No quiero tratar la gracia de Dios como uno de los tantos temas que parecen lejanos a nosotros o como aquellos títulos expuestos en los grandes tomos antiguos de teología. No como un tema alejado, sino lleno de vida abundante.
Siempre imagino qué pasaría si Dios fuera una persona llena de críticas hacia nosotros. Imagino qué pasaría si dedicara su vida a sólo corregirnos y sólo a decir los peros de nuestros sueños. Mmmm... suelo identificarme con el Padre como una persona llena de pensamientos de amor hacia nosotros... llena de compasión. A nadie que le haya escuchado decir que cuando Dios le habla ha sido para peor, para destruirlo, para arruinar su vida. Al contrario, vidas transformadas, pensamientos resueltos, enfermedades sanadas, paz, etc.
Nos gusta la imagen de un Dios que siempre cuida de nosotros y que nunca tiene el juicio en la punta de la lengua para que apenas fallemos, lo ponga en práctica. "Tardo para la ira y grande en misericordia", eso se nos dice frecuentemente. El hecho de pensar que Dios es totalmente bueno para nosotros y que él tiene pensamientos de paz, es parte de lo que hemos vivido... pero creo que es sólo la mitad del plan.
La otra mitad eres tú... soy yo. Es esa parte de nosotros que clama por llevar a la práctica el carácter de Dios. A menudo escucho a la gente que habla de otras personas con muchas heridas en el corazón y juzgando a los demás con total libertad. El autor tampoco está ajeno a esto. Al contrario, se incluye en el mismo grupo de personas... Aquel grupo de personas que clama siempre por justicia contra sus opresores, pero misericordia para sí mismo. ¿Acaso Dios no nos enseña que pidamos perdón así como nosotros perdonamos a quienes nos ofenden?
La gracia es el lugar donde se puede perdonar al ofensor sin pedir nada a cambio. Es el lugar del lenguaje de Dios: lleno de misericordia. ¿Quieres la justicia de Dios?
¿En verdad la quieres? Entonces eso demandará mucho más que sentarnos en el estrado y ver el castigo de los que nos dañan. Demandará mucho más que abrir Proverbios y situarnos como el justo y el que me dañó como el malvado. Sí señor! más que eso! Demandará que dejemos atrás el orgullo y que dejemos a un lado los rencores. El camino a la libertad es dejar libre a los demás, incluso cuando nos deben mucho o cuando nos han herido. La gracia de Dios no es sólo para ti sino para el que te ofendió también.
Siempre me gusta terminar con preguntas: ¿Alguno habrá capaz de aceptar la gracia de Dios como un estilo de vida? ¿Quieres la justicia de Dios? (repito)
Dios se encargó de hacer todo de nuevo, con un nuevo comienzo. Les invito a celebrar conmigo los milagros increíbles que Él hace cuando le creemos!!
5 de marzo de 2009
1 de marzo de 2009
La gracia de Dios (parte 1)
Cada vez que voy a casa de mi abuela siempre hay una sonrisa a la entrada de la puerta. Los abrazos son también parte del ritual de bienvenida e incluso, muchas veces, mis tíos y mi abuela se emocionan de vernos. En ese lugar es como si me sintiera en casa... puedo ir al baño o sacar un vaso de la repisa sin pedir permiso y con mucha confianza.
Mi abuela es como Dios. No importa si no la he ido a ver en 1 año... ella siempre me recibe con amor y se emociona de verme entrar. No importa si no la he llamado por teléfono para saber cómo está; ella siempre se preocupa por mí. No importa tanto si he cometido errores; para ella siempre seré su nieto querido. Son esas pequeñas cosas las que me hacen ver de manera palpable el trato que Dios tiene por mí.
La gracia de Dios es como mi abuela...
Mi abuela es como Dios. No importa si no la he ido a ver en 1 año... ella siempre me recibe con amor y se emociona de verme entrar. No importa si no la he llamado por teléfono para saber cómo está; ella siempre se preocupa por mí. No importa tanto si he cometido errores; para ella siempre seré su nieto querido. Son esas pequeñas cosas las que me hacen ver de manera palpable el trato que Dios tiene por mí.
La gracia de Dios es como mi abuela...
20 de febrero de 2009
Hoy quiero rendirme
Siempre pienso en los sueños que tengo, tratando de trazarme metas anuales. Así fue siempre. Le decía a Dios: esto es lo que quiero que hagas este año. "Bendíceme en la U, bendice la iglesia, mi relación con la Poly, GBU, etc." Y así, una larga lista de lo que quería.
En uno de los días de campamento me fui a orar aparte y le pregunté al Señor: "¿Qué crees que yo puedo hacer?"... Sólo sentí el viento rozar en mi cara... Ese día fue especial. Dios me dijo: "Hombre esforzado y valiente". Ya no quiero mostrarle a Dios la lista de lo que quiero que bendiga... sólo que me guíe mientras me rindo más y más.
En uno de los días de campamento me fui a orar aparte y le pregunté al Señor: "¿Qué crees que yo puedo hacer?"... Sólo sentí el viento rozar en mi cara... Ese día fue especial. Dios me dijo: "Hombre esforzado y valiente". Ya no quiero mostrarle a Dios la lista de lo que quiero que bendiga... sólo que me guíe mientras me rindo más y más.
