9 de abril de 2012

Te quiero Juanita...

Como si el cielo se hubiera cubierto de gris. Como de tonos apagados y músicas entrelazadas de dolor mezclado con lágrimas de recuerdos y pequeñas reminiscencias junto a ella. La recuerdo entre los trozos de niñez que emergen de mi mente, buscándola como aquella abuelita callada pero amorosa con nosotros. Con su voz trémula, su tez blanca y sus pliegues asomados de sus ojos; con su carácter sereno, de apacible trato y de suave hablar... con esa imagen que me seguía hablando de una mujer fuerte, preocupada de los suyos y sufrida a lo largo de los años.

La voy a extrañar... No le veía seguido, pero su presencia siempre estaba en el ambiente, reflejo de un cariño y de una unidad familiar que ella, con su paciencia, pudo generar. Y hoy la despedimos, entre tonos de tristeza mezclados de paz; alegría porque partió rápido, sin sufrir mucho. Extrañaré su caminar sereno y cómo mezclaba la harina tostada con agua y azúcar. Pero por sobre todo extrañaré las veces en que me tocó la cara y me preguntó cómo estaba.

"Señor... la muerte llega cuando menos la esperamos. Nos muestra la fragilidad de la vida y de cómo un día existimos y al otro no... Y te agradezco por mi abuelita Juana, por su amor, por su gran legado hacia nosotros, por su paciencia y por su entrega. Gracias por mostrarnos tu amor a través de personas como ella y por la paz que hay en nuestros corazones, de que ella está contigo descansando alegre. Creo que extrañaré saber de ella, escuchar en el teléfono su voz y abrazarla... Gracias por ella Señor..."

19 de marzo de 2012

Aquitar las aguas

Cuando nos sentimos ofendidos o pasamos por problemas con personas, donde todo sale de nuestro control, tendemos a perder la paciencia y muchas veces a reaccionar con prepotencia, o sentir desesperación dentro de nuestro corazón. Todas estas reacciones son parte de lo que aflora en primera instancia, ya que intentamos buscar soluciones rápidas o crear estrategias para mitigar el dolor o para que todo salga bien.

Especialmente cuando nos sentimos tentados a desesperarnos, es bueno recordar que Dios es un Dios de paz, y no de descontrol. Él mismo nos reiteradas veces en la Biblia, a descansar en Él, a estar quietos, a mantener un espíritu quieto. Es la lucha diaria que todos debemos llevar cuando queremos tener un corazón apacible y de mansedumbre, es decir, un corazón que mantiene en control las emociones y sabe cómo canalizarlas. Esto no quiere decir en ninguna manera que uno no deba hablar las cosas que piensa o siente. Tener mansedumbre en ninguna manera significa no denunciar las injusticias o guardarse todo lo que uno piensa; por el contrario, se trata de decirlo pero sin perder los estribos. De esa manera nos evitamos muchos percances y malos ratos...

Les invito a reflexionar en este tema, y calmar un poco la ansiedad y la desesperación, y buscar el descanso que sólo proviene de Dios. Ya después de esta publicación, este blog dará un nuevo giro y explorará nuevos temas. Además les invito a acompañarme en esta oración:

"Señor, en esta hora quisiera aquietar mi corazón y descansar en ti. Tal vez quien esté leyendo esto, no lo está pasando bien o está ansioso o preocupado por una situación sin control... Te ruego que traigas un sentir de paz y de que tú sigues siendo el Dios que tiene todo bajo control y de cuya voluntad no se escapa nada. Nos hacemos débiles para ser fuertes en ti y para fortalecernos en tu mano de favor... Te amamos mucho, y te pedimos que formes en nosotros la mansedumbre y la templanza, de manera de tener el carácter del Espíritu Santo en nuestras vidas. Amén"

15 de marzo de 2012

El reino de los cielos


Siempre me ha llamado la atención el concepto que Jesús ocupa para describir a Dios y su gobierno. Siempre habla del "reino de los cielos" y lo compara a muchas cosas naturales, tales como un grano de mostaza, una moneda perdida, una perla de gran precio, a una red, etc. Como diría John Stott, el reino de Dios se refiere a que Él mismo establece su soberanía sobre nuestras vidas.

