9 de febrero de 2017

Renacer



Secar las lágrimas y ponerme de pie, esa es la consigna como en todos los tiempos difíciles. Sin quejarme tanto y sin analizar tanto los motivos de esta caída. Sólo ponerme de pie. Pido al Señor ser sanado para terminar este proceso sin rencor. Hay personas que las dañan y se vuelven agresivas o chismosas. Pero no quiero cambiar mi esencia, no tiene sentido.

Y seguir... 

Desde ahora se abre un nuevo capítulo de mi historia. El tiempo dirá cuál huella dejé y si todo el sacrificio valió la pena. Confío con todas mis fuerzas en Dios, aunque toque el fracaso y la dificultad; porque sé que me va a levantar otra vez y este será un testimonio fuerte en mi vida más adelante.

5 de julio de 2016

La fidelidad del Señor

En general, intentamos evitar toda situación que nos ocasione problemas, conflictos, dificultades, etc. O tal vez desechamos sueños por parecer difíciles, imposibles de realizar por falta de recursos. Creemos que las emociones asociadas a la alegría debieran ser nuestra meta de vida, como pensando que esa es la felicidad que todos perseguimos.

Lo cierto es que, al pasar por tiempos de dificultad, vulnerabilidad, conflictos, problemas, etc., constituye un escenario propicio para experimentar que el Señor es fiel a sus promesas. Vivir todo el tiempo evadiendo la dificultad y los problemas no es un camino sano. Podría salvarnos de situaciones incómodas a veces, pero nos privará de vivir dependiendo del Señor y no nos impulsará a movernos de la situación que estamos viviendo hacia algo mejor.

11 de abril de 2016

Amado y especial

Nunca me había puesto a pensar en lo importante que es sentirme amado. Esto nos ayuda a amar sanamente también y sentir un real valor de nosotros mismos.
Cuando pensamos en el amor, inmediatamente se viene a la mente muchos gestos, actos o actitudes hacia otros. Sin embargo, para poder amar y hacer sentir especial a otros, creo que es importante amarnos también a nosotros mismos. No de una manera ególatra. Sólo sano. Es decir, saber de corazón que el Señor nos ama y vivir a partir de esa base.

Creo que no todos lo tienen muy claro. Haciendo un pequeño ejercicio de introspección, comencé a buscar cosas que yo mismo veía buenas en mí y claramente la balanza se inclinaba a encontrar muy pocas virtudes. Más bien la crítica era lo primero que surgía. Me di cuenta que tal vez no tenía tan claro el amor de Dios hacia mí mismo, si yo mismo era quien me rechazaba. A veces incluso es lo que proyectamos sin darnos cuenta...

Muchas inseguridades y temores vienen de no sabernos amados por nuestro entorno. Partiendo desde las figuras materna y paterna, pasando por nuestros amigos o redes de apoyo, hasta llegar al sabernos amados por el Señor. Tememos al rechazo y a la burla. Pensamos de manera obsesiva que le debemos algo a alguien y que debemos vivir en base a lo que otros digan o determinen de nosotros.

En esta noche en que escribo, y si alguien todavía me lee, quiero que juntos hagamos un momento de pausa. Simplemente acallar la autocrítica, la crítica ajena y bajarle el volumen a nuestra propia percepción de nosotros mismos. Por un segundo pongamos nuestra mirada hacia nuestro interior y no a evangelizar o "hacer cosas" para sentirnos valorados o incluso usados por Dios. Por un momento centrémonos en el verdadero punto de partida y hoja de ruta: el inmenso amor del Padre hacia mí. Y en ese silencio, permitamos al Espíritu Santo convencernos de corazón que nos ama entrañablemente, más allá de nuestra imaginación y más allá de lo que otros digan de mí.

Para recibir el amor de Dios no es necesario presentarse con grandes curriculums o pedirlo luego de haber realizado una buena acción. Simplemente está. Para darnos valor. Para amar del mismo modo como Él nos ama a nosotros. Para cuidarnos. Para abrazarnos. Para tocarnos. Para llenarnos de Él. Cuando conoces su amor, conoces su esencia, su naturaleza.

