16 de mayo de 2011

El poder de Dios: una cuota de asombro

Ese día no hacía mucho frío a pesar del tenue sol de aquel invierno. En la calle una señora le preguntaba a la gente que pasaba, si podían darle una moneda para poder comprar algo para comer. Recuerdo que pasé de largo, hasta que algo me dijo que volviera donde ella. Le di cien pesos y me senté a su lado. Comenzamos a hablar. Le pregunté acerca de su familia, de por qué estaba allí pidiendo, qué había pasado, etc. Ella, algo hosca me respondía lo suficiente y algo cortante. A pesar de eso, pude conocerla un poco y saber por qué estaba en esa condición. Cuando le pregunté si creía en Dios, me dijo que sí, pero noté algo de desilusión en su mirada. No quise indagar... Recuerdo que me quedé callado un buen rato y luego le pregunté si quería que orara por ella. Me dijo: "Sí, pero ore usted solito mejor". Es otras palabras, gracias pero no...

Cuando hay desgracias en nuestra vida, es fácil dejar de mirar el poder y la esperanza de Dios. La mirada se traslada hacia nuestro yo, nuestras ocupaciones, lo que nos ha resultado bien y lo que no. Hasta Dios se vuelve ese frío recuerdo de lo que alguna vez conocimos... Se vuelve como esa linda experiencia que tuvimos en un instante de nuestras vidas, pero que ya no tiene el mismo sentido que antes... como si no tuviera relevancia para el día de hoy...

¿Has mirado con desilusión a Dios? Uno por fuera dice que no, pero en el fondo a veces hemos pensado en Dios y hemos dicho: ¿Cómo no ve la situación en que me encuentro? Y así avanzan los días... los meses y los años... Y Dios sigue ahí como el tibio movimiento de algunas aguas, que va y que viene pero que ya no transforma como antes, que ya no tiene la misma efectividad que antes... Te has ido lejos; has permitido que la decepción te domine y ya cualquier cosa te afecta más de lo común. Deseando incluso abortar tus sueños...

Esto me hace recordar el "Príncipe Caspian", uno de los libros de Las Crónicas de Narnia de C.S.Lewis, donde pareciera ser que Aslan, el gran león, ha olvidado a Narnia y ha permitido que ésta sea conquistada y asolada. Muchos de los animales que antes hablaban, ya no lo hacían; algunos veían a Aslan como un cuento de la mitología. Lucía encarna muy bien este sentimiento de ausencia de Aslan, al preguntarle por qué había guardado silencio... De pronto, él hace su aparición y con ello la restauración de Narnia...

Dios nos invita a que, después de tiempos de desierto y soledad, veamos sus obras poderosas y que finalmente lo veamos a Él. La invitación suya no es a que seamos espectadores de lo que otros hagan, sino participantes de su poder. Antes de ver su poder, creo que es tiempo de que digamos: "Señor, volveré a ti"... Cuando nos volvemos a él de nuevo con todas nuestras fuerzas, él responde de manera abundante.

14 de mayo de 2011

Al Dios que cumple


"Mira, el invierno se acabó
y las lluvias ya pasaron.
Las flores están brotando,
ha llegado la temporada de los pájaros cantores.
Y el arrullo de las tórtolas llena el aire.
Las higueras comienzan a formar su fruto,
y las vides fragantes están en flor". (Cantar de los Cantares 2:11-13b)

La vida está llena de contrastes. Momentos de felicidad, momentos de desgracia. En ambos extremos siempre se repite algo: Dios es el autor. No nos deja solos en el sufrimiento y nos hace crecer en él. No permite que seamos destruidos, pero trata nuestros carácter y purifica nuestras intenciones. Sin embargo, llega un momento donde Él mismo se revela ante nosotros con poder. Y es aquí donde me quiero detener en algunas publicaciones, para hablar acerca del poder transformador del Padre y de cómo aun en nuestros tiempos él es capaz de realizar milagros, sanar enfermos, cambiar circunstancias, cambiar personas, etc. Les invito en este nuevo viaje por el poder de Dios y les animo a creer en Él con todas sus fuerzas.

