6 de abril de 2011

Hacer y después decir...


No soy bueno en esto. De hecho la mayoría de las veces creo decir muchas cosas que después no hago. Por lo mismo escribo con cierto grado de inconsecuencia, pero con un gran anhelo de vivir de una manera diferente el evangelio.

Hace muy poco tiempo atrás, subió un hombre a la micro a hablar acerca de un centro de rehabilitación. Él estaba recaudando fondos para sostener este centro a través de la venta de unos lápices. Habló mucho rato sobre Jesús y sobre la importancia de perdonar setenta veces siete (de hecho muchas veces repitió eso) y de amar a nuestros enemigos. Al final, le compré un lápiz porque me pareció sensato su discurso y la motivación de su venta... pero llegado un momento, se subió otro vendedor con quien, al parecer, no se llevaba bien. Hubo un cruce de palabras y el hombre de promocionaba el centro de rehabilitación golpea en la cara al otro vendedor y le lanza un fuerte puntapié. Le sacó algo de sangre. Luego de eso dijo: "Al diablo no hay que darle... no hay que aguantarlo" (algo así dijo, justificando su accionar).

Me dio pena y rabia. Por un momento quise no haberle comprado ese lápiz. Finalmente lo regalé. No podemos justificar el daño a otros de ninguna manera y si decimos que hay que perdonar, también debemos soportar los insultos y acusaciones de otros. Aunque parezca una actitud de "poco carácter" siempre es bueno esperar antes de responder ante una ofensa con otra ofensa, o un insulto con otro insulto. De hecho, creo que se necesita más carácter para poder controlar nuestras emociones que para ir y reclamar nuestros derechos a costa de insultar a otros. No quiero decir que siempre hay que quedarse callado, pero hay formas y formas, y actitudes y actitudes.

A todos tal vez nos ha tocado el ser inconsecuentes y por eso es un desafío diario. Y hago mucho hincapié en esto último, porque todos los días vamos construyendo nuestras vidas. A veces esperamos gloriosos futuros o grandes avances en nuestras vidas para los años posteriores, pero no hacemos el "click" de que es "hoy" cuando pavimentamos ese camino. El problema no es ser inconsecuentes, si no el no reconocerlo. Dios ama el corazón arrepentido y le muestra sus secretos... por eso les animo a que cada día puedan desafiarse a sí mismos con la ayuda del Espíritu Santo. No se trata de ser perfectos bajo el argumento de que "debemos agradar al Señor". Yo diría que la vida debemos vivirla al contrario de eso: "Ya le somos agradables y por eso actuamos de la forma en que actuamos" y no al revés. Vivimos por gracia y no por obligación... nunca olvidemos eso.

Ese día que este caballero golpeó al otro, la gente alrededor comentó altiro: "Y así habla de Dios"... Nuestros hechos predican más que nuestras palabras en estos tiempos. El desafío es "ser" y después "hacer" y no al revés. Para ello no estamos solos, porque es Dios mismo quién nos ayuda a serle fiel.



4 de abril de 2011

La consecuencia entre ser y hacer


Todos crecimos pensando que el ser profesionales nos daría buena situación económica, mayores posibilidades de adquirir bienes y servicios... y en resumidas cuentas, una calidad de vida superior a la que tuvieron nuestros padres. Muy bien pensado! Creo que sí... el ejercer la profesión o estar cursando la universidad nos da mayores posibilidades frente a la vida, sin embargo, no garantiza nuestra felicidad.

La siguiente etapa de este blog tendrá un carácter de confrontación ante nuestra propia conducta frente a la vida. Esta confrontación nace de un anhelo por ser como Jesús incluso en aquellas áreas donde nadie nos ve, tales como nuestros pensamientos y nuestra sexualidad. El ser consecuentes entre lo que somos y hacemos es el desafío que nos plantea la vida cristiana y se posiciona como una luz que habla más que nuestras palabras acerca de Jesús: una respuesta amable, un trato cordial, una conversación directa en vez de murmuraciones a espaldas de la persona, una voluntad para resolver conflictos, etc. La pregunta que intentaremos responder en este ciclo será: ¿Vivimos a Cristo en toda nuestra vida?

