22 de abril de 2009

Cuando nadie me ve

El telón se ha cerrado. Las luces se han apagado ya. El escenario se ha bajado de su altura pública cotidiana. Los aplausos han cesado. Y ahí me encuentro... solo ante Dios. Cuando el telón se cerró, las luces se apagaron y el escenario ya no es más, me encuentro conmigo mismo, con mis defectos, con todo aquello que detesto de mí. Cuando todo el aplauso y la admiración de otros cesa, me encuentro delante de Dios. Y delante de mí hay un espejo... un espejo que muestra verdaderamente quien soy. En mi intimidad, donde nadie me ve, soy lo que soy... con mis deseos más nobles pero también con mis errores más ocultos. Es allí donde la careta de la sonrisa se cae y la "buena onda" se traduce en lágrimas de sinceridad... lágrimas de quien sufre también, de quien busca con intensidad a Dios. Es frente a ese espejo que me doy cuenta que todo lo que soy es por la gracia de Dios... me doy cuenta frente a él que puedo ser sincero y cantar una desafinada canción con todo el sentimiento.

Cuando el telón se cierra y el público se fue, me encuentro conmigo... y me hallo preguntando a cada rato: ¿Por qué decidiste por mí? En ese momento su presencia me inunda y una libre paz inunda el lugar donde me encuentro... podría saber con certeza la respuesta: "Porque sí". Esa es la gracia de Dios que me impulsa a la santidad, a dejar de verlo con temor y a aceptar y no ganar su confianza.

Cuando las cortinas se cierran y el "amén" público a la oración ya no está, las palabras más triviales cobran sentido: "Gracias papá..." "Buen día Dios"... "te he extrañado hoy". Es una relación que amo, que deseo desde el fondo de mi corazón. Porque en su presencia he aprendido a aceptar mis limitaciones y errores. Y es allí donde la mano de apoyo se halla extendida constantemente para mí y la aceptación se respira en el aire aun cuando tengo defectos... ¿quieres que te ayude? - me pregunta.

"Te necesito... en lo alto y en lo bajo estás conmigo. No soy tan diferente a los demás... he cometido errores a lo largo de mi vida... y en realidad lo único que me hace distinto cuando las luces se apagan y la gente no está, es tu gracia que hace especial aquello que no lo es... que hace amable aquello que no tenía la capacidad de ser. Tu gracia que fluye como un río cuando damos la lucha contra el error mientras corremos libremente en medio de los problemas. Es posible ser libres en medio de los problemas y seguir cantando aun cuando los azotes son más fuertes y las desiluciones crecen... Y siempre aquí me tendrás: cantándote, como un adorador que me has hecho... como aquel llamado que un día oí en mi corazón. Es mi identidad... nací para adorarte y todos mis hijos adorarán tu nombre en sus vidas también. Y aunque no conozco sus rostros, ellos te buscarán y serán libres para correr a ti. Sobre ellos profetizo bendición y amor abundante..."

16 de abril de 2009

¿Estás dispuesto?

Quiero dedicar la publicación número 200 de este blog a ellas. Un par de veces he escrito acerca de las mujeres, pero en ninguna de ella creo haberlas descrito, como lo quiero hacer ahora.
Debo partir diciendo que cada mujer es un mundo entero por descubrir, en el que debemos ir explorando sus territorios y conociendo sus lugares secretos... aquellas cosas ocultas en sus corazones. Una mujer - o al menos la mayoría - no dirá sus secretos a cualquiera... tampoco les dará la posibilidad de conocerla a todo el mundo. Ellas tienen que encontrar tierra firme donde aterrizar. Y quizás eso es lo que más las describe a ellas y les da una cualidad muy importante: son aterrizadas. Si por ejemplo, un hombre propone un viaje a algún lugar... él piensa en que visitará muchos lugares... piensa en divertirse, piensa en comer, piensa en hacer tantas cosas que a los ojos y oídos de las mujeres parecen superficiales, incluso vanas, pero que el hombre valora por el hecho de ser sencillo y digno de gratificación. Pero la mujer piensa... "tenemos dinero?", "por cuántos días podremos estar en ese ñugar?"...