Los gobiernos monárquicos se caracterizan porque las decisiones del pueblo pasan por una sola persona: el rey. Este título se va heredando de generación en generación (vitalicio) y generalmente eran los encargados de llevar las riendas políticas y armamentistas de su reino. A su cargo tenía sirvientes de diversa índole y todos le debían respeto. En palabras más sencillas, su poder era absoluto. Claramente hoy los reyes no asumen ese tipo de funciones; más bien, se encargan de las relaciones exteriores y desempeñan cargos de Jefes de Estado. Sin embargo, el reino de los cielos se parece más al concepto antiguo de los reyes, quienes ejercían su autoridad soberana sobre su pueblo.

Que Dios sea el rey no significa que ejerza un poder amenazante sobre nuestras vidas o entre a nuestras vidas a la fuerza. Más bien, él nos invita a formar parte de este reino. Este reino se refiere más bien a un estilo de vida diferente al de la gente común y corriente... Y tal vez su mayor ley es amar con todo nuestro corazón a Dios, es decir, con toda nuestra mente, todas nuestras fuerzas, todas nuestras intenciones y todo nuestro corazón; y amar al prójimo como a uno mismo... Esta ley implica rendir nuestro orgullo, nuestra manera de hacer las cosas y nuestra soberbia. Es asumir que Él nos ha llamado a ser santos en toda nuestra manera de vivir y que nos entrega la misión de llevar los valores del reino (amor, gozo, paz) a un mundo en convulsión y a sociedades corruptas y faltas de valores. Es asumir que nos ha llamado a hacer justicia y denunciar la injusticia; a buscar el bien social y político y a predicar a Jesús a toda persona. En este reino el rey no quiere de nosotros una parte de nuestras vidas o de nuestro tiempo, sino que lo espera todo.

Jesús en una oportunidad dijo que el reino de los cielos era como un tesoro escondido en un campo, el cual un hombre encontró y luego fue y vendió todo lo que tenía y compró aquel campo. Así es el encuentro personal con ese rey: se nos revela a nuestras vidas y nos mueve a buscar todo para estar solamente con él, en adoración y búsqueda constante de su presencia. Aún los bienes y logros que alcanzamos no se comparan a una relación con Él, llena de sorpresas, restauración, sanidad interior, desafíos a nuestro orgullo y nuestra manera autosoberana de vivir, y de salvación.

8 de marzo de 2012

Ayúdame a escucharte

"Señor... muchas veces nos presentamos delante de ti como si fueras una actividad en la agenda y no como alguien central en nuestras vidas. Hay veces en que el frenesí de la vida y el estrés de cumplir metas laborales o estudiantiles, nos lleva a perder el foco. Pese a eso tú no nos condenas; al contrario, estás a la puerta llamándonos una y otra vez. Contemplarte significa acallar todas las voces externas y las distracciones para observarte. Ese es tal vez el desafío más grande en la relación contigo: el hacer pausas, el guardar silencio delante de ti y el aprender a escuchar tu voz en medio de todo. Al final de cuentas, al observarte y contemplar tu hermosura, tú nos revelas que no hay nada más importante en la vida que tú... no son las riquezas... no es la fama... no es alcanzar un logro... Todo eso es nada si tú no estás como eje central.

Padre gracias por atraerme otra vez a ti. Cada cierto tiempo me doy cuenta que sigo el ritmo de la vida de manera automática... Muchas veces me doy cuenta que en medio de tanto estrés olvido a la gente que tiene necesidad... Hay gente que muchas veces he visto mal y no me he acercado y la indiferencia se hace más palpable que nunca... Perdóname por eso... Ayúdame a escuchar tu voz en medio de todo, de manera que al escucharla pueda ver dónde tú estás obrando... seguramente quieres sanar a un enfermo, consolar a alguien con tristeza o hablarle a alguien de ti y que te conozca. Tal vez es sólo dar pan al que lo necesita o abrazar a un desconocido. Para todo eso, entiendo que mi mayor necesidad eres tú..."

