24 de noviembre de 2011

Años dando vueltas




Sí. Nos fuimos dolidos. Heridos y en silencio decidimos no hablarlo con nadie de la iglesia. De hecho fue lo mejor que pudimos haber hecho porque hablar habría ocasionado mayor división. No es fácil que los pastores de tu iglesia te traten de rebelde o te digan que has mentido al Espíritu Santo o que has pecado con pecados de grueso calibre. Claro que a nadie agrada que lo descalifiquen o te hagan sentir culpable por decir lo que uno piensa. Tampoco que te digan que si te vas a de la iglesia, Dios no te iba a bendecir.

En esa iglesia estuve por más de 18 años. Me crié ahí, tenía a mi familia ahí, tenía a mis amigos, tenía mi mundo construido dentro de esa iglesia. De hecho siempre pensé que permanecería toda mi vida ahí y que mi familia se formaría dentro de ese lugar. Siempre me acuerdo de las veces en que nos juntábamos temprano a orar los sábados y que terminábamos llenos del Espíritu Santo, llorando en el hombro de alguien, simplemente por el hecho de sentir que Él estaba allí, con nosotros. O esos domingos en que subíamos a orar al cerro cercano a la iglesia y la gente era sanada de enfermedades físicas, heridas internas o se convertía al Señor.
Fueron años de entrega para llevar el reino de Dios a un lugar alejado de Maipú, en la Rinconada. En campamentos y retiros. Entre sonidos de cuerdas y baterías. Entre oraciones por otros, liberación de demonios, adoración y pasión por Él. A veces había mucho cansancio físico, pero recuerdo que las mañanas pasaban rápido entre conversaciones y adoración.

Cuando salimos de esa iglesia, como lo dije anteriormente, nadie supo muy bien las razones. De hecho hasta ahora muy pocas personas saben. El punto es que después que salí de esa iglesia, me encontré con un mundo totalmente nuevo. Fue como amanecer en la casa de un extraño y no saber cómo volver a casa. Fueron 2 años de vagar por iglesias y lugares donde encontrar de nuevo un lugar donde formar parte de una comunidad. Muchos amigos me invitaron a sus iglesias, sin embargo, internamente yo no estaba bien. Seguía dolido y sin perdonar. Habían cosas que no podía concebir que sucedieran y vino en mí una de mis más profundas crisis de fe y crisis eclesiásticas. Me desilusioné de los pastores y llegué a asumir que todos eran iguales. Sin embargo, todo eso se debía a que seguía guardando rencor en mi interior.

De a poco todo volvió a brillar. Lo único que hice fue aferrarme al Señor con todas mis fuerzas, que era lo único seguro que tenía y tengo. Y a partir de eso, Él fue sanando mi corazón. Extrañamente perdoné gracias a que Dios me mostraba las cosas malas que estaba alojando en mi corazón, como el rencor o los malos deseos. Poco a poco, fui sintiendo cómo el peso era menos y me sentía libre. Fue un proceso de años y se caracteriza por ser un tiempo de inestabilidad, incertidumbre y sobre todo inseguridad. Hay mucho cuestionamiento interno y mucha autocrítica. Es un tiempo donde pareciera ser que no se ve ninguna puerta y uno tiende a mirar hacia dentro y no buscar lo que realmente el Señor quiere enseñarnos.

En ese cuestionamiento muchas veces le pregunté a Dios qué quería enseñarme a través de todo esto y si era verdad que ahora Él no me iba a bendecir como me dijeron. La respuesta fue el silencio. Por mucho tiempo Dios calló y no me dijo nada. Cierto día colapsé y le pedí a un pastor de la iglesia (que es a la que ahora asisto) que orara por mí. Nos sentamos aparte y entre medio de la oración me dijo de parte de Dios: "Tú tienes un llamado muy profundo, el cual no he olvidado". Esa palabra me dio esperanza de que Él estaba en control de todo y que no me había olvidado, sino más bien que estaba pendiente. Y así recuerdo dos oraciones más en donde personas distintas me dijeron de una u otra manera que Dios estaba allí... que seguía presente y que nada había salido de su control. Fue cuando comencé a ver un nuevo amanecer...