Las mujeres viven los procesos y por eso nos cuesta entenderlas del todo. Ellas no se conforman a veces con una buena palabra o un "tranquila, todo estará bien". Muchas veces se vuelven retraídas y piensan una y otra vez la solución de las cosas. A veces viven solas su procesos, pensando que nadie las entiende o bien, que son capaces de controlar por si solas sus problemas. Pero quizás ese sería un error e incluso una contradicción muy grande, porque es de conocimiento público que una mujer siempre busca protección... una figura que pueda contenerla y no solo regalonearla como lo hiciera cualquier enamoradizo, sino además que las pueda contener en el sentido de hacerle ver las cosas que puede y debe cambiar. En ese sentido, la mujer construye su emocionalidad a partir del protector. Si alguien muy importante para ella, les falla... seguro que todo su mundo se cae, por cuanto muchas veces la emocionalidad se basa en figuras en las cuales buscan refugio en la tristeza o bien un lugar de descarga cuando están irritables.

La mujer es sensible. Por más que absorba problemas, las lágrimas forman parte de sus vidas. Se emocionan con más rapidez que el hombre y muchas veces critican la frialdad. Seguramente viven sus procesos con intensidad emocional y afectiva, es decir, lloran y se lamentan, pero a la vez buscan recibir amor, cariño, aceptación y por sobre todo, un abrazo y un oído atento a lo que tenga que decir. Esa sensibilidad les hace pensar en los detalles de la vida y llevan a veces un estricto orden en las cosas que hacen, incluso llegando a lo obsesivo.

La mujer es fuerte y valiente. Hay algo en la mujer, que puede salir adelante con entereza en medio de los problemas. Aunque sufre y se las llora todas, es capaz de avanzar y luchar por lo suyo. También puede ocurrir lo contrario, que se hunda en la más profunda depresión... Pero aún así nunca son ni han sido el sexo débil y eso las hace dignas de reconocimiento por parte del escritor. Ellas son fieles... muy fieles.

Unas palabras personales...
La mujer necesita que alguien la contenga, que sepa tratarla, que pueda escucharla con atención y que sea capaz de darle una mano de aceptación en todo tiempo, aun cuando hayan cambios de ánimo o bien hayan cambios en las circunstancias. Una mujer no necesita de un palabreros, ni de hombres que busquen en ella solo contemplar un cuerpo bonito o bien buscar otro interés que no sea el franco acercamiento, la conquista vivida en amor y una relación formal... Buscan hombres y no machitos, como diría Jorge Antileo... Todos nosotros debemos hacernos la siguiente pregunta: ¿Estamos dispuestos a arriesgarnos por una de ellas? La respuesta será esas horas de conversaciones y tiempo de calidad, las palabras de afirmación que nacen de una admiración mutua, actos de servicio cuando ellas no lo piden, regalos que hablen de lo especial que son para nosotros y un abrazo y una mano siempre abierta para ellas. Hago de nuevo la pregunta: ¿Estás dispuesto a arriesgarte..?

13 de abril de 2009

Puestos los ojos...

"Puestos los ojos en Jesús"... Ese es uno de los versículos que más llama mi atención en este tiempo. Por una parte están las cargas, que nos dicen: "Preocúpate de tus responsabilidades, haz esto, haz esto otro, cumple con esto, cumple con tus padres, cumple con tu iglesia". Y por otro lado está el pecado, el error, los desaciertos. Carga y pecado tienen algo en común: ambos producen cansancio y culpa. Varias veces me he sentido así: lleno de culpa por tener que cargar problemas y lleno de pensamientos de "no podrás", "te fallarán", "te cansarás".

Poner los ojos en algo significa llevar toda la atención hacia ese objeto. Jesús es el autor de la salvación... Hebreos lo declara. Pero es una salvación en el hoy, no sólo después de la muerte. Aunque creo que realmente la salvación es necesaria para sacarnos de nuestra "muerte espiritual o interna". Dios no dice: "Ya andas pecando de nuevo", "te dije que no te encerraras en tus problemas!!!" Dios dice: Despójate... haz una pausa y libérate de las cargas y del pecado. ¿Para qué? Para correr la carrera. Es lo máximo correr sin cargar una mochila a cuestas. Pero uno sólo puede correr si pone los ojos (la mirada, la atención, la dedicación) en Jesús, autor (iniciador) de la salvación. Una salvación que obra en nuestro presente, en nuestro carácter y obra liberándonos de la opresión.

