1 de mayo de 2011

Con una actitud correcta [...]

Continuando lo escrito en la última publicación, les comparto lo que para mí ha sido una de las palabras más impactantes que he leído, referente a la actitud que debemos tener ante nuestras propias limitaciones y errores.

Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio

y renueva un espíritu fiel dentro de mí.

No me expulses de tu presencia

y no me quites tu Espíritu Santo [...]


Tú no deseas sacrificios; de lo contrario,

te ofrecería uno.

Tampoco quieres una ofrenda quemada.

El sacrificio que sí deseas es un espíritu quebrantado;

tú no rechazas un corazón arrepentido

y quebrantado, oh Dios [...]


Salmo 51:10.11;16-17

26 de abril de 2011

Mirando la vida de frente

Hace algún tiempo, hace no más de 1 año, recuerdo bien la escena de mi profesor frente mío. Había compartido tiempo con él desde que decidí empezar la tesis en su ramo. Corría agosto de ese año y mi vida parecía estancarse en cosas del pasado y en lamentar los problemas. Recuerdo que un día "X" el profesor me habló muy duro y me dijo que debía preocuparme más de mí mismo porque habían cosas en mi forma de ser que no estaban bien. Nunca como esa vez, pude ver cuán lejos me había alejado de lo que Dios quería para mi vida. Me había despreocupado de mi persona, me daba lo mismo hacer algunas cosas mediocremente e incluso intentaba ocultar áreas de mi corazón que seguían dañadas.
Una vez que salí de esa sala en que conversamos con mi profesor, sentí vergüenza y también rabia. Nunca me había sentido tan vulnerable como en aquella ocasión... y tan al descubierto. Creo que mi profesor dio en el clavo en todo lo que me dijo y en mí se generó un sentimiento profundo de decir: "No más de esto".

Hay veces en la vida en que omitimos áreas de nuestro corazón que están mal. Incluso evitamos y alejamos a la gente que nos muestra aquellas áreas. Es mejor, para no sufrir, dejar que aquellas áreas que nos duelen, queden en silencio, acalladas por el tiempo. Sin embargo, para avanzar tienen que haber áreas de nuestro corazón que deben ser expuestas a la luz y que tengamos las hagallas de enfrentarlas y darles fin si es necesario.

Un ejemplo típico de esto, es cuando vivimos sumidos en la autocompasión y en ese dolor crónico que nos roba la pasión de vivir. O cuando no queremos asumir que el tiempo pasa y que debemos tomar responsabilidades y ordenar nuestros hábitos de vida. Son cosas que parecen tan elementales, pero que a veces no enfrentamos. O cuando hay problemas, no demos la cara con las personas con quienes tenemos conflictos. O cuando se comete un error, no tener la valentía de asumir las consecuencias de eso y, a pesar de la vergüenza, reconocer lo que hemos hecho.

Cuando miramos la vida de frente, asumiendo sus altos y sus bajos, podemos apreciar mejor el propósito de Dios. Madurar no significa que debamos saberlo todo, sino más bien poder hacernos cargo de quienes somos y lo que hacemos y para dónde vamos. Tengo estas preguntas al respecto:

¿Qué has pensado de ti últimamente?
¿Cuándo fue esa última vez en que dijiste: "No más de esta actitud" "No más de este hábito" "No más de esta forma de ver la vida" "No más de esta manera de ser"?
¿Qué nos limita al momento de querer dar la cara a la vida, con nuestros defectos y virtudes?
¿Qué áreas de nuestro corazón requieren la luz de Cristo?

Mirar la vida de frente significa darse cuenta que ya no somos niños y que debemos ser lo suficientemente hombres o mujeres de asumir las decepciones y también las alegrías como parte de la vida, y aún así seguir creyendo en un Dios fiel. Esto no es un discurso; amerita decisiones y dejar de lado nuestra comodidad y forma de hacer las cosas.

20 de abril de 2011

Y tú?

Yo pensaba que, al escribir esta temática, iba a hablar muy lejanamente de este tema, casi como hablando de la experiencia de otros. Sin embargo, veo que esto me ha servido para ver cómo estoy y permitir que la luz de Dios ilumine aquellas zonas que aún no están en orden. No ha sido fácil escribir de esto.