17 de febrero de 2009
Arde Río Quino
Había vuelto de la carretera a dejarle un cargador de celular a Marcos González. Hacía calor y además corría mucho viento. Tenía que volver pronto para estar en el taller que me había inscrito. Eran las 16:05 hrs. Cuando llegué al campamento encontré a gente conversando sobre lo rápido que pasaban las nubes en el cielo. Luego había gente corriendo con cara de temor. Vi a la Mayo con Carmen corriendo asustadas a ver de dónde venía el humo. El hermano de Jorge se apresuraba a buscar la camioneta. Lo único a que atiné fue a correr para ver de dónde venía el humo que cada vez se hacía más denso. Cuando llegué a un lugar más abierto, vi que los trigales se consumían con un fuego de unos 2-3 metros de alto. Pero mi impresión fue: "Ojalá que los bomberos lo puedan controlar". Cuando volví para buscar agua junto con varios del campamento, el fuego ya había avanzado rápido. Después de tratar de ayudar, mi vista se dirigió hacia la cabaña de las mujeres. Entonces quedé sorprendido al ver el fuego a menos de 1 metro de la cabaña. Corrí a ayudar a sacar a las niñas que aún estaban adentro tratando de rescatar sus bolsos. La cabaña estaba caliente por el fuego y a través de la ventana se veía el fuego que avanzaba amenazante, mientras los gritos de "Salgan todos, salgan todos!!!", se escuchaba por todo el campamento.
Luego de ayudar un poco y de dejar un bolso cerca del salón, traté de correr en dirección de la entrada del campamento, pero el humo denso y la gente corriendo en la dirección opuesta, me hizo decidir bajar por la ladera del campamento. En eso vi que Carmen Castillo gritaba a todos: "No quiero que nadie se pierda, salgan, vamos!!". Luego de haber rodado hacia la cancha, mil imágenes se sucedieron en 1 minuto: un balón de gas que rodaba por la ladera directo hacia Cecilia. Todos gritándole que se corriera porque el balón venía directo a ella. Finalmente el balón de gas chocó en una piedra y se desvió a menos de 1 metro de ella. También el tío Francisco bajaba con los 2 balones de gas en sus manos. Eran aproximadamente las 16:40 hrs. El pastizal de la ladera se estaba empezando a quemar a raíz de las hojas quemadas que caían desde los árboles de eucaliptus. Corrí hasta el río, mientras veía a algunos que se tiraron al río para cruzar a la otra orilla. En ese ambiente tenso, me encontré con Ernesto y Cony quien preguntó lo que pasaba. Una vez que llegué al río, subí cuesta arriba para ver dónde venía el fuego. Caminando y caminando llegué a un terreno más llano. El fuego se veía amenazante a unos 500 metros de dónde estaba. La única persona que vi fue una señora que hablaba por celular y decía: "Parece que se está incendiando el campamento de los evangélicos". La quise insultar y decirle que se callara pero finalmente me devolví al río. Allí Karla Ramos me abrazó. Habíamos unas 30 personas a la orilla del río esperando sin saber qué hacer.
A los pocos minutos la instrucción fue: Tírense al río y quédense allí. Entonces amontonaron los bolsos en la orilla y comenzamos uno a uno a meternos al río. Varias niñas lloraban, otros reían del nerviosismo. Gustavo, Cristóbal, Samuel y Ricardo estaban un tanto choqueados, sin palabras. Comenzamos a orar, a recitar Salmos y a cantar. "Jehová es mi pastor, nada me faltará..." "Mi corazón entona la canción...". Las oraciones se mezclaban con los salmos. Las miradas de temor se agudizaron cuando el humo se veía cada vez más cercano. Nadie sabía que hacer, pero si sabíamos que estando en el río íbamos a estar más seguros. Luego de estar aproximadamente 1 hora allí, un bombero se abrió paso entre los matorrales. Salimos del río para ser evacuados. Pasamos por unos alambres de púa, y después subimos por un camino a pocos metros del fuego. La tía Celia jadeaba incesante ante el humo que se hacía denso mientras subíamos. Cada cual con su ropa o toalla mojada, se cubría la nariz y los ojos. Hasta que finalmente llegamos a un lugar más seguro y pudimos apreciar el escenario más claramente. Los trigales estaban quemados y las sirenas y el helicóptero se escuchaban de cerca. Una vez en la carretera supimos que Carmen había ido a ver las cosas en el campamento. Cristian y Ernesto se habían quedado para ayudar a Elías y temíamos por su integridad mientras estuvimos en el río.
Cuando estuvimos todos juntos, hicimos un círculo y oramos agradeciendo a Dios por nuestras vidas. Claudio ofreció su casa a modo de albergue para que estuviéramos más tranquilo. Su mamá llegó a los pocos minutos donde estábamos.
