Ya no me sorprende ver a pacientes llenos de problemas y en cuya entrevista clínica nos relatan depresión. Sertralina, fluoxetina, amitriptilina, imipramina, diazepam, lorazepam son parte de una larga lista de medicamentos que dicen tomar. Pocas veces como ahora me he puesto a pensar en este tema que, como pandemia, se extiende a través de todas las clases sociales y no discrimina entre los que se han educado en una buena universidad y aquellos que no han podido estudiar nunca en su vida.
Si bien estoy conciente que la depresión es posible de tratar farmacológicamente, pienso que hay otra parte que corresponde a la "rehabilitación" del enfermo. Seguramente antes se pensaba que los medicamentos lo eran todo para solucionar este problema. He visto a varios depresivos que toman y toman medicamentos, pero continúan mal... y me pregunto qué le pasa a esta generación. Sobre todo porque la sociedad actual ve mal al que no trabaja o que decide descansar. También se busca solo la mal llamada competencia y el éxito a partir de una escalada de estrés, donde se confunde el esfuerzo y la responsabilidad con el abuso de nuestro cuerpo y el disfrute de la vida. Una vida que muchas veces se basa en el principio de "trabajo para vivir" a "vivo para trabajar"
Las personas depresivas son sensibles ante las circunstancias de la vida y tienden a ver lo malo de las cosas y no sacar el lado positivo. Prefieren quedarse con lo difícil del momento y perderse en el desánimo. Frente a eso me pregunto qué puedo hacer. Me identifico mucho con todos aquellos que sufren depresión porque siento que la tuve hace un tiempo y que tengo pensamientos depresivos a menudo que me dicen: "Te irá mal", "todo fracasará", "no hay solución".
Ante todo esto, estoy de acuerdo en que las personas puedan recurrir a ayuda profesional como cualquier otro enfermo. Pero me quedan algunas dudas: ¿es eso suficiente si no cambian los acontecimientos estresores o dolorosos? ¿es suficiente con una pastilla dar solución si no cambia el entorno? La respuesta ante esto parace bastante lógica: claro que no... La gente necesita amor de verdad. La gente necesita redes verdaderas que las acepten tal cual son... redes como una familia bien constituida, redes como un lugar donde se le deje de juzgar y se le deje de exigir ser de cierta forma. Son esas redes las que sacan adelante a las personas depresivas... aquellas redes que se entretejen en los círculos más íntimos: amigos, padres, hermanos... que más que sobreproteger a los que sufren depresión, les deben acompañar el proceso y darle herramientas con las que puedan más adelante avanzar.
Hoy caminaba por avenida Matucana orando por mi generación. Esa generación que llena formularios, fichas clínicas y licencias médicas con el diagnóstico de depresión. Esa generación escondida tras la tristeza de los acontecimientos de la vida. "Ellos te necesitan"... se lo digo a Dios constantemente. "No necesitan que se les encierre en las iglesias... necesitan algo más que prohibiciones para cambiar su vida.. necesitan que le des sentido a su existencia y que te reveles a ellos. Y lloro por eso... clamando por esta generación... pero por los que creen en ti y además viven en depresión llenos de culpa. Para todos ellos... yo sé que sigues con los brazos abiertos"
Dios se encargó de hacer todo de nuevo, con un nuevo comienzo. Les invito a celebrar conmigo los milagros increíbles que Él hace cuando le creemos!!
8 de mayo de 2009
4 de mayo de 2009
Frente a ti
En frente de ti me encuentro... solo de nuevo. Con la inmensa fachada de tu gloria... con la inmensa presencia del que lo llena todo. Del que es admirable pero invisible. Delante tuyo me encuentro, observando todas mis debilidades, pero encontrando en ti el perdón. De tu trono fluye un río. Es un río de misericordia para todos los que deciden creer en tu Hijo. No hace acepción de personas, tampoco de edades ni de géneros. No corre de menara muy ordenada, sino que se derrama sobre todo aquel que te desea. Sobre todo aquel que desea a tu Hijo. Y allí me encuentro... como queriendo bañarme en el río de tu gracia y no salir más de ahí. Porque es allí donde soy entrenado, donde las palabras dejan de ser audibles y se convierten en hechos, en acciones que hablan de ti, que hablan de tu amor infinito... que hablan de tus fuertes hombros, de tus millares de caballos y carros. Son esas palabras que hablan de tu poder, de tu majestad y tus gentes de a caballo...
Y contigo estoy... rodeado de invitados a cenar. Ángeles, hombres, mujeres y niños que están a tu mesa, degustando el mismo espacio que yo. Es en esa presencia donde me doy cuenta que la mesa no es un largo rectángulo, sino que es un círculo cuyo centro eres tú... y gracias porque eres tú el centro... porque sé que puedo ser tu colaborador, pero nunca podré reemplazarte... y eso me hace débil a tus palabras, a aquello que sueñas conmigo... "No eres tú el que lo cumplirá... seré yo"... esas son tus palabras que resuenan tan fuerte mientras el viento roza mis mejillas y un par de lágrimas ruedan por ellas de manera libre... como dando gracias por todo lo débil que soy, pues eres más fuerte en mi corazón. Es allí, cuando escucho el palpitar de tu corazón, donde entiendo la razón de haber vivido... fue tu mano, tu deseo, tu amor perfecto y tus dedos, los que me formaron desde lo profundo... quieto y loco a la vez... Fue allí en el secreto donde formaste mis pies, mis manos y mi rostro... ¿Se parecerá al tuyo? Quizás... o quizás tengo algunos rasgos que emulan la suave textura de tu miel... oh Dios...
Anhelo más y más de ti. Sólo amarte más como dice la canción que más me gusta cantarte, aún cuando todo está mal o cuando todo parece difuso y sin solución. Sé que tengo un hogar en tu presencia... donde hay 2 sillones: uno para ti y otro para mí... donde puedo sentarme a charlar largas horas contigo en una conversación eterna que nace del corazón... donde puedo decir todo lo que quiera y des-ocultar mi corazón, des-ocultar aquello que anhelo de verdad, aquello que para los demás es un fanatismo o es un alharaco religioso, pero que para mi tiene todo el sentido. Es en esos sillones donde la inocencia del ambiente me permite encontrar tu voz tan sanadora como lo imaginé; y puedo cantar, decirte que te he compuesto una canción la noche anterior... canción que se trata de ti y de lo especial que eres para mí... A través de ella puedo arrancarte sonrisas y a la vez decirte que te amo desde lo más profundo, desde aquello que quizás nadie lo imagina y que hoy toma forma de palabras escritas en un blog. Aquí sigo esperando y no me he cansado de adorarte aunque las circunstancias hablen que no estás o que has dado la espalda a tu escogido.