Varias veces me ha pasado que llego donde Dios alegando por la actitud de alguna persona y él me muestra mis fallas. En varias ocasiones he recibido la misma respuesta: "¿Y tú?"... O cuando me ha costado perdonar a una persona, Dios muestra cómo nos perdonó y a perdona a nosotros. Este no es un tema que emocione o que entusiasme a las masas. Buscar ser como Cristo no es el mensaje populista que llama y convierte a multitudes. Al contrario, es la parte B del evangelio que sólo conocemos en la medida que nos acercamos más a Él. Buscar ser como Jesús es tener la misma actitud de Juan El Bautista: "Que tú crezcas y que yo mengüe"...

La santidad no es un punto cúlmine al cual debamos llegar, sino más bien un camino en que tendremos errores tal vez y mucho aprendizaje. Creo que lo estoy teniendo... y he podido ver cómo el Señor ilumina esas áreas que tanto critiqué en otros, diciéndome: "Y tú?"

"Señor: Gracias porque podemos conocerte y nos aceptas a pesar de nosotros. Siempre perdonas nuestras faltas y después no te acuerdas de ellas. Tu memoria es extrañamente beneficiosa para nosotros, porque solamente te acuerdas de tus promesas de bien para nosotros y te olvidas de nuestra maldad. Gracias por la cruz. Sin ella no podríamos. Sin ella el evangelio no tiene sentido. Sin el sacrificio de Jesús no podría haber sido posible. Por eso, cada vez que miro a la cruz puedo ver tu misericordia y tu mano de amor que nos llama a ser como tú y a no criticar a los demás. Gracias por centrarme otra vez en ti y en lo que realmente importa..."

16 de abril de 2011

Cuando hay un error [...]



La perspectiva acerca del propio pecado o error no nos resulta muy fácil de asimilar. A veces hay mucha condenación externa o interna. Pero quiero hacer una pausa, porque este tema me toca muy de cerca, especialmente porque cuando veo que he fallado en algo o le he fallado a alguien tiendo a atacarme bastante.
Cuando hemos cometido un error, también podemos acercarnos ante Dios pidiendo perdón. Él no rehúsa su amor para quien se lo pide... pero también quiere que tomemos una actitud frente a las circunstancias, es decir, que tomemos cartas en el asunto. En futuras publicaciones creo que trataremos el tema de ver a la vida de frente y confrontar aquellos temas pendientes en nuestras vidas, sin autocompasión y sin culpa, pero creo que aún no me siento con la suficiente autoridad para tratar ese tema [...]. Por el momento, me remitiré a decir que, aunque hayamos fallado en aquellos temas pendientes, Dios nos ayuda a seguir adelante, levantando nuestras manos y perdonando nuestros errores.


11 de abril de 2011

Para ser...

Allí sé que las palabras no sirven...
menos los argumentos a favor...
Allí la justicia propia no salva ni tampoco la buena acción...
Porque sabes quienes somos
y lo que creemos desde el fondo de nuestro corazón.

En tu presencia las palabras se hacen vanas...
y en tu nombre nuestros derechos se consumen...
porque sabes quienes somos...
y por eso te adoramos:
porque a pesar de quienes somos...
tú nos amas.

Para ser como tú no se necesitan nuestras fuerzas
No nos salvan las fórmulas copiadas de antaño
ni un libro de oraciones de antemano...
Para ser como tú se necesita estar contigo...
respirando el mismo aire de tus pulmones...
cantando el mismo himno de adoración.
Para ser como tú, te necesito a ti...
Eso es lo que más importa en la vida...

por sobre el trabajo...
por sobre el éxito y el dinero...
por sobre nuestros intereres...

Para ser como tú, lo importante eres tú...
a pesar que a veces sentimos esa dualidad
de decir que somos algo que no somos
o que hacemos lo contrario a lo que predicamos...
Aún así, te acuerdas de nosotros
y olvidas nuestras faltas!
Nos dices que te pertenecemos
y cambias nuestra vergüenza en honra.

Para ser como tú, necesito de ti...
lo repito de nuevo en el suave aire de tu casa...
y en el tierno aroma de tu gracia.
Para ser como tú, se necesita una cruz donde morir...
y donde decir "menos de mí y más de ti"...

Por eso te amo...
porque al querer ser como tú,
tomas nuestra mano y nos levantas al caer
y tú mismo nos llevas a Cristo,
a ser antes que hacer...
a perdonar antes que a guardar rencor...
a bendecir antes que maldecir...
a orar antes de actuar arrebatádamente...
a decir las cosas de frente y sin rodeos...
a pedir perdón aunque nos duela...
y a creer que todo es posible.