De pronto supimos algo que nos dejó sorprendidos y hasta ahora recuerdo la felicidad de aquel anuncio: Todo se había salvado. No lo podíamos creer. El grupo lanzó un grito de alegría al unísono y nos empezamos a abrazar. Alguien por ahí escuché decir: "Tengo que ver para creerlo". Y en efecto, volvimos al campamento y cuando nos bajamos de las camionetas que nos devolvieron al campamento, la imagen fue impresionante: el salón y la cabaña estaban a salvo. Nada se había quemado, sólo uno de los pilares de la cabaña de las mujeres que tenía una muy pequeña destrucción. Luego de orar como buenos pentecostales jeje, fui a ver cómo había pasado el fuego. Y sorprendentemente, el fuego no había pasado a más de 1 cm de la cabaña y la rodeó, pero no la quemó. Estaba intacta con todo quemado a su alrededor, pero a ella no le había pasado nada. Los pastizales de la ladera estan totalmente quemados. Sinceramente creo que Dios cambió la dirección del viento en ese día. Fue sobrenatural. No quedan más palabras, sólo dar gracias a Dios porque nos marcó profundamente en aquel 14 de febrero de 4 a 8 de la tarde. No sé ustedes, pero no quedé con la sensación de: "No volveré más a este campamento", sino que pensé: "Debo trabajar más duro por lo que Dios me ha encomendado y con mucha más pasión.
Luego de ayudar un poco y de dejar un bolso cerca del salón, traté de correr en dirección de la entrada del campamento, pero el humo denso y la gente corriendo en la dirección opuesta, me hizo decidir bajar por la ladera del campamento. En eso vi que Carmen Castillo gritaba a todos: "No quiero que nadie se pierda, salgan, vamos!!". Luego de haber rodado hacia la cancha, mil imágenes se sucedieron en 1 minuto: un balón de gas que rodaba por la ladera directo hacia Cecilia. Todos gritándole que se corriera porque el balón venía directo a ella. Finalmente el balón de gas chocó en una piedra y se desvió a menos de 1 metro de ella. También el tío Francisco bajaba con los 2 balones de gas en sus manos. Eran aproximadamente las 16:40 hrs. El pastizal de la ladera se estaba empezando a quemar a raíz de las hojas quemadas que caían desde los árboles de eucaliptus. Corrí hasta el río, mientras veía a algunos que se tiraron al río para cruzar a la otra orilla. En ese ambiente tenso, me encontré con Ernesto y Cony quien preguntó lo que pasaba. Una vez que llegué al río, subí cuesta arriba para ver dónde venía el fuego. Caminando y caminando llegué a un terreno más llano. El fuego se veía amenazante a unos 500 metros de dónde estaba. La única persona que vi fue una señora que hablaba por celular y decía: "Parece que se está incendiando el campamento de los evangélicos". La quise insultar y decirle que se callara pero finalmente me devolví al río. Allí Karla Ramos me abrazó. Habíamos unas 30 personas a la orilla del río esperando sin saber qué hacer.
A los pocos minutos la instrucción fue: Tírense al río y quédense allí. Entonces amontonaron los bolsos en la orilla y comenzamos uno a uno a meternos al río. Varias niñas lloraban, otros reían del nerviosismo. Gustavo, Cristóbal, Samuel y Ricardo estaban un tanto choqueados, sin palabras. Comenzamos a orar, a recitar Salmos y a cantar. "Jehová es mi pastor, nada me faltará..." "Mi corazón entona la canción...". Las oraciones se mezclaban con los salmos. Las miradas de temor se agudizaron cuando el humo se veía cada vez más cercano. Nadie sabía que hacer, pero si sabíamos que estando en el río íbamos a estar más seguros. Luego de estar aproximadamente 1 hora allí, un bombero se abrió paso entre los matorrales. Salimos del río para ser evacuados. Pasamos por unos alambres de púa, y después subimos por un camino a pocos metros del fuego. La tía Celia jadeaba incesante ante el humo que se hacía denso mientras subíamos. Cada cual con su ropa o toalla mojada, se cubría la nariz y los ojos. Hasta que finalmente llegamos a un lugar más seguro y pudimos apreciar el escenario más claramente. Los trigales estaban quemados y las sirenas y el helicóptero se escuchaban de cerca. Una vez en la carretera supimos que Carmen había ido a ver las cosas en el campamento. Cristian y Ernesto se habían quedado para ayudar a Elías y temíamos por su integridad mientras estuvimos en el río.
Cuando estuvimos todos juntos, hicimos un círculo y oramos agradeciendo a Dios por nuestras vidas. Claudio ofreció su casa a modo de albergue para que estuviéramos más tranquilo. Su mamá llegó a los pocos minutos donde estábamos.
De pronto supimos algo que nos dejó sorprendidos y hasta ahora recuerdo la felicidad de aquel anuncio: Todo se había salvado. No lo podíamos creer. El grupo lanzó un grito de alegría al unísono y nos empezamos a abrazar. Alguien por ahí escuché decir: "Tengo que ver para creerlo". Y en efecto, volvimos al campamento y cuando nos bajamos de las camionetas que nos devolvieron al campamento, la imagen fue impresionante: el salón y la cabaña estaban a salvo. Nada se había quemado, sólo uno de los pilares de la cabaña de las mujeres que tenía una muy pequeña destrucción. Luego de orar como buenos pentecostales jeje, fui a ver cómo había pasado el fuego. Y sorprendentemente, el fuego no había pasado a más de 1 cm de la cabaña y la rodeó, pero no la quemó. Estaba intacta con todo quemado a su alrededor, pero a ella no le había pasado nada. Los pastizales de la ladera estan totalmente quemados. Sinceramente creo que Dios cambió la dirección del viento en ese día. Fue sobrenatural. No quedan más palabras, sólo dar gracias a Dios porque nos marcó profundamente en aquel 14 de febrero de 4 a 8 de la tarde. No sé ustedes, pero no quedé con la sensación de: "No volveré más a este campamento", sino que pensé: "Debo trabajar más duro por lo que Dios me ha encomendado y con mucha más pasión.