Déjame adorarte en la intimidad... más y más... hasta que la eternidad quede corta y los siglos de los siglos no detengan el cántico nuevo... las canciones inventadas de una simple motivación, desde aquellas que sólo digan "te amo" hasta las que tengan largas estrofas de sincera composición.
Déjame hablar de ti a los que de verdad necesitan de ti. A aquellos que veo vagando tras un pedazo de pan y lamiendo el suelo por comida. Por aquellos que no teniendo nada, buscan desesperados un colchón que los acomode en invierno y una frazada que les conserve la vida una noche más. Por ellos, Dios, dispersa el río que nace de tu trono; dispersa el río que trae sanidad a las naciones, sanidad a los hombres, mujeres y niños. Por ellos quiero trabajar y dar mi vida... ¿cómo lo haré? no lo sé... solo quiero hacerlo... déjame cooperarte en la extensión de tu amor por las naciones... en la extensión de tu amor por aquellos que de verdad necesitan la semilla de mostaza.
Y contigo estoy... rodeado de invitados a cenar. Ángeles, hombres, mujeres y niños que están a tu mesa, degustando el mismo espacio que yo. Es en esa presencia donde me doy cuenta que la mesa no es un largo rectángulo, sino que es un círculo cuyo centro eres tú... y gracias porque eres tú el centro... porque sé que puedo ser tu colaborador, pero nunca podré reemplazarte... y eso me hace débil a tus palabras, a aquello que sueñas conmigo... "No eres tú el que lo cumplirá... seré yo"... esas son tus palabras que resuenan tan fuerte mientras el viento roza mis mejillas y un par de lágrimas ruedan por ellas de manera libre... como dando gracias por todo lo débil que soy, pues eres más fuerte en mi corazón. Es allí, cuando escucho el palpitar de tu corazón, donde entiendo la razón de haber vivido... fue tu mano, tu deseo, tu amor perfecto y tus dedos, los que me formaron desde lo profundo... quieto y loco a la vez... Fue allí en el secreto donde formaste mis pies, mis manos y mi rostro... ¿Se parecerá al tuyo? Quizás... o quizás tengo algunos rasgos que emulan la suave textura de tu miel... oh Dios...
Anhelo más y más de ti. Sólo amarte más como dice la canción que más me gusta cantarte, aún cuando todo está mal o cuando todo parece difuso y sin solución. Sé que tengo un hogar en tu presencia... donde hay 2 sillones: uno para ti y otro para mí... donde puedo sentarme a charlar largas horas contigo en una conversación eterna que nace del corazón... donde puedo decir todo lo que quiera y des-ocultar mi corazón, des-ocultar aquello que anhelo de verdad, aquello que para los demás es un fanatismo o es un alharaco religioso, pero que para mi tiene todo el sentido. Es en esos sillones donde la inocencia del ambiente me permite encontrar tu voz tan sanadora como lo imaginé; y puedo cantar, decirte que te he compuesto una canción la noche anterior... canción que se trata de ti y de lo especial que eres para mí... A través de ella puedo arrancarte sonrisas y a la vez decirte que te amo desde lo más profundo, desde aquello que quizás nadie lo imagina y que hoy toma forma de palabras escritas en un blog. Aquí sigo esperando y no me he cansado de adorarte aunque las circunstancias hablen que no estás o que has dado la espalda a tu escogido.
Déjame adorarte en la intimidad... más y más... hasta que la eternidad quede corta y los siglos de los siglos no detengan el cántico nuevo... las canciones inventadas de una simple motivación, desde aquellas que sólo digan "te amo" hasta las que tengan largas estrofas de sincera composición.
Déjame hablar de ti a los que de verdad necesitan de ti. A aquellos que veo vagando tras un pedazo de pan y lamiendo el suelo por comida. Por aquellos que no teniendo nada, buscan desesperados un colchón que los acomode en invierno y una frazada que les conserve la vida una noche más. Por ellos, Dios, dispersa el río que nace de tu trono; dispersa el río que trae sanidad a las naciones, sanidad a los hombres, mujeres y niños. Por ellos quiero trabajar y dar mi vida... ¿cómo lo haré? no lo sé... solo quiero hacerlo... déjame cooperarte en la extensión de tu amor por las naciones... en la extensión de tu amor por aquellos que de verdad necesitan la semilla de mostaza.
22 de abril de 2009
Cuando nadie me ve
El telón se ha cerrado. Las luces se han apagado ya. El escenario se ha bajado de su altura pública cotidiana. Los aplausos han cesado. Y ahí me encuentro... solo ante Dios. Cuando el telón se cerró, las luces se apagaron y el escenario ya no es más, me encuentro conmigo mismo, con mis defectos, con todo aquello que detesto de mí. Cuando todo el aplauso y la admiración de otros cesa, me encuentro delante de Dios. Y delante de mí hay un espejo... un espejo que muestra verdaderamente quien soy. En mi intimidad, donde nadie me ve, soy lo que soy... con mis deseos más nobles pero también con mis errores más ocultos. Es allí donde la careta de la sonrisa se cae y la "buena onda" se traduce en lágrimas de sinceridad... lágrimas de quien sufre también, de quien busca con intensidad a Dios. Es frente a ese espejo que me doy cuenta que todo lo que soy es por la gracia de Dios... me doy cuenta frente a él que puedo ser sincero y cantar una desafinada canción con todo el sentimiento.
Cuando el telón se cierra y el público se fue, me encuentro conmigo... y me hallo preguntando a cada rato: ¿Por qué decidiste por mí? En ese momento su presencia me inunda y una libre paz inunda el lugar donde me encuentro... podría saber con certeza la respuesta: "Porque sí". Esa es la gracia de Dios que me impulsa a la santidad, a dejar de verlo con temor y a aceptar y no ganar su confianza.
Cuando las cortinas se cierran y el "amén" público a la oración ya no está, las palabras más triviales cobran sentido: "Gracias papá..." "Buen día Dios"... "te he extrañado hoy". Es una relación que amo, que deseo desde el fondo de mi corazón. Porque en su presencia he aprendido a aceptar mis limitaciones y errores. Y es allí donde la mano de apoyo se halla extendida constantemente para mí y la aceptación se respira en el aire aun cuando tengo defectos... ¿quieres que te ayude? - me pregunta.