10 de mayo de 2011

=)

Recuerdo bien ese día cuando, con tensión en el cuerpo, me puse a escribir. Lo recuerdo porque los perros ladraban fuerte afuera y las luces y bips de los autos se veían y escuchaban desde lejos. Afuera, un auto verde nos tapaba la entrada de la casa, mientras me disponía a trazar líneas sueltas que consiguieran descargar toda la pena, la rabia y la impotencia acumulada. No sabía lo que vendría más adelante... esperaba lo peor: más tensión, más tristeza y tal vez depresión... Cuando me puse a escribir, las lágrimas asomaban solas y sin permiso... Mis mejillas tibias, se volvían más rojas de lo habitual. Reinaba el caos y la tristeza...


Recuerdo bien el día porque me despedí de él con una frase fría, sin saber qué decir. Lo miraba como diciendo: que bueno y que malo que te vas. Cuando se fue, las luces se apagaron, los sonidos cesaron de repente... Los perros dejaron de ladrar y me encontré solo, otra vez. Era esa sensación de soledad que había sentido tantas veces ahí solo en mi pieza. Esa sensación de querer estar con alguien, pero no saber con quién. Lloré. Las lágrimas se hicieron escasas mientras le decía a Dios que le rendía mi felicidad. Recordaba las palabras de amigos que me decían: Saltarás de felicidad algún día.. Yo les decía "sí, sí" y les agradecía falsamente sus buenos deseos...

Recuerdo bien el día porque comenzó una etapa nueva en mi vida. Son esos momentos en que sabes bien que las cosas cambiaran su curso habitual y demandarán más esfuerzo y perseverancia. Sin duda, me sequé las lágrimas ese día y escribí: "Señor, te rindo mi felicidad". Me las volví a secar, porque cada vez que escribía, ellas asomaban solas entre tintas de azul y frases inspiradas en el momento. Cuando por fin las pude secar, asumí que debía madurar, crecer y ser de otra manera. Me propuse ser distinto a otros. Me autoexigí desde ese momento ser bueno en todas las áreas. Quise hacer las cosas bien. Sin embargo, en ese camino Dios me habló y me dijo que debería depender de él y que él se agradaba de mí sin importar mis fallas... Aún en ese día, que fue el más oscuro de mi vida, cuando mi papá se fue de la casa y quedamos solos...


Recuerdo bien ese día porque hoy también lloré solo en mi pieza como aquella vez. Pero en este 2011, cinco años después de todo el caos, todo fue muy distinto. Miré la cama donde me había acostado a orar y vi que habían unos premios que había ganado en la ceremonia de titulación. Los vi allí y me puse a pensar en la fidelidad de Dios... De nuevo lloré como un niño... Hace mucho que no lo hacía. De pronto sentí que todo lo vivido valió la pena en este día. Recordé los aplausos de los compañeros cuando me dieron el privilegio de ser "el mejor compañero" (valga la redundancia); recordé la amistad creada con muchos de ellos y todo lo que Dios me bendijo en este día. Recordé que cuando me dieron el premio y me fui a sentar, Dios me habló de nuevo, como hace mucho no lo hacía: "Yo estoy contigo, hijo". Me dijo y me contuve la emoción de estar ahí. Sin duda alguna, este es el día más contrastante de mi vida... Si el otro fue el más negro, este es por mucho el más alegre en años.


Recordaré este día porque vi que Dios me amaba... porque veía en su rostro la alegría de un trabajo terminado, de un carácter que costó tratar, pero que ahí estaba... Le pregunté por qué tanto amor y tanta fidelidad... Él guardó silencio... De nuevo al escribir, las lágrimas brotan solas...