1 de febrero de 2009
Palabras al viento
Tratando de ser algo más. Tratando de que todo sea mejor. Así me hallo. Buscando. Sí. Buscando ser más. Pero por dentro inquieto. Inquieto porque todo calce. Porque todo sea perfecto. Rompecabezas. Que cada pieza tenga sentido. Que todo este tiempo alguna vez me haga sentir realizado, completo, satisfecho. El camino es confiar. Confiar en un Dios que no veo. Confiar en una solución ajena. Ajena a mí. Ajena a mis posibilidades.
Tener fe. Creer en lo que no espero. Tener la convicción de lo que no veo. Locura. Sí. Locura. Fe y espera. Espera que a veces desespera. Espera que hace sufrir. Pero cuando sufro también maduro. No me encierro. No me protejo a mí mismo. Espero que Él me proteja. Mientras callo. Mientras busco. Mientras toco en mi guitarra. Mientras adoro. Mientras canto. Mientras descubro cada vez más claro mi llamado. Mi propósito. Mi proyecto de vida. ¿Quién irá conmigo? ¿Quién se atreverá? Son preguntas. Preguntas que llevan guardadas años sin responder. Preguntas que le hago al viento. Preguntas que nacen y mueren. Preguntas que me desafían a salir del ego. Egoísmo que mata. Egoísmo que frustra.
Dios te amo. Hace tiempo no te lo digo. Te espero. Siempre. Confiado. Como un niño que todo lo cree. Aquí me ves. Aquí sigo. Buscando. Clamando. Creyendo. Como un loco. Sí, lo sé. Como un cuático. Sí, también. Como un fanático. Y más. Te busco intensamente. Hasta las lágrimas. Renuévame. Cada área necesita tu toque. Tu pasión. Tu voz que quiebre el silencio. Tu voz que transforme mi vida. Sanidad. Libertad. Restauración. Palabras que suenan a llamado. Mi llamado. Sáname primero. Libérame también. Y restáurame. Haz lo que quieras de mí. Pero primero, rindo mi orgullo. ¿Qué sentido tiene ofrecerse a ti sin doblegarse primero? ¿Sin decirle a David que muera a él? ¿Sin decirle a David que rinda todo? Rindo todo. Mi reputación. También mis planes. Eso que anhelo. Sí, también lo que siempre he querido. Mi felicidad. Mis negocios. Mis lágrimas. Mi todo. Mi nada. Hazlo tú, Jesús.
Tener fe. Creer en lo que no espero. Tener la convicción de lo que no veo. Locura. Sí. Locura. Fe y espera. Espera que a veces desespera. Espera que hace sufrir. Pero cuando sufro también maduro. No me encierro. No me protejo a mí mismo. Espero que Él me proteja. Mientras callo. Mientras busco. Mientras toco en mi guitarra. Mientras adoro. Mientras canto. Mientras descubro cada vez más claro mi llamado. Mi propósito. Mi proyecto de vida. ¿Quién irá conmigo? ¿Quién se atreverá? Son preguntas. Preguntas que llevan guardadas años sin responder. Preguntas que le hago al viento. Preguntas que nacen y mueren. Preguntas que me desafían a salir del ego. Egoísmo que mata. Egoísmo que frustra.
Dios te amo. Hace tiempo no te lo digo. Te espero. Siempre. Confiado. Como un niño que todo lo cree. Aquí me ves. Aquí sigo. Buscando. Clamando. Creyendo. Como un loco. Sí, lo sé. Como un cuático. Sí, también. Como un fanático. Y más. Te busco intensamente. Hasta las lágrimas. Renuévame. Cada área necesita tu toque. Tu pasión. Tu voz que quiebre el silencio. Tu voz que transforme mi vida. Sanidad. Libertad. Restauración. Palabras que suenan a llamado. Mi llamado. Sáname primero. Libérame también. Y restáurame. Haz lo que quieras de mí. Pero primero, rindo mi orgullo. ¿Qué sentido tiene ofrecerse a ti sin doblegarse primero? ¿Sin decirle a David que muera a él? ¿Sin decirle a David que rinda todo? Rindo todo. Mi reputación. También mis planes. Eso que anhelo. Sí, también lo que siempre he querido. Mi felicidad. Mis negocios. Mis lágrimas. Mi todo. Mi nada. Hazlo tú, Jesús.
23 de enero de 2009
Más humanos...
Hace algún tiempo vengo viendo que tanto jóvenes como adultos se sienten disgustados por el estado de la iglesia cristiana en este tiempo. Iglesia que se encarga más de juzgar que de amar, que se encarga de traspasar pesadas cargas a los creyentes y también que piensa que todos son buenos al interior de ella. Estos son algunos de los discursos que he escuchado por de aquellos que están heridos y alejados de la iglesia.
