24 de agosto de 2011

Al Dios que todo lo cambia



"¿Por qué? ¿Cómo fue a suceder? ¿En qué momento esto se escapó de mis manos? ¿Qué más podía yo hacer?"... Todas esas eran algunas preguntas que te hacía en la intimidad... Preso de la desesperación de ver soluciones; preso de la ansiedad de ver que al fin podría respirar tranquilidad. Aún tengo fresco el recuerdo de cuando salí de la iglesia que me albergó desde mi niñez. Allí crecí. Allí me volví un adolescente y un joven. Allí estaban mis amigos, mis confidentes, mis ejemplos a seguir. Todo estaba allí. Allí yo tenía mi futuro...

No es fácil desprenderse de relaciones que se han formado durante tanto tiempo. No es fácil levantar la cabeza y pensar que las cosas serán mejores en el futuro, porque la esperanza es de fácil extinción y no quedan expectativas en mente. No es fácil, en especial si te fuiste muy dañado de ahí. Recuerdo que esa iglesia significaba mucho para mí y que las personas que se congregaban en ese lugar eran de especial cariño para mí. A causa de los problemas, tuvimos que tomar la decisión de marcharnos. Nos dolió. Nadie lo supo. Lo hablamos en privado... no "pelamos" a nadie con otras familias. Nos tragamos el dolor y las lágrimas. Y como familia volvimos a estar solos. Y así, cada uno, vivió el luto de la desilusión, de la desesperación de no saber a qué iglesia ir o a qué comunidad asistir. Nos dispersamos. Algunos se han desilusionado de la iglesia; otros, aún tienen la esperanza.

Recuerdo que muchas veces intenté sin éxito integrarme a otra iglesia. Aún estaba fresco el recuerdo del dolor y de la decepción. Otro trabajo era perdonar. Incluso pensar en tener que perdonar me traía más dolor... y así el círculo vicioso se extendía sin permiso... Mientras oraba, le pedía al Señor que me diera claridad y que nos mantuviera unidos como familia. Mmmm, pasó todo lo contrario en realidad.
Han pasado varios años después de esa crisis. Mirando hacia atrás veo que no es fácil volver a integrar una nueva comunidad si te han herido o alguien cercano te falló con o sin intención. Pero allí, en la soledad de la oración y del encierro en mi pieza con el Señor, Él mismo me sanó y se descubrió a sí mismo como el Dios de mi vida. Después de esa crisis, me dediqué a buscarlo con todas mis fuerzas y desesperadamente. En ese momento no tenía nada más que hacer. Me rendí. Le dije que no volvería a preguntar por qué pasó lo que pasó. Tampoco le preguntaría por qué mi familia se dispersó. Tampoco me quejaría como un niño. Solamente le dije: "Haz de mí lo que quieras". En esa búsqueda desesperada, recuerdo una palabra que Dios me dio: "Tú tienes un llamado muy profundo, el cual no he olvidado"...

Dios puede cambiar las circunstancias pero primero nos cambiará a nosotros. Como diría un libro de Max Lucado - uno de mis escritores favoritos - "No puedes enfrentar a tus gigantes, si primero no enfrentas a Dios". Es en el encuentro con su presencia donde nuestro egoísmo cae... donde nuestros argumentos a favor deben ser rendidos... donde nuestros derechos son entregados. Y una vez que Dios ve la actitud, entonces atiende el oído a nuestro clamor, cambia nuestro corazón y nos lleva a lugares espaciosos.

"Señor... hoy he escrito más que en otras oportunidades... Y no quiero terminar sin antes darte gracias porque tú eres capaz de cambiar todas las cosas alrededor. Eres capaz de sanar enfermedades, sanar el corazón, hacer a los ciegos ver, a los cojos caminar bien y saltar... pero no lo haces según nuestro antojo sino a tu voluntad. Primero nos cambias a nosotros y luego las circunstancias... Anhelo verte. Tal vez quienes lean esto sientan que hay en su corazón temas pendientes que sanar, personas que perdonar, decisiones que tomar, volver a creer, etc. Lo cierto es que somos débiles y anhelamos desesperadamente tu presencia y enfrentarnos a ti cara a cara... Dios, como dice una canción: mi corazón confiado está porque yo te conozco, y en medio de la tempestad nunca estoy solo. Nos volvemos a ti confiados de que cumplirás tus tiempos, de que devolverás esperanza a los que están en depresión, que secarás sus lágrimas... Gracias Padre... tócanos de nuevo, llénanos de nuevo y cambia el odre por uno nuevo, de tal manera que podamos recibir algo nuevo de parte tuya... te amo mucho Señor..."