Mientras le daba gracias a Dios, abrí los ojos y pude ver otro regalo. Era un libro. En el viaje a casa de este día, vi de reojo el título y ya me había emocionado. Cuando lo abrí en la casa y vi lo que estaba en su interior, de nuevo las lágrimas brotaron solas... creo que en tantos años había llorado de nuevo como hoy, pero nunca de tanta felicidad. En ese regalo había una foto que miré con detención. Otra vez recordé las vueltas que tiene la vida. La volví a mirar y a leer el escrito que traía adjunto. Entonces la "vi". Siiiiiiiii, era ella! Era ella la que había estado esperando!! La tuve todo el tiempo allí y Dios se encargó de hacerlo evidente. Recordaré este día porque me emocioné de saber que la Pauly era la persona que Dios me había regalado, como parte de la larga lista de sorpresas de este año.

"Y ahora te miro a ti de nuevo, querido Dios. Como en antaño.. como hace cinco años, en que, escribiendo en un viejo cuaderno universitario, viste mi dolor. Nunca hubo tanto dolor como en aquella ocasión... Había incertidumbre y mucho temor. Hoy te agradezco porque me sanaste, me hiciste de nuevo y veo un nuevo camino que has trazado para mí. ¡Qué bueno fue haber dejado el pasado atrás! Había tanto dolor; hoy, alegría. Había tanta depresión: hoy, ganas de vivir. Había desmotivación pura; hoy, nuevos proyectos que tengo en mente emprender. Había rencor; hoy pude agradecerle a mi papá por todo. Había enemistad; hoy, muchos amigos. Habían muchos colores negros; hoy, muchas luces. Gracias Señor... las lágrimas siguen corriendo solas je.. pero hoy me extiendo a ti como en antaño, para abrazarte y para decirte que, aunque pase por lo más bajo o lo más alto, es a ti a quien quiero y a quien deseo, más allá de todo... Te amo"



5 de mayo de 2011

La felicidad que va por dentro

La búsqueda de la felicidad es sin duda una de las metas de la mayoría - por no decir todas - las personas. La buscamos al ir a comprar al mall o en salidas con amigos. Muchas veces la vemos evidenciada en los logros alcanzados, tal vez en alguna graduación de un curso o una carrera, en trabajos conseguidos o en planes cumplidos. Cuando vemos a alguien feliz, pensamos en que por sus venas corre vida y plenitud de alegría.

La felicidad es tan fácil de alcanzar que a menudo la escondemos en el olvido de la rutina. La miramos de reojo y nos parece difícil de alcanzar. Seguramente si para usted alcanzar cierto status quo dentro de la sociedad es sinónimo de felicidad, entonces le costará llegar a ella o verá limitaciones. Si para usted el tener poder adquisitivo es sionónimo de felicidad, ésta fluctuará de la escasez a la riqueza sin que usted se dé cuenta. Pero esto no es felicidad.

Nos han hecho creer que la felicidad se alcanza a través de más dinero. Pero esto no es felicidad. Nos han dicho que si estudiamos y conseguimos una buena carrera y un posterior trabajo, podríamos alcanzarla. Pero eso no es felicidad. "Mientras más tengo, más feliz soy"... ese es el mensaje escuchado a través de la publicidad y los medios de comunicación. Buen auto, buena casa, buena esposa, etc. Pero esto no es felicidad.

También nos han dicho que si oramos más, seremos más felices. Que si somos buenos cristianos, tendríamos asegurada la felicidad por el resto de nuestros días. Sin embargo (y lo diré aunque parezca medio hereje), ¿por qué hay tan altas tasas de depresión dentro de la iglesia? ¿dónde está el mensaje de prosperidad que nos anuncia el evangelio que predicamos? ¿por qué entonces si "cumplimos" en todo con Dios, nos toca la pobreza y la enfermedad? La religión también nos dice que si la seguimos, seremos felices. Pero esto no es la felicidad. El ser un "buen" cristiano, no lo hará más feliz. Nos sumergimos tantas veces en una autosugestión acerca de cómo Dios nos va a bendecir en el futuro, pero nunca la aterrizamos al presente, al día a día... a la rutina... a la ida al trabajo y a su vuelta, al saludo a la familia...