"Te necesito... en lo alto y en lo bajo estás conmigo. No soy tan diferente a los demás... he cometido errores a lo largo de mi vida... y en realidad lo único que me hace distinto cuando las luces se apagan y la gente no está, es tu gracia que hace especial aquello que no lo es... que hace amable aquello que no tenía la capacidad de ser. Tu gracia que fluye como un río cuando damos la lucha contra el error mientras corremos libremente en medio de los problemas. Es posible ser libres en medio de los problemas y seguir cantando aun cuando los azotes son más fuertes y las desiluciones crecen... Y siempre aquí me tendrás: cantándote, como un adorador que me has hecho... como aquel llamado que un día oí en mi corazón. Es mi identidad... nací para adorarte y todos mis hijos adorarán tu nombre en sus vidas también. Y aunque no conozco sus rostros, ellos te buscarán y serán libres para correr a ti. Sobre ellos profetizo bendición y amor abundante..."
Cuando el telón se cierra y el público se fue, me encuentro conmigo... y me hallo preguntando a cada rato: ¿Por qué decidiste por mí? En ese momento su presencia me inunda y una libre paz inunda el lugar donde me encuentro... podría saber con certeza la respuesta: "Porque sí". Esa es la gracia de Dios que me impulsa a la santidad, a dejar de verlo con temor y a aceptar y no ganar su confianza.
Cuando las cortinas se cierran y el "amén" público a la oración ya no está, las palabras más triviales cobran sentido: "Gracias papá..." "Buen día Dios"... "te he extrañado hoy". Es una relación que amo, que deseo desde el fondo de mi corazón. Porque en su presencia he aprendido a aceptar mis limitaciones y errores. Y es allí donde la mano de apoyo se halla extendida constantemente para mí y la aceptación se respira en el aire aun cuando tengo defectos... ¿quieres que te ayude? - me pregunta.
"Te necesito... en lo alto y en lo bajo estás conmigo. No soy tan diferente a los demás... he cometido errores a lo largo de mi vida... y en realidad lo único que me hace distinto cuando las luces se apagan y la gente no está, es tu gracia que hace especial aquello que no lo es... que hace amable aquello que no tenía la capacidad de ser. Tu gracia que fluye como un río cuando damos la lucha contra el error mientras corremos libremente en medio de los problemas. Es posible ser libres en medio de los problemas y seguir cantando aun cuando los azotes son más fuertes y las desiluciones crecen... Y siempre aquí me tendrás: cantándote, como un adorador que me has hecho... como aquel llamado que un día oí en mi corazón. Es mi identidad... nací para adorarte y todos mis hijos adorarán tu nombre en sus vidas también. Y aunque no conozco sus rostros, ellos te buscarán y serán libres para correr a ti. Sobre ellos profetizo bendición y amor abundante..."
16 de abril de 2009
¿Estás dispuesto?
Quiero dedicar la publicación número 200 de este blog a ellas. Un par de veces he escrito acerca de las mujeres, pero en ninguna de ella creo haberlas descrito, como lo quiero hacer ahora.
Debo partir diciendo que cada mujer es un mundo entero por descubrir, en el que debemos ir explorando sus territorios y conociendo sus lugares secretos... aquellas cosas ocultas en sus corazones. Una mujer - o al menos la mayoría - no dirá sus secretos a cualquiera... tampoco les dará la posibilidad de conocerla a todo el mundo. Ellas tienen que encontrar tierra firme donde aterrizar. Y quizás eso es lo que más las describe a ellas y les da una cualidad muy importante: son aterrizadas. Si por ejemplo, un hombre propone un viaje a algún lugar... él piensa en que visitará muchos lugares... piensa en divertirse, piensa en comer, piensa en hacer tantas cosas que a los ojos y oídos de las mujeres parecen superficiales, incluso vanas, pero que el hombre valora por el hecho de ser sencillo y digno de gratificación. Pero la mujer piensa... "tenemos dinero?", "por cuántos días podremos estar en ese ñugar?"...
Las mujeres viven los procesos y por eso nos cuesta entenderlas del todo. Ellas no se conforman a veces con una buena palabra o un "tranquila, todo estará bien". Muchas veces se vuelven retraídas y piensan una y otra vez la solución de las cosas. A veces viven solas su procesos, pensando que nadie las entiende o bien, que son capaces de controlar por si solas sus problemas. Pero quizás ese sería un error e incluso una contradicción muy grande, porque es de conocimiento público que una mujer siempre busca protección... una figura que pueda contenerla y no solo regalonearla como lo hiciera cualquier enamoradizo, sino además que las pueda contener en el sentido de hacerle ver las cosas que puede y debe cambiar. En ese sentido, la mujer construye su emocionalidad a partir del protector. Si alguien muy importante para ella, les falla... seguro que todo su mundo se cae, por cuanto muchas veces la emocionalidad se basa en figuras en las cuales buscan refugio en la tristeza o bien un lugar de descarga cuando están irritables.
La mujer es sensible. Por más que absorba problemas, las lágrimas forman parte de sus vidas. Se emocionan con más rapidez que el hombre y muchas veces critican la frialdad. Seguramente viven sus procesos con intensidad emocional y afectiva, es decir, lloran y se lamentan, pero a la vez buscan recibir amor, cariño, aceptación y por sobre todo, un abrazo y un oído atento a lo que tenga que decir. Esa sensibilidad les hace pensar en los detalles de la vida y llevan a veces un estricto orden en las cosas que hacen, incluso llegando a lo obsesivo.
La mujer es fuerte y valiente. Hay algo en la mujer, que puede salir adelante con entereza en medio de los problemas. Aunque sufre y se las llora todas, es capaz de avanzar y luchar por lo suyo. También puede ocurrir lo contrario, que se hunda en la más profunda depresión... Pero aún así nunca son ni han sido el sexo débil y eso las hace dignas de reconocimiento por parte del escritor. Ellas son fieles... muy fieles.
Unas palabras personales...