6 de abril de 2011

Hacer y después decir...


No soy bueno en esto. De hecho la mayoría de las veces creo decir muchas cosas que después no hago. Por lo mismo escribo con cierto grado de inconsecuencia, pero con un gran anhelo de vivir de una manera diferente el evangelio.

Hace muy poco tiempo atrás, subió un hombre a la micro a hablar acerca de un centro de rehabilitación. Él estaba recaudando fondos para sostener este centro a través de la venta de unos lápices. Habló mucho rato sobre Jesús y sobre la importancia de perdonar setenta veces siete (de hecho muchas veces repitió eso) y de amar a nuestros enemigos. Al final, le compré un lápiz porque me pareció sensato su discurso y la motivación de su venta... pero llegado un momento, se subió otro vendedor con quien, al parecer, no se llevaba bien. Hubo un cruce de palabras y el hombre de promocionaba el centro de rehabilitación golpea en la cara al otro vendedor y le lanza un fuerte puntapié. Le sacó algo de sangre. Luego de eso dijo: "Al diablo no hay que darle... no hay que aguantarlo" (algo así dijo, justificando su accionar).

Me dio pena y rabia. Por un momento quise no haberle comprado ese lápiz. Finalmente lo regalé. No podemos justificar el daño a otros de ninguna manera y si decimos que hay que perdonar, también debemos soportar los insultos y acusaciones de otros. Aunque parezca una actitud de "poco carácter" siempre es bueno esperar antes de responder ante una ofensa con otra ofensa, o un insulto con otro insulto. De hecho, creo que se necesita más carácter para poder controlar nuestras emociones que para ir y reclamar nuestros derechos a costa de insultar a otros. No quiero decir que siempre hay que quedarse callado, pero hay formas y formas, y actitudes y actitudes.

A todos tal vez nos ha tocado el ser inconsecuentes y por eso es un desafío diario. Y hago mucho hincapié en esto último, porque todos los días vamos construyendo nuestras vidas. A veces esperamos gloriosos futuros o grandes avances en nuestras vidas para los años posteriores, pero no hacemos el "click" de que es "hoy" cuando pavimentamos ese camino. El problema no es ser inconsecuentes, si no el no reconocerlo. Dios ama el corazón arrepentido y le muestra sus secretos... por eso les animo a que cada día puedan desafiarse a sí mismos con la ayuda del Espíritu Santo. No se trata de ser perfectos bajo el argumento de que "debemos agradar al Señor". Yo diría que la vida debemos vivirla al contrario de eso: "Ya le somos agradables y por eso actuamos de la forma en que actuamos" y no al revés. Vivimos por gracia y no por obligación... nunca olvidemos eso.

Ese día que este caballero golpeó al otro, la gente alrededor comentó altiro: "Y así habla de Dios"... Nuestros hechos predican más que nuestras palabras en estos tiempos. El desafío es "ser" y después "hacer" y no al revés. Para ello no estamos solos, porque es Dios mismo quién nos ayuda a serle fiel.



4 de abril de 2011

La consecuencia entre ser y hacer


Todos crecimos pensando que el ser profesionales nos daría buena situación económica, mayores posibilidades de adquirir bienes y servicios... y en resumidas cuentas, una calidad de vida superior a la que tuvieron nuestros padres. Muy bien pensado! Creo que sí... el ejercer la profesión o estar cursando la universidad nos da mayores posibilidades frente a la vida, sin embargo, no garantiza nuestra felicidad.

La siguiente etapa de este blog tendrá un carácter de confrontación ante nuestra propia conducta frente a la vida. Esta confrontación nace de un anhelo por ser como Jesús incluso en aquellas áreas donde nadie nos ve, tales como nuestros pensamientos y nuestra sexualidad. El ser consecuentes entre lo que somos y hacemos es el desafío que nos plantea la vida cristiana y se posiciona como una luz que habla más que nuestras palabras acerca de Jesús: una respuesta amable, un trato cordial, una conversación directa en vez de murmuraciones a espaldas de la persona, una voluntad para resolver conflictos, etc. La pregunta que intentaremos responder en este ciclo será: ¿Vivimos a Cristo en toda nuestra vida?