He escrito esto porque he visto a muchos amigos que se han alejado de la iglesia, desilusionados de todo el "sistema eclesiástico". Otros se han alejado del Señor, lo cual es más lamentable. Quienes han experimentado la salida dolorosa de una iglesia, saben que experimentar una ofensa de una persona que es cristiana, te duele el doble. Pero es necesario algún día salir del hoyo donde ese conflicto nos ha arrojado. He visto que otros se han conformado a no tomar en cuenta la iglesia, y sólo se refugian en la gloria del pasado sin tener experiencias con Dios presentes y reales que cambien sus vidas y las de otros. Lo más importante es ser capaz de perdonar y no guardar rencor contra otra persona, menos difamarla. Las traiciones pueden venir de personas cristianas o no cristianas... eso hay que entenderlo. Pero esta realidad no la debemos mirar desde el ojo de la crítica, sino desde la mirada de Dios, es decir, desde la perspectiva de que todo nos ayuda a bien y que debemos madurar y aprender de todo esto. Entendiendo esto, la restauración es mucho más rápido.

" Señor... muchas veces experimentamos situaciones dolorosas que nos llevan a profundas crisis de fe y que nos llevan a cuestionarnos todo. A veces nos cuesta volver a adaptarnos, porque seguimos con la mentalidad antigua, cuando tú ya sigues avanzando hacia el siguiente paso.
La salida de una iglesia no es sencilla. Menos si es abrupta y dolorosa. Ayúdanos a ser humildes en perdonar y en volvernos a ti en todo momento. Que si salimos de un lugar, sea para crecer más y no para ser causa de mayor división. En cualquier caso, muéstranos tu gracia y tu palabra, de tal manera que sepamos que tú sigues allí presente para nosotros, y en control de todo. En este camino, también enséñanos a amarte más, buscarte más y tomar las decisiones correctas"


4 de noviembre de 2011

[...]

A veces uno cree que lo hace todo bien, sin embargo, no es así. Y es en ese momento donde me doy cuenta que estoy más cerca de Jesús, porque no se trata de mis fuerzas, de mis buenas intenciones, de mis buenas acciones o de mi aceptación delante de los demás; sino sólo de él.

"Señor, tú me conoces. Sabes que desde niño confío en ti. No ha sido fácil considerando las diferentes presiones que hay alrededor... presiones sociales, familiares; presiones de aparentar más o de ser más perfecto. Sabes que te amo por sobre todas las cosas y que eres mi mayor pasión. Creo que eres lo más importante por sobre todo y que puedo depender de ti en todo momento... Eres mi todo en todo. Lo que me pasa es que, inconscientemente, busco ser perfecto y así ser aceptado por los demás... Eso es lo que muchas veces busca mi corazón... Esa aceptación solamente la encuentro en ti y en tu amor. Te pido que me ayudes, porque deseo con todo mi corazón buscar lo que a ti te agrada por sobre los comentarios de los demás alrededor.

1 de noviembre de 2011

Llamados a predicar, no a condenar

En la búsqueda de la santidad, siempre me he hallado en la misma encrucijada de pensar si soy digno ante los ojos de Dios. Cuando pienso en cómo soy y en mis defectos, muchas veces le digo a Dios: "¿Qué es lo que viste en mí?" Y eso se lo vuelvo a preguntar una y otra vez, encontrando siempre la respuesta en su amor incondicional y en que debo dar todo de mí para ser como Él. Pese a eso, siempre hay nuevos errores que aparecen y cada vez que me decido a buscarle con más pasión, vienen adversidades. Con todo, Él me ama y ama a quienes le buscan de todo corazón, aunque pequen todo el tiempo. Claramente esto no nos da licencia para pecar cuando nosotros lo deseemos, sino más bien se traduce en una motivación a amarle más y a obedecer sus mandamientos.