La mujer necesita que alguien la contenga, que sepa tratarla, que pueda escucharla con atención y que sea capaz de darle una mano de aceptación en todo tiempo, aun cuando hayan cambios de ánimo o bien hayan cambios en las circunstancias. Una mujer no necesita de un palabreros, ni de hombres que busquen en ella solo contemplar un cuerpo bonito o bien buscar otro interés que no sea el franco acercamiento, la conquista vivida en amor y una relación formal... Buscan hombres y no machitos, como diría Jorge Antileo... Todos nosotros debemos hacernos la siguiente pregunta: ¿Estamos dispuestos a arriesgarnos por una de ellas? La respuesta será esas horas de conversaciones y tiempo de calidad, las palabras de afirmación que nacen de una admiración mutua, actos de servicio cuando ellas no lo piden, regalos que hablen de lo especial que son para nosotros y un abrazo y una mano siempre abierta para ellas. Hago de nuevo la pregunta: ¿Estás dispuesto a arriesgarte..?
Debo partir diciendo que cada mujer es un mundo entero por descubrir, en el que debemos ir explorando sus territorios y conociendo sus lugares secretos... aquellas cosas ocultas en sus corazones. Una mujer - o al menos la mayoría - no dirá sus secretos a cualquiera... tampoco les dará la posibilidad de conocerla a todo el mundo. Ellas tienen que encontrar tierra firme donde aterrizar. Y quizás eso es lo que más las describe a ellas y les da una cualidad muy importante: son aterrizadas. Si por ejemplo, un hombre propone un viaje a algún lugar... él piensa en que visitará muchos lugares... piensa en divertirse, piensa en comer, piensa en hacer tantas cosas que a los ojos y oídos de las mujeres parecen superficiales, incluso vanas, pero que el hombre valora por el hecho de ser sencillo y digno de gratificación. Pero la mujer piensa... "tenemos dinero?", "por cuántos días podremos estar en ese ñugar?"...
Las mujeres viven los procesos y por eso nos cuesta entenderlas del todo. Ellas no se conforman a veces con una buena palabra o un "tranquila, todo estará bien". Muchas veces se vuelven retraídas y piensan una y otra vez la solución de las cosas. A veces viven solas su procesos, pensando que nadie las entiende o bien, que son capaces de controlar por si solas sus problemas. Pero quizás ese sería un error e incluso una contradicción muy grande, porque es de conocimiento público que una mujer siempre busca protección... una figura que pueda contenerla y no solo regalonearla como lo hiciera cualquier enamoradizo, sino además que las pueda contener en el sentido de hacerle ver las cosas que puede y debe cambiar. En ese sentido, la mujer construye su emocionalidad a partir del protector. Si alguien muy importante para ella, les falla... seguro que todo su mundo se cae, por cuanto muchas veces la emocionalidad se basa en figuras en las cuales buscan refugio en la tristeza o bien un lugar de descarga cuando están irritables.
La mujer es sensible. Por más que absorba problemas, las lágrimas forman parte de sus vidas. Se emocionan con más rapidez que el hombre y muchas veces critican la frialdad. Seguramente viven sus procesos con intensidad emocional y afectiva, es decir, lloran y se lamentan, pero a la vez buscan recibir amor, cariño, aceptación y por sobre todo, un abrazo y un oído atento a lo que tenga que decir. Esa sensibilidad les hace pensar en los detalles de la vida y llevan a veces un estricto orden en las cosas que hacen, incluso llegando a lo obsesivo.
La mujer es fuerte y valiente. Hay algo en la mujer, que puede salir adelante con entereza en medio de los problemas. Aunque sufre y se las llora todas, es capaz de avanzar y luchar por lo suyo. También puede ocurrir lo contrario, que se hunda en la más profunda depresión... Pero aún así nunca son ni han sido el sexo débil y eso las hace dignas de reconocimiento por parte del escritor. Ellas son fieles... muy fieles.
Unas palabras personales...
La mujer necesita que alguien la contenga, que sepa tratarla, que pueda escucharla con atención y que sea capaz de darle una mano de aceptación en todo tiempo, aun cuando hayan cambios de ánimo o bien hayan cambios en las circunstancias. Una mujer no necesita de un palabreros, ni de hombres que busquen en ella solo contemplar un cuerpo bonito o bien buscar otro interés que no sea el franco acercamiento, la conquista vivida en amor y una relación formal... Buscan hombres y no machitos, como diría Jorge Antileo... Todos nosotros debemos hacernos la siguiente pregunta: ¿Estamos dispuestos a arriesgarnos por una de ellas? La respuesta será esas horas de conversaciones y tiempo de calidad, las palabras de afirmación que nacen de una admiración mutua, actos de servicio cuando ellas no lo piden, regalos que hablen de lo especial que son para nosotros y un abrazo y una mano siempre abierta para ellas. Hago de nuevo la pregunta: ¿Estás dispuesto a arriesgarte..?
13 de abril de 2009
Puestos los ojos...
"Puestos los ojos en Jesús"... Ese es uno de los versículos que más llama mi atención en este tiempo. Por una parte están las cargas, que nos dicen: "Preocúpate de tus responsabilidades, haz esto, haz esto otro, cumple con esto, cumple con tus padres, cumple con tu iglesia". Y por otro lado está el pecado, el error, los desaciertos. Carga y pecado tienen algo en común: ambos producen cansancio y culpa. Varias veces me he sentido así: lleno de culpa por tener que cargar problemas y lleno de pensamientos de "no podrás", "te fallarán", "te cansarás".
Poner los ojos en algo significa llevar toda la atención hacia ese objeto. Jesús es el autor de la salvación... Hebreos lo declara. Pero es una salvación en el hoy, no sólo después de la muerte. Aunque creo que realmente la salvación es necesaria para sacarnos de nuestra "muerte espiritual o interna". Dios no dice: "Ya andas pecando de nuevo", "te dije que no te encerraras en tus problemas!!!" Dios dice: Despójate... haz una pausa y libérate de las cargas y del pecado. ¿Para qué? Para correr la carrera. Es lo máximo correr sin cargar una mochila a cuestas. Pero uno sólo puede correr si pone los ojos (la mirada, la atención, la dedicación) en Jesús, autor (iniciador) de la salvación. Una salvación que obra en nuestro presente, en nuestro carácter y obra liberándonos de la opresión.
Poner los ojos en algo significa llevar toda la atención hacia ese objeto. Jesús es el autor de la salvación... Hebreos lo declara. Pero es una salvación en el hoy, no sólo después de la muerte. Aunque creo que realmente la salvación es necesaria para sacarnos de nuestra "muerte espiritual o interna". Dios no dice: "Ya andas pecando de nuevo", "te dije que no te encerraras en tus problemas!!!" Dios dice: Despójate... haz una pausa y libérate de las cargas y del pecado. ¿Para qué? Para correr la carrera. Es lo máximo correr sin cargar una mochila a cuestas. Pero uno sólo puede correr si pone los ojos (la mirada, la atención, la dedicación) en Jesús, autor (iniciador) de la salvación. Una salvación que obra en nuestro presente, en nuestro carácter y obra liberándonos de la opresión.