Pero si trabajar en un buen lugar, tener una carrera, ser buenos en la vida, no es la felicidad... entonces, ¿qué es..?

"Para mí el vivir es Cristo..." Así lo dijo el apóstol. Y también agrega: "Si tienen sustento y abrigo, estén contentos con eso". La felicidad no es algo externo. No la consigues por cosas logradas a través de las circunstancias. La vida no la encontramos en nuestros logros, menos en trabajar más o creer que teniendo más dinero viviremos una vida más plena. Tampoco se consigue por una ardua vida de oración por cumplir. No se trata de acciones externas que puedan llegar a hacernos felices. Se trata de un corazón que se ha encontrado con Dios realmente. Dios es capaz de hacernos felices, pero no por "darnos" más bendiciones externas, sino por llenarnos internamente. Cuando nos encontramos con él, entonces la oración ahora sí tiene sentido. Dado que ya somos felices, no vivimos aferrados al dinero o al estrés de tener que llegar a fin de mes. Dado que somos felices, ya no pedimos más que estar con Él, de encontrarnos con su persona. Hasta que lleguemos a decir: "Señor, no te quiero pedir que me des cosas... te quiero a ti"...

La felicidad es Cristo... en sufrimientos tal vez, o en enfermedad... o en momentos de depresión. Aún en lo más bajo podemos estar felices porque lo somos y ya no vivimos dependiendo de la variación del clima o del color de las circunstancias. Ahí cobra sentido trabajar menos -tal vez ganar menos dinero- pero estando más con la familia.

A veces, cuando llego a la casa, oigo a dos pequeñas niñas que me salen a recibir. Siempre sonriendo esperan mi llegada. Con cara de cansancio aún, abro la puerta y siento que corren. Ellas no saben que ese simple gesto es capaz de alegrar incluso el día más triste o estresante... Es ahí cuando entiendo que la felicidad no la consigues buscándola en el dinero.. La tienes ahí, frente a ti... cuando alguien te demuestra que te quiere o cuando nos decidimos férreamente a vivir la vida sin presiones. Aún eso es un esfuerzo diario... ¿asumiremos el reto?

1 de mayo de 2011

Con una actitud correcta [...]

Continuando lo escrito en la última publicación, les comparto lo que para mí ha sido una de las palabras más impactantes que he leído, referente a la actitud que debemos tener ante nuestras propias limitaciones y errores.

Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio

y renueva un espíritu fiel dentro de mí.

No me expulses de tu presencia

y no me quites tu Espíritu Santo [...]


Tú no deseas sacrificios; de lo contrario,

te ofrecería uno.

Tampoco quieres una ofrenda quemada.

El sacrificio que sí deseas es un espíritu quebrantado;

tú no rechazas un corazón arrepentido

y quebrantado, oh Dios [...]


Salmo 51:10.11;16-17

26 de abril de 2011

Mirando la vida de frente

Hace algún tiempo, hace no más de 1 año, recuerdo bien la escena de mi profesor frente mío. Había compartido tiempo con él desde que decidí empezar la tesis en su ramo. Corría agosto de ese año y mi vida parecía estancarse en cosas del pasado y en lamentar los problemas. Recuerdo que un día "X" el profesor me habló muy duro y me dijo que debía preocuparme más de mí mismo porque habían cosas en mi forma de ser que no estaban bien. Nunca como esa vez, pude ver cuán lejos me había alejado de lo que Dios quería para mi vida. Me había despreocupado de mi persona, me daba lo mismo hacer algunas cosas mediocremente e incluso intentaba ocultar áreas de mi corazón que seguían dañadas.
Una vez que salí de esa sala en que conversamos con mi profesor, sentí vergüenza y también rabia. Nunca me había sentido tan vulnerable como en aquella ocasión... y tan al descubierto. Creo que mi profesor dio en el clavo en todo lo que me dijo y en mí se generó un sentimiento profundo de decir: "No más de esto".