Ese es el lugar que nos pide estar. No en el estrés, afanados de tanto quehacer. No en el afán de servirle. Sino en el amor. Siempre habrá un tiempo para ti en Su amor. Siempre habrá una palabra de afirmación. Siempre habrá una palabra de ternura y de paz, para poder traspasarle esa mochila de críticas, de rechazo y de años de oscuridad.

"Gracias Padre por el tremendo amor que me has dado. No lo podría medir ni alcanzo a imaginar sus dimensiones. Sólo sé que está y que quieres que lo recibamos. A quienes nos cuesta amarnos, ven y muéstranos día a día ese amor transformador, para saber que en tu presencia el aprendizaje de la vida puede ser sano. En tu amor nuestra imperfección queda completa... Aún en el error más grave o en el pecado más horrible, tu amor no mide tamaños y clasificaciones. Se derrama sobre todo aquel que cree. En tu amor encontramos sanidad y perdón. Caen las murallas y las armas de guerra. "No es tu batalla", nos dices. Es en ese amor donde todo lo que hacemos cobra sentido"

27 de diciembre de 2015

10 años de blog

He escrito desde muchos lugares en este blog, el cual hoy cumple 10 años de haber sido creado. Aquella primera publicación tenía que ver con la mujer samaritana con quien Jesús se encontró en torno a un pozo a mediodía. Desde allí, muchos tipos de escritos han pasado por este sitio... con penas, alegrías, noticias, acontecimientos importantes y cambios de etapa en mi vida. Sin duda, el Señor ha permitido que este lugar sirva para desahogarme y sincerarme en torno a la vida diaria.

Debo reconocer que la mayoría de las publicaciones han sido realizadas durante la noche. Algunas veces el insomnio hizo que me inspirara y, otras más, cuando se me pasaba la hora tocando la guitarra y adorando al Señor. He sentido cómo el reloj pasa volando cuando el corazón tiene hambre y sed de conocerlo más y más. El tiempo pasa en un abrir y cerrar de ojos cuando uno es débil y le necesita para vivir. Podría decir que los primeros 5 años de blog, se caracterizaban por escritos rodeados de una atmósfera llena de temores e interrogantes... Cuestionamientos rodeaban mi mente día a día, entre contradicciones, decepciones, carencias paternales y maternales, etc. Pasados esos 5 años, vi una avalancha de bendiciones sobre mi vida que no podía creer y que me costó procesar. Muchas de esas bendiciones eran promesas que el Señor me había hecho cuando estaba en tiempos de aflicción. Pude probar y comprobar esa fidelidad de Dios de la que tanto se habla en la Biblia. Le pude ver y agradecer por todo lo sucedido, porque ha ido formando mi carácter a través de mentores y por medio de personas de difícil trato. El momento más agónico de mi vida lo escribí por aquí en el 2006... En medio de eso, tomé la guitarra y me puse a cantar acerca de lo bueno que había sido Dios conmigo hasta ese momento. En medio de las canciones que inventaba, recordé las veces que mi papá me llamaba fanático por quedarme hasta tarde orando, o las veces que fue violento conmigo por buscar al Señor. Pese a ello, esa persecución lo único que hizo fue potenciar mi anhelo por Él.

He aprendido a planificar en mi vida, pero por sobre todo, a adaptarme. Una planificación que carece de flexibilidad, muere llena de frustraciones. He aprendido que el Señor no habita en la abundancia de dinero o en el éxito como la mayoría de las personas lo concibe... Él no está allí. Él se hace presente cuando halla un corazón humillado que le necesita, sin importar si tiene mucho o poco, si lo acepta la sociedad o no, si lleva muchos o pocos años siendo cristiano, si cuenta o no con estudios teológicos. Nada sirve si Dios no es el centro.