El evangelio es lo más desprejuiciado que hay. O al menos eso debería ser. Está plasmado de principio a fin de un mensaje de aceptación, de perdón y de libertad. Cuando uno predica a Jesús, debe saber que es Él quien escoge a las personas. Uno a veces mira alrededor y comienza a decir: "Este seguramente será escogido por Dios y este no"... Descartamos a quienes son más malos, ignorando que Dios ama y escoge a quienes quiere. Cuando predicamos el evangelio, debemos saber que nosotros somos los primeros pecadores y que es gracias a Jesús que podemos hablar de Él con la conciencia tranquila o con la mentalidad de perdón en nuestras palabras.

Si hablamos de Jesús, debemos sacudirnos de hablar de un mensaje de condenación que atrape a las personas en un sistema religioso, o en una lista de mandamientos como "tienes que orar" o "tienes que portarte bien" como si eso fuera el centro. Si hablamos de Jesús, debemos hablar acerca de tener una relación con Él. De esa relación surge el orar o portarse bien, pero no al revés. Con nuestras fuerzas no podemos ser santos y menos hacer que los demás lo sean. Por eso nuestra labor en el reino es colaborar en extenderlo y llevar a las personas a que lo conozcan a Él.

19 de octubre de 2011

Una pasión que no pasa de moda


Ella no es tímida; al contrario, las historias que trae consigo, son narraciones llenas de detalles y emoción. Una misma historia tal vez puede ser contada con mucho detalle y varias veces. Me gusta escucharla y conocerla más. A pesar de que he crecido, aún me gusta que me mire como un niño y que cuando llegue me apriete la mejilla y me llame "Davicito". Su incondicionalidad es una de las cualidades que más llaman mi atención.

Mi abuelita es como una niña. Puede entusiasmarse rápidamente y es dócil. Pocas veces se enoja y posee un corazón sensible. Le gusta reírse y compartir con la familia. Es muy apasionada y aunque tiene 81 años, sigue enérgica y sale de la casa a caminar como si tuviera 20 años. Aún en sus vejez, sus huesos permanecen fuertes y vigorosos. Desde que tengo uso de razón, ella existe en mi vida... La recuerdo en las muchas navidades donde me hizo pequeño regalos que muchas veces guardé por años. También recuerdo los años nuevos donde me abrazaba y todo lo que me decía me hacía llorar de emoción... O cuando me decía: "Davicito, le tengo un cariñito"... y de sus manos morenas aparecía un billete de mil pesos. Mis ojos de niño de 8 años siempre se abría cuando veía eso. En ese momento no sabía el sacrificio que significaba para ella darme dinero. Yo sólo lo recibía contento sin preguntar de dónde lo sacaba. A medida que fui creciendo, me di cuenta que de su esfuerzo ella me regalaba esos mil pesos. A veces incluso era más... Y a pesar de que después le fui diciendo que no tenía que darme, ella igual seguía haciéndolo, amenazándome que si no se lo recibía, "se iba a sentir conmigo".

Mi abuelita ama al Señor con todo su corazón. Nunca he conocido alguien que ore más que ella. Donde sea, se pone a orar y su oración es poderosa. No por nada el Señor la usa para sanar a las personas por las cuales ora; porque permite que el Espíritu Santo la use sin reservas ni cuestionamientos. Donde va ella predica. Sean personas conocidas o no. Algunos la toman en cuenta, otros se burlan, otros la miran con respeto y otros captan el mensaje y lo aceptan. ¡Cuántas veces la vi caminando hacia la Plaza de Maipú cargando su Biblia. Se ponía a predicar en la calle como quien habla con micrófono en el escenario. Sí, ella ama al Señor y ha decidido rendir su vida a Él. Es un ejemplo muy grande el que me da ella cada vez que la veo o hablo con ella.

