandará mucho más que abrir Proverbios y situarnos como el justo y el que me dañó como el malvado. Sí señor! más que eso! Demandará que dejemos atrás el orgullo y que dejemos a un lado los rencores. El camino a la libertad es dejar libre a los demás, incluso cuando nos deben mucho o cuando nos han herido. La gracia de Dios no es sólo para ti sino para el que te ofendió también.

Siempre me gusta terminar con preguntas: ¿Alguno habrá capaz de aceptar la gracia de Dios como un estilo de vida? ¿Quieres la justicia de Dios? (repito)

1 de marzo de 2009

La gracia de Dios (parte 1)

Cada vez que voy a casa de mi abuela siempre hay una sonrisa a la entrada de la puerta. Los abrazos son también parte del ritual de bienvenida e incluso, muchas veces, mis tíos y mi abuela se emocionan de vernos. En ese lugar es como si me sintiera en casa... puedo ir al baño o sacar un vaso de la repisa sin pedir permiso y con mucha confianza.

Mi abuela es como Dios. No importa si no la he ido a ver en 1 año... ella siempre me recibe con amor y se emociona de verme entrar. No importa si no la he llamado por teléfono para saber cómo está; ella siempre se preocupa por mí. No importa tanto si he cometido errores; para ella siempre seré su nieto querido. Son esas pequeñas cosas las que me hacen ver de manera palpable el trato que Dios tiene por mí.

La gracia de Dios es como mi abuela...