29 de febrero de 2012

Refrena tu lengua


Para alegar somos todos buenos. Para enojarnos por no recibir lo que queremos o porque no sucede lo que planeamos, también nos resulta fácil. Nos surge de manera natural hablar mal del otro, interponer primero una queja antes que escuchar, ponernos primero en nuestro lugar en vez de otros, etc. La lista podría ser larga.
La Biblia, en Proverbios, habla muchas veces que es de sabios refrenar la lengua. Alguno podrá pensar que eso significa que Dios ordena no denunciar las injusticias o no encarar a la gente, sin embargo, se refiere a un aspecto de nuestra lengua que muchas veces descuidamos: LA FORMA EN QUE HABLAMOS.

Lo que hablamos es la expresión de lo que hay alojado en nuestro corazón."De la abundancia del corazón habla la boca". También lo muestra la Biblia en Proverbios. Para todos es mucho más trabajo quedarnos callados que alegar por todo lo que se cruza en nuestras vidas. A veces nos quejamos de llenos, o nos quejamos egoístamente porque las cosas no resultan a nuestra manera. Muchos de los conflictos se solucionarían si al tratar de solucionarnos, no ofendiéramos al otro o bajáramos el tono al conversar. Lo cierto es que resulta más fácil ofender, tratar mal, alegar, denunciar; que intentar salvar una relación, favorecer al otro aunque ese otro no lo aprecie. En nuestro corazón muchas veces alojamos argumentos como estos:

"¿Para qué me voy a esforzar por alguien que no lo toma en cuenta?
¿Para qué pesar en el otro, si ese otro no piensa en uno?
¿Para qué dejarse pasar a llevar?
Nunca más voy a parecer un tonto y dejarme pasar a levar"

Muchas veces gastamos nuestros tiempo y energías en tratar de quedar como los "buenos" a costa de que otros, se lo merezcan o no, salgan desfavorecidos. Otros lo que hacen es gastar su tiempo y energías en hablar mal de otros, para ganar ellos mismos protagonismo y ascender en el trabajo o en reconocimiento. Alguno pensará que ese tipo de personas que embarra al resto, tiene mejor auto, mejor casa, gana mejor sueldo, pero se equivocan: tales personas son pobres de espíritu, tienen pocos amigos y desconfían de todo el mundo.

Nos resulta fácil alegar por nuestros derechos, pero muy difícil callar, rendirse y someterse. Nos resultan tan ajenas y extrañas esas palabras, pues nos parecen de un tiempo antiguo, como si callar ahora fuera de tontos y el rendirse de cobardes. Sin embargo, muchos proverbios insisten en que "incluso cuando el necio calla es contado como sabio", o que "la blanda respuesta quita el enojo". Muchas veces vivimos un evangelio que se olvida de las palabras de Jesús cuando dijo: "Bendigan a quienes les maldigan" o "amen a sus enemigos". Y así es, porque amar a quien nos hace el mal, nos resulta tonto e inentendible. Sin embargo, quien deciden ser "tontos" y amar a todos (buenos y malos), han entendido por fin que es Dios quien los defiende y que, a su tiempo, traerá siempre lo mejor. Hay quienes tienen muchos bienes y riquezas, pero son pobres de adentro porque su trato no es afable y su carácter poco confiable.

Quienes saben guardar secretos y saben tratar bien a los demás, son quienes más tienen amigos; y también son quienes más reciben apoyo cuando se encuentran en tiempos de dolor o se encuentran en el mayor de los logros alcanzados. Más vale ser pobre con amigos, que ser rico y estar en soledad. Es por eso que varias veces he escrito en este blog acerca de cómo hablamos y lo que pensamos... Y especialmente en que mostremos a Jesús en esto. Porque es mucho más fácil criticar sin escuchar, que hacer lo que Jesús decía. Por eso no todos han madurado el evangelio, porque se creen con la desfachatez de pasar a llevar a todo el mundo y de pasada seguir enseñando a Jesús. ¿Acaso no hemos entendido que la manera en que nos relacionamos con los demás, es el reflejo de nuestra relación con Dios? Si hablamos mal de otros, si nos empeñamos en dejar mal a otros delante de los demás, si buscamos siempre imponer nuestra verdad sin dejar a los demás aportar, si somos llevados en nuestras ideas, si nos creemos con el derecho de ponernos sobre los demás y enjuiciar su vida como mero expectador, entonces Cristo no ha sido formado en nosotros. Porque cuando él está, aún a quienes hablan mal de nosotros podemos amar; a quienes nos ofenden, bendecir; a quienes nos critican, responder de manera amable... Todo esto es espiritual, así como orar, ayunar y estar en una vigilia.