Bienvenidos a esta nueva etapa de este blog!!!

28 de marzo de 2011

Por sobre el nivel de la mediocridad


Recuerdo haber escuchado una de las expresiones que más indignación me ha causado: "El Señor viene y no hay nada más que hacer... solamente hay que velar y esperar que Él llegue, porque ya nada tiene solución, incluso en la misma iglesia". Cuando escuché esto, recuerdo que me generó un conflicto interno acerca de lo que yo mismo estaba haciendo para el reino de Dios. Pensaba en cuan fácil es "tirar la toalla" cuando todas las cosas van mal y hay desesperanza. Pensaba en lo fácil que se me hacía el abortar un proyecto cuando surgían críticas y los clásicos "no va a resultar", o "¿por qué lo intentas de nuevo?"...

El libro de Nehemías ha sido últimamente un redescubrir la vida por sobre la mediocridad. El escenario es desolador. Un pueblo llevado esclavo a babilonia, una capital destruída, quemada y los pocos habitantes, lleno de vergüenza y sumidos en la pobreza. De la nada.. sin ninguna gran revelación divina y sin ninguna luz del cielo que le dijera "haz esto" o "haz aquello", oró a Dios y dijo: "Dame buen éxito delante del rey". Así surge la figura del copero Nehemías y su tristeza al ver la vergüenza que sufría su pueblo. Dejando de lado su puesto de privilegio, decidió tomar sobre sí mismo la responsabilidad de levantar los muros caídos de Jerusalén... Fue como un clamor interno que decía: "Ya basta de esto". Esto me impacta... porque estamos acostumbrados a criticar a quienes nos gobiernan; estamos acostumbrados a mirar las cosas desde afuera y a decir: "Pucha, que fome"... pero solamente como expectadores de las injusticias y de las necesidades de los demás.

Salir de la mediocridad implica trabajo duro. No es solamente tener una visión de Dios. Eso es una parte, pero hay que trabajar duro, sacrificarse, mover personas, atraer visionarios, contagiar pasión y por sobre todo, dependencia de Dios. Implica dejar de lado el orgullo y el egoísmo... pensar en cómo los demás sufren y cómo mi forma de ser o pensar los juzga o los margina. Nehemías me desafía a decir "basta" a algunas áreas de mi vida en las cuales he permitido que el conformismo haga de ellas su casa de reposo. "Mejor dejarlo así, que luchar", decimos, quedándonos quietos en nuestro lugar...

Salir de la mediocridad implica dejar atrás la desesperanza, la traición de otros, el refugiarse en que otros me dañaron o en mi propia autocompasión. Implica pensar en un proyecto diferente al que falló y que hay que volverse a levantar. Implica perseverancia. Implica dependencia. Implica devoción. Implica desesperación por Dios. Implica decidir ser y hacer... Implica llevar el discurso a la acción. Implica pedir perdón. Implica dejar de querer hacer las cosas a nuestra manera. Implica decir "ya no más" a ciertas cosas en la vida, en especial la injusticia en la pobreza o la falta de valores en las familias....

Aunque Jesús venga mañana, quiero que me halle trabajando en su reino... no viviendo de la desesperanza sino llevando la esperanza a todo lugar. Quiero que no me halle criticando, sino tomando necesidades y trabajando por ellas. Quiero ver a Cristo en la acción social, tanto como en una reunión de un domingo. Quiero verle en una plática con un compañero de trabajo. Quiero amar su regreso a nosotros, pero a la vez quiero amar a quienes aún no le aman ni conocen. Quiero decir "ya no más mediocridad"...