6 de abril de 2009

Mi verdad

En la cama de una plaza tendía a meditar. Con el único apoyo en mi almohada, solía poner mis ojos con vista al techo. Techo que se mojaba cuando el goteo constante de una lluvia intensa traspasaba los pizarreños, creando formas mojadas de madera teñida. Escenas creadas en mi mente aparecían en esos minutos de pensar. Es la imagen de un niño viendo a sus papás discutir frecuentemente y ver el encierro de los hermanos en sus piezas, cuando cada uno tenía la suya. Era un niño lleno de complejos: por su cuerpo, por su nariz, por su cobardía, por su timidez, por su sensibilidad.

Fue entre esas frazadas que planificaba mi vida. Ese techo me observaba desde lo alto cuando mis ojos permanecían abiertos hasta tarde mientras ordenaba mi vida y soñaba con un futuro mejor. A veces decía: "Hablaré con mi papá para que todo se arregle"... "oraré junto a mi mamá para que su ánimo esté mejor"... "me juntaré con mis hermanos a orar todos los días". Me autocargué con actividades que nadie me había ordenado. Soñaba con que un día todo se arreglara en la casa, que mi papá dejara de gritar, mi mamá de llorar, mis hermanos de encerrarse y de disfrutar la vida. Soñaba que un día se me quebrara un vaso y nadie me retara... o que si llegábamos 5 minutos tarde a la casa, nadie nos culpara de desobediencia. A mis nueve años ya pensaba en cómo sería en el futuro.

Cada vez que habían problemas, sabía que había un lugar en donde nadie podría destruir mi relación con Dios. Era precisamente ese lugar, el del techo frente a mi cama, donde oraba y lloraba mis penas. Fue allí donde mis convicciones de vida se formaron y donde se gestaron mis más grandes anhelos. Refugiado en mis cuadernos y libros, entre mouses y teclados de computador, mi vida transcurría ligera, taciturna y concentrada. "Es mateo", decían... "Menares, puros sietes"... pero nadie me conocía. Nadie conocía al niño tras la puerta de Gengis Khan 811 en Maipú. Mi autoestima estaba destruida y no sabía bien quién era. Le pedía a Dios un hogar y una esposa a quien pudiera amar.

Quizás las sábanas guarden el recuerdo de las veces que me escondí para no recibir el rechazo. Quizás en lo oculto de esa oscuridad todo sería una burbuja de escape donde los gritos no llegaran, donde el golpe brusco y el gesto violento se mezclaban con las heridas del corazón. No sé cómo sobreviví a eso. No entiendo cómo la violencia y la tensión estuvieron alojadas por tanto tiempo en la casa sin que nada explotara y se destruyera. Sin que los carabineros llegaran a tocar las puertas del 811 a separar a mis papás. No entiendo cómo nadie terminó escapando de la casa o expulsado por "rebelde".

Y ahora escribo a más de 10 años desde que soñaba con todo eso. En estos 10 años soñé que Dios siempre me hablaría... Soñé con encontrar a mi esposa y a una familia. Soñé con que todo cambiara y fuera mejor... Y no he cambiado. Aún miro al techo de mi pieza, que sigue mojado por el rastro de la lluvia y digo: "Yo sé, Señor, que entre las tensiones y las desiluciones, tu mano de amor siempre siguió ahí... que el paso firme de tus pisadas siempre han guiado mis pasos. Y hoy lloro... queriendo correr a abrazarte y a decirte gracias por lo vivido... gracias por amarme como ningún otro, por enseñarme que es posible seguir teniendo esperanza y que es posible que los cojos salten, que los mudos hablen y que los sordos oigan. Que es posible seguir creyendo aunque la circunstancias destruyan mis sueños más preciados y se caigan las planificaciones que hice en mi niñez. Te pido que esta vez sea como tú lo quieres... como tu corazón lo anhela"

31 de marzo de 2009

...

Con sueño y con el ruido a lo lejos, escribo...
Las circunstancias cambian... la gente también.
como queriendo inspirarme,
como queriendo llamar la atención con las palabras...

Por sobre todo hay que seguir,
secarse las lágrimas y ponerse de pie,
asumir sin lamentarse,
vivir todo a concho,
alegrarse en el camino,
alegrarse entre los tristes
y sanar el corazón.