19 de agosto de 2011

No cambien

Todos cambiamos. Es parte de nosotros adaptarnos al medio donde vivimos y a las etapas que estamos viviendo. El problema es cuando comenzamos a cambiar y a tranzar en nuestra forma de ser. Observando a las personas, me he dado cuenta que sus cambios principalmente se rigen por motivos como los siguientes:

1) Experiencias traumáticas: Engaños, traiciones, mentiras profundas, abandonos encabezan la lista. Estas son tal vez algunas de las cosas que nos tientan a dejar de ser amables, a quejarnos por todo, a murmurar acerca de personas cercanas, a poner la atención en detalles innecesarios, a sentirnos con las personas por cualquier razón. A veces se da lo contrario: comenzar a pensar que no hay que esperar nada de los demás como sentimiento de amargura; depresión, aislamiento, cambios de ánimo bruscos, desconfianza y desesperanza.

2) Cambios de etapas o posiciones socio-económicas: Muchas veces somos forzados por la vida misma a tomar responsabilidades y a dejar de ser niños. No hay que confundir la madurez con dejar de lado la alegría y el buen trato hacia los demás. A veces uno se vuelve indiferente a las necesidades de los demás, volviéndonos aislados en nuestro propio mundo.
El dinero también tienta a algunas personas a cambiar. El tener dinero nos da ese sentimiento de independencia. Hay que tener cuidado con esto porque nos sentimos tentados a dejar de lado a los demás y a volvernos egoístas y orgullosos, al creer que ya no necesitamos la ayuda de los demás y que podemos valernos la vida por nosotros mismo. Craso error es cuando pensamos que teniendo dinero, somos superiores. Lo mismo en el trabajo. Cuando alguien es ascendido es tentado a mirar en menos a quienes antes fueron sus compañeros. Ellos creen que siendo así van a lograr más status y respeto de los demás. Lo que no saben es que ese respeto se gana y no se impone... y que ese status mal entendido no es más que una careta de hipocresía. Hay que tener cuidado que esas cosas nos tienten a cambiar.

Siempre me he hecho esta pregunta: "¿Cuánto estoy dispuesto a esforzarme para no cambiar para mal cuando alguien me falle, me traicione, me ofenda gravemente o me engañe?". Recuerdo una vez en que me sentí muy ofendido por una persona y me sentí fuertemente tentado a cambiar. Con rabia dije para mí mismo: "Nunca más voy a trabajar por los demás" y "¿de qué vale cuando haces tantas cosas por solucionar un problema o entregas tanto por un proyecto que no resultó?". Creo que solamente Dios me ayudó a no cambiar. Me enseñó que debía rendir mi voluntad a Él. Aunque otros nos fallan y algo en nosotros nos impulsa a cambiar en base a la rabia y el rencor, lo mejor es descansar y rendir nuestros propios argumentos. Siempre he dicho esto: se necesita más carácter para hacer el bien que para hacer el mal y andar a la defensiva con todos. Para cambiar no necesitamos ser modelados por las circunstancias (no os conforméis a este siglo...) sino por el alfarero, es decir, por Dios y su gracia que nos ayuda.

11 de agosto de 2011

Y cuál ha sido tu mayor cambio?



Este post está dirigido a mis lectores. A aquellos que comentan siempre (y a quienes se les agradece mucho) y quienes sólo pasan para leer sin dejar comentarios, pero que sin duda son valiosas personas.
Quiero hacer algo diferente ahora. Alguno de ustedes se animaría a comentarnos cuál ha sido el mayor cambio que Dios ha hecho en su forma de pensar? O algún profundo testimonio acerca de lo que el Señor ha cambiado en sus vidas?

Ya algo les comenté al decir que el Señor me enseñó a ser feliz a pesar del color de las circunstancias. Ustedes podrían decir algún área o alguna historia que refleje ese cambio que hizo el Espíritu Santo en ustedes?

4 de agosto de 2011

Mi familia también cambió [...]