23 de marzo de 2011

Un regalo de 12 años


Silenciosa. Fuerte. Cariñosa. Siempre atenta. Detallista. Inocente. Risueña. Así es mi hermana Elizabeth... Yo la amo mucho y es sin duda uno de los pilares en mi vida. Cuando estoy triste, su sonrisa y sus salidas a pasear, levantan mi ánimo. Cuando se va a acostar siempre se despide y me abraza deseando que pase una buena noche. Antes de dormir, le pide a mi mamá que ore por ellas y por el perro que ladra en el patio. Casi nunca se enoja y siempre tiene buena voluntad. Cada vez que alguien está de cumpleaños, se preocupa de decorar de manera de hacer sentir especial a quien ella tanto estima. Hace poco, cuando estuvo de cumpleaños mi papá, ella, con mi hermana Carla, le fueron a adornar la pieza. Sin duda alguna, esos son los detalles que marcan la vida de una persona... y estoy seguro que esos detalles han sido la voz de Dios en mi vida en muchas ocasiones. Esas salidas a pasear cerca de la casa, me hace entender eso de "ser como niños" que tanto mencionaba Jesús. De entregar a los demás sin esperar recibir. De confiar. De amar. De perdonar. De ser detallista.

De aquí a poco irá creciendo y las épocas de infancia quedarán atrás. Tal vez ya no se despida todas las noches como suele hacerlo... o tal vez al preguntarle si quiere salir a dar una vuelta, diga que no más a menudo. Tal vez deje de lado el construir casas imaginarias con las sábanas y el jugar a la familia con la Carlita. Tal vez crezca y cosas cambien, pero siempre guardaré en la memoria y en las palabras todos esos detalles que han marcado mi vida a través de la suya... como la vez en que contamos las estrellas o la vez en que salimos a correr y le dolió el estómago al final. Ella es mi pequeña amiga de 12 años... y es la única amiga que tengo de esa edad =)

Feliz cumpleaños Eli... te amo mucho [...]

16 de marzo de 2011

El significado de la amistad

La canción de Marcos Vidal los comienza retratando muy bien... "No son muchos, pero Dios los puso allí". La Biblia los describe como aquellos que pueden ser "más unidos que un hermano". Lo cierto es que aquellas personas que nos rodean son más importantes de lo que pensamos. Nos levantan cuando estamos tristes. Nos animan cuando hay sueños que empezar. Nos llaman la atención cuando ven algo que no está bien o una mala decisión tomada. Nos dan soporte en la tormenta.
En mi casa siempre crecí escuchando el discurso de que tuviera cuidado con las personas y con los amigos, porque ellos podían estar a nuestro lado en un momento, pero después te podían dar la espalda. Cuando pienso en esto, creo que en la vida uno se topa con un montón de personas con diferentes formas de ser y de personalidad. Es algo muy nocivo pensar que por temor a que nos puedan dañar, no generemos relaciones de amistad con nadie... Todos o la gran mayoría de las personas, necesita de otros para seguir adelante.

Hay diferentes tipos de amigos y, con ello, diferentes grados de intimidad. Están los que quizás fueron amigos en quien confiamos en algún momento, pero que por distintas circunstancias se fueron alejando. Algunas veces, el alejamiento es solamente fruto de la rutina del día a día, sin mediar un conflicto. Ese tipo de amigos no hay que desecharlos; debemos ser agradecidos que aparecieron en un momento de nuestras vidas para ayudarnos. Siempre recuerdo a un gran amigo llamado Joel. Él fue un gran amigo en mi tiempo de adolescencia... Por diversas circunstancias de la vida, nos alejamos, pero no por eso él se transforma en un "traidor" o una persona que "no merece ser llamado amigo". Hasta el día de hoy valoro mucho lo que él me entregó en su momento. A veces tenemos la tendencia a sentir rencor con aquellas personas que según nosotros "no se han dado el tiempo de cultivar la amistad". Es cierto que a veces esperamos cosas de los demás, en especial de aquellas personas más cercanas; pero no por eso debemos cargar con sentimientos en contra de los demás. Todos funcionamos a ritmos diferentes. Todos funcionamos distinto frente a las relaciones interpersonales.
También están aquellos amigos que son cercanos, pero que compartimos de manera esporádica con ellos. Les compartimos nuestras cosas triviales, pero sin hablar mucho de aquellas cosas que nos hacen sufrir o aquellas luchas internas que tenemos en el día a día. Y están los amigos íntimos... que nunca son muchos... Esos son los que nos conocen tal cual somos... con pifias, con nuestros errores... pero también con lo mejor de nosotros.