No quiero entrar en debate sobre las formas que tienen las iglesias ni tampoco pretendo ahorcar con las palabras a sus líderes. Sin embargo, creo que debe existir una cierta reformulación en nuestra forma de hacer iglesia en estos tiempos y mucho más que eso, replantearnos cómo hacemos cristianismo. Nos hemos encerrado tanto -pienso- que creemos que nada de bendición hay fuera de la iglesia, lo cual es un error. Iglesia no es ni será la puerta al cielo... tampoco me salvo más o menos por asistir a más domingos que otro hermano.
Esas 4 paredes nos han cansado, y también han fatigado el cristianismo hasta llevarlo a parecer algo muy superficial, algo más dentro de las actividades extraprogramáticas de la sociedad. Ese aislamiento no es conciente... sino más bien se halla en un plano no manifiesto. A los 18 me costaba entender cómo la gente criticaba tanto la iglesia y no hacía nada, pero sinceramente creo que muchas veces no hay nada que hacer. La iglesia, partiendo por el liderazgo, debe avivarse no a través de más gritos. Tampoco de más gente que grite desde los púlpitos. Menos de gente que con más estudios bíblicos piensa que llegará a las naciones. El cristianismo parte desde mi realidad, desde el momento en que decido dejar de lado mi orgullo y avanzar con una actitud de perdón, con una actitud de criticar en forma constructiva y no disfrazar el amor con intereses personales.
La iglesia sería mucho más humana si dejara de lado la forma y se centrara en el contenido. Claramente habría más gente convirtiéndose no a una iglesia, sino a Jesús. Si de una vez por todas pudiéramos ver a la persona tras el lente de la gracia de Dios, podríamos mostrarle al mundo una comunidad que por sobre toda las cosas es amor, pero amor de verdad. No un amor predicado, no un amor que se cante, sino un amor que se vive, que se cree y que se practica.
Si fuésemos menos jueces, seríamos más defendidos. Si fuésemos más humanos y menos religiosos, también habría motivos para celebrar. ¿Por qué no salir de las 4 paredes? ¿Por qué no dejar de ir a la iglesia un domingo y practicar lo que siempre se repite en las prédicas? ¿Por qué no dejar libres a los miembros de las iglesias de todo juicio porque va a este o cual lugar, o porque un sábado quiso descansar o porque ora un minuto menos que el pastor? Hemos puesto la mirada en cosas que no tienen trascendencia... No se trata de mí... no se trata de una organización que es sustentada por hombres, sino más bien por Dios. Hay personas que necesitan ser libres de la iglesia, pero más que libres de la iglesia, ser libres del sistema de iglesia que a veces los agobia, que a veces domina sus conciencias y no deja en paz las decisiones.
Pero también está el otro tema: saber perdonar. Pero perdonar de verdad. Perdonar a los líderes y también a aquellos que pensábamos que eran "hermanos en la fe" y que alguna vez nos jugaron chueco. Perdonar las traiciones que se dan al interior de la iglesia, para ser libres y ser sanados de una buena vez... De esa manera también dejamos de juzgar a aquellos que pensamos que nos juzgan a menudo.
¿Podremos hacer eso? Y a la nueva generación pregunto: ¿seremos capaces de ser más iglesia y menos religión? ¿podremos de una vez mostrar a Jesús por sobre los pastores? ¿podremos dejar libres a aquellos que hemos atado por años a un sistema religioso que empobrece? ¿podremos dejar de juzgar? y por último... ¿podremos derribar una por una las 4 paredes de la iglesia y trasladar la iglesia a la calles, colegios, estadios, discoteques, pubs y casas?
Yo digo amén...
No quiero entrar en debate sobre las formas que tienen las iglesias ni tampoco pretendo ahorcar con las palabras a sus líderes. Sin embargo, creo que debe existir una cierta reformulación en nuestra forma de hacer iglesia en estos tiempos y mucho más que eso, replantearnos cómo hacemos cristianismo. Nos hemos encerrado tanto -pienso- que creemos que nada de bendición hay fuera de la iglesia, lo cual es un error. Iglesia no es ni será la puerta al cielo... tampoco me salvo más o menos por asistir a más domingos que otro hermano.
Esas 4 paredes nos han cansado, y también han fatigado el cristianismo hasta llevarlo a parecer algo muy superficial, algo más dentro de las actividades extraprogramáticas de la sociedad. Ese aislamiento no es conciente... sino más bien se halla en un plano no manifiesto. A los 18 me costaba entender cómo la gente criticaba tanto la iglesia y no hacía nada, pero sinceramente creo que muchas veces no hay nada que hacer. La iglesia, partiendo por el liderazgo, debe avivarse no a través de más gritos. Tampoco de más gente que grite desde los púlpitos. Menos de gente que con más estudios bíblicos piensa que llegará a las naciones. El cristianismo parte desde mi realidad, desde el momento en que decido dejar de lado mi orgullo y avanzar con una actitud de perdón, con una actitud de criticar en forma constructiva y no disfrazar el amor con intereses personales.
La iglesia sería mucho más humana si dejara de lado la forma y se centrara en el contenido. Claramente habría más gente convirtiéndose no a una iglesia, sino a Jesús. Si de una vez por todas pudiéramos ver a la persona tras el lente de la gracia de Dios, podríamos mostrarle al mundo una comunidad que por sobre toda las cosas es amor, pero amor de verdad. No un amor predicado, no un amor que se cante, sino un amor que se vive, que se cree y que se practica.