Anoche hablé por teléfono con mi gran amigo Guille. Hablamos varias cosas respecto de nuestras vidas y de nuestros proyectos. Sentí como si hacía mucho no nos hubiéramos puesto al día en las cosas que estaban sucediendo en nuestra actualidad. En un momento me preguntó cómo estaban las cosas en la casa y si ya todo estaba tranquilo. Le contesté contento que ya las cosas estaban bien y que todo estaba tranquilo.

Porque ha habido muchos cambios desde que todo el gran problema matrimonial y familiar estalló. Las relaciones en ese tiempo se tensaron hasta tal punto que recuerdo no haberle dirigido la palabra a mi papá. La decepción y la angustia nos hacían fácilmente sus presas y era difícil perdonar. Los gritos y las noches de insomnio eran parte de la rutina que ya nos habían sometido las peleas agudas desde hacía 6 meses. Reinaba el caos y la sensación de que todo esto no tenía solución. Claramente no tenía muchas ganas de hacer cosas y me refugié en el estudio y en el silencio. En realidad todos nos volvimos aún más callados de lo que éramos. Mis dos hermanos mayores se casaron después y hoy ya tienen hijos. Tanto mi papá como mi mamá aquietaron sus ánimos y los pequeños se ven tranquilos, creciendo bien. Je... en realidad ya no son tan pequeños; han crecido y ya manifiestan opinión frente a la vida y se dan cuenta de todo.

Mis papás no se hablan. En las reuniones sociales tiendo a disimular que me siento incómodo por su relación... o mejor dicho, por su no-relación. Hace mucho que no hacemos una gran reunión familiar donde estemos todos aquí en la casa... casi siempre hay que buscar otros lugares o instancias. Es extraño relacionarse con tus papás por separado, haciendo el ejercicio mental que cada cual puede rehacer sus vidas como quiere. Es extraño ver a tu papá cuando retira a las niñas una vez por semana para que las tenga una tarde y luego las vaya a dejar... También es difícil asumir el hecho que ambos por separado te exijan responsabilidades en la casa a veces...

Ustedes podría pensar que mi vida es triste. Y no. También podrían pensar que a veces me siento solo o me deprimo. Y no. Podrían creer que ya no hay nuevos sueños. Y no. Mi vida sonríe en este tiempo... El Señor, a punta de mucho porfiar conmigo, me ha enseñado a agradecer por todo, incluso por lo malo. Ese agradecimiento me ha permitido poner la atención en lo que Dios ha hecho: que las cosas están más tranquilas, que los niños están bien, que mis hermanos se casaron y tienen sus propias familias, que ya soy tío, que me ha dado un buen trabajo y que tengo una princesa a mi lado.

Dios ha sido tan bueno, que todo eso que pasó, ya me ayudó a perdonar todo y a tener relaciones sanas con mi familia. A causa de eso, me encontré con él de nuevo y mi vida respira otro aire ahora y ya no depende del color de las circunstancia, sino de la seguridad de que Dios me ama, está conmigo y tiene un plan perfecto para mi vida. A causa de eso, pude inspirarme tantas veces y componerle canciones que él solamente escucho y escucha... A causa de eso hoy dependo completamente de Él y camino con la seguridad de que él es capaz de cambiar cualquier circunstancia alrededor, por más difícil que parezca.




24 de julio de 2011

Cuando no me ven [...]



"Querido Señor...
A veces te pido que me uses, que te reveles a los demás a través de mí. Podría recordar tantas veces en que he visto errores y debilidades en mí y, a pesar de todo eso, continuas confiando en alguien que falla.
Padre, podría dar fe de que tu misericordia se hace nueva cada mañana. Gracias por eso! porque ves a Jesús en nosotros y por esa razón nos perdonas y nos llamas a tu presencia como servidores tuyos, y no sólo como eso, si no también como hijos del rey.

Te amo... y te pido que me ayudes a serte fiel incluso cuando nadie me ve, incluso cuando no hay nadie que vigile si estoy haciendo las cosas bien o mal. Que pueda hacer las cosas no como si alguien me estuviera viendo, sino pensando en que eres tú quién ve mi vida desde lo más íntimo hasta lo mása público. Que en todo pueda tener el deseo de buscar la santidad y de entregar lo mejor de mí... No se trata de mis méritos... lo sé; ellos no me hacen más aceptado delante tuyo, pero sí sé que buscando la santidad me parezco más a ti y en mi carácter puedo reflejarte a otros también...