Vale la pena cultivar la amistad. A veces no tenemos amigos porque al primer error que vemos en otros, los desechamos; o vivimos tan pendientes de nosotros mismos, que alejamos a quienes quieren ayudarnos a cargar los problemas o a pasar las penas. Finalmente la gente se termina alejando de quienes se resisten a tomar los consejos o la gente muy orgullosa. Para ser amigo de alguien es necesaria la humildad... es necesario dejar el egoísmo y sacrificar tiempo y energía. Soy un convencido de que vale la pena invertir en otros... Mis amigos más íntimos son cuatro: Romina, Jaime, Joy y Guillermo. Creo que ellos saben cómo soy... saben mis pifias. Y creo que con cada uno de ellos he experimentado ese sentimiento de haberles fallado, pero de saber que me aguantan y soportan con todos mis defectos. Le agradezco a ellos por ser quienes sostuvieron mis manos cuando estuve más mal y por ser quienes me animan a seguir. Porque aparecieron en el momento exacto en que debieron haber aparecido. Yo los quiero y valoro mucho, simplemente porque son ellos y porque los conozco y han decidido confiar sus secretos íntimos...

Quiero repetir algo: Siempre vale la pena invertir en otros. Aunque fallemos. Aunque a veces ofendamos a quienes más queremos. Aunque ellos nos fallen. Aunque más de uno traicione nuestra confianza (que les aseguro, son los menos). Siempre vale la pena... Creo que ese es el significado de la amistad.

"Gracias Señor porque a nuestro alrededor tú pones a personas especiales que nos animan a ser más. Con sus diferentes formas de ser, ellos levantan nuestros brazos y quiebran nuestros esquemas, desafiándonos a más. Gracias porque puedo ver tu rostro a través de mis amigos y puedo oír tu voz claramente diciendo: "Yo sigo contigo", a través de ellos y su amistad. Señor... yo sabía que valía la pena invertir en los demás, porque tú invertiste en nosotros con todo lo que tenías..."




10 de marzo de 2011

Mi escudo


"Mas tú, Jehová, eres escudo alrededor de mí; Mi gloria, y el que levanta mi cabeza" (Salmos 3:3, RV60)

Detrás de las palabras y en ese cuarto de madera. Sentado entre blancas sillas plásticas y al final de todos los grupos. Atrás en las banquillas apoyadas en la pared o bien arrinconado para que nadie viera. Hay tantas maneras en que intenté refugiarme de recibir vergüenza o de sufrir. Una de esas maneras fue quedándome en silencio, pues parecía más simple no opinar ni contrariar a nadie, de manera de no llamar mucho la atención. Consideraba más simple vivir en el anonimato del bajo perfil obligado... Quizás todos, de una manera de otra, nos hemos refugiado en algo para no sufrir. A veces en el egoísmo de que nadie nos aconseje... o refugiados en la autocompasión. Otras veces podemos sentirnos muy seguros en la cálida pero frágil religión. O simplemente refugiados en la risa o en el llanto... Para no contar muchas veces que sufrimos o que tenemos miedo que nos hagan sufrir. Resentidos del daño recibido y a la vez sin permitir sanarlo.