Hay veces en la vida en que omitimos áreas de nuestro corazón que están mal. Incluso evitamos y alejamos a la gente que nos muestra aquellas áreas. Es mejor, para no sufrir, dejar que aquellas áreas que nos duelen, queden en silencio, acalladas por el tiempo. Sin embargo, para avanzar tienen que haber áreas de nuestro corazón que deben ser expuestas a la luz y que tengamos las hagallas de enfrentarlas y darles fin si es necesario.

Un ejemplo típico de esto, es cuando vivimos sumidos en la autocompasión y en ese dolor crónico que nos roba la pasión de vivir. O cuando no queremos asumir que el tiempo pasa y que debemos tomar responsabilidades y ordenar nuestros hábitos de vida. Son cosas que parecen tan elementales, pero que a veces no enfrentamos. O cuando hay problemas, no demos la cara con las personas con quienes tenemos conflictos. O cuando se comete un error, no tener la valentía de asumir las consecuencias de eso y, a pesar de la vergüenza, reconocer lo que hemos hecho.

Cuando miramos la vida de frente, asumiendo sus altos y sus bajos, podemos apreciar mejor el propósito de Dios. Madurar no significa que debamos saberlo todo, sino más bien poder hacernos cargo de quienes somos y lo que hacemos y para dónde vamos. Tengo estas preguntas al respecto:

¿Qué has pensado de ti últimamente?
¿Cuándo fue esa última vez en que dijiste: "No más de esta actitud" "No más de este hábito" "No más de esta forma de ver la vida" "No más de esta manera de ser"?
¿Qué nos limita al momento de querer dar la cara a la vida, con nuestros defectos y virtudes?
¿Qué áreas de nuestro corazón requieren la luz de Cristo?

Mirar la vida de frente significa darse cuenta que ya no somos niños y que debemos ser lo suficientemente hombres o mujeres de asumir las decepciones y también las alegrías como parte de la vida, y aún así seguir creyendo en un Dios fiel. Esto no es un discurso; amerita decisiones y dejar de lado nuestra comodidad y forma de hacer las cosas.

20 de abril de 2011

Y tú?

Yo pensaba que, al escribir esta temática, iba a hablar muy lejanamente de este tema, casi como hablando de la experiencia de otros. Sin embargo, veo que esto me ha servido para ver cómo estoy y permitir que la luz de Dios ilumine aquellas zonas que aún no están en orden. No ha sido fácil escribir de esto.

Varias veces me ha pasado que llego donde Dios alegando por la actitud de alguna persona y él me muestra mis fallas. En varias ocasiones he recibido la misma respuesta: "¿Y tú?"... O cuando me ha costado perdonar a una persona, Dios muestra cómo nos perdonó y a perdona a nosotros. Este no es un tema que emocione o que entusiasme a las masas. Buscar ser como Cristo no es el mensaje populista que llama y convierte a multitudes. Al contrario, es la parte B del evangelio que sólo conocemos en la medida que nos acercamos más a Él. Buscar ser como Jesús es tener la misma actitud de Juan El Bautista: "Que tú crezcas y que yo mengüe"...

La santidad no es un punto cúlmine al cual debamos llegar, sino más bien un camino en que tendremos errores tal vez y mucho aprendizaje. Creo que lo estoy teniendo... y he podido ver cómo el Señor ilumina esas áreas que tanto critiqué en otros, diciéndome: "Y tú?"