Gracias por ver oro entre el barro :)"

18 de julio de 2011

"Para que te vean" [...]

"Señor:
¿Sabes que me he dado cuenta? Que a veces las personas alrededor no se fijan de qué religión eres. La mayoría respeta las religiones y las acepta como parte del acerbo cultural de nuestra sociedad. Las personas alrededor no ponen su mirada en saber si levanto mis manos al cantarte o si hablo en lenguas, o si voy a tal o cual iglesia, o si oro todos los días o si ayuno. De hecho, una vez conversando con una compañera de trabajo, me dijo que ella veía si la persona era consecuente y si no tenía dobles discursos.

¿Sabes que me he dado cuenta? [Que si decidimos con sabiduría y madurez; que si en vez de insultar, bendecimos; que si en vez de ser desleales con nuestros compañeros, anteponemos la fidelidad a la ambición y la codicia de dinero; que si en vez de descalificar, incluimos; que si nos esmeramos en conocer a las personas y nos hacemos sus amigos a pesar de los "qué dirán"; que si damos con generosidad y no queremos todo para nosotros mismos; que en vez de "pelar" al resto, los escuchamos sin emitir juicios de valor anticipados; que no cambiamos para mal aunque nos insulten y el medio nos empuje a ser amargados, tristes, depresivos y mandones...] la gente alrededor podría tener una imagen de Jesús un poco más clara.

¿Sabes que me he dado cuenta? Que más allá de hacer cosas, debemos "ser". Que si oramos, no lo hacemos por seguir a otros o por obligación, sino porque anhelamos buscar tu voluntad y, finalmente, ser como tú. Que si damos generosamente, lo hacemos con el interés en la persona y no como un evangelio que solo se encarga de dar un mensaje de esperanza pero sin hacerlo patente a través de relaciones de amistad, gestos de generosidad, sacrificios de tiempo y recursos, etc.

Te agradezco que hayas puesto oro en vasos de barro... Moldéanos y da la forma que quieras a estos vasos de barro que solo quieren hacer tu voluntad. Que cuando veamos a los demás, los miremos con amor y que el resultado de nuestra relación contigo sea personas honestas, generosas, justas, leales, amigables... es decir, con el carácter de Cristo. En la medida que somos como tú, las personas comienzan a preguntar qué hay dentro de uno que es diferente... Claramente no somos nosotros; eres tú que les gritas para que te conozcan... Es ahí cuando ocupas estos vasos de barro para que hablen de ti =)"

14 de julio de 2011

Libre entrada


Cuando pequeño, siempre me enseñaron a pedir permiso antes de entrar a la casa de alguien desconocido. Por eso, vez que íbamos de visita, el hábito que me enseñaron fue el de limpiarme los pies antes de entrar y el de pedir permiso al entrar a esa casa.
Esto contrastaba fuertemente con lo que hacía en mi casa. Cuando llegaba del colegio no entraba a la casa pidiendo permiso. Y si bien me limpiaba los pies a la entrada, era para no ensuciar y no por "educación". En la casa de uno, no se entra al baño pidiéndole permiso al papá o a la mamá; menos le dices a tu hermano: "¿puedo estar en el living contigo?".

En la Biblia leemos que Dios nos ha dado libre entrada a su presencia... y que podemos entrar libremente al trono de la gracia para recibir el oportuno socorro. Cuando leo ese versículo, me imagino a una persona que te dice: "Siéntete como en tu casa... puedes usar todo lo que hay aquí como si fuera tuyo". Y Dios así lo ha hecho con nosotros: nos ha dejado entrar a su hogar y hacerlo nuestro. Nos ha dado la bienvenida a su casa!!!
Tal vez ustedes no logren comprender del todo por qué este tema es tan importante para mí, pero el hecho de que Dios nos permita gozar de todo lo que es él, también nos libera de ese temor al rechazo que podamos percibir de parte de él. Es como si Dios nos dijera: No es necesario que pidas permiso... entra en mi presencia y usa todo lo que hay ahí. Su amor no nos rechaza, al contrario, echa fuera el temor y nos permite entrar en Su casa.