Bienvenidos a esta nueva etapa de este blog!!!

28 de marzo de 2011

Por sobre el nivel de la mediocridad


Recuerdo haber escuchado una de las expresiones que más indignación me ha causado: "El Señor viene y no hay nada más que hacer... solamente hay que velar y esperar que Él llegue, porque ya nada tiene solución, incluso en la misma iglesia". Cuando escuché esto, recuerdo que me generó un conflicto interno acerca de lo que yo mismo estaba haciendo para el reino de Dios. Pensaba en cuan fácil es "tirar la toalla" cuando todas las cosas van mal y hay desesperanza. Pensaba en lo fácil que se me hacía el abortar un proyecto cuando surgían críticas y los clásicos "no va a resultar", o "¿por qué lo intentas de nuevo?"...

El libro de Nehemías ha sido últimamente un redescubrir la vida por sobre la mediocridad. El escenario es desolador. Un pueblo llevado esclavo a babilonia, una capital destruída, quemada y los pocos habitantes, lleno de vergüenza y sumidos en la pobreza. De la nada.. sin ninguna gran revelación divina y sin ninguna luz del cielo que le dijera "haz esto" o "haz aquello", oró a Dios y dijo: "Dame buen éxito delante del rey". Así surge la figura del copero Nehemías y su tristeza al ver la vergüenza que sufría su pueblo. Dejando de lado su puesto de privilegio, decidió tomar sobre sí mismo la responsabilidad de levantar los muros caídos de Jerusalén... Fue como un clamor interno que decía: "Ya basta de esto". Esto me impacta... porque estamos acostumbrados a criticar a quienes nos gobiernan; estamos acostumbrados a mirar las cosas desde afuera y a decir: "Pucha, que fome"... pero solamente como expectadores de las injusticias y de las necesidades de los demás.

Salir de la mediocridad implica trabajo duro. No es solamente tener una visión de Dios. Eso es una parte, pero hay que trabajar duro, sacrificarse, mover personas, atraer visionarios, contagiar pasión y por sobre todo, dependencia de Dios. Implica dejar de lado el orgullo y el egoísmo... pensar en cómo los demás sufren y cómo mi forma de ser o pensar los juzga o los margina. Nehemías me desafía a decir "basta" a algunas áreas de mi vida en las cuales he permitido que el conformismo haga de ellas su casa de reposo. "Mejor dejarlo así, que luchar", decimos, quedándonos quietos en nuestro lugar...

Salir de la mediocridad implica dejar atrás la desesperanza, la traición de otros, el refugiarse en que otros me dañaron o en mi propia autocompasión. Implica pensar en un proyecto diferente al que falló y que hay que volverse a levantar. Implica perseverancia. Implica dependencia. Implica devoción. Implica desesperación por Dios. Implica decidir ser y hacer... Implica llevar el discurso a la acción. Implica pedir perdón. Implica dejar de querer hacer las cosas a nuestra manera. Implica decir "ya no más" a ciertas cosas en la vida, en especial la injusticia en la pobreza o la falta de valores en las familias....

Aunque Jesús venga mañana, quiero que me halle trabajando en su reino... no viviendo de la desesperanza sino llevando la esperanza a todo lugar. Quiero que no me halle criticando, sino tomando necesidades y trabajando por ellas. Quiero ver a Cristo en la acción social, tanto como en una reunión de un domingo. Quiero verle en una plática con un compañero de trabajo. Quiero amar su regreso a nosotros, pero a la vez quiero amar a quienes aún no le aman ni conocen. Quiero decir "ya no más mediocridad"...



23 de marzo de 2011

Un regalo de 12 años


Silenciosa. Fuerte. Cariñosa. Siempre atenta. Detallista. Inocente. Risueña. Así es mi hermana Elizabeth... Yo la amo mucho y es sin duda uno de los pilares en mi vida. Cuando estoy triste, su sonrisa y sus salidas a pasear, levantan mi ánimo. Cuando se va a acostar siempre se despide y me abraza deseando que pase una buena noche. Antes de dormir, le pide a mi mamá que ore por ellas y por el perro que ladra en el patio. Casi nunca se enoja y siempre tiene buena voluntad. Cada vez que alguien está de cumpleaños, se preocupa de decorar de manera de hacer sentir especial a quien ella tanto estima. Hace poco, cuando estuvo de cumpleaños mi papá, ella, con mi hermana Carla, le fueron a adornar la pieza. Sin duda alguna, esos son los detalles que marcan la vida de una persona... y estoy seguro que esos detalles han sido la voz de Dios en mi vida en muchas ocasiones. Esas salidas a pasear cerca de la casa, me hace entender eso de "ser como niños" que tanto mencionaba Jesús. De entregar a los demás sin esperar recibir. De confiar. De amar. De perdonar. De ser detallista.