"Señor: Gracias porque podemos conocerte y nos aceptas a pesar de nosotros. Siempre perdonas nuestras faltas y después no te acuerdas de ellas. Tu memoria es extrañamente beneficiosa para nosotros, porque solamente te acuerdas de tus promesas de bien para nosotros y te olvidas de nuestra maldad. Gracias por la cruz. Sin ella no podríamos. Sin ella el evangelio no tiene sentido. Sin el sacrificio de Jesús no podría haber sido posible. Por eso, cada vez que miro a la cruz puedo ver tu misericordia y tu mano de amor que nos llama a ser como tú y a no criticar a los demás. Gracias por centrarme otra vez en ti y en lo que realmente importa..."

16 de abril de 2011

Cuando hay un error [...]



La perspectiva acerca del propio pecado o error no nos resulta muy fácil de asimilar. A veces hay mucha condenación externa o interna. Pero quiero hacer una pausa, porque este tema me toca muy de cerca, especialmente porque cuando veo que he fallado en algo o le he fallado a alguien tiendo a atacarme bastante.
Cuando hemos cometido un error, también podemos acercarnos ante Dios pidiendo perdón. Él no rehúsa su amor para quien se lo pide... pero también quiere que tomemos una actitud frente a las circunstancias, es decir, que tomemos cartas en el asunto. En futuras publicaciones creo que trataremos el tema de ver a la vida de frente y confrontar aquellos temas pendientes en nuestras vidas, sin autocompasión y sin culpa, pero creo que aún no me siento con la suficiente autoridad para tratar ese tema [...]. Por el momento, me remitiré a decir que, aunque hayamos fallado en aquellos temas pendientes, Dios nos ayuda a seguir adelante, levantando nuestras manos y perdonando nuestros errores.


11 de abril de 2011

Para ser...

Allí sé que las palabras no sirven...
menos los argumentos a favor...
Allí la justicia propia no salva ni tampoco la buena acción...
Porque sabes quienes somos
y lo que creemos desde el fondo de nuestro corazón.

En tu presencia las palabras se hacen vanas...
y en tu nombre nuestros derechos se consumen...
porque sabes quienes somos...
y por eso te adoramos:
porque a pesar de quienes somos...
tú nos amas.

Para ser como tú no se necesitan nuestras fuerzas
No nos salvan las fórmulas copiadas de antaño
ni un libro de oraciones de antemano...
Para ser como tú se necesita estar contigo...
respirando el mismo aire de tus pulmones...
cantando el mismo himno de adoración.
Para ser como tú, te necesito a ti...
Eso es lo que más importa en la vida...

por sobre el trabajo...
por sobre el éxito y el dinero...
por sobre nuestros intereres...

Para ser como tú, lo importante eres tú...
a pesar que a veces sentimos esa dualidad
de decir que somos algo que no somos
o que hacemos lo contrario a lo que predicamos...
Aún así, te acuerdas de nosotros
y olvidas nuestras faltas!
Nos dices que te pertenecemos
y cambias nuestra vergüenza en honra.

Para ser como tú, necesito de ti...
lo repito de nuevo en el suave aire de tu casa...
y en el tierno aroma de tu gracia.
Para ser como tú, se necesita una cruz donde morir...
y donde decir "menos de mí y más de ti"...

Por eso te amo...
porque al querer ser como tú,
tomas nuestra mano y nos levantas al caer
y tú mismo nos llevas a Cristo,
a ser antes que hacer...
a perdonar antes que a guardar rencor...
a bendecir antes que maldecir...
a orar antes de actuar arrebatádamente...
a decir las cosas de frente y sin rodeos...
a pedir perdón aunque nos duela...
y a creer que todo es posible.

6 de abril de 2011

Hacer y después decir...


No soy bueno en esto. De hecho la mayoría de las veces creo decir muchas cosas que después no hago. Por lo mismo escribo con cierto grado de inconsecuencia, pero con un gran anhelo de vivir de una manera diferente el evangelio.