"Señor... gracias por tener libre acceso a tu casa. Una vez me dijiste que me usarías para restaurar a muchas personas y yo, con todo el temor que tenía en mi corazón, te daba gracias por ver en mí el oro de entre el barro. A esos cortos 12 años, comenzaba a entender que no estabas interesado en corregirme con castigos desproporcionados ni rechazo. Tu objetivo era mostrarme al Padre que hay en ti. Cada cierto tiempo puedo verte en pleno y me asombro de ver que no eras aquella persona que pensaba tan lejana o que al primer error ya me iba a desechar... Hoy, entrando libremente a tu casa, veo que todo es posible... que si oro por alguien, esa persona puede sanarse en tu nombre; que si dijiste que me usarías para llevar tu mensaje a muchas personas, entonces debo avanzar sin pensar que en cada acto deba pedir permiso... Creo en ti y creo que tú puedes hacer del barro un gran vaso...
Muchas veces te he pedido que me cambies... que ma hagas más extrovertido, más hablador, más entrador con las personas... Pero aún recuerdo cuando me dijiste: "Los líderes que yo levanto no son los grandes caudillos; no son aquellos que tienen las cualidades innatas... sino los débiles, aquellos que dependen de mí"... Y hoy a través de estas palabras te digo nuevamente que aquí estoy... dispuesto ante ti. Igual que esa vez que me dijiste que siempre tendría un lugar en tu casa... Sí, en tu casa siempre habrá un lugar incondicional para mí... Hoy oro para que muchos puedan llegar a tu casa y puedan darse cuenta que en tu hogar hay libertad y vida."





10 de julio de 2011

A pesar de mí [...]




Querido Dios:
Cuando pienso en tu amor, lo primero que se viene a mi mente es tu fidelidad y de cómo tu misericordia se hace nueva cada mañana. Eso sobrepasa lo que mi mente puede comprender y lo que mi razón puede explicar. Porque no entiendo cómo siempre olvidas nuestros errores y te acuerdas de tus promesas hacia nosotros; y no entiendo cómo darle una explicación lógica a tu perdón infinito. Quizás no quieres que me esfuerce en tratar de entender o explicar esto, sino recibirlo.

Gracias por darnos segundas oportunidades a pesar de conocernos tan a fondo. Eso me hace vulnerable y frágil a tu mirada, pero a la vez me hace valioso delante de ti. Gracias por Jesús, porque fue él quien permitió que hoy pueda estar aquí, dando gracias por el perdón y por la gracia que derramas sobre aquellos que son tuyos...

No trataré de entender ni explicar... solamente recibir aquello que tienes para mí y dar todo de mí para buscar con todas mis fuerzas el caminar en santidad, así como tú quieres [...]

5 de julio de 2011

Te anhelo por sobre todo...




Señor:

No hay mejor oración que aquella que surge del corazón. No hay mejor conversación contigo que aquella que abre el corazón y te dice todo lo que piensa, siente, cree y espera. Y hoy pienso, siento, creo y espero en ti... Creo que es un buen momento para pedirte que de nuevo charlemos acerca de ti.
No sé por qué varias veces que me he acercado a ti, te veo como aquel león de las crónicas de Narnia... Capaz de rugir tan fuerte que eres capaz de descongelar el hielo de nuestros inviernos y de hacer temblar a tus enemigos. Pero a la vez eres capaz de jugar con los niños... Por eso muéstranos quién eres... no la imagen preconcebida que tenemos. Queremos verte a ti, tal cual eres... no llamarte cuando tenemos algún problema, sino buscarte aún cuando alrededor se vea crisis e inestabilidad. Anhelo con todo mi corazón platicar contigo acerca de mis sueños, mis temores, mis anhelos más profundos... y luego de eso, escuchar tu voz... la voz que calma las tempestades, la voz que anima a los que están tristes, la voz que sana a los enfermos, que da vista a los ciegos, audición al sordo y que hace al cojo saltar; la voz que todos anhelamos y que a momentos creemos tan esquiva.

Ven de nuevo y háblame... Ruge, león... león de Judá. Ruge sobre mis temores, sobre mis sueños y forma tu carácter en mí, de tal manera que otros puedan verte a ti a través de mí. Y después que rujas, háblame sobre tu carácter paternal, de tal manera que podamos salir juntos a pasear como a veces lo hacemos o que compongamos canciones como solemos hacerlo allí en privado. Permíteme estar cerca tuyo, porque eso es mejor que cualquier lujo aquí en la tierra; déjame tocar tu rostro y describirlo... para que otros vayan en pos de ti no por lo que puedas darles, sino por lo que eres, porque eres amor y hermosura, querido Dios.