22 de marzo de 2009

Unos consejos personales

1.- Cuando alguien te dañe, perdónalo.
2.- Si alguien te daña por segunda vez, perdónalo sin perder el tiempo en volver a pensar.
3.- Si la misma persona te sigue dañando, considera alejarte de ella con el corazón dispuesto a perdonar.
4.- No seas egoísta.
5.- Cuando inviertes en otras personas, siempre ganas.
6.- Cuando inicies un proyecto, no pienses que los resultados dependen de tu esfuerzo.
7.- Muchas veces Dios hace cosas con nuestro esfuerzo, y algunas veces, sin nuestro esfuerzo.
8.- Cuando necesites decir algo malo que ves en alguien, trata de hablar con gracia y no con confrontación.
9.- Algunos creen que luchando por sí mismos, ganarán algo. Ellos no saben que mientras intentan salvarse a sí mismos, se vuelven más infelices.
10.- La persona prudente sabe cómo y cuándo decir las cosas.
11.- El verdadero líder siempre recuerda de dónde salió.
12.- El que busca en sí mismo la solución a los problemas, acarreará depresión.
13.- Mientras no sueltes el control de tu vida, Dios nunca podrá obrar.
14.- Si eres sincero, ya estás a las puertas del reino de Dios.
15.- Cuando te sientas triste, busca a alguien que te haga sonreír.
16.- Si estás en problemas, busca ayuda. El verdadero amigo siempre te atenderá.
17.- La infelicidad no existe en sí misma; tú la has aceptado.
18.- Saca la vista de ti mismo. Alrededor hay más gente como tú.
19.- No eres el centro. Dios lo ha hecho así por tu bien.
20.- El que ama a otro, es capaz de ver en él lo que otros no.
21.- El verdadero valor de una persona no radica en lo que hace, sino en lo que es.

16 de marzo de 2009

Una carta

Mientras escribo, el pulso constante de la música suena en mis oídos. El cielo aún oscuro, sigue afuera como mudo ciego testigo de lo que escribo, solamente escuchando el tecleo sin cesar del que escribe. Son letras más letras de inspiración a Dios. Son líneas de un amor por ti, Dios... de amor por ser como tú en mi vida diaria, de ver que nuestros ojos se parecen...

Cuando escribo, recuerdo las etapas de mi niñez... en donde tomaba el lápiz pasta "de la casa" y me ponía a escribir. Encerrado en la pieza mientras todos veían televisión o sentía el toque débil de una guitarra sonando a lo lejos. Podía reconocer esa guitarra con un pequeño sonido. Era mi hermana que tocaba y cantaba en la otra pieza... Siempre la recuerdo cantando... su puerta cerrada mientras oraba. De eso aprendí... aprendí a conocer a Dios como un niño que repite lo que los grandes hacen. Comencé a encerrarme también en la pieza a escribir. Mis oraciones eran la traducción de lo que mis labios le costaba decir... o que si los decía, tartamudeaba al articular. Podía reconocer a pocos metros que ella estaba allí. De ella aprendí a tener una cita diaria con Dios. Y así escribía... como niño con letra bien redonda y lenta. Con la inspiración que sólo la inocencia de la infancia puede darle. Y con el toque de una petición sincera abrazada a través de las letras y también las lágrimas... Pensaba que mis palabras algún día las leería Dios... incluso soñaba con que Dios estuviera contento con esos escritos. Son esas palabras que emanaba de mi mente de pequeño. Son palabras que lanzaba al viento con el único anhelo de escuchar alguna vez en mi vida su voz diciéndome que siempre había visto mis escritos.

Mientras escribo, el cielo sigue afuera, pero mi corazón se acelera al recuerdo todo esto. Mi familia en el primer piso y mi hermana cantando en su pieza. A veces la veía bajar con los ojos rojos y sus pómulos rubicundos, pensando que estaba mal o estaba muy cansada. No entendía que era lo que pasaba tras esa puerta. Pero poco a poco comprendí que era Dios quien le hablaba... y como niño imitador hice lo mismo, encerrado en una pieza buscando a Dios intensamente. Y allí lo encontraba: tras la imagen perdida de Papá. Tras esas puertas, Dios me enseñó a caminar con él, me enseñó que estaría conmigo aún cuando todo estuviera mal y que seguiría allí si yo le fallaba. Tras la blanca puerta de mi pieza mi identidad se empezó de nuevo a construir. Cuando los recuerdos vienen a mi mente, lágrimas ruedan por mi mejilla. A veces bajaba contento al primer piso... como queriendo gritar que Dios me había hablado, pero por la timidez, nunca lo hice. Como nunca él me enseñó a tomar riesgos con locura, pero también a ser sabio; confrontó mi orgullo y rebeldía y me mostró sueños que tenía conmigo... En la intimidad. En su intimidad.