Hace muy poco tiempo atrás, subió un hombre a la micro a hablar acerca de un centro de rehabilitación. Él estaba recaudando fondos para sostener este centro a través de la venta de unos lápices. Habló mucho rato sobre Jesús y sobre la importancia de perdonar setenta veces siete (de hecho muchas veces repitió eso) y de amar a nuestros enemigos. Al final, le compré un lápiz porque me pareció sensato su discurso y la motivación de su venta... pero llegado un momento, se subió otro vendedor con quien, al parecer, no se llevaba bien. Hubo un cruce de palabras y el hombre de promocionaba el centro de rehabilitación golpea en la cara al otro vendedor y le lanza un fuerte puntapié. Le sacó algo de sangre. Luego de eso dijo: "Al diablo no hay que darle... no hay que aguantarlo" (algo así dijo, justificando su accionar).

Me dio pena y rabia. Por un momento quise no haberle comprado ese lápiz. Finalmente lo regalé. No podemos justificar el daño a otros de ninguna manera y si decimos que hay que perdonar, también debemos soportar los insultos y acusaciones de otros. Aunque parezca una actitud de "poco carácter" siempre es bueno esperar antes de responder ante una ofensa con otra ofensa, o un insulto con otro insulto. De hecho, creo que se necesita más carácter para poder controlar nuestras emociones que para ir y reclamar nuestros derechos a costa de insultar a otros. No quiero decir que siempre hay que quedarse callado, pero hay formas y formas, y actitudes y actitudes.

A todos tal vez nos ha tocado el ser inconsecuentes y por eso es un desafío diario. Y hago mucho hincapié en esto último, porque todos los días vamos construyendo nuestras vidas. A veces esperamos gloriosos futuros o grandes avances en nuestras vidas para los años posteriores, pero no hacemos el "click" de que es "hoy" cuando pavimentamos ese camino. El problema no es ser inconsecuentes, si no el no reconocerlo. Dios ama el corazón arrepentido y le muestra sus secretos... por eso les animo a que cada día puedan desafiarse a sí mismos con la ayuda del Espíritu Santo. No se trata de ser perfectos bajo el argumento de que "debemos agradar al Señor". Yo diría que la vida debemos vivirla al contrario de eso: "Ya le somos agradables y por eso actuamos de la forma en que actuamos" y no al revés. Vivimos por gracia y no por obligación... nunca olvidemos eso.

Ese día que este caballero golpeó al otro, la gente alrededor comentó altiro: "Y así habla de Dios"... Nuestros hechos predican más que nuestras palabras en estos tiempos. El desafío es "ser" y después "hacer" y no al revés. Para ello no estamos solos, porque es Dios mismo quién nos ayuda a serle fiel.



4 de abril de 2011

La consecuencia entre ser y hacer


Todos crecimos pensando que el ser profesionales nos daría buena situación económica, mayores posibilidades de adquirir bienes y servicios... y en resumidas cuentas, una calidad de vida superior a la que tuvieron nuestros padres. Muy bien pensado! Creo que sí... el ejercer la profesión o estar cursando la universidad nos da mayores posibilidades frente a la vida, sin embargo, no garantiza nuestra felicidad.

La siguiente etapa de este blog tendrá un carácter de confrontación ante nuestra propia conducta frente a la vida. Esta confrontación nace de un anhelo por ser como Jesús incluso en aquellas áreas donde nadie nos ve, tales como nuestros pensamientos y nuestra sexualidad. El ser consecuentes entre lo que somos y hacemos es el desafío que nos plantea la vida cristiana y se posiciona como una luz que habla más que nuestras palabras acerca de Jesús: una respuesta amable, un trato cordial, una conversación directa en vez de murmuraciones a espaldas de la persona, una voluntad para resolver conflictos, etc. La pregunta que intentaremos responder en este ciclo será: ¿Vivimos a Cristo en toda nuestra vida?

Bienvenidos a esta nueva etapa de este blog!!!

La cultura del balcón

Algunos gritaban por allá. Los de acá aplaudían y gritaban. "Llévense a la vieja loca", se escuchaba por ahí. Desde muchos balcone...