El último año nuevo fui a su casa a saludarla a eso de las 2 am. Y a pesar que estaba muy cansado, me dio la impresión de haber ido a un año de nuevo de los de antaño. La abracé y le deseé lo mejor para este 2011. Ella también me abrazó por harto rato y conversamos mientras yo estaba acostado... Me hace sentir como un niño y extrañamente me gusta. Sé que ella me quiere y yo la quiero mucho a ella. Cuando pienso en que debemos encender nuestra pasión por Dios, ella se me viene a la mente de inmediato. Creo que será bueno seguir su ejemplo =)

13 de octubre de 2011

Una relación genuina contigo... eso deseo


"Lo que anhelo no es ser usado por ti. Queda en segundo lugar el ser conocido o aplaudido. No anhelo grandes milagros ni grandes campañas de evangelización. No deseo más dinero ni todos los tesoros de este mundo. No deseo que cambies las circunstancias de mi vida aunque haya problemas. No te quiero pedir que elimines las tensiones y la enfermedad. No quiero que aquietes el dolor ni menos que hagas de mi mundo una burbuja ideal.
Lo que realmente deseo es estar contigo y celebrar cada día tu salvación. Deseo tu presencia más que cualquier cosa en la vida... más que el éxito, más que el reconocimiento, más que el deseo de ser visto u oído. Anhelo encontrarme contigo de nuevo, de tal manera que pueda saber dónde estás trabajando y pueda unirme a tu obra. No anhelo estudiar más la Biblia por adquirir conocimiento. Anhelo al Dios que está detrás de la Biblia.

Querido Dios... yo te amo, tú lo sabes... A veces nos afanamos con cosas tan pequeñas, a veces sin trascendencia, como el dinero, las apariencias, el status quo, etc. todo lo cual se hace nada cuando nos enfrentamos a ti. Quiero conocerte más y este es un clamor desesperado por verte manifestado en mi vida. Enciende el fuego otra vez y hazme ver dónde tu plan se está plasmando, de tal manera que pueda poner mis manos y todo mi corazón en tu trabajo. Quiero verte, pero no sólo ver tus milagros como si en eso consistiera el evangelio. Te quiero a ti... conocerte, amarte y decirte cara a cara que siempre te espero, te extraño y cada día espero el momento de poder encontrarme contigo de nuevo y poder escuchar el timbre de tu voz. Te extraño Señor y anhelo saber de ti... hacerte nuevas preguntas, escuchar de tu boca tus consejos, tus mandamientos y tus "te amo hijo", "yo estoy contigo" y tantas otras palabras que limpian mi vida y me impulsan a seguir creyendo que tú sigues ahí y que me estás llamando a hablar de ti en todo lugar.

Llévanos Dios, como flechas encendidas..."


Yo también te amo Señor...

3 de octubre de 2011

Lo único que importa en la vida



Muchas veces uno cede ante las presiones sociales: mayor éxito, mayor status socioeconómico, mayores títulos, mayores cursos, mayores vestimentas, etc. Y así perdemos nuestra vida entre las apariencias y las ganas de "surgir". Nos afanamos y pensamos que esa es la única manera de seguir adelante.
A veces a vida es más simple que eso. Un gesto. Un abrazo. Una risa de un niño. Un bebé que sonríe. ¿Acaso eso no es vida? A veces uno busca surgir bajo las normas que impone la sociedad... una sociedad que basa sus intereses en el dinero, en las apariencias y en la vanagloria.