De aquí a poco irá creciendo y las épocas de infancia quedarán atrás. Tal vez ya no se despida todas las noches como suele hacerlo... o tal vez al preguntarle si quiere salir a dar una vuelta, diga que no más a menudo. Tal vez deje de lado el construir casas imaginarias con las sábanas y el jugar a la familia con la Carlita. Tal vez crezca y cosas cambien, pero siempre guardaré en la memoria y en las palabras todos esos detalles que han marcado mi vida a través de la suya... como la vez en que contamos las estrellas o la vez en que salimos a correr y le dolió el estómago al final. Ella es mi pequeña amiga de 12 años... y es la única amiga que tengo de esa edad =)

Feliz cumpleaños Eli... te amo mucho [...]

16 de marzo de 2011

El significado de la amistad

La canción de Marcos Vidal los comienza retratando muy bien... "No son muchos, pero Dios los puso allí". La Biblia los describe como aquellos que pueden ser "más unidos que un hermano". Lo cierto es que aquellas personas que nos rodean son más importantes de lo que pensamos. Nos levantan cuando estamos tristes. Nos animan cuando hay sueños que empezar. Nos llaman la atención cuando ven algo que no está bien o una mala decisión tomada. Nos dan soporte en la tormenta.
En mi casa siempre crecí escuchando el discurso de que tuviera cuidado con las personas y con los amigos, porque ellos podían estar a nuestro lado en un momento, pero después te podían dar la espalda. Cuando pienso en esto, creo que en la vida uno se topa con un montón de personas con diferentes formas de ser y de personalidad. Es algo muy nocivo pensar que por temor a que nos puedan dañar, no generemos relaciones de amistad con nadie... Todos o la gran mayoría de las personas, necesita de otros para seguir adelante.

Hay diferentes tipos de amigos y, con ello, diferentes grados de intimidad. Están los que quizás fueron amigos en quien confiamos en algún momento, pero que por distintas circunstancias se fueron alejando. Algunas veces, el alejamiento es solamente fruto de la rutina del día a día, sin mediar un conflicto. Ese tipo de amigos no hay que desecharlos; debemos ser agradecidos que aparecieron en un momento de nuestras vidas para ayudarnos. Siempre recuerdo a un gran amigo llamado Joel. Él fue un gran amigo en mi tiempo de adolescencia... Por diversas circunstancias de la vida, nos alejamos, pero no por eso él se transforma en un "traidor" o una persona que "no merece ser llamado amigo". Hasta el día de hoy valoro mucho lo que él me entregó en su momento. A veces tenemos la tendencia a sentir rencor con aquellas personas que según nosotros "no se han dado el tiempo de cultivar la amistad". Es cierto que a veces esperamos cosas de los demás, en especial de aquellas personas más cercanas; pero no por eso debemos cargar con sentimientos en contra de los demás. Todos funcionamos a ritmos diferentes. Todos funcionamos distinto frente a las relaciones interpersonales.
También están aquellos amigos que son cercanos, pero que compartimos de manera esporádica con ellos. Les compartimos nuestras cosas triviales, pero sin hablar mucho de aquellas cosas que nos hacen sufrir o aquellas luchas internas que tenemos en el día a día. Y están los amigos íntimos... que nunca son muchos... Esos son los que nos conocen tal cual somos... con pifias, con nuestros errores... pero también con lo mejor de nosotros.