Si fuésemos menos jueces, seríamos más defendidos. Si fuésemos más humanos y menos religiosos, también habría motivos para celebrar. ¿Por qué no salir de las 4 paredes? ¿Por qué no dejar de ir a la iglesia un domingo y practicar lo que siempre se repite en las prédicas? ¿Por qué no dejar libres a los miembros de las iglesias de todo juicio porque va a este o cual lugar, o porque un sábado quiso descansar o porque ora un minuto menos que el pastor? Hemos puesto la mirada en cosas que no tienen trascendencia... No se trata de mí... no se trata de una organización que es sustentada por hombres, sino más bien por Dios. Hay personas que necesitan ser libres de la iglesia, pero más que libres de la iglesia, ser libres del sistema de iglesia que a veces los agobia, que a veces domina sus conciencias y no deja en paz las decisiones.
Pero también está el otro tema: saber perdonar. Pero perdonar de verdad. Perdonar a los líderes y también a aquellos que pensábamos que eran "hermanos en la fe" y que alguna vez nos jugaron chueco. Perdonar las traiciones que se dan al interior de la iglesia, para ser libres y ser sanados de una buena vez... De esa manera también dejamos de juzgar a aquellos que pensamos que nos juzgan a menudo.
¿Podremos hacer eso? Y a la nueva generación pregunto: ¿seremos capaces de ser más iglesia y menos religión? ¿podremos de una vez mostrar a Jesús por sobre los pastores? ¿podremos dejar libres a aquellos que hemos atado por años a un sistema religioso que empobrece? ¿podremos dejar de juzgar? y por último... ¿podremos derribar una por una las 4 paredes de la iglesia y trasladar la iglesia a la calles, colegios, estadios, discoteques, pubs y casas?
Yo digo amén...
19 de enero de 2009
Estoy contento
"Mi esposa no se va a atender más con usted". Todavía recuerdo la voz extranjera del hombre que ese día me hablaba por celular. No entendía por qué ese día me había ido a saludar donde yo estaba trabajando, y después cuando salí a buscarla ya no estaba en la sala de espera. Recuerdo que a mediados de octubre todo entró en colapso en la Universidad. Pensé que reprobaría varios ramos a causa de los pacientes y a causa de mi inexperiencia en todo esto.
Poco a poco las cosas se fueron dando y los pacientes fueron cumpliendo. Aprendí a alabar a Dios en medio de las cosas que no funcionaban como yo quería... y hoy, que ya estoy terminé 4º año sigo alabando porque fue perfecto.
Anoche me puse a pensar que ya estoy en la recta final de mi carrera. Este y el próximo año y todo acaba. O todo empieza? Lo único que siento es que este año estará lleno de proyectos nuevos en mi vida y tengo muchas expectativas de lo que Dios hará en mi vida.
Quiero dedicar a Dios mis éxitos!!!
Poco a poco las cosas se fueron dando y los pacientes fueron cumpliendo. Aprendí a alabar a Dios en medio de las cosas que no funcionaban como yo quería... y hoy, que ya estoy terminé 4º año sigo alabando porque fue perfecto.
Anoche me puse a pensar que ya estoy en la recta final de mi carrera. Este y el próximo año y todo acaba. O todo empieza? Lo único que siento es que este año estará lleno de proyectos nuevos en mi vida y tengo muchas expectativas de lo que Dios hará en mi vida.
Quiero dedicar a Dios mis éxitos!!!
17 de enero de 2009
Dormir y descasar
Hace un tiempo vengo pensando en esto. Dormir no necesariamente es descansar y viceversa. Creemos muchas veces que dormir mucho significa que estamos listos para volver al trabajo, a las clases, a la iglesia. Descansar es una decisión de dejar de lado la presión y el afán. Tiene que ver con algo de la mente y del cuerpo en su conjunto. Se puede dormir 1 día entero pero no haber descansado.
Descansar no solo es un mandato de Dios, sino que algo más profundo... algo que es para nuestro bien. Descansar para mí implica confianza en que Dios tiene todo bajo control y que estamos bien en él. Descansar implica autocontrol para no permitir que el afán nos gane y nos haga perder el disfrute de vivir. Descansar es una promesa de Dios para dejar de hacer las cosas con nuestras fuerzas y ser guiados por su mano.
Descansar no solo es un mandato de Dios, sino que algo más profundo... algo que es para nuestro bien. Descansar para mí implica confianza en que Dios tiene todo bajo control y que estamos bien en él. Descansar implica autocontrol para no permitir que el afán nos gane y nos haga perder el disfrute de vivir. Descansar es una promesa de Dios para dejar de hacer las cosas con nuestras fuerzas y ser guiados por su mano.
12 de enero de 2009
Antes y después de los 20
Jajaja! Recuerdo cuando niño que no proyectaba mi vida más allá de los 20 años. Siempre pensaba que nunca iba a crecer y si en algún momento crecía (que no fue mucho la verdad jejeje), iba a dejar a todos los niños correr sin que los adultos los retaran. Son pensamientos de niño, que en algunas casos han madurado y otros se han quedado ahí, como infantes.