Sin embargo....

todo aquello es frágil... todo aquello se destruye fácilmente. Ante cualquier terremoto en la vida, los títulos no sirven y no nos salva la marca de nuestra vestimenta. No nos ayuda en nada el vivir arriba de Plaza Italia ni el restaurant donde vamos a comer. Ante la vida, lo que más importa es buscar de todo corazón al Señor.. y en eso se resume todo. Porque si él dijo que no nos afanáramos por lo que vestiremos o comeremos, entonces podemos confiar en que su corazón está con nosotros para darnos todo lo necesario. Lo que pasa es que a veces para nosotros es más necesario un título, un trabajo o un buen status, que su presencia y que participar de su plan y voluntad.

todo aquello es frágil, pero nuestro Dios es fuerte. Todo aquello es pobre en sí mismo, pero nuestro Dios es rico. Todo aquello se destruye con un terremoto, pero nuestro Dios sostiene nuestros cuerpos y nuestras almas con Su brazo fuerte.

"Señor... tú eres lo más importante... tú eres mi fuerza... Solamente llévame a encontrar la felicidad en tu presencia. En tu presencia hay plenitud de gozo"

21 de septiembre de 2011

Situaciones incómodas

Siempre me gustaba cultivar el bajo perfil. Ojalá sentarme en los puestos donde nadie me viera y no hablar mucho para que nadie me preguntara. Me daba pánico hablar en público y la voz me tiritaba. Recuerdo una vez, cuando tenía 10 años aproximadamente, me hicieron hablar en público de manera sorpresiva y me quedé helado... sentía que no tenía coherencia lo que hablaba y mi voz me salía temblorosa. Por esa razón, no quería aparecer mucho y siempre en la iglesia, optaba por escoger labores que no se vieran mucho. Esto me ayudó a valorar a aquellas personas que siempre hacen labores anónimas sin ser exaltadas en público, pero esa misma actitud me apagó y me hizo parecer tímido y sin opinión. Muchas veces había querido dar más mi opinión en las discusiones que se formaban o en los debates que se daban, sin embargo, siempre me cohibía y pensaba: "¿qué irán a decir los demás de lo que diga?".

Por mucho tiempo ese fue mi pensamiento: "¿qué irán a pensar/decir los demás de lo que opine o piense?". Muchas veces lo disfrazaba con argumentos relacionados con el bajo perfil o con el famoso "yo soy así" (la peor excusa). Lo cierto es que en este último tiempo, el Señor me ha estado mostrando aquellas áreas de mi vida en las que me estoy escondiendo de los demás. Una de ellas es esta: el poder alzar la voz. Recuerdo que hace 3 semanas oré al Señor, pidiendo que me ayudara a superar esto, porque muchas veces me sentía pasado a llevar en mi trabajo por opiniones que daban mis compañeras, o por circunstancias de la vida en donde me enojaba conmigo mismo por no tener la capacidad de actuar a tiempo y quedarme impávido observando sin hacer nada. Y su respuesta fueron problemas je... Hace 2 semanas tuve un conflicto con una compañera de trabajo en donde me sentí muy desafiado a hablar acerca de lo que pensaba. Hace poco también tuve un conflicto con una paciente muy conflictiva que fue un desafío multiplicado por dos. Esas circunstancias me hicieron pensar que muchas veces me quedaba observando a las personas y no reaccionaba a "parar el carro" como se dice, o a dar mi opinión, por más contraria que sea a la de la mayoría.
En el poco tiempo que llevo trabajando me he dado cuenta que todos hablan de todos... es fome que a veces uno escuche cómo hablan mal de manera excesiva de un compañero de trabajo. Uno no debe guiarse por lo que los demás puedan decir de uno, como si eso dictara mi forma de ser. Uno tiene que ser como es no más, sin cuestionarse si eso se adapta a lo que los demás quieren. Eso no quiere decir que uno tenga licencia para ofender a todos o pasar a llevar, pero sí que lo acepten a uno como es, así como uno acepta a los demás con sus defectos. Hay veces en que la gente es hiriente para decir las cosas... Me dijeron una vez que era "pasivo" y eso me hizo enojar mucho internamente. Pero meditándolo mejor, me di cuenta que era el Señor quien estaba hablando a través de todas estas situaciones incómodas.