20 de febrero de 2012

¿Te has detenido?


En medio del frenesí del día a día. Junto al informe que hay que entregar en media hora. Acompañando el atraso de las 7:45, cuando dispones de esos 15 valiosos minutos para llegar a la hora a tu lugar de estudio o trabajo. Buscando siempre el mañana: que llegue el fin de semana, los feriados y las vacaciones...

A veces cada una de estas situaciones me hace pensar en lo rápido que se nos pasa la vida. De nosotros mismos salen expresiones tales como: "Qué ha pasado rápido esta semana", o "No nos hemos dado cuenta y ya estamos en fin de año". Muchas veces se nos va la vida en buscar el mañana. Somos felices cuando llega el día de descanso. Descansamos cuando realmente podemos dormir más de 6 horas. Creemos que hemos alcanzado el éxito cuando en nuestra oficina aparece el cargo de jefe, gerente o director de algo. Sin embargo, poco caso hacemos a lo más importante en la vida: aquello que no notamos, que pasa desapercibido, que transcurre lento.

Cuando pienso en nuestra relación con Dios, se me viene a la mente una palabra: quietud. Sin quietud es imposible concentrarse y escuchar su voz. Y sin ella no podremos calmar nuestras ansias y confiar completamente en el Señor. ¿Por qué nos cuesta tanto contemplar la vida tal y cual deberíamos hacerla? ¿Por qué no salirse del egocentrismo y observar a los que piden desesperados la salvación? ¿Por qué no calmar nuestras ansias de éxito por medio del servicio a aquellos que no pueden devolver ni un peso si hacemos algo por ellos? ¿Por qué no valorar lo más importante en la vida: nuestras relaciones? ¿Por qué no dejar un rato de nuestro tiempo para observar a Dios y lo hermoso que es? ¿Le has visto? ¿Le has visto en la sonrisa de los niños y en el agradecimiento de quienes no tienen?

"Estad quietos y conoced que yo soy Dios... [...]"

8 de febrero de 2012

Mis hermanos pequeños :)

Ellos ya no son tan pequeños... De izquierda a derecha, Daniel tiene 16, Carla 10 y Ely 12. Valoro mucho que sean mis hermanos y, aunque somos diferentes, me alegro de saber que podemos compartir juntos como en la foto, donde fuimos a comer juntos comida china... Tal vez los 4 compartimos algo y eso es la timidez con la que nos mostramos en un principio... Sin embargo, a medida que tomamos confianza en los demás, nos vamos desenvolviendo mejor.

A la vez los 4 somos distintos. Daniel es valiente e inteligente; Carla es esforzada y perseverante; Elizabeth es responsable y alegre. Veo muchas de sus cualidades como ejemplo para mi propia vida y le agradezco a Dios que existan. Siempre hemos sido una familia numerosa y eso nos enseñó el valor de la generosidad, del pensar en el otro, de servir a los demás y de ser respetuosos. La estrechez de espacio que a veces pasamos no es nada en comparación al poder vivir juntos y el haber vivido etapas importantes de nuestras vidas en esa micro-comunidad de la familia. A ellos siempre les aconsejo que sean fuertes, que se esfuercen y que con la ayuda de Dios alcancen sus sueños, desarrollen sus talentos y se abran paso a pesar de las limitaciones que vean en ellos mismos. La timidez es la característica que Dios ha usado para forjar su carácter en nosotros porque sabemos que si algo hemos alcanzado, ha sido por Él, ya que de nuestra propia forma de ser no surge naturalmente la iniciativa y la valentía. Él ha sido fiel para con nosotros =)

"Hermano Daniel, sigue adelante a pesar de todo. Los dones que el Señor te ha dado, explótalos al máximo sin importar el qué dirán. Dios recompensa a quienes le obedecen, aunque hayan críticas y sufrimiento. En ese corazón profético que Dios ha puesto en ti, estoy seguro que hay más por entregar a los demás.