6 de abril de 2009
Mi verdad
En la cama de una plaza tendía a meditar. Con el único apoyo en mi almohada, solía poner mis ojos con vista al techo. Techo que se mojaba cuando el goteo constante de una lluvia intensa traspasaba los pizarreños, creando formas mojadas de madera teñida. Escenas creadas en mi mente aparecían en esos minutos de pensar. Es la imagen de un niño viendo a sus papás discutir frecuentemente y ver el encierro de los hermanos en sus piezas, cuando cada uno tenía la suya. Era un niño lleno de complejos: por su cuerpo, por su nariz, por su cobardía, por su timidez, por su sensibilidad.
Fue entre esas frazadas que planificaba mi vida. Ese techo me observaba desde lo alto cuando mis ojos permanecían abiertos hasta tarde mientras ordenaba mi vida y soñaba con un futuro mejor. A veces decía: "Hablaré con mi papá para que todo se arregle"... "oraré junto a mi mamá para que su ánimo esté mejor"... "me juntaré con mis hermanos a orar todos los días". Me autocargué con actividades que nadie me había ordenado. Soñaba con que un día todo se arreglara en la casa, que mi papá dejara de gritar, mi mamá de llorar, mis hermanos de encerrarse y de disfrutar la vida. Soñaba que un día se me quebrara un vaso y nadie me retara... o que si llegábamos 5 minutos tarde a la casa, nadie nos culpara de desobediencia. A mis nueve años ya pensaba en cómo sería en el futuro.
Cada vez que habían problemas, sabía que había un lugar en donde nadie podría destruir mi relación con Dios. Era precisamente ese lugar, el del techo frente a mi cama, donde oraba y lloraba mis penas. Fue allí donde mis convicciones de vida se formaron y donde se gestaron mis más grandes anhelos. Refugiado en mis cuadernos y libros, entre mouses y teclados de computador, mi vida transcurría ligera, taciturna y concentrada. "Es mateo", decían... "Menares, puros sietes"... pero nadie me conocía. Nadie conocía al niño tras la puerta de Gengis Khan 811 en Maipú. Mi autoestima estaba destruida y no sabía bien quién era. Le pedía a Dios un hogar y una esposa a quien pudiera amar.
Quizás las sábanas guarden el recuerdo de las veces que me escondí para no recibir el rechazo. Quizás en lo oculto de esa oscuridad todo sería una burbuja de escape donde los gritos no llegaran, donde el golpe brusco y el gesto violento se mezclaban con las heridas del corazón. No sé cómo sobreviví a eso. No entiendo cómo la violencia y la tensión estuvieron alojadas por tanto tiempo en la casa sin que nada explotara y se destruyera. Sin que los carabineros llegaran a tocar las puertas del 811 a separar a mis papás. No entiendo cómo nadie terminó escapando de la casa o expulsado por "rebelde".
Y ahora escribo a más de 10 años desde que soñaba con todo eso. En estos 10 años soñé que Dios siempre me hablaría... Soñé con encontrar a mi esposa y a una familia. Soñé con que todo cambiara y fuera mejor... Y no he cambiado. Aún miro al techo de mi pieza, que sigue mojado por el rastro de la lluvia y digo: "Yo sé, Señor, que entre las tensiones y las desiluciones, tu mano de amor siempre siguió ahí... que el paso firme de tus pisadas siempre han guiado mis pasos. Y hoy lloro... queriendo correr a abrazarte y a decirte gracias por lo vivido... gracias por amarme como ningún otro, por enseñarme que es posible seguir teniendo esperanza y que es posible que los cojos salten, que los mudos hablen y que los sordos oigan. Que es posible seguir creyendo aunque la circunstancias destruyan mis sueños más preciados y se caigan las planificaciones que hice en mi niñez. Te pido que esta vez sea como tú lo quieres... como tu corazón lo anhela"
Fue entre esas frazadas que planificaba mi vida. Ese techo me observaba desde lo alto cuando mis ojos permanecían abiertos hasta tarde mientras ordenaba mi vida y soñaba con un futuro mejor. A veces decía: "Hablaré con mi papá para que todo se arregle"... "oraré junto a mi mamá para que su ánimo esté mejor"... "me juntaré con mis hermanos a orar todos los días". Me autocargué con actividades que nadie me había ordenado. Soñaba con que un día todo se arreglara en la casa, que mi papá dejara de gritar, mi mamá de llorar, mis hermanos de encerrarse y de disfrutar la vida. Soñaba que un día se me quebrara un vaso y nadie me retara... o que si llegábamos 5 minutos tarde a la casa, nadie nos culpara de desobediencia. A mis nueve años ya pensaba en cómo sería en el futuro.
Cada vez que habían problemas, sabía que había un lugar en donde nadie podría destruir mi relación con Dios. Era precisamente ese lugar, el del techo frente a mi cama, donde oraba y lloraba mis penas. Fue allí donde mis convicciones de vida se formaron y donde se gestaron mis más grandes anhelos. Refugiado en mis cuadernos y libros, entre mouses y teclados de computador, mi vida transcurría ligera, taciturna y concentrada. "Es mateo", decían... "Menares, puros sietes"... pero nadie me conocía. Nadie conocía al niño tras la puerta de Gengis Khan 811 en Maipú. Mi autoestima estaba destruida y no sabía bien quién era. Le pedía a Dios un hogar y una esposa a quien pudiera amar.
Quizás las sábanas guarden el recuerdo de las veces que me escondí para no recibir el rechazo. Quizás en lo oculto de esa oscuridad todo sería una burbuja de escape donde los gritos no llegaran, donde el golpe brusco y el gesto violento se mezclaban con las heridas del corazón. No sé cómo sobreviví a eso. No entiendo cómo la violencia y la tensión estuvieron alojadas por tanto tiempo en la casa sin que nada explotara y se destruyera. Sin que los carabineros llegaran a tocar las puertas del 811 a separar a mis papás. No entiendo cómo nadie terminó escapando de la casa o expulsado por "rebelde".