"Señor, te doy gracias por estos años de escribir en este sitio. Estas líneas reflejan la motivación de derramar mi corazón en ellas para adquirir valor de ti. Gracias por este 2015 que nunca esperé vivir. Tú me has traído hasta aquí y has sido autor de esta historia que se sigue construyendo y de este libro que se sigue escribiendo, capítulo por capítulo. Gracias por cada etapa vivida, por cada persona conocida, por cada temor enfrentado, por cada desafío superado. Ahora te pido valor para seguir avanzando y para enfrentar lo que venga desde el próximo año en adelante. Ayúdame a verte poderosamente en los próximos 10 años y que no haya temor en mí de darte a conocer y de que otros te conozcan y sean restaurados. Señor, que muchos te conozcan..."

20 de diciembre de 2015

Cómo pasa el tiempo!

Este año, como ningún otro, se me pasó muy rápido! No estuvo exento de cansancio y momentos difíciles, pero al hacer un balance, fue un año muy bueno, mucho mejor que el anterior. No cambiaron tantas cosas a mi alrededor, pero sí hubo un cambio en mi interior que aún sigo experimentando. Ese cambio tiene que ver con intentar ver la vida con el lente de la esperanza y no del desánimo. Siempre habrán cosas malas que sortear y personas con carácter complicado que aguantar, pero no por eso me puedo derrumbar.

He estado aprendiendo poco a poco a trabajar en lo que siento que soy bueno e ir aprendiendo en ese camino. Mucho tiene que ver con el propósito que tiene el Señor para mi vida y que tiene relación con la restauración física y emocional/espiritual de otros. Aún sigo en ese proceso.

Sacudirse del pasado ha sido uno de mis grandes temas. Sin embargo, cada día siento que ese peso ha ido cayendo. A veces, cuando surgen conflictos con mi familia de origen, me viene la melancolía, pero ha sido bueno experimentar cada vez menos esa sensación.

Ha sido un año de compartir más mis cargas y no estar tan encerrado. He abierto puertas a amigos de la iglesia y a mis viejos amigos del GBU, que me han ayudado mucho con consejos, llamadas de atención, palabras de ánimo y oración. Sin ellos, el camino hubiera sido más difícil de recorrer.

 
Esta navidad ya la siento como un tiempo especial, y eso me tiene contento. Contento porque me he dado cuenta que centrar la vida en los conflictos trae consecuencias nefastas para el estado de ánimo y para el buen dormir. Sin embargo, confiar en el Señor me ha dado descanso y paz para enfrentar los desafíos de cada día.

Les deseo a todos una feliz navidad. Navidad para perdonar. Navidad para amar. Navidad para dejar de ser consumista. Navidad para dar en vez de esperar recibir. Navidad para sanar. Navidad para construir. Navidad para abrazar. Navidad para soñar. Navidad para agradecer. Navidad para ser luz.

12 de noviembre de 2015

Sueños y restauración

Por mucho tiempo este blog tuvo como título "Sueños y restauración"... Fue inspirado en un tiempo de dolor en que realmente anhelaba ambas cosas: volver a soñar y ser restaurado del dolor del pasado. Cuando eso llegó, me sentí casi en las nubes, incluso algo extasiado de tanta bendición. Invadido de las promesas que Dios me daba para mi vida e incluso mis hijos, proseguí apasionadamente buscándole de mañana, tarde y noche. Rato que tenía libre lo utilizaba para tomar la guitarra y cantar por horas. Pasaba fácilmente una hora cantando y orando. Fue un momento de mucha pasión. Sin embargo, siento que cuando comencé a trabajar a tiempo completo, me fui a apagando. Tuve varias desilusiones de mi profesión y de algunas personas con las cuales me relacioné, que fueron apagando ese fuego.

Hoy ya no siento esa misma pasión... debo ser sincero. Ya no busco al Señor mañana, tarde y noche. Ya no canto ni oro tanto como en ese tiempo. Rato que tengo libre, lo utilizo para dormir y despejarme del cansancio y del estrés de la semana; de tapar parches en el trabajo, manejar personalidades complicadas y atender niños con el desgaste que eso implica en mi espalda. A veces he tenido pequeños destellos de pasión, que se apagan y no alcanzo a mantener encendido. Me he dado cuenta que me desilusiono rápido y me desánimo a la primera dificultad, queriendo solamente tener semanas sin conflictos, con mucho descanso y que pasen rápido. Es decir, he deseado que los días pasen rápido para nada... sólo para descansar en un círculo vicioso de estrés/descanso/decepción.