Lo cierto es que muchas veces tenemos otros escudos que no son Dios. ¿Cuál es el tuyo? Cuando pienso en los escudos que tengo, se me vienen a la mente todos esos clichés que uno dice cuando no quiere sufrir: "Dios tiene lo mejor para mí"; "confía en el Señor.."; "ten fe que él siempre responde"... ¿Cuáles son tus clichés? El escudo de Dios es un escudo que permite el sufrimiento para nuestra formación y crecimiento. Muchas veces sufrimos y nos aquejan circunstancias que nos debilitan anímicamente. Es ahí cuando pensamos en que Dios no está con nosotros; cuando pensamos que todo en la vida cristiana es causa-efecto, es decir, "hice algo mal" y ahora "estoy recibiendo mi castigo"... cuando no siempre es así. Tener a Dios como escudo es asumir que muchas veces recibimos malas noticias, fallecen nuestros seres queridos, tenemos problemas familiares, etc; pero que toda la tristeza la vivimos en Dios, esperando en él la salvación. Incluso los momentos más depresivos pueden tener consuelo en el escudo que Dios pone alrededor de nosotros... Y es mejor ese escudo que cualquier otro que podamos anteponer: ese egoísmo, esa autocompasión, ese carácter que muestra risa, pero que por dentro sufre mucho; esa baja autoestima oculta detrás de una máscara extrovertida... etc.

Al deshacernos de los otros escudos, permitimos que Dios sea escudo alrededor de nosotros... nos dé esperanza y levante nuestra cabeza para renovar nuestras fuerzas.

5 de marzo de 2011

Manos inexpertas... casos perfeccionistas

Siempre la veía llorando después de cada evento en que se presentaban sus bailes. Esa compañera del colegio de la básica era extraña en ese sentido porque cuando habían actos conmemorativos, se preparaba mucho y juntaba a otras compañeras para que bailaran juntas frente a todos. Cuando llegaba el día de presentarse, el baile les salía muy bien y se veía que había producción en todo. Sin embargo, terminados los actos siempre la veía llorando y lamentando que algo (cualquier cosa) no había resultado como estaba planificado o ensayado.

A veces, en cosas que debiéramos disfrutar - tanto las cotidianas como aquellas que más profundas - nos volvemos más complejos de lo que debiéramos. Si uno se vuelve muy perfeccionista en todo, corre el riesgo de ser demasiado autoexigente y de exigirle mucho al resto. Por eso mismo creo que siempre es saludable tres cosas que me planteado como política de vida:

1º No darle muchas vueltas en la mente a las actitudes y/o acciones que nos ofenden de los demás o en cosas que esperamos de ellos y no se dan.
2º Planificar con rangos de error, pensando siempre que en cualquier etapa algo puede irse de nuestras manos... y...
3º Aceptar que los demás funcionan a ritmos muy diferentes a los nuestros, y lo que parece tan ofensivo para nosotros, para otros no puede serlo... y para ello es necesaria la comunicación.

Para respirar vida es bueno dejar de lado todo el peso que cada día se añade a nuestros hombros. Peso que tiene relación con el trabajo, la universidad, los problemas no resueltos, quien no me saludó, quien no hizo esto o aquello. Hay gente que me he dado cuenta que es aficionada a fijarse en los detalles para criticarlos... Si bien es bueno poner la vista en detalles, lo no saludable es comenzar a disparar con quejas para todos lados. Siempre hay cosas que no funcionan como nosotros queremos y eso no significa que estén mal... al contrario, debemos esforzarnos por adaptarnos a las condiciones que nos imponen los lugares donde nos desenvolvemos.

Para vivir saludablemente también uno debe esforzarse en aprender, especialmente de los errores propios. Uno no puede pensar que todo "debe" salir bien, porque si no nunca disfrutaremos nada. Sí debemos dar lo mejor de nosotros, aunque cometamos errores de por medio. En fin, es saludable a veces dejar de analizarlo todo y disfrutar más de las cosas generales.