Y ahora escribo a más de 10 años desde que soñaba con todo eso. En estos 10 años soñé que Dios siempre me hablaría... Soñé con encontrar a mi esposa y a una familia. Soñé con que todo cambiara y fuera mejor... Y no he cambiado. Aún miro al techo de mi pieza, que sigue mojado por el rastro de la lluvia y digo: "Yo sé, Señor, que entre las tensiones y las desiluciones, tu mano de amor siempre siguió ahí... que el paso firme de tus pisadas siempre han guiado mis pasos. Y hoy lloro... queriendo correr a abrazarte y a decirte gracias por lo vivido... gracias por amarme como ningún otro, por enseñarme que es posible seguir teniendo esperanza y que es posible que los cojos salten, que los mudos hablen y que los sordos oigan. Que es posible seguir creyendo aunque la circunstancias destruyan mis sueños más preciados y se caigan las planificaciones que hice en mi niñez. Te pido que esta vez sea como tú lo quieres... como tu corazón lo anhela"
31 de marzo de 2009
...
Con sueño y con el ruido a lo lejos, escribo...
Las circunstancias cambian... la gente también.
como queriendo inspirarme,
como queriendo llamar la atención con las palabras...
Por sobre todo hay que seguir,
secarse las lágrimas y ponerse de pie,
asumir sin lamentarse,
vivir todo a concho,
alegrarse en el camino,
alegrarse entre los tristes
y sanar el corazón.
Las circunstancias cambian... la gente también.
como queriendo inspirarme,
como queriendo llamar la atención con las palabras...
Por sobre todo hay que seguir,
secarse las lágrimas y ponerse de pie,
asumir sin lamentarse,
vivir todo a concho,
alegrarse en el camino,
alegrarse entre los tristes
y sanar el corazón.
22 de marzo de 2009
Unos consejos personales
1.- Cuando alguien te dañe, perdónalo.
2.- Si alguien te daña por segunda vez, perdónalo sin perder el tiempo en volver a pensar.
3.- Si la misma persona te sigue dañando, considera alejarte de ella con el corazón dispuesto a perdonar.
4.- No seas egoísta.
5.- Cuando inviertes en otras personas, siempre ganas.
6.- Cuando inicies un proyecto, no pienses que los resultados dependen de tu esfuerzo.
7.- Muchas veces Dios hace cosas con nuestro esfuerzo, y algunas veces, sin nuestro esfuerzo.
8.- Cuando necesites decir algo malo que ves en alguien, trata de hablar con gracia y no con confrontación.
9.- Algunos creen que luchando por sí mismos, ganarán algo. Ellos no saben que mientras intentan salvarse a sí mismos, se vuelven más infelices.
10.- La persona prudente sabe cómo y cuándo decir las cosas.
11.- El verdadero líder siempre recuerda de dónde salió.
12.- El que busca en sí mismo la solución a los problemas, acarreará depresión.
13.- Mientras no sueltes el control de tu vida, Dios nunca podrá obrar.
14.- Si eres sincero, ya estás a las puertas del reino de Dios.
15.- Cuando te sientas triste, busca a alguien que te haga sonreír.
16.- Si estás en problemas, busca ayuda. El verdadero amigo siempre te atenderá.
17.- La infelicidad no existe en sí misma; tú la has aceptado.
18.- Saca la vista de ti mismo. Alrededor hay más gente como tú.
19.- No eres el centro. Dios lo ha hecho así por tu bien.
20.- El que ama a otro, es capaz de ver en él lo que otros no.
21.- El verdadero valor de una persona no radica en lo que hace, sino en lo que es.
2.- Si alguien te daña por segunda vez, perdónalo sin perder el tiempo en volver a pensar.
3.- Si la misma persona te sigue dañando, considera alejarte de ella con el corazón dispuesto a perdonar.
4.- No seas egoísta.
5.- Cuando inviertes en otras personas, siempre ganas.
6.- Cuando inicies un proyecto, no pienses que los resultados dependen de tu esfuerzo.
7.- Muchas veces Dios hace cosas con nuestro esfuerzo, y algunas veces, sin nuestro esfuerzo.
8.- Cuando necesites decir algo malo que ves en alguien, trata de hablar con gracia y no con confrontación.
9.- Algunos creen que luchando por sí mismos, ganarán algo. Ellos no saben que mientras intentan salvarse a sí mismos, se vuelven más infelices.
10.- La persona prudente sabe cómo y cuándo decir las cosas.
11.- El verdadero líder siempre recuerda de dónde salió.
12.- El que busca en sí mismo la solución a los problemas, acarreará depresión.
13.- Mientras no sueltes el control de tu vida, Dios nunca podrá obrar.
14.- Si eres sincero, ya estás a las puertas del reino de Dios.
15.- Cuando te sientas triste, busca a alguien que te haga sonreír.
16.- Si estás en problemas, busca ayuda. El verdadero amigo siempre te atenderá.
17.- La infelicidad no existe en sí misma; tú la has aceptado.
18.- Saca la vista de ti mismo. Alrededor hay más gente como tú.
19.- No eres el centro. Dios lo ha hecho así por tu bien.
20.- El que ama a otro, es capaz de ver en él lo que otros no.
21.- El verdadero valor de una persona no radica en lo que hace, sino en lo que es.
16 de marzo de 2009
Una carta
Mientras escribo, el pulso constante de la música suena en mis oídos. El cielo aún oscuro, sigue afuera como mudo ciego testigo de lo que escribo, solamente escuchando el tecleo sin cesar del que escribe. Son letras más letras de inspiración a Dios. Son líneas de un amor por ti, Dios... de amor por ser como tú en mi vida diaria, de ver que nuestros ojos se parecen...
Cuando escribo, recuerdo las etapas de mi niñez... en donde tomaba el lápiz pasta "de la casa" y me ponía a escribir. Encerrado en la pieza mientras todos veían televisión o sentía el toque débil de una guitarra sonando a lo lejos. Podía reconocer esa guitarra con un pequeño sonido. Era mi hermana que tocaba y cantaba en la otra pieza... Siempre la recuerdo cantando... su puerta cerrada mientras oraba. De eso aprendí... aprendí a conocer a Dios como un niño que repite lo que los grandes hacen. Comencé a encerrarme también en la pieza a escribir. Mis oraciones eran la traducción de lo que mis labios le costaba decir... o que si los decía, tartamudeaba al articular. Podía reconocer a pocos metros que ella estaba allí. De ella aprendí a tener una cita diaria con Dios. Y así escribía... como niño con letra bien redonda y lenta. Con la inspiración que sólo la inocencia de la infancia puede darle. Y con el toque de una petición sincera abrazada a través de las letras y también las lágrimas... Pensaba que mis palabras algún día las leería Dios... incluso soñaba con que Dios estuviera contento con esos escritos. Son esas palabras que emanaba de mi mente de pequeño. Son palabras que lanzaba al viento con el único anhelo de escuchar alguna vez en mi vida su voz diciéndome que siempre había visto mis escritos.