Les comparto esto porque necesito de sus oraciones para volver a encender esa pasión y que el Señor me vaya mostrando cómo hacerlo. Cómo reactivar los sueños que me ha dado... Cómo descansar en Él sin depender de lo gris que se vuelvan las circunstancias... Que me enseñe a no huir de los conflictos ni desear que sólo llegue el viernes, para pasar rápidamente al domingo y sentir la angustia de tener que volver a trabajar. 

"Señor... en medio de todo, he podido ver tu fidelidad en cada uno de mis procesos de vida... sean buenos o malos, alegres o tristes, inspiradores o decepcionantes. A veces sólo me he enfocado en lo que yo puedo hacer para manejar las situaciones complejas, sin embargo, eso sólo ha acarreado decepción. Por eso hoy vengo a ti a ser transparente.. sin caretas.. a reconocer mi enfriamiento, mi inconstancia, mi falta de ánimo para seguir... Muéstrame un mejor camino que no depende de cuánto haga yo o que la gente a mi alrededor cambie como yo quiero. Muéstrame de nuevo tu amor inagotable y tu expresión de aprobación".

28 de octubre de 2015

Estancado

Hace dos años vivía una vida llena de ideas, con sueños que quería cumplir y con ilusiones acerca de proyectos en mi vida y familia. Sin embargo, me he dado cuenta de mi propio estancamiento... Ya no le creo mucho a la gente cuando habla conmigo... Si alguien me habla agresivamente, ya no me quedo callado como antes. Ya casi no miro a la gente que pide dinero en la calle y tal vez, lo que es peor, me subo a la micro en las mañanas y si veo un asiento vacío me siento y me duermo hasta que llega el momento de bajarme.

En el GBU trabajé de manera apasionada por muchos años, soñando proyectos que contribuirían a llevar más estudiantes a los pies de Cristo. Ya poco de eso queda... me he estancado en eso también, sin poder ver lo que Dios quiere hacer para esta generación.

En el trabajo he sentido en los largos 4 años decepción tras decepción... si bien es buen trabajo, me he desgastado tratando de solucionar problemas casi todas las semanas. Eso realmente es cansador y he sentido que ha cambiado mucho mi manera de tratar a las personas... Desconfío más, reclamo mucho más, me enojo constantemente y me quejo más.

Sin duda esos cambios no son buenos. Me hallo en el sitio exacto que hace algunos años criticaba. Veía cómo la gente en la medida que se ponía más vieja, se ponía seria e incluso grave. Y, aunque es cierto que hay que tomar las responsabilidades con seriedad, a veces me siento dando bote en la misma rutina de siempre, queriendo salir de este sitio.

Con las amistades también me he estancado... Me he dedicado a cultivar sólo algunas amistades y extraño a muchos amigos que el tiempo y la falta de conversación han ido dejando en el pasado. Es cierto que no se puede tener una amistad íntima con muuuucha gente, pero me siento responsable de algunas que he perdido por omisión.

Esto me lleva a pensar que debo tomar medidas para cambiar el rumbo y enforcar nuevamente mi vida en aquellos sueños que el Señor quiera revelarme para esta etapa de mi vida. Y confiar más... reír más... quejarme menos... mirar más a mi alrededor.

14 de septiembre de 2015

Dejando de dar vueltas

Uno puede pasar muchos años dando vueltas sobre un mismo desierto. Ese desierto puede ser una experiencia que nos marcó en el pasado y sobre la cual seguimos llorando o lamentándonos. También podría ser una forma de pensar que nos ha mantenido insensibles e indolentes. O falta de perdón. O incluso ese desierto puede ser el dinero, el cual nos puede mantener presos de una mentalidad de pobreza, de que nunca lograré nada por falta de recursos; o, en el otro extremo, un gran éxito que nos une de tal manera a las riquezas, que pensamos que nunca acabarán y terminamos mirando en menos a otros o siendo avaros.