Mi vida ha transcurrido entre los altos muy altos y los bajos muy bajos. Pero por sobre todas las cosas me considero alguien soñador, que busca alternativas, que busca cómo abrirse camino cuando las puertas se cierran, y que por sobre todas las cosas, busca innovar, salir de la rutina, salir de lo tradicional. Esta puede ser una definición un tanto elevadora de mi imagen, pero como siempre digo, si me conocieran un poco más se darían cuenta que tengo muchos errores: ser a veces inseguro, miedoso, sensible ante los insultos de otros y complicado al momento de tomar decisiones.
El mayor tema en mi vida fue siempre buscar la aceptación de los demás. De hecho siempre hacía cosas para que otros me aceptaran en sus círculos de amigos y para que mis papás se agradaran de mí. Muchas veces imitaba actitudes de otros para buscar la atención de los "más grandes". Dios me cambió. Siento que de un tiempo a la fecha Dios se ha encargado de decirme que su amor no depende de lo que yo haga. Y comprendí bajo muchas tensiones que él me ama más de lo que yo imagino. Un día estaba en oración cuando le escuché decirme que viera la traducción de mi nombre (muy amado). "Ese eres tú", me dijo. Esas palabras marcaron mi historia y me sacaron de la depresión sin que los problemas acabaran.
En mi interior siempre he pensado esto, pero a casi nadie (quizás nadie) se lo he dicho: un día seré pastor. No sé si se hará realidad, tampoco sé de qué manera será, pero en mi corazón siento un llamado muy profundo de parte de Dios... a evangelizar en las calles, a llevar sanidad, liberación y salvación. A veces tengo miedo y digo: "¿y que tal si mi pareja y mi familia no me apoyan?", "¿y si no resulta"?... pero algo me dice que solo avance y que Dios se va a encargar del resto.
Ya son 22 años... 2 años más de lo que había imaginado cuando chico. Han sido los 2 años en que Dios ha reconstruido lo que en el pasado se quebró. Desde los 20 en adelante he visto que Dios se ha encargado de llevarme a lugares y personas que nunca esperé conocer. Quizás los 20 marcaron proféticamente algo en el cielo y Dios comenzó a hacer algo nuevo en mi vida. Hoy me preyecto con fe en que en el futuro veré el fruto de lo vivido antes de los 20.
Gracias Señor...
Mi vida ha transcurrido entre los altos muy altos y los bajos muy bajos. Pero por sobre todas las cosas me considero alguien soñador, que busca alternativas, que busca cómo abrirse camino cuando las puertas se cierran, y que por sobre todas las cosas, busca innovar, salir de la rutina, salir de lo tradicional. Esta puede ser una definición un tanto elevadora de mi imagen, pero como siempre digo, si me conocieran un poco más se darían cuenta que tengo muchos errores: ser a veces inseguro, miedoso, sensible ante los insultos de otros y complicado al momento de tomar decisiones.
El mayor tema en mi vida fue siempre buscar la aceptación de los demás. De hecho siempre hacía cosas para que otros me aceptaran en sus círculos de amigos y para que mis papás se agradaran de mí. Muchas veces imitaba actitudes de otros para buscar la atención de los "más grandes". Dios me cambió. Siento que de un tiempo a la fecha Dios se ha encargado de decirme que su amor no depende de lo que yo haga. Y comprendí bajo muchas tensiones que él me ama más de lo que yo imagino. Un día estaba en oración cuando le escuché decirme que viera la traducción de mi nombre (muy amado). "Ese eres tú", me dijo. Esas palabras marcaron mi historia y me sacaron de la depresión sin que los problemas acabaran.
En mi interior siempre he pensado esto, pero a casi nadie (quizás nadie) se lo he dicho: un día seré pastor. No sé si se hará realidad, tampoco sé de qué manera será, pero en mi corazón siento un llamado muy profundo de parte de Dios... a evangelizar en las calles, a llevar sanidad, liberación y salvación. A veces tengo miedo y digo: "¿y que tal si mi pareja y mi familia no me apoyan?", "¿y si no resulta"?... pero algo me dice que solo avance y que Dios se va a encargar del resto.
Ya son 22 años... 2 años más de lo que había imaginado cuando chico. Han sido los 2 años en que Dios ha reconstruido lo que en el pasado se quebró. Desde los 20 en adelante he visto que Dios se ha encargado de llevarme a lugares y personas que nunca esperé conocer. Quizás los 20 marcaron proféticamente algo en el cielo y Dios comenzó a hacer algo nuevo en mi vida. Hoy me preyecto con fe en que en el futuro veré el fruto de lo vivido antes de los 20.
Gracias Señor...
9 de enero de 2009
Como un tonto feliz
La lengua es en realidad un conjunto de músculos bien insertados que son capaces de mover todo un órgano que nos sirve para masticar, envolver y deglutir los alimentos. También nos sirve para hablar, y puede ser un potente instrumento con el cual podemos ofender y/o ser ofendidos. Cada cierto tiempo siento que pasa eso en mi vida y que soy ofendido hasta el grado de sentirme herido. Antes era más; ahora he superado muchos temores y creo que me enfrento mejor a mi realidad. Pese a ello, uno sigue siendo humano y muchas veces tb creo que ofendo y soy ofendido.