Mientras escribo, el cielo sigue afuera, pero mi corazón se acelera al recuerdo todo esto. Mi familia en el primer piso y mi hermana cantando en su pieza. A veces la veía bajar con los ojos rojos y sus pómulos rubicundos, pensando que estaba mal o estaba muy cansada. No entendía que era lo que pasaba tras esa puerta. Pero poco a poco comprendí que era Dios quien le hablaba... y como niño imitador hice lo mismo, encerrado en una pieza buscando a Dios intensamente. Y allí lo encontraba: tras la imagen perdida de Papá. Tras esas puertas, Dios me enseñó a caminar con él, me enseñó que estaría conmigo aún cuando todo estuviera mal y que seguiría allí si yo le fallaba. Tras la blanca puerta de mi pieza mi identidad se empezó de nuevo a construir. Cuando los recuerdos vienen a mi mente, lágrimas ruedan por mi mejilla. A veces bajaba contento al primer piso... como queriendo gritar que Dios me había hablado, pero por la timidez, nunca lo hice. Como nunca él me enseñó a tomar riesgos con locura, pero también a ser sabio; confrontó mi orgullo y rebeldía y me mostró sueños que tenía conmigo... En la intimidad. En su intimidad.
Afuera el cielo oscuro mira fijamente por la ventana. De nuevo están los elementos de antaño: una habitación, una puerta cerrada y un niño escribiendo en un computador.
Gracias Señor...
Cuando escribo, recuerdo las etapas de mi niñez... en donde tomaba el lápiz pasta "de la casa" y me ponía a escribir. Encerrado en la pieza mientras todos veían televisión o sentía el toque débil de una guitarra sonando a lo lejos. Podía reconocer esa guitarra con un pequeño sonido. Era mi hermana que tocaba y cantaba en la otra pieza... Siempre la recuerdo cantando... su puerta cerrada mientras oraba. De eso aprendí... aprendí a conocer a Dios como un niño que repite lo que los grandes hacen. Comencé a encerrarme también en la pieza a escribir. Mis oraciones eran la traducción de lo que mis labios le costaba decir... o que si los decía, tartamudeaba al articular. Podía reconocer a pocos metros que ella estaba allí. De ella aprendí a tener una cita diaria con Dios. Y así escribía... como niño con letra bien redonda y lenta. Con la inspiración que sólo la inocencia de la infancia puede darle. Y con el toque de una petición sincera abrazada a través de las letras y también las lágrimas... Pensaba que mis palabras algún día las leería Dios... incluso soñaba con que Dios estuviera contento con esos escritos. Son esas palabras que emanaba de mi mente de pequeño. Son palabras que lanzaba al viento con el único anhelo de escuchar alguna vez en mi vida su voz diciéndome que siempre había visto mis escritos.
Mientras escribo, el cielo sigue afuera, pero mi corazón se acelera al recuerdo todo esto. Mi familia en el primer piso y mi hermana cantando en su pieza. A veces la veía bajar con los ojos rojos y sus pómulos rubicundos, pensando que estaba mal o estaba muy cansada. No entendía que era lo que pasaba tras esa puerta. Pero poco a poco comprendí que era Dios quien le hablaba... y como niño imitador hice lo mismo, encerrado en una pieza buscando a Dios intensamente. Y allí lo encontraba: tras la imagen perdida de Papá. Tras esas puertas, Dios me enseñó a caminar con él, me enseñó que estaría conmigo aún cuando todo estuviera mal y que seguiría allí si yo le fallaba. Tras la blanca puerta de mi pieza mi identidad se empezó de nuevo a construir. Cuando los recuerdos vienen a mi mente, lágrimas ruedan por mi mejilla. A veces bajaba contento al primer piso... como queriendo gritar que Dios me había hablado, pero por la timidez, nunca lo hice. Como nunca él me enseñó a tomar riesgos con locura, pero también a ser sabio; confrontó mi orgullo y rebeldía y me mostró sueños que tenía conmigo... En la intimidad. En su intimidad.
Afuera el cielo oscuro mira fijamente por la ventana. De nuevo están los elementos de antaño: una habitación, una puerta cerrada y un niño escribiendo en un computador.
Gracias Señor...
11 de marzo de 2009
Un amor perdido
Pienso que el amor cuando se racionaliza mucho pierde su sentido completo. Por un lado tenemos ese concepto de amor ideal de que la pareja de uno tiene que ser perfecta y llenar todas las expectativas que "lo bueno" dice que tiene que llenar. Y por otro lado, tenemos la realidad que nos confronta con una pareja que entre todas sus virtudes, presenta defectos y errores en sus actitudes y acciones. En ese pensamiento nos valemos siempre. ¿Doy muy en la relación o doy poco?
Cuando pienso en el amor de Dios, a veces me parece un amor super ideal... inalcanzable para nosotros. Eso de dar sin esperar recibir. También el ofrecer la otra mejilla es parte de la lista. Bendecir si te ofenden le sigue. Por un lado el amor de Dios es parte de ese lado que nos impulsa a arriesgarlo todo por la pareja. Es es lado que nos dice que demos todo en la cancha y que demos mucho sin esperar recibir. Pero por otro lado, nuestro intelecto piensa: "Esa persona tiene errores... quizás si le doy mucho amor se aprovechará y en algún momento pensará hacer algo para su propio interés en vez del interés de la relación común". Mmmmm... creo que este pensamiento no está lejos de la realidad. Al contrario, vemos que en las parejas hay un juego de decepciones, re-decepciones y a veces ofensas que cuesta perdonar. Si es que llegara a ocurrir eso, el amor comienza a ser cada vez más racional... diciendo: "Ten cuidado que te puede dañar de nuevo", "ten cuidado que es hombre y puede caer en este error de nuevo". Entonces dejamos de tener ese concepto de amor que sólo entrega y se preocupa del bienestar del otro.