El pueblo de Israel no le creyó al Señor... No creyeron que Él los llevaría a una tierra fértil, y que les daría la fuerza para derrotar a enemigos más fuertes que ellos. No creyeron que el Señor sería capaz de sostenerlos y escogieron quejarse, lamentarse, tener ganas de volver a Egipto... a ese pasado de esclavitud. Escogieron mirar atrás en vez de mirar hacia Canaán. Aquel era el lugar de la promesa que Dios había hecho incluso a Abraham, Isaac y Jacob. No fueron capaces de ver más allá de sus necesidades... y murieron en el desierto, dando vueltas por 40 años.

Esto me ha hecho pensar mucho en cuál es el actual desierto sobre el cual me estoy moviendo por años y que no he podido dejar ver las promesas que el Señor ha puesto sobre mí y mi familia. Muchas veces me he movido en el desierto de la queja y la lamentación... el cual ha confirmado que no veré nada nuevo si me sigo quejando y no permito que el Dios me cambie y vea más allá de los problemas o conflictos. Por eso pienso que necesito dejar de caminar por ese desierto espiritual... ese desierto donde sólo me dejo dominar por lo que que veo y no pienso en lo que Dios me ha prometido.

Dejar de dar vueltas a veces implica dejar atrás a personas que no nos hacen bien. Significa no tratar de cambiar a quienes nos rodean todo el tiempo, sino más bien, mirar a Jesús y entregar todo aquello que sale de nuestro control. Dejar de dar vueltas significa sacarnos el peso de encima y dejar de sufrir por aquello que no podemos cambiar. Dejar de añorar tiempos pasados que no volverán y levantar la vista hacia lo que vivimos ahora. Declarar sobre nuestras vidas lo que el salmista decía: "Dios cumplirá su propósito en mí". Y de una vez por todas creer. Soltar el temor a quedarse sin dinero. Soltar el temor al rechazo. Soltar el temor a quedarnos solos. Soltar la comparación con los demás. Soltar nuestro ego y nuestra reputación.

Y tú, ¿en qué has seguido dando vueltas estos últimos años y que te impide mirar la "tierra prometida"?




8 de septiembre de 2015

Este es mi clamor

A veces uno quiere que todo resulte bien. Que el compañero de trabajo llegue de buena, que la otra señora no se altere por muchas cosas y que, en cierta medida, todo surja sin grandes imprevistos.
A veces queremos panoramas ideales, tan ideales que nos frustramos cuando nuestros planes no funcionan... o si de repente el compañero de trabajo llegó estresado, o la señora se alteró por cualquier cosa.

Por eso, cámbiame Señor. Cambia mi corazón y la manera en que miro las circunstancias a mi alrededor. Cámbiame y hazme ver todo aquello que nunca he visto en los demás, hasta ser capaz de amar a mi adversario, amar a aquel que habla mal de mí, amar a aquel que me pasa a llevar.

Pero para ese cambio, te necesito. No puedo solo. Cuando he tratado de cambiar solo, he tenido un único resultado: frustración. Frustración en esforzarse por que las cosas resulten como uno quiere que resulten. Sin embargo, al final uno se da cuenta que la vida se hace de muchos pedazos de cuadros rotos, que tú comienzas a armar por medio del lazo más fuerte: tu gracia. Es esa gracia que me grita a diario que no dependa de mí para realizar las cosas. Que no dependa del carácter del compañero de trabajo o de las reacciones de la otra señora. Que no malgaste mis energías y recursos en tratar de cambiarlo todo para hacerlo un panorama ideal. Que simplemente depende de ti en medio de la turbulencia, en medio de la adversidad, en medio de los diferentes caracteres, en medio de la escasez, en medio de la abundancia y el éxito, en medio de los rencores... En resumen, que mire a la cruz y me sea revelado el gran secreto: consumado es...