Hace pocos días me pasó algo similar. Estaba muy tranquilo cuando una conversación tensa acabó con mi paz. Y no sabía qué hacer porque esa persona me había herido con sus palabras y me había ofendido. Entonces tomé mi guitarra y me dije: "En mi interior quiero solamente desearle mal a esa persona y que se pudra con sus palabras. Mi egoísmo me dice no sólo que no pesque sino que tb hable contra esa persona". En ese intertanto vino a mi mente un mensaje: "Si aman a los que los aman, ¿qué mérito tienen?. Amen a sus enemigos y bendigan a quienes les maldicen y serán hijos de vuestro Padre". Entonces una lágrima surgió de mi interior... Y decidí hacer lo contrario a lo que siempre haría, aunque parezca tonto. Y bendecir al ofensor, y desearle bien en todos sus proyectos y planes me hizo ser libre de mi dolor.
Frente a eso, Dios penetra nuestra egoísmo y nos hace tomar decisiones fuera de lo común, que cambian nuestros esquemas, pero que tb nos libera de la depresión y de las palabras que otros pueden hablar en contra nuestra. Si alguien nos maldice, la mejor opción es bendecirlos y desearles lo mejor y Dios hará el resto.
Hace pocos días me pasó algo similar. Estaba muy tranquilo cuando una conversación tensa acabó con mi paz. Y no sabía qué hacer porque esa persona me había herido con sus palabras y me había ofendido. Entonces tomé mi guitarra y me dije: "En mi interior quiero solamente desearle mal a esa persona y que se pudra con sus palabras. Mi egoísmo me dice no sólo que no pesque sino que tb hable contra esa persona". En ese intertanto vino a mi mente un mensaje: "Si aman a los que los aman, ¿qué mérito tienen?. Amen a sus enemigos y bendigan a quienes les maldicen y serán hijos de vuestro Padre". Entonces una lágrima surgió de mi interior... Y decidí hacer lo contrario a lo que siempre haría, aunque parezca tonto. Y bendecir al ofensor, y desearle bien en todos sus proyectos y planes me hizo ser libre de mi dolor.
Frente a eso, Dios penetra nuestra egoísmo y nos hace tomar decisiones fuera de lo común, que cambian nuestros esquemas, pero que tb nos libera de la depresión y de las palabras que otros pueden hablar en contra nuestra. Si alguien nos maldice, la mejor opción es bendecirlos y desearles lo mejor y Dios hará el resto.
2 de enero de 2009
Trato de comprender
A veces la lucha por entender las diferentes formas en que la gente ve a Dios, me ha quitado unos minutos de tiempo. Bautistas, pentecostales, presbiterianos, metodistas, carismáticos... y las mezclas derivadas de ellos. Una vez me dijo la Poly que había escuchado a una tía de escuela dominical explicarle a un niño por qué habían tantas iglesias: "Dios es como un elefante... y cada uno, al ser pequeños, ve solo una parte del elefante. Por eso algunos ven a Dios de una forma". Creo que esa explicación fue sensata y pienso que cada cual ve una parte de Dios que otro no ve. Quizás por ello nos sea necesario -más que obligatorio- compartir con otros y escuchar lo que Dios hace en sus vidas.Pero a medida que he crecido, no sólo veo que todos somos diferentes, sino que existen peleas a causa de aquello. Levantar las manos, hablar en lenguas, la llenura del Espíritu Santo, gritar, leer la Biblia todos juntos, "yo leo un versículo y toda la iglesia el siguiente", tres glorias a Dios. Eso es solo una parte de lo que he podido recabar. Cuando he ido a iglesias tradicionales me siento ajeno, como si no me sirviera ver a la gente - en su mayoría gente de edad- levantar las manos, o gritar desde las bancas. Mi amigo Gustavo estaría de acuerdo en pensar que prefiere la manera en que Dios se ha hecho escuchar a través de los siglos, pero otro podría pensar en que hay que modernizar la iglesia y que hay que atraer a la gente joven a través de estrategias postmodernas basadas en la sensación.
Algo que he visto desde afuera, es que uno adentro de la iglesia tiende a ponerse cuadrado y a encerrarse en sus posturas. "Es que a mí me gusta que todos se vistan así", "a mí me gusta que la cena se reparta a la gente y no que tengan que pararse", "me carga cuando me hacen aplaudir", "lo que hace esa iglesia es traer corrientes del diablo". Todas esas expresiones las he escuchado en algunas ocasiones. Por eso mismo quizás, no me considero evangélico, como si llegara a formar parte de una religión más... Siempre que mis compañeros me preguntan, prefiero decirles que creo en un Dios que se manifiesta a través de las vidas y que prefiero mil veces mostrar a Jesús a través de mi propia vida que vistiéndome de una forma o hablando de otra.
A lo que quiero llegar es que he comprendido debemos aprender de la diferencia. Porque he visto muchas personas que, sin siquiera compartir mi forma de culto, se la juegan por Dios y veo su pasión por Dios que quebranta mi comodidad y mi mediocridad. Creo que en vez de pelear por las formas, deberíamos pelear por buscar a Dios. Eso es lo único que marcará nuestras vidas, el hecho de dejar que Dios nos hable y ser obedientes a su voz, aunque eso implique dejar atrás las formas. Jesús hubiera dicho: "Misericordia quiero y no sacrificios..." Darle prioridad a la tradición por sobre la revelación de Dios se traduce en mediocridad, monotonía y muerte espiritual.
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