25 de febrero de 2011

Sentado aquí

Hoy me quedo en el silencio [...]
Sentado entre preguntas que no cesan,
entre respuestas no alcanzables
y palabras que no pesan.

Prefiero la quietud de este momento,
sentado,
callado,
reflexivo,
y lento tal vez...

Hoy quiero pensar en lo que pienso,
en querer darle vueltas a la vida,
vueltas a lo que parece tan incierto,
vueltas a lo que la vida me pida.

Prefiero ya dejar de darle vueltas a las cosas,
cerrar ciclos más rápido,
pensar en lo que viene adelante...
más rápido,
más directo,
sin tantos rodeos,
sin tantos pretextos.

Hoy quiero darme cuenta
que el tiempo ya ha pasado...
que no eres un niño...
que ya no eres el ingenuo niño de los cinco...
que ya todo debe dar un vuelco...
más rápido,
más directo,
sin tantas preguntas obvias,
sin tanta lentitud,
sin planes en vano,
sin tantos "peros".

Prefiero la quietud de este momento,
donde sé que estás tú, querido Dios.
Te he dicho tantas veces que me cambies...
pero así tantas son las que me resisto,
con lentitud,
con indirectas,
con preguntas obvias,
con planes en vano,
con muchos "peros".

Hoy quiero pensar en lo que pienso
y volver al inicio,
volver a cantarte en el secreto,
a componer canciones olvidadas.
Con pasión,
con rectitud,
con sinceridad,
con una actitud diferente...
esa actitud que no tiene peros,
que trata a la vida frente y sin rodeos...
y que deja de hacer planes que no cumple...

Sentado estoy de nuevo [...]
la vida cambia, la gente cambia, todo cambia...
Y hoy vuelvo a ti en el silencio...
esperándote de nuevo entre palabras de pasión...
de honestidad.
Entre palabras que carecen de "peros"...
y que susurran planes que vienen a lo lejos...
tus planes y no los míos,
tu carácter y no el mío...
O como dijera el bautista:
"que tú crezcas y yo mengüe".
Aquí... sentado de nuevo...
mirando tu cara y deseando el abrazo del Padre,
para mirar la vida de frente...
sin peros,
sin planes en vano,
con pasión,
con decisión,
con carácter,
con Jesús.

19 de febrero de 2011

Yo también valgo


Preguntarnos cuánto valemos es una buena reflexión que deberíamos hacernos cada cierto tiempo. No para centrar la atención en nosotros y ser autoreferentes o egoncéntricos, pero sí para que nuestras relaciones con los demás sean sanas. Todos tenemos autoestima, sean hombres o mujeres, sólo que ésta se manifiesta de maneras diferentes en cada uno. Algunos aparentan ser muy seguros de sí mismos, pero por dentro son débiles y necesitan el apoyo de los demás para no sentirse a la deriva. Otros, en cambio, parecen débiles, pero por dentro guardan una fortaleza que se manifiesta especialmente en los momentos difíciles de la vida. Lo importante, independiente de cómo sean nuestros temperamentos, es que sepamos que tenemos un valor como personas y que dicho valor debe ser cuidado por nosotros y respetado por los demás.

Hay veces en que este tema sale a la luz luego de conflictos amorosos o problemas de relación con familiares o amigos de los cuales sentimos que nos faltan el respeto. Frente a estos conflictos están quienes no hablan nada y se lo guardan todo, sufriendo en silencio. Si bien las mujeres al parecer sufren más de esto, lo hombres igual tienden a guardarse esa emocionalidad y preferir el silencio antes que reaccionar frente a los insultos. También están aquellos que explotan en el momento y que dicen lo que piensan sin importar que pasen a llevar a los demás. Esto para algunos es lo más sano (descargarse de manera de no acumular enojo o pena), pero se vuelve lamentable cuando lo ocupamos como actitud de defensa frente a todo lo que nos parezca ataque. Aquel tipo de personas que son "a la defensiva" creen que los demás no se dan cuenta de su debilidad, pero ese tipo de actitudes deja entrever mucho que su corazón aloja heridas y problemas no resueltos. Quien tiene una actitud y un corazón sano, no necesita defenderse de todo, sino más bien puede callar en los momentos adecuados y hablar cuando la circunstancia lo amerita, y sin necesidad de hacerlo pasando a llevar a todo el mundo.