Elizabeth... yo sé que tú puedes. Llegarán momentos en donde podrás enfrentar esos temores de la niñez y Dios se encontrará directamente contigo, como aquel capaz de sanarlo todo. No descuides la sensibilidad que te caracteriza.. esa es tu fortaleza interna. Tu alegría no la cambies por nada del mundo, porque de ella se sirve el Espíritu Santo para atraer a quienes ha escogido para sí.

Carlita... corazón de enseñanza... alcanzarás más de los que piensas y llevarás en tu corazón el peso del llamado de Dios, el cual te dice que nunca te dejará, que te tiene en sus manos y que cada día se acuerda de ti y de las promesas que desde siempre han sido sobre tu vida. Alcanzarás más de lo que piensas... y recuerda estas palabras y busca a Dios con todo tu corazón, y con la pureza que te caracteriza. En tu sinceridad Él se deleita."


7 de febrero de 2012

La relación más importante

En el transcurso de nuestras vidas conocemos a muchas personas que nos influyen de diferentes maneras. Hay quienes han llegado a ser personas muy importantes en nuestras vidas, como son los amigos y la familia... Muchos de ellos nos han acompañado en la mayor parte de nuestras vids, y valoramos en ellos la constancia y la preocupación que han puesto en mantener la amistad o el vínculo. De algunas relaciones tal vez hemos salido dañados, pero lo importante de eso es perdonar y dejar atrás el pasado lo antes posible.

Sin embargo, hay una relación que para mí es la más importante. Es la relación con Dios. No es algo abstracto. No es una relación que se activa los domingos o los días en que hay reunión en la iglesia. No es una relación que dependa de nuestra voluntad. Es Dios quien ha decidido relacionarse con nosotros y nos busca permanentemente. Para entender esto, debemos primero entender que Dios es una persona, no una religión. Él habla, siente, se emociona, escucha y nos mira. Cuando fallamos, le estamos fallando a una persona; y cuando suplicamos perdón, no suplicamos a estatuas o imágenes, sino a una persona que no podemos ver, pero que es real.

En estos años de vida, tal vez podría destacar una de las virtudes que tiene Dios entre las muchas que existen: su capacidad de perdonar. Nosotros que somos buenos para juzgar al resto y ponernos a criticar todo como si nosotros fuéramos perfectos, deberíamos aprender de su ejemplo de perdón. Si somos humildes, él nos perdona con su gracia, y nos brinda nuevas oportunidades. Pero para acercarse a Él no necesitamos el título de pastor o cualquier otro cargo, sino más bien un corazón honesto. No se requieren palabras elaboradas, sino más bien un corazón sincero... Es esa la actitud que toca el corazón del Padre... No se necesitan cosas externas, porque él sabe cómo somos, y sabe que somos débiles.

En Dios podemos encontrar restauración de aquellas relaciones que nos han dañado: sea la relación de un padre, de una madre, de un pololo(a), esposo(a), etc. Dios es capaz de sanar y restaurar aquellas relaciones que nos han dañado y nos han llenado de temor. En nuestra próxima publicación, trataré el tema de las relaciones rotas y de cómo el Señor es capaz de cambiar nuestro corazón y nuestra actitud frente a la vida, aunque las circunstancias no cambien...

2 de febrero de 2012

Dar mucho o dar poco (parte II)

La segunda parte de este tema, la quiero centrar en uno de los temas que tal vez más me ha llegado y más he aprendido: Cuidar el corazón. Para ello he querido centrar este discurso en un versículo que para mí es clave para llevar relaciones sanas:

"Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida" (Proverbios 4:23)

¿A qué se refiere la Biblia con "guardar" el corazón. No significa para nada encerrarlo ni mantenerlo en oculto, sino más bien tiene relación con cuidarlo del daño, de protegerlo. Y eso es a veces lo que nos cuesta.
Cuando nos exponemos a ser dañados, no estamos cuidando el corazón. Esto sucede, por ejemplo, cuando queremos sostener una relación en la que una de las partes entrega y la otra no hace nada. Cuando la balanza está desequilibrada y nos acostumbramos a eso, no estamos cuidando nuestro corazón. Esto también tiene relación con que muchas veces soportamos y soportamos el sufrimiento a causa de la indiferencia de alguien de quien queremos captar la atención, y esa persona no nos considera. Es cierto que al amar, uno tiene que entregar, pero no tanto como para sufrir gratuitamente o que perdamos la dignidad como personas.