¿Está errado este pensamiento? Creo que no. Pienso que quienes lo dicen tienen razón. Erramos muchas veces en una relación de pareja. Ofendemos, sí... nos quedamos callados cuando no deberíamos... hablamos cuando no corresponde... y así... suma y sigue. Todo eso comienza a generar en nosotros una vara más alta con la que medimos a nuestra pareja...
Pienso que el amor verdadero tiene una parte racional y otra parte que es pasional. Existe un peligro muy grande en irse a los extremos, pero específicamente si racionalizamos mucho el amor, éste se vuelve más desconfiado porque siempre anda pensando en su propio interés... "quizás me dañen como lo hicieron antes conmigo", "quizás me haga lo mismo que a mi amigo (a)". El que ama pensando en sus propios intereses, en realidad deja de amar... Porque el que ama cuida a la otra persona... cuida de sus intereses y no de los suyos propios. "El perfecto amor echa fuera el temor"... eso me habla que ese amor se va completando poco a poco. Cuando descubres el amor y lo perfeccionas, el temor (lo racional) comienza a salir y poco a poco comienza a brotar el amor más bien comprometido por el otro, el amor que dice: "Lo daría todo por ti... si fuera necesario daría mi vida por cuidarte".
Sólo se necesita una cosa: Que en la pareja, el amor sea mutuo...
Amiga mía, Paloma mía...
Cuando pienso en el amor de Dios, a veces me parece un amor super ideal... inalcanzable para nosotros. Eso de dar sin esperar recibir. También el ofrecer la otra mejilla es parte de la lista. Bendecir si te ofenden le sigue. Por un lado el amor de Dios es parte de ese lado que nos impulsa a arriesgarlo todo por la pareja. Es es lado que nos dice que demos todo en la cancha y que demos mucho sin esperar recibir. Pero por otro lado, nuestro intelecto piensa: "Esa persona tiene errores... quizás si le doy mucho amor se aprovechará y en algún momento pensará hacer algo para su propio interés en vez del interés de la relación común". Mmmmm... creo que este pensamiento no está lejos de la realidad. Al contrario, vemos que en las parejas hay un juego de decepciones, re-decepciones y a veces ofensas que cuesta perdonar. Si es que llegara a ocurrir eso, el amor comienza a ser cada vez más racional... diciendo: "Ten cuidado que te puede dañar de nuevo", "ten cuidado que es hombre y puede caer en este error de nuevo". Entonces dejamos de tener ese concepto de amor que sólo entrega y se preocupa del bienestar del otro.
¿Está errado este pensamiento? Creo que no. Pienso que quienes lo dicen tienen razón. Erramos muchas veces en una relación de pareja. Ofendemos, sí... nos quedamos callados cuando no deberíamos... hablamos cuando no corresponde... y así... suma y sigue. Todo eso comienza a generar en nosotros una vara más alta con la que medimos a nuestra pareja...
Pienso que el amor verdadero tiene una parte racional y otra parte que es pasional. Existe un peligro muy grande en irse a los extremos, pero específicamente si racionalizamos mucho el amor, éste se vuelve más desconfiado porque siempre anda pensando en su propio interés... "quizás me dañen como lo hicieron antes conmigo", "quizás me haga lo mismo que a mi amigo (a)". El que ama pensando en sus propios intereses, en realidad deja de amar... Porque el que ama cuida a la otra persona... cuida de sus intereses y no de los suyos propios. "El perfecto amor echa fuera el temor"... eso me habla que ese amor se va completando poco a poco. Cuando descubres el amor y lo perfeccionas, el temor (lo racional) comienza a salir y poco a poco comienza a brotar el amor más bien comprometido por el otro, el amor que dice: "Lo daría todo por ti... si fuera necesario daría mi vida por cuidarte".
Sólo se necesita una cosa: Que en la pareja, el amor sea mutuo...
Amiga mía, Paloma mía...
9 de marzo de 2009
Su gracia conmigo...
Al final de cuentas,
nada tiene sentido si no estás.
Aún los éxitos y los grandes logros,
y los pequeños también.
Al final de cuentas me doy cuenta,
que todo es inestable... y...
que lo único estable eres tú.
De ti dependo... como del aire.
Todo lo que pienso y lo que imagino.
Pues nada tiene sentido,
si estás lejos de mis caminos.
De ti dependo... como el agua.
Todo lo que hago y lo que siento,
pues si tú no estás me quiebro
y todo se desordena.
Al final de cuentas,
lo único que me sostiene es tu gracia,
que me eleva, que no me exige nada,
pero a la vez me ama con todo,
y me devuelve el valor perdido.
Pues todo lo que sueño y lo que espero,
proviene de ti...
de nadie más que ti.
Al final me doy cuenta,
que soy nada sin ti...
que todo pierde su rumbo,
y que tu gracia me conduce,
donde yo no llego...
y donde todo... sí todo...
pierde mi control.
Pues soy tuyo y de nadie más...
en los brazos que me elevan
y me llevan en paz.
nada tiene sentido si no estás.
Aún los éxitos y los grandes logros,
y los pequeños también.
Al final de cuentas me doy cuenta,
que todo es inestable... y...
que lo único estable eres tú.
De ti dependo... como del aire.
Todo lo que pienso y lo que imagino.
Pues nada tiene sentido,
si estás lejos de mis caminos.
De ti dependo... como el agua.
Todo lo que hago y lo que siento,
pues si tú no estás me quiebro
y todo se desordena.
Al final de cuentas,
lo único que me sostiene es tu gracia,
que me eleva, que no me exige nada,
pero a la vez me ama con todo,
y me devuelve el valor perdido.
Pues todo lo que sueño y lo que espero,
proviene de ti...
de nadie más que ti.
Al final me doy cuenta,
que soy nada sin ti...
que todo pierde su rumbo,
y que tu gracia me conduce,
donde yo no llego...
y donde todo... sí todo...
pierde mi control.
Pues soy tuyo y de nadie más...
en los brazos que me elevan
y me llevan en paz.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
La cultura del balcón
Algunos gritaban por allá. Los de acá aplaudían y gritaban. "Llévense a la vieja loca", se escuchaba por ahí. Desde muchos balcone...
-
Siempre me ha llamado profundamente la atención la forma en que Jesús se reveló a las mujeres. Era una manera especial. Si no es así, pregún...
-
La noche era fría y una pocas estrellas en el cielo auguraban un amanecer nublado y helado. Caminaba solo, sin nada que entorpeciera el flui...