Como diría mi amigo Carlos Hernández, Dios usa esas circunstancias incómodas para moldearnos y devolvernos a la imagen original que Él tenía de nosotros. Y estoy seguro que Dios me ha creado para que avance seguro de quién soy en él y los dones y talentos que ha puesto en mi corazón. También he llegado a la conclusión que la gente siempre va a hablar de todos y de uno... y que lo más importante es buscar agradar el corazón de Dios a toda costa.

13 de septiembre de 2011

Dios... tú siempre has sido el Dios de mi vida.
Desde pequeño tú eres para mí,
y yo soy tuyo.
Me guardaste. Y en tus manos siempre estuve.
Y aún estoy.
Desde que era niño y nada comprendía,
ni mi conciencia alcanzaba a avisarme del peligro,
tú guiabas mi camino, y extendías tus manos hacia mí.

Padre... tú siempre has sido el Padre de mi vida.
Desde siempre tu mano de favor y de poder,
me han mostrado cuánto me amas.
Por eso en las noches yo te adoro,
y levanto esas canciones que he compuesto para ti...
porque en mí se enciende esa pasión
de estar contigo...
y de agradarte,
de tocar tu rostro y describirte,
con la melodía y suave toque de una cuerda...
o con el timbre de una voz que te busca,
que te llama,
que te mira deseoso..
deseoso de verte otra vez...
deseoso de verte levantándote en poder.

Señor, tú siempre has estado...
hoy avanzo seguro de lo que tú me has dado.
Avanzo seguro en quien has formado...
Por eso ya hace mucho tiempo he decidido,
de dejar de ser pasivo frente a la vida.
Ayúdame con esa lucha diaria que llevo...
de no ceder ante el desgano y el desánimo.
Con esa lucha de no ceder ante el más mínimo impedimento,
y seguir creyendo...
Porque todo lo que soy y lo que tengo es por ti...


7 de septiembre de 2011

En su silencio



Mi mamá siempre ha sido callada. Podíamos pasar mucho tiempo juntos en silencio sin articular ni una sola palabra ni tampoco contarnos alguna historia. Ella se frustra rápido y cuando la atacan se defiende encerrándose en sí misma. La conozco bien... Conozco esos silencios y sé a través de sus ojos cuando ese silencio es por cansancio o por alguna situación desagradable que pasó.
Nunca ha sido entusiasta para las juntas familiares ni tampoco es dada a tomar iniciativas. Muchas veces eso me afecta y me hace entristecer porque quisiera verla más feliz y no con su cara de tristeza a veces... Ese encierro en sí misma me afecta en especial cuando tengo un nuevo plan o he comprado algo para la casa o para mí mismo, y noto desinterés o inexpresión... A veces uno espera que los papás se involucren en la vida de los hijos, no invadiendo la privacidad sino que mostrando que les importan las actividades y proyectos que tienen en mente.

La gente callada como ella, no tiene muchos amigos. Tal vez es triste decirlo, pero aquellas personas tímidas no son dadas a buscar amigos; más bien, esperan muchas veces que otros se acerquen y les "ayuden" a socializar. Quienes son más callados generalmente son organizados, metódicos y con una fuerza interna impresionante. Muchas veces la gente que es callada, ahuyenta a las personas, porque ellas interpretan ese silencio como un rechazo. Sin embargo, esas personas silenciosas buscan de igual manera que alguien las escuche, las entienda, no las rechace y las ame tal cual son...