Cuando uno piensa en cuánto valemos, la figura de Jesús viene a la memoria, como una muestra de su amor y su esperanza hacia nuestras vidas. Tal vez nunca le hemos preguntado a él nuestro valor. Los clichés nos dicen que él murió en la cruz y que eso debería bastarnos. Sin embargo, hoy apelo a un encuentro personal con aquella cruz. Cuando sólo tenemos la información (intelectualmente) de que Dios nos ama y dio a su hijo por nosotros, eso terminará en ser un argumento religioso más (con sentido intelectual, pero sin vida en sí mismo). Sin embargo, cuando es Dios mismo quien nos hace ver lo que valemos, entonces tiene sentido la vida que Él nos ha dado. Cuando pasa eso, la religión cae y da paso a la vida que Él quiere... no aquella que se seca de clichés religiosos. Nos damos cuenta, además, que es saludable quererse a uno mismo y velar porque otros también nos respeten y nos quieran, sin caer en el egoísmo o egocéntrismo.¿Cómo saber lo que valgo delante de Dios? La respuesta es una: intimidad con Él.

14 de febrero de 2011

Vibré con la misión estudiantil


Esta nota la escribí a través de facebook hace un tiempo. En este tiempo tan especial que viví quiero compartírsela:


"Yo no quería ir al GBU. De hecho me resistí varias semanas a responder a la invitación que me hacían unos compañeros que eran cristianos y que querían comenzar a participar. El tiempo corría cercano a mayo o junio de 2005 cuando un día llegamos a una pequeña sala que tenía 1 mesa y algunas sillas. Habían unas 5 personas que no había visto en todos esos 4 meses de universidad. Entre ellas estaba Valeria Bastías quien, al leernos un pasaje del evangelio de Juan, comenzó a hacernos preguntas. Ese era el GBU que conocí.

Siempre tendía a ser tímido y bajo perfil. Eso me cargaba porque sentía que de esa manera ningún compañero podría conocer a Dios. A pesar de eso, poco a poco me fui identificando y entusiasmando con la misión estudiantil... El núcleo pasó por momentos altos, estables y otros bajos. El año 2007 fue especialmente difícil porque el núcleo se redujo a dos personas, entre las cuales estaba Daniela Soto. Recuerdo que oramos mucho durante todo ese año, juntándonos incluso antes del comienzo de las clases a las 7:30 de la mañana. Fue el 2008 cuando vimos nacer al grupo de nuevo... en su mejor momento llegamos a ser unas 15 personas, entre los cuales contaban compañeros no cristianos y de otras religiones.

Nunca olvidaré el día en que se hizo una reunión evangelística en la que iba a cantar y tocar guitarra. Tenía mucho nervio porque habían compañeros míos no cristianos que me iban a escuchar. Mi sorpresa fue grande cuando los vi cantando la canción mientras tocaba: "Tan Sólo He Venido" (de Juan Luis Guerra). Después no sé cómo hablé de tener una relación con Jesús y que conocerlo no se trataba de religión. Sólo sé que ese no era yo... porque el tímido que siempre había sido, estaba hablando esta vez en público, y predicándole a sus compañeros!