No te quiero como un concepto. No quiero acudir a ti cuando me encuentre en dolor o necesidad. Más bien, anhelo el silbo apacible de tu presencia. Anhelo el abrazo profundo de un padre que ama a su hijo. Anhelo tu voz, la cual aparece y ruge en medio de los escollos de la vida. Señor, anhelo verte.. no como un concepto, no como "algo" a quien acudir o como un dogma de cosas que cumplir. Anhelo conocer al Dios de las Escrituras... Y ser lleno de ti y de tu Espíritu para hablar sin temor a ser rechazado, sin temor a ser insultado, sin temor a las burlas.

1 de agosto de 2015

Mi escondite, mi escudo, mi esperanza

Hoy leí lo siguiente:

"Tú eres mi escondite y mi escudo; en tu palabra he puesto mi esperanza" (Salmo 119:114)

Entonces me digo a mí mismo:

- ¿Por qué te afanas?
- ¿Por qué no piensas en dejar de sentirte presionado por el trabajo, los estudios o la presión social?
- ¿Por qué no descansas en que hagas lo que hagas, Dios estará contigo?
- ¿Por qué no pruebas confiar más que lamentar por qué una cosa no resultó?
- ¿Por qué no agradeces más y te quejas menos?
- ¿Por qué sigues poniendo tu esperanza en el dinero o en el trabajo?
- ¿Ha fallado el Señor a alguna de sus promesas?
- ¿Él es tu escondite actualmente? ¿Es tu escudo? ¿Es tu esperanza?




27 de julio de 2015

Hambre de ser compasivos

Cuando uno tiene un sentido de justicia muy celoso, suele confundirse que nos volvemos duros, insensibles, indolentes e incapaces de perdonar. Esto porque la justicia que muchas veces decimos defender, es una justicia basada en las heridas y los deseos de venganza. Eso no puede estar más lejos de lo que el Señor, parado en un monte frente a sus discípulos, nos quiso decir. La mayor virtud no es salir vencedor en una disputa o sacar a la luz la verdad, sino más bien es creer que esa victoria frente a una persona o circunstancia, vaya a servir para traer luz y reconciliación.

Es tan delgado el límite cuando nos aferramos a una "verdad", que existe el peligro de caer en aquello que menos queremos: intolerancia y falta de amor. Por eso no llama la atención que aquellos que más buscan justicia, son los menos tolerantes cuando hay personas que opinan distinto a ellos. Por eso es que a veces encontramos personas que atacan ciertas conductas en otros, pero cuando las hacen ellos, pasan por errores no forzados. Esto sucede cuando enfocamos la justicia en nosotros y no tenemos la capacidad de quitar la viga que hay en nuestros ojos para poder ver al otro y ayudarle a ver mejor. Por eso cuando tenemos hambre y sed de justicia de la que Jesús enseña, caeremos instantáneamente en la siguiente bienaventuranza: "Dichosos los compasivos, porque serán tratados con compasión".

Hay un dicho popular que dice que todo en la vida se devuelve. Sea bueno o malo, todo lo que sembramos, eso también cosecharemos. Esto me lleva a reflexionar sobre cuántas veces en la vida he creído que algo es justo, pero sólo era justo para beneficiarme a mí y no al que estaba a mi lado. Si siembro egoísmo, también eso voy a cosechar. Si siembro ira, sembraré ira de parte de los demás. Si siembro discordia, me quedaré sin amigos. Ser compasivos tiene que ver justamente con beneficiar al otro. Es justamente defender al desvalido. Es justamente pensar en quien me ha herido y no continuar el círculo de devolverle al otro lo que me hizo. Es duro pero se puede ser compasivo con quien me está continuamente dañando... Y pese a que duele, cosecharemos algo al final del camino: compasión de los demás. Y generará en nosotros una característica que no es propia del género humano por estos días: un corazón limpio, que puede ver a Dios claramente porque no está ligado a heridas o se embandera por causas que tienen que ver con defender la dignidad personal por sobre la de otros, o se aferra a lo material. La buena noticia es que, en este proceso, no estamos solos; el Espíritu Santo nos ayuda.

La cultura del balcón

Algunos gritaban por allá. Los de acá aplaudían y gritaban. "Llévense a la vieja loca", se escuchaba por ahí. Desde muchos balcone...