Cuando pienso en este tema, a veces me bajoneo... Quienes han leído mi blog desde hace mucho tiempo saben las trancas familiares que han existido. La diferencia con las palabras de antaño es que antes tenían un tono de mucha queja y lamento, pero hoy, cada vez que me bajoneo por estas cosas o suceden problemas así, decido darle gracias a Dios por lo que él me ha dado. Y hoy lo hice así de nuevo, porque muchas veces las actitudes de quienes están a nuestro alrededor nos afectan, pero eso ahora me desafía a madurar y a no poner mi mirada en cómo tendrían que ser las persona según mi voluntad, sino rendir eso que nos afecta y que Dios haga los cambios que Él estime conveniente. En realidad, cuando uno da gracias a Dios en vez de quejarse, se abre una puerta para que él restaure nuestras vidas y llene nuestros vacíos. Es realmente una experiencia liberadora.

"Querido Dios.. tú siempre has sido fiel. Yo te amo. Con todo mi ser y con toda mis fuerzas. Te hablo en la micro, en el metro o en la calle, y sé que ahí estás para escucharme. Muchas veces he sentido el vacío de mis padres... y sin embargo, te agradezco porque todo lo que ha sucedido ha sido para tu gloria. Como cuando me hiciste entender que no se trataba de lo que yo quisiera, sino de ti. O como esa vez que te rendí mi felicidad, pensando que la vida traería muchas más y pesadas cargas. Y sin embargo, alivianaste mi carga y me llevaste a una tierra espaciosa, como hoy la siento. Tú eres quien llena mis vacíos y sacias mi necesidad. Llévame a tal actitud de humildad que ya no exija a los demás que sean como yo quiera, sino que me rinda a tu voluntad. Pero también te pido que sigas trabajando en mi familia... en mi mamá especialmente, levantando su ánimo, apasionándola por la vida y dándole nuevos colores a ese cuadro que a veces se torna de gris... Llevándola a restaurar completamente quien es, como se lo prometiste hace ya tanto tiempo... Te agradezco por ella y te pido que me uses en traer alegría a su vida y pasión por ti y por las personas.
Te amo Padre... gracias por escucharme de nuevo y decirme que tú estás en control :) "



29 de agosto de 2011

Un nuevo rumbo en este blog

Cuando nos encontramos con Él y su amor nos inunda, nada podemos resistir. Cuando lo conocemos sentimos que lo tenemos todo, pero a la vez que estamos vacíos. Y pese a que lo hemos encontramos, lo buscamos todos los días.
Cuando el amor del Padre irrumpe en una vida, el cielo entero se estremece, cantan los ángeles, se gana una batalla. Cuando vemos una nueva revelación de su persona, los problemas se esfuman y las peticiones dejan de tener otra respuesta que Él mismo.
Cuando lo conocemos, Él nos restaura y luego nos hace girar los ojos alrededor y ver la necesidad por la cual él está trabajando. Luego de encontrarse con nosotros, Él nos envía a los demás a llamarlos hacia su presencia. No importa nuestra condición. Para él no existe mayor o menor capacitación. Sólo espera discípulos que puedan pagar el precio... y que puedan perdonar, amar sin esperar recibir y dar su vida entera en amor a Él.

"Heme aquí, Señor..."

24 de agosto de 2011

Al Dios que todo lo cambia



"¿Por qué? ¿Cómo fue a suceder? ¿En qué momento esto se escapó de mis manos? ¿Qué más podía yo hacer?"... Todas esas eran algunas preguntas que te hacía en la intimidad... Preso de la desesperación de ver soluciones; preso de la ansiedad de ver que al fin podría respirar tranquilidad. Aún tengo fresco el recuerdo de cuando salí de la iglesia que me albergó desde mi niñez. Allí crecí. Allí me volví un adolescente y un joven. Allí estaban mis amigos, mis confidentes, mis ejemplos a seguir. Todo estaba allí. Allí yo tenía mi futuro...