Para que te terminen amando, como te amo yo... Para que sientan la misma pasión que hoy siento. Para que piensen en ti, como hoy pienso... Para que esperen en ti aunque no haya seguridad en nada alrededor... Para que amen tu presencia, como la amo y busco desesperadamente [...]

3 de julio de 2011

Háblanos de nuevo

Querido Dios:
Hoy nos acercamos a ti con un corazón sincero, como el que se acerca sin poder ocultar nada delante de ti. Te seguimos esperando... a pesar de ver a nuestro alrededor circunstancias difíciles a momentos, o caos financieros. Confiamos en ti aunque se remueva la tierra y reine la inestabilidad... Creemos en ti, aunque todo diga que no es necesario creer y que cualquier verdad sirve para llegar a la felicidad.

Hoy oro por aquellos que te anhelan sin obtener respuesta a sus oraciones. Por aquellos que sufren en silencio sin ver soluciones. Por aquellos que siguen esperando fielmente en aquel que puede salvarles de su realidad. Por aquellos que te siguen amando aunque no vean nada bueno alrededor. Ellos te anhelan, Dios... Revélate de nuevo para que te busquen por lo que eres y no por lo que le puedes entregar. Y cuando te reveles, muéstrales tu poder a través de las circunstancias, de tal manera que vean que eres un Dios que todo lo puede y que nada hay difícil para ti. De hecho, eres un Dios de milagros e imposibles. Háblanos de nuevo y rompe el hielo que por tanto tiempo ha ido enfriando nuestros corazones y ha congelado nuestra fe hasta conformarnos con poco..."

30 de junio de 2011

La oración que justifica


Se acercaron tanto el fariseo como el publicano. El primero, muy bien vestido, lleno de muchas cosas buenas que contarle a Dios acerca de sí mismo. El segundo, había engañado a unos cuantos para ganar dinero para el imperio romano. El primero, de pie, oraba a Dios pensando en lo bueno que era. El segundo, postrado en tierra, oraba a Dios pensando en que no sabía cómo acercarse a Dios. El primero, merecía el premio de ser escuchado; el segundo, no merecía nada.
¿Cuál creen que tocó el corazón de Dios? ¿Cuál de las dos oraciones tuvo el efecto esperado? Lucas lo relata así: el publicano volvió justifica antes que el otro. ¿Qué creen que pasó entre medio para que quien se fuera con el favor de Dios fuera el que menos lo merecía? La clave está en la actitud de la oración...
El fariseo daba gracias a Dios por su suficiencia, por ser mejor que otros y por cumplir sus mandamientos. El publicano le pedía a Dios su favor, golpéandose el pecho... sintiendo que no merecía nada. Y es que a Dios no se le conquista con obras ni tratando de ganarse su atención. No se trata de lo que hacemos ni tampoco de cuánto le cumplamos cada instante... Se trata de Dios en todo tiempo y de rendir nuestras suficiencia... porque solamente en él somos perdonados. ¿Cuál fue el efecto? El publicano salió transformado, perdonado; el fariseo, igual que como llegó... Seguir la tradición como si esta tuviera en sí misma la vida, trae consigo la muerte del evangelio. Vivir humillados delante de Dios, nos da vida.

"Señor... hoy nos acercamos a ti con un corazón publicano. Llenos de errores, de vergüenza muchas veces y de temor. Nos acercamos a ti con un corazón que solamente anhela que le hables y que rompas el silencio en él. Ven con tu vida y perdónanos, porque solamente por ti vivimos y por ti somos. Nos acercamos a ti dejando de lado nuestros logros y nuestra autosuficiencia; de manera tal que tu gracia se deposite en nosotros para vivir... Gracias porque nos amas con todo tu ser y porque, al orar y rendirnos a ti, tú nos transformas a tu imagen. Porque somos tuyos..."

La cultura del balcón

Algunos gritaban por allá. Los de acá aplaudían y gritaban. "Llévense a la vieja loca", se escuchaba por ahí. Desde muchos balcone...