Afuera el cielo oscuro mira fijamente por la ventana. De nuevo están los elementos de antaño: una habitación, una puerta cerrada y un niño escribiendo en un computador.

Gracias Señor...

11 de marzo de 2009

Un amor perdido

Pienso que el amor cuando se racionaliza mucho pierde su sentido completo. Por un lado tenemos ese concepto de amor ideal de que la pareja de uno tiene que ser perfecta y llenar todas las expectativas que "lo bueno" dice que tiene que llenar. Y por otro lado, tenemos la realidad que nos confronta con una pareja que entre todas sus virtudes, presenta defectos y errores en sus actitudes y acciones. En ese pensamiento nos valemos siempre. ¿Doy muy en la relación o doy poco?

Cuando pienso en el amor de Dios, a veces me parece un amor super ideal... inalcanzable para nosotros. Eso de dar sin esperar recibir. También el ofrecer la otra mejilla es parte de la lista. Bendecir si te ofenden le sigue. Por un lado el amor de Dios es parte de ese lado que nos impulsa a arriesgarlo todo por la pareja. Es es lado que nos dice que demos todo en la cancha y que demos mucho sin esperar recibir. Pero por otro lado, nuestro intelecto piensa: "Esa persona tiene errores... quizás si le doy mucho amor se aprovechará y en algún momento pensará hacer algo para su propio interés en vez del interés de la relación común". Mmmmm... creo que este pensamiento no está lejos de la realidad. Al contrario, vemos que en las parejas hay un juego de decepciones, re-decepciones y a veces ofensas que cuesta perdonar. Si es que llegara a ocurrir eso, el amor comienza a ser cada vez más racional... diciendo: "Ten cuidado que te puede dañar de nuevo", "ten cuidado que es hombre y puede caer en este error de nuevo". Entonces dejamos de tener ese concepto de amor que sólo entrega y se preocupa del bienestar del otro.

¿Está errado este pensamiento? Creo que no. Pienso que quienes lo dicen tienen razón. Erramos muchas veces en una relación de pareja. Ofendemos, sí... nos quedamos callados cuando no deberíamos... hablamos cuando no corresponde... y así... suma y sigue. Todo eso comienza a generar en nosotros una vara más alta con la que medimos a nuestra pareja...

Pienso que el amor verdadero tiene una parte racional y otra parte que es pasional. Existe un peligro muy grande en irse a los extremos, pero específicamente si racionalizamos mucho el amor, éste se vuelve más desconfiado porque siempre anda pensando en su propio interés... "quizás me dañen como lo hicieron antes conmigo", "quizás me haga lo mismo que a mi amigo (a)". El que ama pensando en sus propios intereses, en realidad deja de amar... Porque el que ama cuida a la otra persona... cuida de sus intereses y no de los suyos propios. "El perfecto amor echa fuera el temor"... eso me habla que ese amor se va completando poco a poco. Cuando descubres el amor y lo perfeccionas, el temor (lo racional) comienza a salir y poco a poco comienza a brotar el amor más bien comprometido por el otro, el amor que dice: "Lo daría todo por ti... si fuera necesario daría mi vida por cuidarte".

Sólo se necesita una cosa: Que en la pareja, el amor sea mutuo...



Amiga mía, Paloma mía...

9 de marzo de 2009

Su gracia conmigo...

Al final de cuentas,
nada tiene sentido si no estás.
Aún los éxitos y los grandes logros,
y los pequeños también.
Al final de cuentas me doy cuenta,
que todo es inestable... y...
que lo único estable eres tú.

De ti dependo... como del aire.
Todo lo que pienso y lo que imagino.
Pues nada tiene sentido,
si estás lejos de mis caminos.
De ti dependo... como el agua.
Todo lo que hago y lo que siento,
pues si tú no estás me quiebro
y todo se desordena.