No es fácil desprenderse de relaciones que se han formado durante tanto tiempo. No es fácil levantar la cabeza y pensar que las cosas serán mejores en el futuro, porque la esperanza es de fácil extinción y no quedan expectativas en mente. No es fácil, en especial si te fuiste muy dañado de ahí. Recuerdo que esa iglesia significaba mucho para mí y que las personas que se congregaban en ese lugar eran de especial cariño para mí. A causa de los problemas, tuvimos que tomar la decisión de marcharnos. Nos dolió. Nadie lo supo. Lo hablamos en privado... no "pelamos" a nadie con otras familias. Nos tragamos el dolor y las lágrimas. Y como familia volvimos a estar solos. Y así, cada uno, vivió el luto de la desilusión, de la desesperación de no saber a qué iglesia ir o a qué comunidad asistir. Nos dispersamos. Algunos se han desilusionado de la iglesia; otros, aún tienen la esperanza.

Recuerdo que muchas veces intenté sin éxito integrarme a otra iglesia. Aún estaba fresco el recuerdo del dolor y de la decepción. Otro trabajo era perdonar. Incluso pensar en tener que perdonar me traía más dolor... y así el círculo vicioso se extendía sin permiso... Mientras oraba, le pedía al Señor que me diera claridad y que nos mantuviera unidos como familia. Mmmm, pasó todo lo contrario en realidad.
Han pasado varios años después de esa crisis. Mirando hacia atrás veo que no es fácil volver a integrar una nueva comunidad si te han herido o alguien cercano te falló con o sin intención. Pero allí, en la soledad de la oración y del encierro en mi pieza con el Señor, Él mismo me sanó y se descubrió a sí mismo como el Dios de mi vida. Después de esa crisis, me dediqué a buscarlo con todas mis fuerzas y desesperadamente. En ese momento no tenía nada más que hacer. Me rendí. Le dije que no volvería a preguntar por qué pasó lo que pasó. Tampoco le preguntaría por qué mi familia se dispersó. Tampoco me quejaría como un niño. Solamente le dije: "Haz de mí lo que quieras". En esa búsqueda desesperada, recuerdo una palabra que Dios me dio: "Tú tienes un llamado muy profundo, el cual no he olvidado"...

Dios puede cambiar las circunstancias pero primero nos cambiará a nosotros. Como diría un libro de Max Lucado - uno de mis escritores favoritos - "No puedes enfrentar a tus gigantes, si primero no enfrentas a Dios". Es en el encuentro con su presencia donde nuestro egoísmo cae... donde nuestros argumentos a favor deben ser rendidos... donde nuestros derechos son entregados. Y una vez que Dios ve la actitud, entonces atiende el oído a nuestro clamor, cambia nuestro corazón y nos lleva a lugares espaciosos.

"Señor... hoy he escrito más que en otras oportunidades... Y no quiero terminar sin antes darte gracias porque tú eres capaz de cambiar todas las cosas alrededor. Eres capaz de sanar enfermedades, sanar el corazón, hacer a los ciegos ver, a los cojos caminar bien y saltar... pero no lo haces según nuestro antojo sino a tu voluntad. Primero nos cambias a nosotros y luego las circunstancias... Anhelo verte. Tal vez quienes lean esto sientan que hay en su corazón temas pendientes que sanar, personas que perdonar, decisiones que tomar, volver a creer, etc. Lo cierto es que somos débiles y anhelamos desesperadamente tu presencia y enfrentarnos a ti cara a cara... Dios, como dice una canción: mi corazón confiado está porque yo te conozco, y en medio de la tempestad nunca estoy solo. Nos volvemos a ti confiados de que cumplirás tus tiempos, de que devolverás esperanza a los que están en depresión, que secarás sus lágrimas... Gracias Padre... tócanos de nuevo, llénanos de nuevo y cambia el odre por uno nuevo, de tal manera que podamos recibir algo nuevo de parte tuya... te amo mucho Señor..."

La cultura del balcón

Algunos gritaban por allá. Los de acá aplaudían y gritaban. "Llévense a la vieja loca", se escuchaba por ahí. Desde muchos balcone...