Y hoy... ya pasados 5 años en el movimiento, veo que dentro de mí había una pasión por Cristo, pasión porque mis compañeros de universidad le conocieran, pasión por mostrar a un Dios de vida y no de reglas y legalismo. Ya han pasado 5 años de GBU... 5 años desde que viera por primera a vez un grupo de compañeros en torno a un estudio bíblico. En todos estos años pude observar que, lejos de ser indiferentes, nuestros compañeros desean encontrarse con Dios de una manera profunda y real. Lejos de ser quienes se burlan de nosotros, cuando tienen problemas piden que oremos por ellos e incluso se inquietan en cuanto a ciertos temas en los que tienen dudas. Y lejos de ser gentes que debamos discriminar, ellos son, con todo, amigos en quienes también uno puede confiar y contar en los momentos difíciles.

En estos 5 años Dios me regaló amigos. Incontables amigos en los cuales pude depositar confianza y mucho afecto... La lista es larga al recordarlos y la emoción es grande al ver lo que significaron para mí... Entre ellos están Juan Luis y Leonardo, dos compañeros que se convirtieron en el GBU y a través de los cuales Dios se encargó de enseñarme que Él no se limita por formas de ser (introvertidos, extrovertidos) o por recursos al momento de querer usar a alguien para su gloria. Por eso es tiempo que ahora vibren otros, que se levanten otros y que motiven a otros a llevar a Cristo a todo lugar y a contagiar la educación superior con su salvación".


29 de enero de 2011

Mi querido hermano Andrés


Él es mi querido hermano Andrés. Él es mi hermano mayor. Cuando éramos niños solíamos jugar al alumno y al profesor. Y cuando llovía, solíamos mirar por la ventana las pozas y riachuelos que se formaban bajo la lluvia sollozante. Ambos queríamos salir en los inviernos a pisar aquellas pozas que, por prohibición de los papás, no podíamos tocar. A él le gustaba tocar el teclado y escribir a veces. Callado. Simple. Introvertido. Soñador.

Él me aconseja cuando las cosas no se ven muy bien o cuando me ve triste. Él se hace presente aplicando sabiduría en los momentos precisos. Él sabe hablar la palabra indicada cuando se necesita. Él es un buen amigo... más que un hermano, lo considero un gran amigo a quien valoro mucho. Él sabe de heridas en la vida y de cómo sobreponerse. Él sabe lo que es quedarse con nada y recibirlo todo. Él sabe de pequeños y grandes sacrificios. Él sabe de quedar sin amigos y sentir la soledad. Él sabe de aprender de los errores y de corregirlos en el tiempo. Él sabe de crisis y reconciliaciones. Él conoce al Señor... Él sabe lo que es pasar adorando sin que el tiempo lo limite. Él sabe de tocar el corazón de Dios, haciendo que su mano de favor se vuelva hacia él. Él sabe de miradas disonantes y corazones abatidos. Él sabe que con su música toca el cielo en un instante y que las teclas traen sanidad. Él no sabe que existen muchas personas que lo valoran... y que lo siguen valorando más allá del tiempo y la distancia. Él no sabe que está en el recuerdo de aquellos en quienes invirtió su tiempo y pasión.

Él está hoy de cumpleaños... y mis mejores deseos son para él...

"Querido amigo y hermano... eres y serás una de las personas más importantes que tengo. Te dedico estas palabras otra vez, emocionándome para variar y a la vez deseándote que la paz de Dios venga de nuevo sobre ti con poder... No estás solo. Nunca lo has estado y nunca lo estarás. A veces ha parecido duro el camino y has sentido que nunca acabará el estrés y la duda. Por eso mi oración es que Dios traiga para ti un tiempo de descanso y de trazar nuevos sueños... sueños que desafíen la pasión que sigue gritando dentro tuyo. Permítele que grite más fuerte, de manera que el Señor te use en lugares que nunca habías planificado."

La cultura del balcón

Algunos gritaban por allá. Los de acá aplaudían y gritaban. "Llévense a la vieja loca", se escuchaba por ahí. Desde muchos balcone...