Dios nos manda a cuidar el corazón por sobre todas las cosas, porque si lo cuidamos entonces emanará vida de nosotros, porque sabremos cuánto valemos y cuánto nos deben amar los demás. Porque si nos amamos a nosotros mismos, también podremos amar a otros de manera sana y con su justa medida de valor.

Dios les bendiga =)

24 de enero de 2012

Dar mucho o dar poco (parte I)


A veces las relaciones parecen cargar hacia un solo lado. Pareciera que la balanza está cargada hacia un solo lado. De esto nos damos cuenta especialmente cuando queremos que los demás tengan actitudes o acciones que esperamos. Esto sucede a todo nivel:

- - - A nivel familiar, cuando queremos que nuestros padres nos presten atención o se preocupen de nosotros.

- - - A nivel de amistad, cuando esperamos que los amigos estén cuando los necesitamos.

- - - A nivel de pareja, cuando tenemos en nuestra mente una imagen de cómo debería ser nuestra pareja en cuanto a su modo de pensar, decidir y actuar.

Este es un tema muy sensible, porque en cuanto al análisis de relaciones interpersonales, en la mayoría de los casos dependerá del cristal por donde se las mire. Si alguno define la amistad como aquella relación en donde la persona tiene que darse cuenta de cuando estoy enojado o cuando estoy dolido, entonces esa persona tendrá algunas decepciones en mayor o menor grado. Ahora bien, si la persona define amistad como aquella relación en donde las cosas deben decirse directamente, tal vez se resuelvan los problemas más rápidamente. El lenguaje indirecto es muy riesgoso y muchas veces dañino para las personas. Cuando no somos directos y esperamos que el otro se dé cuenta, muchas veces crea situaciones de discusiones que se podrían haber evitado.

Es diferente si le hemos dicho a la persona lo que nos molesta, pero esta persona no lo toma en cuenta o argumenta que no puede cambiar. Si detrás de una amistad se encuentra una actitud dura, en donde el argumento de “no esperes que cambie”, se encuentra presente, entonces ya nada podemos hacer para lograr un cambio en esa persona. A ese tipo de personas, sólo las puede cambiar Dios; nuestra labor es orar para que Dios trate ese orgullo.

Finalmente, siempre debe haber autocrítica. Nos resulta bien fácil analizar las actitudes y formas de pensar a los demás, pero muchas veces nos ponemos como jueces y no como personas que tienen las mismas actitudes que juzgamos. Antes de hablar de otros, es necesario hacer una autocrítica y ver si nosotros mismos tenemos esa actitud y otras. Y cuando uno es amigo de otro, también debe serle leal, es decir, no ponerlo mal delante de otras personas, antes bien, decirle directamente lo que pensamos y sentimos, por más rabia que tengamos. La relaciones que perduran son aquellas en que somos los suficientemente valientes como para enfrentar las crisis y son lo suficientemente agradecidas como para hacer sentir al otro que es valioso para uno.

9 de enero de 2012

Lámpara a nuestros pies

Los amigos son como lámparas que alumbran el camino. Nos apoyan en tiempos de flaqueza y aparecen de la nada cuando les necesitamos. Un amigo es quien te confronta sin imponer sus formas, argumentos o carácter. El amigo verdadero se muestra abierto todo el tiempo y si ha cometido errores, los confiesa por amor a la relación...

En este tiempo he querido dedicar un espacio de este blog para que conversemos acerca de las relaciones interpersonales y de cómo ellas pueden ser la fuente a través de la cual Dios nos hable. Y no sólo eso, sino que Dios también puede usarnos para bendecir a otros por medio de nuestras vidas. Les invito a una nueva mirada de este tema, visto desde la lupa de la gracia, del amor y del perdón que sólo provienen de Dios. Desde la gracia, porque no podemos relacionarnos con otros sin una cuota grande de ella; de amor, porque es mucho mejor dar que recibir; y de perdón, porque las relaciones no son perfectas... muchas de ellas fallan, pero la grandeza está en perdonar y olvidar la ofensa.



La cultura del balcón

Algunos gritaban por allá. Los de acá aplaudían y gritaban. "Llévense a la vieja loca", se escuchaba por ahí. Desde muchos balcone...