Al final de cuentas,
lo único que me sostiene es tu gracia,
que me eleva, que no me exige nada,
pero a la vez me ama con todo,
y me devuelve el valor perdido.
Pues todo lo que sueño y lo que espero,
proviene de ti...
de nadie más que ti.

Al final me doy cuenta,
que soy nada sin ti...
que todo pierde su rumbo,
y que tu gracia me conduce,
donde yo no llego...
y donde todo... sí todo...
pierde mi control.
Pues soy tuyo y de nadie más...
en los brazos que me elevan
y me llevan en paz.

5 de marzo de 2009

(Parte 2) Donde nadie te puede tocar

No quiero tratar la gracia de Dios como uno de los tantos temas que parecen lejanos a nosotros o como aquellos títulos expuestos en los grandes tomos antiguos de teología. No como un tema alejado, sino lleno de vida abundante.
Siempre imagino qué pasaría si Dios fuera una persona llena de críticas hacia nosotros. Imagino qué pasaría si dedicara su vida a sólo corregirnos y sólo a decir los peros de nuestros sueños. Mmmm... suelo identificarme con el Padre como una persona llena de pensamientos de amor hacia nosotros... llena de compasión. A nadie que le haya escuchado decir que cuando Dios le habla ha sido para peor, para destruirlo, para arruinar su vida. Al contrario, vidas transformadas, pensamientos resueltos, enfermedades sanadas, paz, etc.
Nos gusta la imagen de un Dios que siempre cuida de nosotros y que nunca tiene el juicio en la punta de la lengua para que apenas fallemos, lo ponga en práctica. "Tardo para la ira y grande en misericordia", eso se nos dice frecuentemente. El hecho de pensar que Dios es totalmente bueno para nosotros y que él tiene pensamientos de paz, es parte de lo que hemos vivido... pero creo que es sólo la mitad del plan.

La otra mitad eres tú... soy yo. Es esa parte de nosotros que clama por llevar a la práctica el carácter de Dios. A menudo escucho a la gente que habla de otras personas con muchas heridas en el corazón y juzgando a los demás con total libertad. El autor tampoco está ajeno a esto. Al contrario, se incluye en el mismo grupo de personas... Aquel grupo de personas que clama siempre por justicia contra sus opresores, pero misericordia para sí mismo. ¿Acaso Dios no nos enseña que pidamos perdón así como nosotros perdonamos a quienes nos ofenden?

La gracia es el lugar donde se puede perdonar al ofensor sin pedir nada a cambio. Es el lugar del lenguaje de Dios: lleno de misericordia. ¿Quieres la justicia de Dios?

¿En verdad la quieres? Entonces eso demandará mucho más que sentarnos en el estrado y ver el castigo de los que nos dañan. Demandará mucho más que abrir Proverbios y situarnos como el justo y el que me dañó como el malvado. Sí señor! más que eso! Demandará que dejemos atrás el orgullo y que dejemos a un lado los rencores. El camino a la libertad es dejar libre a los demás, incluso cuando nos deben mucho o cuando nos han herido. La gracia de Dios no es sólo para ti sino para el que te ofendió también.

Siempre me gusta terminar con preguntas: ¿Alguno habrá capaz de aceptar la gracia de Dios como un estilo de vida? ¿Quieres la justicia de Dios? (repito)

1 de marzo de 2009

La gracia de Dios (parte 1)

Cada vez que voy a casa de mi abuela siempre hay una sonrisa a la entrada de la puerta. Los abrazos son también parte del ritual de bienvenida e incluso, muchas veces, mis tíos y mi abuela se emocionan de vernos. En ese lugar es como si me sintiera en casa... puedo ir al baño o sacar un vaso de la repisa sin pedir permiso y con mucha confianza.

Mi abuela es como Dios. No importa si no la he ido a ver en 1 año... ella siempre me recibe con amor y se emociona de verme entrar. No importa si no la he llamado por teléfono para saber cómo está; ella siempre se preocupa por mí. No importa tanto si he cometido errores; para ella siempre seré su nieto querido. Son esas pequeñas cosas las que me hacen ver de manera palpable el trato que Dios tiene por mí.

La gracia de Dios es como mi abuela...

La cultura del balcón

Algunos gritaban por allá. Los de acá aplaudían y gritaban. "Llévense a la vieja loca", se escuchaba por ahí. Desde muchos balcone...