Vale la pena cultivar la amistad. A veces no tenemos amigos porque al primer error que vemos en otros, los desechamos; o vivimos tan pendientes de nosotros mismos, que alejamos a quienes quieren ayudarnos a cargar los problemas o a pasar las penas. Finalmente la gente se termina alejando de quienes se resisten a tomar los consejos o la gente muy orgullosa. Para ser amigo de alguien es necesaria la humildad... es necesario dejar el egoísmo y sacrificar tiempo y energía. Soy un convencido de que vale la pena invertir en otros... Mis amigos más íntimos son cuatro: Romina, Jaime, Joy y Guillermo. Creo que ellos saben cómo soy... saben mis pifias. Y creo que con cada uno de ellos he experimentado ese sentimiento de haberles fallado, pero de saber que me aguantan y soportan con todos mis defectos. Le agradezco a ellos por ser quienes sostuvieron mis manos cuando estuve más mal y por ser quienes me animan a seguir. Porque aparecieron en el momento exacto en que debieron haber aparecido. Yo los quiero y valoro mucho, simplemente porque son ellos y porque los conozco y han decidido confiar sus secretos íntimos...

Quiero repetir algo: Siempre vale la pena invertir en otros. Aunque fallemos. Aunque a veces ofendamos a quienes más queremos. Aunque ellos nos fallen. Aunque más de uno traicione nuestra confianza (que les aseguro, son los menos). Siempre vale la pena... Creo que ese es el significado de la amistad.

"Gracias Señor porque a nuestro alrededor tú pones a personas especiales que nos animan a ser más. Con sus diferentes formas de ser, ellos levantan nuestros brazos y quiebran nuestros esquemas, desafiándonos a más. Gracias porque puedo ver tu rostro a través de mis amigos y puedo oír tu voz claramente diciendo: "Yo sigo contigo", a través de ellos y su amistad. Señor... yo sabía que valía la pena invertir en los demás, porque tú invertiste en nosotros con todo lo que tenías..."




10 de marzo de 2011

Mi escudo


"Mas tú, Jehová, eres escudo alrededor de mí; Mi gloria, y el que levanta mi cabeza" (Salmos 3:3, RV60)

Detrás de las palabras y en ese cuarto de madera. Sentado entre blancas sillas plásticas y al final de todos los grupos. Atrás en las banquillas apoyadas en la pared o bien arrinconado para que nadie viera. Hay tantas maneras en que intenté refugiarme de recibir vergüenza o de sufrir. Una de esas maneras fue quedándome en silencio, pues parecía más simple no opinar ni contrariar a nadie, de manera de no llamar mucho la atención. Consideraba más simple vivir en el anonimato del bajo perfil obligado... Quizás todos, de una manera de otra, nos hemos refugiado en algo para no sufrir. A veces en el egoísmo de que nadie nos aconseje... o refugiados en la autocompasión. Otras veces podemos sentirnos muy seguros en la cálida pero frágil religión. O simplemente refugiados en la risa o en el llanto... Para no contar muchas veces que sufrimos o que tenemos miedo que nos hagan sufrir. Resentidos del daño recibido y a la vez sin permitir sanarlo.

Lo cierto es que muchas veces tenemos otros escudos que no son Dios. ¿Cuál es el tuyo? Cuando pienso en los escudos que tengo, se me vienen a la mente todos esos clichés que uno dice cuando no quiere sufrir: "Dios tiene lo mejor para mí"; "confía en el Señor.."; "ten fe que él siempre responde"... ¿Cuáles son tus clichés? El escudo de Dios es un escudo que permite el sufrimiento para nuestra formación y crecimiento. Muchas veces sufrimos y nos aquejan circunstancias que nos debilitan anímicamente. Es ahí cuando pensamos en que Dios no está con nosotros; cuando pensamos que todo en la vida cristiana es causa-efecto, es decir, "hice algo mal" y ahora "estoy recibiendo mi castigo"... cuando no siempre es así. Tener a Dios como escudo es asumir que muchas veces recibimos malas noticias, fallecen nuestros seres queridos, tenemos problemas familiares, etc; pero que toda la tristeza la vivimos en Dios, esperando en él la salvación. Incluso los momentos más depresivos pueden tener consuelo en el escudo que Dios pone alrededor de nosotros... Y es mejor ese escudo que cualquier otro que podamos anteponer: ese egoísmo, esa autocompasión, ese carácter que muestra risa, pero que por dentro sufre mucho; esa baja autoestima oculta detrás de una máscara extrovertida... etc.

Al deshacernos de los otros escudos, permitimos que Dios sea escudo alrededor de nosotros... nos dé esperanza y levante nuestra cabeza para renovar nuestras fuerzas.

La cultura del balcón

Algunos gritaban por allá. Los de acá aplaudían y gritaban. "Llévense a la vieja loca", se escuchaba por ahí. Desde muchos balcone...